Tan irresistible como Stanford Capítulo 35
93%

Capítulo 35

Jules había salido temprano de la casa para ir a jugar el partido de balón cesto con sus amigos. Sabía que Ryan y Jess se habían dormido muy tarde la noche anterior y no quiso despertarlo para que lo acompañara.

Ese sábado, el grupo se reuniría en casa de Nathan, porque era su cumpleaños. Jess y Ryan llegaron juntos a casa del abogado. Jack les dijo que estaban todos en la piscina y se dirigieron hacia allí.

—Buenos días a todos —dijo Jess.

—Buenos días cielo —contestó Delaney levantándose para saludarlos y besando a Jess en la mejilla.

—Hola —saludó Ryan.

—Habéis tardado. Un poco más y llegáis a la hora de comer —se quejó Tess.

—Nos hemos quedado dormidos —se excusó Ryan mientras Jess los besaba a todos.

—Hola, socio —dijo Jess cuando besó a Patrick—. Hacía tiempo que no te veía.

—Hola, preciosa. Louise y yo hemos estado algo ocupados.

—Eso me han dicho. Feliz cumpleaños, Nathan —articuló ella abrazándolo.

—Gracias, cielo.

—¿Cuántos cumples?

—Cuarenta y uno.

—¡Oh, Dios! —dijo ella con una expresión de terror.

Nathan le dio un buen tirón de pelo.

—Sabía que me gastarías una broma respecto a la edad. Supongo que no has olvidado que hace unas semanas Delaney cumplió mi misma edad.

—Lo sé. Y he de admitir que los dos estáis fantásticos… para vuestra edad.

—¿Sabes que eres una descarada?

—Eso me han dicho —repitió ella sonriéndole.

Hacía un día fantástico y comieron en el jardín.

Cuando terminaron tomaron café y luego sacaron la tarta.

Nathan apagó las velas, feliz por estar en compañía de sus amigos.

Abrió los regalos y bebieron una copa de champán para terminar de celebrar el cumpleaños.

Cuando retiraron lo de la mesa se sentaron de nuevo en las cómodas butacas.

—¿Cómo está la pequeña? —preguntó Jess a Abby.

—Creciendo a la carrera.

—Supongo que estará durmiendo.

—Sí, se pasa el día durmiendo.

—Excepto por la noche —intervino Sean.

—Se sentirá sola con la oscuridad —soltó Jess.

—Sí, será eso —añadió Sean con sarcasmo.

—A propósito, ¿por qué habéis venido juntos? —preguntó Lauren a Jess y a Ryan de manera sospechosa.

—Antes de que empecéis a especular sobre ello, tengo noticias —dijo Jules.

—Espero que no estén relacionadas con Richard —pronunció Carter.

—¿Cada vez que os diga que he de hablaros de algo vais a pensar que es sobre Richard?

—Es que nos parece extraño que no haya dado señales de vida —mencionó Logan.

—Sí, a mí también, y he de admitir, que eso me preocupa.

—No pensemos en ello ahora. ¿Cuáles son esas noticias?

—He comprado un apartamento para montar la consulta.

—Eso es fantástico —dijo Tess.

—Está cerca de tu edificio —le dijo a Delaney.

—Es una noticia genial —dijo Stanford.

—En dos días me darán la llave. En toda esa semana llevaré los muebles y los aparatos.

—¿Para cuándo la abrirás? —preguntó Ellie.

—Tan pronto tenga una enfermera y una recepcionista. Puede que para octubre.

—Me alegro de que las cosas vayan volviendo a la normalidad —dijo Sean.

—Yo también.

—Has dicho que tenías noticias, en plural —apuntó Kate.

—Cariño, no se te escapa nada —mencionó Jules sonriéndole—. Tengo trabajo en el mismo hospital de Carter y Ryan. He conseguido mi antiguo puesto.

—Eso es un notición —dijo Abby.

—Sí.

—¿Cuándo empiezas a trabajar? —preguntó Patrick.

—El 1 de octubre. Me va a venir genial, porque tendré la consulta terminada y la abriré después de empezar en el hospital. Las cosas me están yendo demasiado bien.

—Te mereces que todo te vaya muy bien —añadió Louise, que estaba sentada a su lado apretándole la mano.

—Gracias. Bien, ahora ya podéis preguntarle a esos dos porqué han venido juntos —dijo señalando a Jess y a Ryan.

Todos miraron hacia la pareja. Jess elevó la mano sin decir nada, para mostrarles el anillo.

—¡Oh, Dios mío! ¡¿Estáis comprometidos?! —exclamó Tess.

—Me temo que sí.

Todos se levantaron para abrazarlos. Ian y Jack se acercaron al grupo para felicitarlos también. Las mujeres elogiaron el anillo, porque era una maravilla.

—Ian, acompáñame a por unas botellas de champán, esto hay que celebrarlo —dijo Jack.

Los dos hombres fueron a la cocina. Poco después volvieron acompañados de Cath y Caroline, que era la señora que trabajaba en casa de Nathan desde hacía unos meses, porque también querían felicitarlos.

—Además de nuestro compromiso, también celebraremos que vamos a tener un bebé —dijo Ryan sonriendo.

Todos volvieron a felicitarlos.

—Jess, ya has tomado una copa de champán, por hoy se acabó el alcohol para ti —dijo Carter—. ¿Has olvidado que estás esperando un bebé?

—¡Oh, es cierto!

—Me gustaría que te pasaras por la consulta para examinarte. A no ser que quieras ir a otro ginecólogo.

—Quiero que seas mi ginecólogo. Así no me cobrarás las consultas —dijo ella sonriendo.

—¿Quién te ha dicho eso?

—Todas ellas —manifestó Jess señalando a sus amigas.

—Menudo negocio tengo con vosotras.

Después de beber todos otra copa de champán, excepto Jess, las asistentas volvieron a la cocina para dar la comida a los niños, acompañadas de Jack.

—¿Te quedaste embarazada a propósito? —preguntó Lauren a Jess.

—En realidad no. Es solo que… en una ocasión yo tenía mucha prisa y le dije a Ryan que por un día no iba a pasar nada.

—Vaya con nuestra amiga la tímida —intervino Sean riéndose.

—Acertaste a la primera —dijo Patrick a Ryan.

—Eso parece.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Louise a Ryan.

—Completamente feliz.

—¿Habéis planeado algo para la boda?

—En realidad no. Y seguramente necesitaremos ayuda.

—Ya sabes que yo me encargué de algunas de las bodas de ellos —dijo la mujer.

—Querrás decir de todos ellos.

—Bueno, sí. Aunque en algunas tuve ayuda. Lo que quiero decir es que si me necesitáis, estoy a vuestra disposición.

—Pues ahora que lo dices, nos vendría bien tu ayuda.

—Contad con ella. Supongo que querréis casaron antes de que nazca el bebé.

—Desde luego que sí —mencionó él.

—Sé que Jess no tiene familia, pero ¿quieres que organicemos la boda tu madre y yo?

—Mi madre vive muy lejos. Si pudieras ocuparte tú sola sería genial.

—No hay problema. ¿Habéis pensado en alguna fecha determinada?

—Queremos casarnos cuanto antes.

—La mejor época para una boda sería al final de la primavera.

—Louise, el bebé nacerá en abril.

—¿Por qué estás tan seguro?

—Porque Jess se quedó embarazada el 25 de julio.

—En ese caso, nacerá el 1 de mayo del próximo año, unos días más o menos —dijo Carter, después de consultar el calendario de su móvil.

—En invierno hace mucho frío para casarse —mencionó la mujer.

—Louise, no te preocupes, no vamos a esperar al invierno. En septiembre todavía hará calor.

—¿En septiembre? ¿Te refieres al mes que viene?

—Sí. A mediados de mes estaría bien. Digamos el sábado, 13.

—Pero para eso faltan dos semanas. Es imposible organizar una boda en dos semanas.

—Mamá, tú puedes hacer lo que te propongas —declaró Delaney.

—Tu hijo tiene razón —añadió Patrick.

—Louise. Jess no tiene familia, su familia somos todos los que estamos en esta casa. Y si quieres que te sea sincero, además de mi familia y la de Jules, solo necesito a los que estamos aquí. Imagina que no será una boda, sino una reunión como esas que celebras a menudo en tu casa con tus amigos.

—A tus padres les gustaría invitar a sus amigos, y a la gente importante con quienes se relacionan.

—Hablaré con mi madre. No quiero que en mi boda haya políticos ni importantes abogados, que solo conozco por haberlos visto en las noticias.

—Si es así, no habrá problema. Pero, ¿os importaría darme una semana más?

—No hables en plural. A mí no me importa esperar el tiempo que sea necesario —dijo Jess—. De todas formas ya estamos viviendo juntos. Él es quien tiene prisa por casarse, y no entiendo porqué.

—De acuerdo. Voy a ser generoso y te daré dos semanas más en vez de una. ¿Te parece bien el sábado, 27 de septiembre?

—Perfecto. ¿Dónde queréis celebrar la boda?

Ryan miró a Jess.

—A mí me gustaría celebrarla en tu casa.

—Cariño, ya es nuestra casa.

—Vale, en nuestra casa.

—Fantástico, eso me facilitará las cosas —dijo la mujer.

—Estupendo. Jess y yo haremos esta noche la lista de invitados y te la enviaré.

—Muy bien. ¿Podré hacer lo que quiera en vuestro jardín?

—Tienes carta blanca para hacer lo que desees. A pesar del poco tiempo que tienes, me gustaría que fuera una boda preciosa y romántica, para que Jess se sienta feliz.

—Ya soy feliz —dijo ella ruborizada.

—Más feliz todavía.

—Bien, haré lo que pueda.

—¿Te parece bien que vayamos el viernes por la tarde a ver a mis padres? —preguntó Ryan a Jess.

—Supongo que debería conocerlos.

—Sí, estaría bien —remarcó él sonriéndole.

—Nos gustaría saber lo que le dijiste a Ryan cuando hablaste con él —dijo Tess—. Porque fuiste tú quien habló con él para decirle lo que sentías ¿verdad?

—Sí, fue el domingo pasado.

—¿Cómo fue? ¿Qué le dijiste? —preguntó Lauren.

—Pues…

—Cielo, te facilitaré la tarea. Lo grabé todo —dijo Jules sacando el móvil del bolsillo.

—¿En serio? —preguntó ella.

—Sí. No quería que olvidaras nada de vuestra conversación cuando tuvieras que contársela a todos. Lo cierto es que fue muy romántico. Silencio —dijo Jules presionando la tecla del móvil para que comenzara.

No se escuchaba ni una palabra hasta que Jess empezó a hablar. Poco después todas las mujeres estaban emocionadas, no llegaron a llorar, pero les faltó poco. Y volvieron a emocionarse cuando Ryan le dijo lo que sentía por ella.

—Ha sido una declaración preciosa —mencionó Tess.

—Yo casi lloro, y eso que no soy de lágrima fácil —comentó Lauren.

—Pues yo sí he soltado alguna lágrima —añadió Ellie.

—Yo también —dijo Kate.

—Yo creía que era una mujer dura —intervino Abby—, pero me he emocionado—. Ha sido precioso.

—Si hay algo en lo que coincidís todas las parejas del grupo, es que vuestras historias de amor son de película.

Incluida la vuestra —dijo Louise mirando a Ryan y a Jess—.

Cada vez que uno de vosotros ha encontrado a la mujer de su vida, siempre pienso que no podría haber una historia tan fantástica, pero con el siguiente me demostráis que siempre me equivoco.