Capítulo 35 #2
—Felicidades, cielo —habló Delaney cogiendo la mano de Jess y besándola—. A partir de ahora vas a tener la vida que siempre has merecido. Ryan te va a hacer muy feliz. Y si no lo hace, te aseguro que acabaré con él.
Todos se rieron.
—Gracias, Delaney. ¿Podría hablar contigo un momento... a solas? —preguntó Jess.
—Por supuesto. Demos un paseo —contestó él levantándose.
Los dos comenzaron a caminar.
—¿Qué quieres decirme que no puedan escuchar los demás?
—No me hubiera importado que lo oyeran, pero no quería que lo escuchara Ian.
—De acuerdo.
—Desde que Ryan me pidió que me casara con él, he estado dándole vueltas a lo del padrino que necesito para que me lleve al altar. Ya sabes que no tengo a nadie. Había pensado pedírtelo a ti.
—Estaré encantado de llevarte al altar. Pero, ¿por qué no querías que lo oyera Ian?
—Es que… Le tengo mucho aprecio, y sé que él me quiere, siempre dice que soy como su hermana pequeña.
Está solo y no tiene a nadie, como yo. Para él soy su única familia y él es la mía.
En Atlanta lo conocí solo durante unos meses, pero se convirtió en mi familia y era lo único que tenía.
No quiero que se sienta mal por no habérselo pedido a él.
Aunque estoy segura de que no le importaría.
—¿Y por qué me lo has pedido a mí?
—Porque hay algo especial entre tú y yo.
No quiero decir que sea nada sexual, ni fuera de una buena amistad.
Pero no sé lo que es, contigo me siento como si nos conociéramos de toda la vida.
Y me has ayudado mucho, dejando de lado tu trabajo, para encargarte de resolver mis problemas, y sé que eres un hombre muy ocupado.
—Lo hice encantado cariño. Y yo siento lo mismo contigo. Te aseguro que eres como la hermana que nunca tuve. Pero, ¿sabes una cosa?
—¿Qué?
—A pesar de que me encantaría llevarte al altar, creo que debes pedírselo a Ian.
Tú siempre serás mi amiga querida, pero ese hombre, que he de decir que me parece un buen hombre, es el más adecuado para llevarte al altar.
Así forjaréis esa unión de familia, aunque no lo seáis. Eso va a hacer que se sienta muy bien.
—¿No te importa que se lo pida a él?
—Por supuesto que no.
—Gracias.
—De nada cielo. Volvamos con ellos, de lo contrario pensarán que estamos conspirando. Sobre todo Ryan.
—Sí —dijo ella sonriéndole.
—Sabes que está loco por ti, ¿verdad?
—Lo sé.
—Y vais a ser muy felices.
—Eso también lo sé.
—Veo que lo sabes todo.
—Soy muy lista —dijo ella de forma traviesa.
Antes de que se marcharan todos, Jess se acercó a Ian y le dijo que quería hablar con él. Caminaron hacia el coche de Ryan. Ian se apoyó en él y cruzó los brazos.
—¿Qué ocurre?
—Quería preguntarte algo.
—Bien.
—Ya sabes que Ryan y yo nos casaremos el 27 del próximo mes.
—Te ha costado, pero lo has conseguido.
—Sí.
—Aunque no creo que Ryan hubiera tardado mucho en dar el paso.
—Eso me ha dicho.
—Bien, ¿qué quieres preguntarme?
—Ya sabes que no tengo familia.
—Lo sé.
—Cuando vivíamos en Atlanta te consideraba mi familia, porque no tenía a nadie más.
—Gracias, cielo. Ya sabes que eres como una hermana para mí.
—Sí, me lo has dicho muchas veces. Y desde la primera vez que me lo dijiste te he visto como un hermano mayor. El hermano que siempre me hubiese gustado tener.
—Eso me gusta.
—Y ya que eres para mí como mi hermano mayor, me gustaría que fueras tú quien me llevara al altar.
Ian se quedó mirándola, sin creer del todo lo que había escuchado. La miró fijamente y en silencio durante tanto tiempo que ella pensó que no quería hacerlo.
—Por supuesto no tienes que aceptar…
De pronto Ian esbozó una preciosa sonrisa que la tranquilizó.
—Estaré encantado de llevarte al altar —dijo acercándose a ella para abrazarla, levantándola del suelo—. Te aseguro que al pedírmelo me has hecho el hombre más feliz de la tierra.
—Pues me alegro.
Los hombres los veían desde la piscina. Delaney vio que Ryan se tensaba.
—Jess le ha pedido que fuera su padrino —explicó Delaney.
—¿Cuando te ha dicho que quería hablar contigo, era para comentártelo? —preguntó Nathan.
—En realidad me ha pedido que fuera yo, pero se sentía culpable, porque a él lo considera un hermano, lo mismo que él a ella. Le he dicho que era mejor que se lo pidiera a él.
—Me gusta que seas tan considerado y tierno —dijo Tess.
—No digas tonterías, cariño. Yo no tenía ningún interés en llevarla al altar.
—Claro —mencionó Lauren.
Todos sonrieron.
—De todas formas, ha sido un gesto muy bonito de tu parte —añadió Kate.
Ryan, Jules y Jess iban en el coche camino de casa.
—Louise me ha dicho que necesita cuanto antes la lista de los invitados y sus direcciones para enviarles las tarjetas de boda y las invitaciones —dijo Jess.
—Tendrá que alquilar las mesas y las sillas. ¿Quieres que nos casemos por la mañana o por la tarde? —preguntó Ryan.
—Me gustaría más por la tarde y hacer una cena. Me parece más romántico.
—En ese caso, nos casaremos por la tarde. En llegar a casa podemos hacer la lista de invitados y se la enviaremos a Louise mañana. ¿Has pensado a quién quieres invitar tú?
—Me veo en la obligación de invitar a mis compañeros de trabajo y al director —mencionó Jess—.
También me gustaría que asistieran las mujeres que trabajan en casa de nuestros amigos, y por supuesto Elena, la señora que trabaja para ti.
Se preocupó mucho por mí cuando estuve viviendo contigo mientras estaba convaleciente.
—Me parece bien. Además, serán una gran ayuda con los niños. Y a propósito, no trabaja para mí, sino para nosotros.
—Sí, eso. Y también debería asistir a la boda Anne, la madre de Logan. Y por supuesto, Clara, su ama de llaves, porque tengo entendido que es como de la familia.
—Ve apuntándolos en el móvil para que no los olvidemos.
Apunta a Mike, el compañero de Abby. También a los padres de Jules y a sus hermanos.
A Jane, la dueña de la tiendas de novias.
Las chicas te llevarán a comprar el traje de novia a su tienda.
Ella y su marido han asistido a la boda de todos —apuntó Ryan.
—Y también estuvo en las despedidas de solteros —añadió Jules.
—¿Los invitan a los dos a las despedidas?
—Las chicas hacen las despedidas con sus novios.
—Yo nunca he ido a una despedida de solteros, pero ¿eso es lo normal?
—No es lo normal, pero siempre lo hemos pasado muy bien —comentó Jules.
—Apunta a mis padres y a mis hermanos. Y a mi tío Jeff, que es hermano de mi madre, y a su mujer. Su hijo Tom vive lejos y no creo que venga, pero apúntalo de todas formas, le enviaremos una invitación.
—Vale.
—Añade también a los padres de Carter. Y al abuelo de Lauren, y a Anna, su ama de llaves. Ah, y a Rebecca, la hermana de Nathan y a su marido, por supuesto.
—Madre mía, habrá un montón de niños —dijo Jules.
—Desde luego que sí. Le diré a Louise que contrate a alguien para que cierren la piscina de alguna forma, de lo contrario será un peligro.
—Esa es una buena idea.
—Apunta también a los médicos de mi hospital y al director. Y a un matrimonio amigo de mis padres que siempre va con ellos a todas partes.
—¿Alguien más?
—De momento no recuerdo a nadie. No te olvides de jack.
—Ya lo tengo apuntado. Ya tendremos cerca de cien, suponiendo que todos vayan acompañados.
—Cien no son muchos.
Ryan, Jess y Jules salieron para Boston el siguiente viernes, 5 de septiembre. Jess iba a conocer a la familia de Ryan y se sentía algo intranquila. Jules aprovechó para acompañarlos y así pasaría un día con sus padres.
Jess se sintió un poco intimidada cuando conoció a su futuro suegro, porque era un hombre muy serio, pero a medida que iban hablando durante la cena se relajó.
—Siempre he estado muy orgulloso de que mi hijo fuera médico, sobre todo con esa especialidad tan fuera de serie, aunque no recuerdo habérselo dicho.
Ryan miró a su padre sorprendido y Jess le apretó la mano.
—Pero desde luego tú me has impresionado por tu especialidad —le dijo a Jess sonriéndole.
En cuanto a la madre, Jess pensó que se hacía la estirada, pero era solo una postura, que desapareció tan pronto empezaron a conocerse. Y resultó ser una mujer muy agradable. Y sus tres hermanos le cayeron genial.
—¿Y por qué os casáis tan pronto? ¿No os parece un poco precipitado? Ni siquiera sabíamos que tenías novia —mencionó Elizabeth, la madre de Ryan.
—En realidad no hemos llegado a ser novios —dijo Ryan—. Hemos pasado de ser amigos a estar comprometidos. Y eso fue el sábado pasado.
—Pero entonces, no os conocéis.
—Nos conocemos perfectamente, mamá. Estoy enamorado de Jess desde hace más de un año y hemos sido amigos desde hace muchos meses. No somos niños y sabemos lo que queremos. ¿Tienes algo en contra de la boda?
—¡Por supuesto que no! Es solo que no teníamos ni idea de que estabas enamorado. ¿No os gustaría esperar un poco más para conoceros mejor?
—Mamá. Vamos a tener un bebé.
La mujer se quedó en silencio lo que pareció una eternidad. Hasta que se dio cuenta de lo que implicaban las palabras de su hijo.
—¡Oh, Dios mío! Felicidades a los dos.
—Gracias —contestaron ambos.
De pronto todos estaban de pie. Los hermanos los abrazaron y la madre de Ryan lo hizo varias veces.
—No sabéis lo feliz que me habéis hecho. En ese caso, es mejor que os caséis cuanto antes. No sabéis cuánto me alegro. Cariño, vamos a ser abuelos.
—Ya me he enterado —dijo su marido abrazando a Jess de nuevo—. Bienvenida a la familia.
—Gracias —contestó Jess ruborizada.
—¿De cuánto tiempo estás?
—De cinco semanas. Nacerá para primeros de mayo.
—Una época perfecta.
Su futura suegra le preguntó a Jess si tenían ya algo preparado para la boda y le dijeron que no, pero que Louise, la madre de Stanford, se iba a encargar de todo.
Al día siguiente fueron a visitar a los padres de Jules. Se pusieron muy contentos cuando Ryan les entregó la tarjeta de boda y las invitaciones. Y les aseguraron que, tanto ellos como sus hijos asistirían a la boda.
Ese día comieron con la familia de Ryan y por la tarde los tres volvieron a Nueva York.