Capítulo 33 #4
—Si tenéis cosas que ya no necesitáis y no queréis llevároslas, dejadlas apartadas y decídselo a Anna. Ella las llevará a la iglesia.
—Vale.
—Bueno, muchachos, subid las cosas a vuestras habitaciones e instalaros. Yo subiré la maleta de Jess y le mostraré su habitación. Jules, tu habitación es la misma que ocupabas antes de marcharte. ¿Te acuerdas de cuál es?
—Sí. Gracias, Fred.
—No tienes que darme las gracias, sabes que esta es tu casa. Vamos, cielo —le pidió a Jess conduciéndola al dormitorio y abriendo la puerta.
—Este será tu cuarto para siempre.
—Es muy bonito. Gracias, Fred.
—Me alegro mucho de que te hayas unido al grupo.
—Yo también.
El hombre salió al pasillo donde seguían la mayoría de ellos.
—Os dejo para que os instaléis. Tengo que ocuparme de algo. Nos veremos en la cena.
Cuando Fred volvió a la casa, las mujeres estaban dando la cena a todos los niños. Los hombres salieron al porche a tomar un whisky.
—¿Qué tal están Patrick y Louise?
—Muy bien. No han venido porque tenían un compromiso este fin de semana —dijo Delaney.
—Ya sé que están muy ocupados. De todas formas, hablo a menudo con tu padre. Me ha dicho que es socio de vuestra nueva amiga.
—Sí.
—Y me ha contado por encima su historia… y la tuya —mencionó mirando a Ryan.
—Patrick habla demasiado. Bueno, todos los del grupo hablan demasiado.
—Ya sabes que yo soy como de la familia. No conozco a esa chica, pero por lo que he visto y lo que he escuchado de ella, me gusta.
—Sí, le gusta a todos.
—¡Y médico forense, nada menos!
—Es una chica fantástica —dijo Delaney.
—Por lo que me han contado de ella mi nieta y Nathan, estoy convencido de ello. De quien no sé nada es de ti —manifestó Fred mirando a Jules.
—Pues este es un buen momento para ponerte al día.
Jules le contó lo que había sucedido en su vida en los tres últimos años. Luego le habló de lo que habían hecho sus amigos por él, ayudándolo a que se marchara de casa.
—¿Y no has sabido nada de él?
—No.
—Entonces no te querría mucho.
—Esto no ha terminado. Ese hombre no es de los que olvidan. Cuando menos me lo espere aparecerá en mi vida.
—Siempre que no te dejes convencer por lo que te diga, no habrá problema. No olvides que las personas como él no cambian.
—Lo sé.
—Me alegro de que te hayas librado de él.
—Espero que sea así.
—Si en algún momento necesitas desaparecer por un tiempo, sabes que esta es tu casa.
—Gracias, Fred.
—Entonces, ¿no estás trabajando?
—Estoy buscando un local para abrir una consulta.
—Pronto tu vida se encauzará y todo volverá a la normalidad. ¿Dónde estás viviendo?
—En casa de Ryan.
—Me han dicho que es una casa increíble.
—No te han mentido. Es fantástica. Tan pronto tenga abierta la consulta me pondré a buscar casa.
—No tienes prisa —dijo Ryan—. Lo cierto es que los meses que viví en mi casa nueva me sentía solo. Es tan grande que parece vacía. Al menos estando él tengo a alguien con quién hablar.
—Tengo entendido que Jess tuvo un accidente en el trabajo, y que estuvo viviendo unas semanas contigo mientras se recuperaba.
—Las noticias vuelan. Sí, estuvo en casa.
—Seguro que la echaste de menos cuando se fue.
—La verdad es que sí.
—Me han dicho que estás enamorado de ella, y no desde hace poco.
—Es cierto.
—¿Y por qué no se lo dices?
—Parece ser que no te informan de las noticias al completo.
—Sé que le pediste que saliera contigo y te rechazó.
—Entonces comprenderás que es ella quien tiene que dar el siguiente paso.
—Y estás forzándola a que lo dé.
Ryan lo miró con las cejas levantadas.
—Sí, todos los del grupo hablan demasiado, lo sé —dijo el hombre riendo—. Sé que tenéis una relación sexual, que por cierto te propuso ella. Pero que no la ves a menudo para que ella termine con esa relación, que tú no quieres.
—Exacto.
—El problema es que ella es tan orgullosa como él —apuntó Nathan sonriendo.
—¿Y cómo lo vas a solucionar?
—Se solucionará de una forma u otra.
—No esperes mucho. Esa chica es preciosa y no estará mucho tiempo sola. Por cierto —dijo el hombre cambiando de tema—. Mientras os instalabais he estado hablando con Jack y con Ian, el nuevo guardaespaldas. Me ha caído muy bien ese hombre.
—A todos nos cae bien —pronunció Carter.
—¿Te han dicho que vivía en la calle en Atlanta? —preguntó Logan.
—Me lo ha dicho Jack, cuando nos hemos quedado a solas. Y también me ha dicho que fue Jess quien lo trajo a Nueva York.
—Esa chica es fantástica —volvió a decir Delaney.
—Empiezo a pensar que es cierto.
Poco después les dijeron que entraran a cenar.
Todos los niños estaban acostados y había una inusual calma en la cocina. Se sentaron a cenar y estuvieron hablando todos, poniendo al día a Fred de lo sucedido durante las últimas semanas.
Los dos días que pasaron en el rancho fueron fantásticos. Jess no había montado nunca a caballo, pero la enseñaron y antes de volver a Nueva York ya se manejaba bastante bien. Los que más disfrutaron fueron los niños, con sus caballitos.
A Jess le encantó la casa que tenían Lauren y Nathan junto al río, era una maravilla. También conoció a Rebecca, la hermana de Nathan y a su marido y a sus hija. Y todos les cayeron muy bien.
Jess se sintió muy relajada esos dos días, a pesar de que estaban todo el día rodeados de niños. Pensó de nuevo que le gustaban mucho los niños.
Entre Ryan y Jess no sucedió nada durante el fin de semana.
Se comportaron como dos amigos, pero nada más.
Tenía miedo de hablar con él, porque sospechaba que no le iba a gustar lo que él dijera, pero al menos sabría a qué atenerse.
De manera que decidió que hablaría con él el siguiente fin de semana.