Tan Solo Tú (Tan Solo Tú 1) Capítulo 6
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Capítulo 6

—¡Coco, arriba! —dice mi papá.

Me despierta dando paletazos a una sartén.

—Papá, por favor —le suplico—. Quiero dormir, hoy no hay clases.

—Lo sé, pero son las nueve de la mañana. Ya dormiste mucho.

—No es cierto, me dormí a la una de la mañana.

—Ocho horas de sueño. Suficiente. Levántate, pequeña dormilona, paga las consecuencias.

—¿Qué dices? Tú me diste permiso.

—Sí, pero no me invitaste, y estoy muy sentido contigo por eso.

—¡Papá! —Se me cierran los ojos.

—¿En serio? ¿Tienes mucho sueño?

—Sí, mucho —susurro, cubriéndome la cara con una almohada.

—De acuerdo, entonces te dejo dormir. Iré con tu hermano al campo de fútbol. No sé si recuerdas, pero está a unas cuadras de aquí. Si te levantas y quieres ir, allá te espero. Habrá un partido hoy.

Escucho lo que dice, pero definitivamente no es un plan para mí. No soy fan del fútbol.

No sé cuánto tiempo pasa, pero un fuerte toc, toc en la puerta principal me despierta de nuevo y me obliga a levantarme.

—¡YA VOY!

¿A quién se le ocurre tocar así?

—¡Mamá! ¿Qué pasó? ¿Por qué tocabas así? —pregunto al abrir y ver que es ella, mientras entra prácticamente corriendo.

—Lo siento, lo siento, pero dejé las llaves y el celular, así que me tocó venir por ellos. Te veo luego.

Se va con la misma rapidez con la que llegó.

Intento volver a la cama, pero el sueño se ha ido. Así que ir al campo con mi papá y Marcos empieza a sonar como una buena idea.

Desayuno un poco de cereal con leche y luego me dispongo a ir a buscarlos. En algún momento tendrán hambre, así que almorzar afuera puede que se vuelva un buen plan.

De camino, por un momento me arrepiento de haber salido. Hace muchísimo frío. Pero la idea de ir a un restaurante me motiva lo suficiente para seguir caminando. En casa no hay nada que se me antoje.

Al llegar al campo, al primero que veo es a Theo.

Hay bastante gente; incluso unos niños están jugando en una esquina.

Él destaca de inmediato. Lleva un uniforme que le queda a la perfección y resalta su interesante complexión.

Lo observo unos segundos; es como si hubiese algo que me obligara a mirarlo.

¿Acaso no tiene frío? Solo está usando un gorro de lana.

—Pensé que no te gustaba el fútbol —dice William.

—Hola.

Siento pena de no haberlo visto primero.

—¿Desvelada?

—Solo un poco.

Ambos sonreímos.

Es amor, estoy segura.

Vamos, Cosset, tienes que concentrarte. No estás segura de hasta qué punto le gustas a él… o es solo parte de tu imaginación.

—¿Tienes planes para hoy? —pregunta mientras mete las manos en sus bolsillos. Supongo que tiene frío.

—No, ninguno.

—¿Te gustaría que hagamos algo juntos?

¡Oh, Dios! ¡Sí le gusto!

—Sí, me parece bien. ¿Estás nervioso?

Hace un gesto que me lo confirma.

—Un poco. Tú me pones nervioso.

—¡¿Yo?!

Me da risa. Creo que ninguno de los dos sabe con certeza qué tipo de conversación estamos teniendo. Anoche nos pasó igual.

—Sí, ¿y entonces?

—¿Qué?

No hay duda: los dos somos tontos.

—¿Quieres hacer algo hoy?

—Sí, solo déjame preguntarle a mi papá.

—Si quieres, le pregunto yo.

—No, no hace falta —digo, y voy a buscarlo.

Lo encuentro rápido, está con Marcos bastante entretenido en lo más alto de las gradas.

—¡Papá! —grito.

—¡VE!

Ni siquiera le he dicho algo.

—¡¿Qué?! —subo corriendo.

Tampoco quiero que todos se enteren.

—Te vi hablando con el chico. Sé que me vas a pedir permiso para salir con él. Puedes ir, tienes mi permiso.

Me deja perpleja. Según yo, ni siquiera había notado que estaba allí.

Al parecer, le agrada William. Puntos extras para él.

—Dijo que sí. ¿A dónde vamos? —pregunto, bajando las gradas.

William sostiene mi mano. ¡Es un caballero!

—No lo sé —responde.

Sus mejillas se sonrojan mientras me ayuda a bajar el último escalón.

—¿Cómo que no sabes?

—Es broma. Te voy a llevar a comer algo.

—¿En serio? —pregunto, dudosa.

No sé si es algo que se acaba de inventar.

Como sea, me alegra haber comido cereal, y no haberme llenado lo suficiente.

—Sí, todo está listo.

—¿Listo?

—Para ser sincero, lo tengo planeado desde hace dos días, pero hasta hoy tuve el valor de invitarte. Anoche temblaba.

—¿De qué hablas?

Estoy sorprendida. ¿Dos días?

¿Tenía dos días pensando en salir conmigo?

—Olvídalo.

Vuelve a ruborizarse.

—Ahora eres tú el que se sonroja. ¡Vaya, vaya!

—No molestes —vuelve a reír—. Ven, vamos.

Camino con él, muy sonriente, cuando un grito —¡Theo!— me hace voltear. Sin embargo, estoy demasiado entusiasmada en lo que está sucediendo con William como para quedarme a ver qué sucedió.

De camino al lugar desconocido que planeó desde hace dos días —sigo sin creerlo—, no puedo dejar de observarlo. Es nuestra primera cita, y no tengo palabras para describir la emoción y el nervio que siento. Pero verlo… verlo hace que mi corazón se acelere. Su rostro es perfecto.

—Me estás asustando —dice en tono serio.

—¿Qué?

Me regreso a la realidad.

—Me miras un poco extraño.

—¡¿Qué?!

Obviamente, no fui nada cautelosa.

—Me estabas observando.

—¡Ah, eso! Lo siento.

No sé qué más decir.

—Solo espero que no estuvieras pensando en cómo deshacerte de mí —ríe.

—¡Claro que no! ¡¿Por qué pensaría eso?!

Escucharlo me hace bajar por completo de la nube y comenzar a disfrutar su compañía.

—Mira, ese es… llegamos.

Es un pequeño comedor junto a la carretera.

—No te dejes llevar por la apariencia. Créeme, te encantará.

Al entrar, noto que no tiene nada asombroso, pero el «te encantará» claramente va dirigido a la comida, porque huele increíble.

Nos sentamos, ordenamos y, de pronto, el silencio regresa.

—William, hoy has hablado menos que yo.

No sé qué decir para romper el silencio.

—Quiero saber sobre ti, Cosset Challer. Quiero conocerte más —dice.

Y así comienza una de las conversaciones más extrañas que he tenido en mi vida… pero también una de las más divertidas.

Su nombre es sencillo: William Stuart. Es aficionado al deporte, pero, según él, no lo suficientemente bueno como para dedicarse a uno.

Tenía tres años cuando llegó al pueblo —ahora siento tener algo en común con él—. También entiendo por qué no le gusta del todo el frío.

Pero lo más curioso es que comenzó la escuela al mismo tiempo que Susan —que es un año menor—, porque por más que lo intentaron, no hubo manera de que se quedara en la escuela.

Siempre lloraba, así que sus papás decidieron esperar hasta que también pudieran inscribir a su hermana.

Con ella, al parecer, todo fue más fácil.

Me lo contó y no podía dejar de reír.

Su mamá es ama de casa y ayuda con los arriendos que tienen. Su papá es el proveedor de la familia, y él… él es un pequeño soñador que aún no tiene claro qué quiere hacer con su vida después de graduarse. No lo culpo. Aunque yo sí lo he pensado, tampoco es que lo tenga tan claro.

No hubo ni un solo instante durante toda la comida, en el que no me riera.

Estar con William es como volar. Y ya no tengo ninguna duda: nos gustamos, y mucho.

Hablamos de hacer algo más, pero su papá lo llamó justo cuando estábamos saliendo del comedor, así que no tuvo más remedio que llevarme a casa.

—¿Te la pasaste bien? —pregunta apenas llegamos.

—Sí, mucho. Gracias.

—Gracias por aceptar salir conmigo.

—A ti, por invitarme.

—No lo habría hecho de no ser porque sabía que serías una excelente compañía. Y discúlpame otra vez por tener que irme tan rápido. No era el plan.

—No te preocupes, yo entiendo. Maneja con cuidado, por favor.

—Lo haré, quédate tranquila… yo me iré nervioso. Eres muy bonita, Cosset —dice antes de subir al auto, y luego se va.

No puedo evitar sonreír y quedarme observándolo, igual que anoche.

Lo veo alejarse hasta que su auto desaparece al final de la calle, y sonrío recordando cada momento que pasamos juntos.

Cruzo sin prestar atención y, de pronto, una moto viene directo hacia mí. Apenas reacciono cuando suena la bocina, ensordecedora.

—¡¿QUÉ TE PASA?! ¡¿ESTÁS LOCA?!

El conductor se baja de la moto, después de frenar bruscamente.

—¡Perdón, perdón!

Siento que el corazón se me va a salir del pecho.

—Deberías de tener más cuidado, ni siquiera es una calle muy transitada —dice, suavizando la voz mientras se quita el casco.

Para mi sorpresa, es Theo.

—Perdón, no fue mi intención.

Después de todo, tiene razón. La que se atravesó fui yo.

—¿Estás bien? ¿Te lastimé?

—Sí, estoy bien. No te preocupes.

Sigo temblando.

—Lamento haber gritado, fue solo que creí que iba a atropellarte —dice un tanto sonriente.

Aunque intenta disimularlo, es una risa nerviosa que delata el susto y suaviza su gesto serio.

—En verdad lo lamento. Perdón. Me distraje.

Apenas si me estoy recuperando del susto.

—Está bien, no te preocupes. Lo bueno es que no te pasó nada.

Escucharlo me alivia más de lo que esperaba.

—¿Quieres ir a tomar algo? —pregunta tras un breve silencio.

—¡¿Ah?! ¿Lo dices en serio?

Me ha tomado totalmente por sorpresa.

—Sí —responde, seguro.

No sé qué pensar.

—No lo sé, es que…

—No es obligación —dice, apretando los labios mientras camina hacia su moto.

—Sí, está bien. Vamos a tomar algo.

Respondo por impulso.

—Ten —me pasa su casco.

Dudo por un segundo, pero la curiosidad por saber qué pasará me da valor para ponérmelo y subir. Ni siquiera se me ha pasado el susto, pero la adrenalina es indescriptible… y ese cosquilleo extraño por la situación también.

Oh, por Dios, Coco, estás en el asiento trasero de una moto con Theo. ¡Eres una total infiel! ¿Cómo puedes hacerle esto a William!