Capítulo 36 #3
—No, pero me alegro de ello, no quiero dejar sitio para nada más.
—Muévete, quiero sentirte.
—Has dicho que te gusta tenerme dentro.
—Me gusta más tenerte dentro, moviéndote.
—Vale —dijo él sonriéndole y besándola en la punta de la nariz.
Ryan comenzó a moverse lentamente, entrando hasta el fondo y saliendo hasta casi tener la verga fuera, y volvía a entrar en ella de nuevo.
Jess gemía cada vez que la penetraba. Poco después estaba jadeando. Rodeó las caderas de él con las piernas y la polla entró más adentro.
—Follar contigo es una delicia. No me extraña que salieras con tantas mujeres —comentó ella con una sonrisa traviesa—. No voy a durar mucho más. Me estás dando tanto placer que voy a correrme de un momento a otro.
—Me encanta follarte, cielo —dijo él metiendo la mano entre ellos para acariciarle el clítoris para que se corriera, porque él estaba también a punto y quería que ella lo hiciera antes, o con él.
—¡Oh, Dios mío! —exclamó apretando las piernas a su alrededor para que entrara más adentro.
—Córrete ahora, cielo, y me correré contigo.
Y ella lo hizo.
Ryan se echó sobre Jess agotado y ella lo abrazó muy fuerte.
Permanecieron así mucho tiempo, hasta que ambos se hubieron calmado.
—A veces pienso que hubiera sido mejor esperar un tiempo para tener familia. Podríamos haber disfrutado nosotros solos —dijo Jess sin moverse de como estaba, a pesar del peso de él sobre su cuerpo.
—¿Por qué crees que no vamos a disfrutar después de tener el bebé?
—Porque tendremos que dedicarle parte de nuestro tiempo. Y, si quieres que te sea sincera, me gustaría que todo tu tiempo fuera para mí. Sé que soy egoísta, pero es lo que siento.
—No eres egoísta, cariño. A mí también me gustaría que me dedicaras todo tu tiempo, pero piensa que este bebé va a ser lo más grande que hagamos en la vida. Y tendremos ayuda. Elena estará con nosotros, y se encargará del bebé, para que podamos salir de vez en cuando.
—A mí me da igual salir o no salir. Lo único que quiero es estar contigo. A ser posible, follando siempre.
Ryan soltó una carcajada.
—No te rías. Desde que estoy embarazada siempre tengo ganas de hacer el amor.
—Carter nos dijo que ese era uno de los síntomas del embarazo. Y haré que te sientas satisfecha cada día. Por cierto. Siento que anoche me quedara dormido.
—No tienes que sentirlo. Estabas borracho.
—¿Qué pasó? No recuerdo nada.
Ella se lo contó.
—Cuando te desnudé, tardaste diez segundos en caer sobre la cama y quedarte frito.
—¡Oh, Dios mío! Lo siento, cielo. Bueno, ya te he compensado por ello.
—Sí. Aunque no me importaría que me compensaras de nuevo.
—Será un placer volver a follarte.
—Estoy agotada. Aunque ha sido fantástico —dijo, después de que él dedicara más de una hora a darle placer de nuevo.
—Desde luego que lo ha sido. Me encanta follarte sin condón —remarcó pasando el brazo por su espalda.
—Y a mí —dijo ella cogiendo la ropa de cama para taparlos y colocándose a su lado—. Todavía persisten en mi mente los recuerdos de mi pasado, que hacían que me sintiera insegura. Pero cuando me haces el amor todo desaparece, incluso la capacidad de pensar con claridad.
Ryan la besó en el pelo y la acercó más a él.
—El peor de mis miedos era la soledad. La soledad siempre estuvo presente en mi vida.
—Eso ya terminó, cariño. Nunca más vas a sentirte sola.
—Lo sé. No he vuelto a sentirme sola desde que estoy aquí. Y sobre todo, desde que te conocí.
—Me alegro.
—He de admitir que, desde que te vi por primera vez, has sido todo lo que tenía en la mente.
—Ya sabes que tú estabas en mi cabeza mucho antes de que tú me conocieras.
—Lo sé.
A la mañana siguiente Jess se despertó antes que él y comenzó a acariciarlo.
—¿Anoche no te dejé suficientemente satisfecha?
—Siempre me dejas satisfecha, pero eso fue anoche. Hoy ya es otro día.
Ryan se rio.
—Joder, como sigas con esos deseos desenfrenados a causa de las hormonas, me vas a matar antes de que nazca nuestro bebé.
—Me has dicho muchas veces que te gusta follarme.
—Y no te he mentido.
—Te follaré yo, por si estás cansado —decidió ella sentándose a horcajadas sobre él.
—Muy bien, cielo. Me gusta tenerte encima.
—A mí también. De vez en cuando me gusta ser yo quien tiene el control.
—¿Crees que por estar encima mío tienes el control?
—Sí.
—Muy bien —dijo él sonriendo.
Jess cogió el miembro con la mano para colocarlo en la entrada de su vagina. Luego descendió lentamente hasta tenerlo todo en su interior. Comenzó a moverse arriba y abajo.
—¿Ves como llevo yo el control?
—Sí, ya lo veo —reconoció él colocando las manos sobre sus pechos y acariciando suavemente los pezones con los pulgares—. Me encantan tus pechos. Tienen la medida exacta para mis manos.
—Me gusta que me acaricies. Es una sensación maravillosa. Y tu cuerpo me vuelve loca. No sabes las veces que he pensado que estabas conmigo en la cama. Y las veces que he tenido sueños eróticos contigo —dijo acariciando sus pectorales.
—Yo también he soñado contigo muchas veces.
—Hemos perdido tanto tiempo… Podíamos haber follado muchísimo antes.
—Parece que para ti follar es lo primordial —mencionó él sonriendo.
—Ahora sí. Nunca podría haber imaginado el poder que tienen las hormonas. Pero no te preocupes, Carter me ha dicho hoy que cuando dé a luz no podré tener relaciones sexuales al menos en un mes.
—Ese mes me vendrá bien para descansar.
De pronto, y sin que ella se diera cuenta, él estaba sobre ella.
—¡Eh! Habíamos quedado en que yo tenía el control.
—Cariño, nunca has tenido el control. Coloca los tobillos sobre mis hombros.
Cuando ella lo hizo él colocó las manos en su trasero para elevarla y la penetro de una sola embestida.
—¡Dios, cómo me gusta que me folles!