Capítulo 35 #3
Ian fue a pasar el domingo con ellos, para ayudarles a montar los muebles que habían llevado de casa de Jess y a colgar los cuadros de sus padres que Jack les había enviado.
Jess quería que entre Ian y su futuro marido hubiera una buena relación y pensó que pasar un día entero juntos sería una buena idea.
Los cuatro pasaron un día fantástico. Colgaron los cuadros. Bueno, en realidad los colgó todos Ian, porque dijo, bromeando, que no quería que se les estropearan las manos a ellos dos, porque al ser médicos, sus manos serían delicadas.
Jess iba dando órdenes aquí y allá, diciéndoles qué cuadros tenían que colocar en una habitación u otra. Luego indicándoles el preciso lugar para colocarlos.
—No sé si te has dado cuenta, Ryan, pero te vas a casar con un sargento —mencionó Jules, cansado de mover uno de los cuadros a derecha e izquierda varias veces.
—No seas exagerado —dijo Ryan, mientras montaba el escritorio de Jess en la biblioteca.
—Yo no soy un sargento —intervino Jess enfadada.
—Bueno, un poco sí que lo estás siendo —dijo Jules sonriéndole.
—Ryan, vas un poco lento montando eso, ¿no te parece? —manifestó Ian.
—¿Tienes prisa?
—No, no tengo nada mejor que hacer. Jules, el otro día escuché que habías comprado un apartamento para abrir una consulta. ¿Te han dado ya las llaves?
—Me las dieron el lunes pasado. Están pintándolo. No me gustaba el color que tenían las paredes.
—Si necesitas ayuda con algo avísame.
—Te lo agradezco, Ian.
—No hay problema.
—Es casi la hora de comer. ¿Pido unas pizzas o preferís que prepare pasta?
—Mejor pizzas, así no tendrás que meterte en la cocina.
—Tienes razón, voy a llamar.
Poco después estaban los cuatro sentados en la mesa de la cocina devorando las pizzas y bebiendo unas cervezas.
A última hora de la tarde habían terminado todo lo que querían hacer e Ian se marchó a casa.
Tess llamó por teléfono a Jane, la dueña de la tienda de novias y le dijo que el siguiente viernes por la tarde llevarían a una amiga, que se había unido al grupo, y que se iba a casar con Ryan, a quien la mujer conocía, porque había ido a todas las bodas de los del grupo.
Tess le dijo la talla que usaba Jess y la mujer le aseguró que tendría unos cuantos vestidos preparados para cuando fuesen.
El viernes, Jess salió del trabajo un poco antes, y fue con sus amigas a ver los vestidos de novia.
Estuvieron en la tienda un par de horas y se probó infinidad de vestidos. Seleccionaron los seis que más les gustaron y acordaron que el día siguiente volvería Jess con los maridos de todas, porque siempre eran los hombres los que elegían el vestido. Lo habían convertido en una tradición.
Al día siguiente por la tarde Jess fue de nuevo a la tienda acompañada del grupo de hombres, excepto Ryan. Y a ellos se unieron Ian y Jack.
A la mujer le encantó tenerlos allí. Y le alegro en especial ver a Jules y saber que había vuelto a Nueva York.
Los seis vestidos le sentaban de maravilla, pero todos coincidieron en que uno de ellos era el vestido. Y ya no se habló más.
Jess llevaría un recogido en el pelo con una diadema que sujetaría el velo.
Y Delaney le dijo a Jane que le diera la diadema porque quería que su joyero hiciera una similar con piedras auténticas.
Cuando Jess lo escuchó no estuvo de acuerdo, porque sabía que costaría una fortuna, pero él le dijo que ese era su regalo de bodas.
Y que no iba a permitir que fuera la única mujer del grupo que no llevara una diadema de diamantes el día de su boda.
Así que tuvo que aceptar que él se la llevara.
Al llegar a casa de Carter, que era donde se habían reunido ese sábado, le enseñaron a las chicas la foto del vestido que habían elegido, que era una maravilla.
—Voy a parecer una princesa —dijo Jess ruborizada.
—Ya eres una princesa —añadió su prometido.
Jess le sonrió.
El cumpleaños de Ellie había sido unos días atrás, pero algunos de los hombres estaban ocupados y no habrían podido asistir. De manera que lo celebraron esa noche con una cena.
Después de que Ellie apagara las velas, abrió los regalos, que le encantaron.
—Jess, ¿has pensado cuándo harás la despedida de soltera? —preguntó Tess.
—No. Sé que en las vuestras asistieron todos ellos —dijo señalando a sus amigos.
—Sí. Tess comenzó la tradición. Aunque Delaney no asistió —mencionó Nathan.
—Y no sabéis cuánto me pesó no asistir —declaró el aludido.
—Desde entonces las hemos celebrado juntos.
—Yo seguiré con la tradición —comentó Jess—. No me gusta la idea de que Ryan se vaya con todos ellos de juerga.
—Cariño, ya sabes que hace mucho tiempo que las mujeres se acabaron para mí, excepto tú. ¿Cuándo te gustaría hacer la despedida?
—No lo sé.
—Estaría bien que al día siguiente fuera fiesta, porque ya sabéis que ese día volvemos a casa todos borrachos —dijo Lauren.
—Entonces no tenemos muchas opciones, solo queda un fin de semana antes de la boda.
—Tienes razón. ¿Qué os parece si la hacemos el día 19 que es viernes? —preguntó Kate.
—A mí me parece bien, así tendremos dos días para recuperarnos —dijo Abby—. Por suerte ya no estoy dándole de mamar a Suzie y podré beber.
—Yo no tendré que preocuparme por recuperarme, porque supongo que no podré beber mucho embarazada —mencionó Jess.
—Mucho no, no podrás beber nada —dijo Ryan.
—Oye, tampoco te pases.
—Podrás tomar una copa de algo que no sea muy fuerte —aconsejó Carter.
—Por cierto. No nos has dicho si fuiste a que te examinara Carter —dijo Louise.
—Sí, fui hace dos semanas. Me confirmó que estaba embarazada. Y no me cobró —bromeó con una sonrisa traviesa, mirando al ginecólogo.
Todos sonrieron.
—¿De cuánto estás?
—De siete semanas —dijo acariciándose el vientre completamente liso.
—Madre mía, en este grupo siempre hay alguien embarazada —manifestó Abby.
—Entonces, ¿organizamos la despedida de solteros para el viernes que viene? —preguntó Tess.
—Por mí bien —dijo Jess—. Ya sabéis que no conozco a nadie aquí además de a vosotros. Y tampoco conozco la ciudad, no sabría dónde dirigirme para organizarlo.
—Lo haremos entre todas —dijo Lauren.
—Lo ideal sería que buscarais un restaurante pequeño, acordaos que Tess lo hizo con su despedida, y salió todo perfecto —añadió Sean.
—Es cierto, alquilé todo el restaurante.
Y no veas el escándalo que armamos. Luego fuimos a bailar al pub donde yo trabajaba.
Lo pasamos genial. Y eso que no conocíamos a ninguna de las chicas, porque no habían aparecido todavía.
Entonces no éramos un grupo, solo estábamos Delaney, aunque no asistió a la despedida, Nathan, Sean, Carter y Logan.
Y mis suegros, aunque en aquel entonces no pertenecían al grupo.
—Esa noche lo pasamos de maravilla. Recuerdo que Tess me acompañó a comprar unos vaqueros, porque íbamos a ir de forma informal y yo no tenía —dijo Louise.
—¿Y vamos a salir de allí borrachos? —preguntó Jess.
—Puede que todos salgamos de allí un poco contentos. Bueno, todos menos tú, que no vas a beber —pronunció Delaney—. Pero no hay que preocuparse, llevaremos coches con chófer para todos.
—¿Qué haremos en la despedida después de cenar? —preguntó Jess de nuevo.
—Iremos a bailar y a seguir bebiendo —dijo Logan.
—Parece un buen plan, excepto para mí, que no beberé.
En la despedida de solteros había mucha más gente de la que Jess esperaba.
Además del grupo de amigos, habían asistido los compañeros de trabajo de Jess y de Ryan; Mike, el detective compañero de Abby; los hermanos de Jules que, aunque vivían en Boston, no habían querido perderse la fiesta; Jane, la dueña de la tienda de novias y su marido; los hermanos de Ryan y sus padres.
Aunque Ryan no sabía que vendrían a la despedida.
Tess había reservado el restaurante en el que había celebrado su despedida de soltera.
A Jess le hacía gracia el comportamiento de sus amigos.
Cuando organizaban algo, quien lo hacía pagaba todas las facturas.
Jess insistió en pagar lo que le había costado, pero Tess le dijo que no tenía importancia.
Y en parte lo entendía, porque tenían tanto dinero que unos miles de dólares más o menos no les supondría nada.
—Hola, mamá —dijo Ryan besando a su madre cuando la vio en el restaurante—. No sabía que vendríais a la despedida.
—Tess nos envió las invitaciones. Cariño, eres nuestro hijo mayor y el primero que va a casarse. No nos lo habríamos perdido por nada del mundo.
—¿Cómo has conseguido que viniera el papá un viernes, con lo ocupado que está?
—Le dije que si no venía conmigo, podía ir preparando los papeles del divorcio.
—¿En serio le dijiste eso? —preguntó sonriendo.
—Por supuesto, y no bromeaba. Y a tus hermanos les dije que si no me acompañaban, podían ir buscándose un sitio donde vivir.
Ryan soltó una carcajada.
—Hacía muchos años que no te veía portarte así. Me gusta —le dijo a su madre.
—A mí también. Y no solo he conseguido que vengan a la despedida, nos quedaremos todos hasta la boda.
—¡No me lo puedo creer! El papá, Douglas y Marina no estarán muy contentos por haber dejado el bufete.
—¿Los ves tristes?
—No. La verdad es que no —reconoció mirando a sus hermanos, que reían hablando con sus amigos—. Espero que no hayáis reservado hotel.
—No lo hemos hecho. Jess me dijo que nos quedaríamos con vosotros.
—Estupendo. Jess olvidó mencionármelo. Nos va a encantar teneros en casa.
—Creo que será la mejor forma de conocer a mi futura nuera.
—Te va a caer muy bien.
—Ya me cae bien.
—No recuerdo haberte visto con vaquero desde que era pequeño. Pareces más joven.
—No tenía ninguno y tuve que comprarlo. Jess me dijo que sería una cena muy informal. Y he de admitir que me siento más joven. Creo que lo usaré a menudo.
—Estás estupenda, mamá —mencionó besando a su madre en la frente.
—Gracias, cariño.
—Hola, papá. Vaya, tú también vas con vaquero —dijo Ryan cuando su padre se acercó a ellos.
—Tu madre me ha obligado a vestir así. Últimamente está muy mandona —comentó sonriéndole a su mujer con cariño.
—Me alegro de que hayáis venido.