Capítulo 33
El siguiente viernes, Jess salió del trabajo a mediodía, porque ese día irían de acampada.
Cogió el coche y fue rápidamente a casa.
Sus amigas le habían dejado claro que no tenía que llevar absolutamente nada, pero no había preparado la ropa que iba a llevar y habían quedado en casa de Delaney a las dos de la tarde.
Estaba preparando una pequeña maleta con las cosas que sus amigas le había dicho que debía llevar mientras pensaba en Ryan.
No lo había visto desde el domingo anterior.
Estaba convencida de que él se estaba viendo con la mujer de Atlanta.
Los celos no la dejaban vivir. En más de una ocasión había pensado en ir a su casa a decirle lo que sentía por él, pero tenía miedo de que no compartiera sus sentimientos.
No la había llamado, ni siquiera para preguntarle cómo estaba. No había recibido ni un mensaje. Pero ella tampoco se había puesto en contacto con él. Así que no lo culpaba.
Se preguntó qué pasaría en la acampada, y cómo debería comportarse con él.
Según Ian, lo que tenía que hacer era hablarle claramente de sus sentimientos, independientemente de lo que él le contestara.
Delaney le había aconsejado lo mismo. En realidad, todos sus amigos estaban de acuerdo en ello.
Pero no pensaba tratar ese tema con él en la acampada.
Se portaría como si no pasara nada, como si se hubieran visto la noche anterior y hubieran hecho el amor como de costumbre.
Jess fue una de las primeras en llegar a casa de Delaney. Dejó el coche en el techado que había a un lado de la propiedad. Delaney estaba delante de la casa con los dos guardaespaldas. Jess caminó hacia ellos llevando su pequeña maleta. Besó a su amigo, y luego hizo lo mismo con Jack e Ian.
—¿Qué hacéis? —preguntó Jess.
—Pensando cuantos vehículos llevaremos y quienes irán en cada uno de ellos —dijo Delaney—. ¿En qué coche quieres ir tú?
—No tengo preferencias. ¿Quiénes irán con vosotros?
—Tess y yo iremos solos.
—¿No os acompañará Ian o Jack.
—Ian no conoce el camino, así que conducirá la furgoneta donde llevaremos las mesas, las sillas, las hamacas y algunas de las tiendas. Jack irá a su lado indicándole por donde ha de ir. Puedes venir con nosotros.
—Vale. ¿Los niños no vendrán?
—No. Y menos mal que Cath se ha llevado a Brianna a casa de Sean a coger algunas cosas de la niña, de lo contrario, se metería en uno de los coches y no habría quien la moviera de allí —mencionó Delaney sonriendo.
—¿No se queda Jack con los niños?
—La última vez que fuimos de acampada nos encontramos con una situación difícil.
—Lo sé, me lo contaron las chicas.
—Por eso quiero que vengan Jack e Ian.
—¿Y quién se quedará con los niños?
—Un amigo de Jack, que es guardaespaldas. Ya se ha quedado otras veces en casa.
Los últimos en llegar fueron Ryan y Jules. Bajaron del vehículo y se acercaron al grupo que estaba organizando el equipaje.
—¿Coche nuevo? —preguntó Carter mirando el Audi todoterreno blanco.
—Sí, lo he comprado esta semana. Jules y yo lo recogimos anteayer —dijo Ryan.
—Muy bonito.
—Gracias. ¿Lo tenéis todo organizado?
—Sí. Jess vendrá con Tess y conmigo —anunció Delaney.
—Nathan y Lauren vendrán con nosotros —señaló Sean.
—Logan y Kate con nosotros —añadió Carter.
—Ian y Jack irán con la furgoneta. Los otros han metido sus tiendas en ella. Si queréis meter la vuestra… —dijo Delaney a Ryan y Jules.
—No hace falta, ha cabido todo en el coche —indicó Jules.
Poco después salió un vehículo detrás del otro.
La mayor parte del trayecto hablaron Tess y Jess.
Ella hacía preguntas sobre las acampadas anteriores a las que habían ido y ellos las contestaban, haciéndole algunas advertencias respecto a los animales, como las arañas y las serpientes.
A pesar de ser un trayecto largo, a Jess no se le hizo pesado, porque fueron todo el camino entretenidos hablando.
Lo primero que hicieron al llegar fue montar las tiendas de campaña. Cada matrimonio tenía la suya. Había otra en la que dormirían los dos guardaespaldas. Y otra que compartirían Ryan y Jules. Aunque las tiendas eran tan grandes que cabían perfectamente tres personas de manera holgada.
—Por lo que veo a mí me toca dormir con vosotros —dijo Jess mientras miraba a Ryan y Jules montar la tienda.
—Compré una tienda para ti —declaró Ryan—. La montaremos si no quieres compartir la nuestra.
—Gracias por comprarla, pero no me importa dormir con vosotros.
—Estupendo, así nos ahorraremos el trabajo —añadió Jules.
Estaba oscureciendo cuando terminaron de montar la última tienda. Las habían colocado en medio círculo, como hacían siempre. Y el otro medio lo habían completado colocando los vehículos con la parte trasera hacia el interior para poder sacar lo que necesitaran de los coches.
Las mujeres estaban colocando la comida en la mesa para cenar. Poco después estaban todos, incluido Jack, sentados alrededor de la mesa.
—¿Dónde está Ian? —preguntó Jess.
—Ha ido a echar un vistazo por los alrededores —dijo Jack—. Se ha llevado la cena.
Era maravilloso estar allí cenando, al aire libre, y en compañía de sus amigos, y en ese lugar tan idílico, pensó Jess. Había un precioso río a unos metros del campamento en el que se podrían bañar. Estaba maravillada de cómo había cambiado su vida en poco tiempo.
Después de cenar recogieron la mesa entre todos y se sentaron, algunos en las sillas, otros se echaron en las hamacas. Estuvieron hablando mientras tomaban café con los dulces que había llevado Ellie.
Jess miró a Ryan, que estaba sentado en una silla con el tobillo de una pierna apoyado en la rodilla de la otra.
Estaba contando algo. No distinguía su expresión con toda claridad, pero recordaba cada milímetro de su rostro.
La luz vacilante de las llamas de la hoguera iluminaba sus rasgos de una forma caprichosa.
Jess sonrió ligeramente, porque esa penumbra le daba una apariencia casi diabólica.
A pesar de ello, con la camiseta blanca y el vaquero negro desgastado, el mechón de pelo moreno que caía sobre su frente y aquella mueca burlona en sus preciosos labios, a Jess le pareció de lo más atractivo.
Vio la sonrisa, que sabía empezaba con un brillo en la mirada y se extendía hasta sus labios.
El color gris de sus ojos, que podía pasar de ser plateado a un gris oscuro, dependiendo de su estado de ánimo, y que bajo la tenue luz de la lámpara de camping que tenían encendida, el gris parecía del color de un cielo de tormenta.
No pudo apartar la mirada de esos iris por un buen rato.
Unos minutos después era Jess quien hablaba. Y Ryan se sintió embelesado escuchándola.
Ian llegó en ese momento y se apoyó en uno de los coches observando al grupo. Prestó atención a lo que decía Jess, su amiga. Aunque la consideraba más como a una hermana pequeña. Miró a Ryan y lo vio embobado mirándola.
Los ojos de Jess eran del verde más luminoso que Ryan hubiera visto en su vida.
—El mundo es demasiado grande y siempre ha hecho que me sintiera confundida y con miedo.
Lo comparo con el mar. El mar hace que pienses que es cálido, suave y lleno de calor cuando está en calma, pero la realidad es que en algunos momentos puede ser horrible y puede hundirte hasta estar el las profundidades más oscuras.
—Estoy de acuerdo contigo. En algunos momentos, el mundo es aterrador, y lo digo por experiencia —dijo Lauren.
—Jess, la vida es un misterio y cada cosa rara que nos sucede es una pieza en el rompecabezas que compone la vida.
A veces es imposible hacer que encaje, pero al final es una parte imprescindible de la imagen completa.
Si estás aquí ahora es por alguna razón.
Lo único que debes hacer es estar atenta —indicó Logan.
—¿Atenta? ¿A qué tengo que estar atenta?
—Al sitio exacto en el que encaja la pieza.
—¿Esa pieza de la que hablas soy yo?
—Puede servir para cualquier persona —mencionó él sonriendo.
—Eso suena a destino. Y ya sabes que no creo en el destino. De todas formas, si el destino existe, él baraja las cartas, pero somos nosotros los que jugamos con ellas.
Su manera de ver la vida le fascinaba a Ryan.
Era una de las muchas cosas que le gustaban de ella.
Siempre decía lo que pensaba, sin importarle si hablaba de que se sintiera aterrada.
Le gustaba la forma que tenía de hablar, y también cuando se dirigía a él, retándolo a veces con la mirada.
También le gustaba la rapidez que tenía para contestar a cualquier pregunta y su lengua afilada, a pesar de su timidez.
Ryan estaba acostumbrado a otro tipo de mujeres.
Mujeres que procuraban no opinar sobre nada, por si diferían en la opinión que tuviera él.
Mujeres que solo se preocupaban por estar guapas y asegurarse de ser el centro de atención.
Jess era completamente distinta a ellas.
Estaba segura de sí misma, era fuerte y no tenía ningún reparo en decir lo que pensaba.
Ian pasó por detrás de Jess, se inclino hacia ella y le dijo al oído.
—Ten cuidado, cielo. El diablo está entre nosotros , y eres su tipo.
Jess lo miró sonriendo, e Ian se marchó. Jess miró a Ryan y se ruborizó al ver que la estaba mirando.
Ryan recordó la increíble experiencia sexual que estaba teniendo con ella. Jamás podría haber imaginado que llegaría a ser tan intensa. Su unión había sido tan arrolladora, inquebrantable y poderosa, que en algunos momentos había llegado a pensar que no sobreviviría a ella.
Las chicas se pusieron los pijamas y fueron todas juntas a hacer sus necesidades y a lavarse los dientes. Luego volvieron al campamento y se metieron en sus tiendas.
Jules entró en la tienda donde ya estaba Jess acostada.
—¿Ryan no va a acostarse?
—Está hablando con los chicos. ¿Quieres que le diga que venga?
—¡No!
—¿Te importa si me desnude?
—En absoluto. De todas formas eres gay. Aunque tengo que repetírmelo muchas veces a mí misma para que no se me olvide. Porque estás bueno de narices.