Capítulo 32 #3
Esa mujer lo hacía arder cuando estaba cerca, pero teniéndola así, con sus caderas pegadas a las de él, era demasiado.
Lo había puesto a cien en dos segundos. Lo estaba devastando con su beso, aunque a él le estaba encantando.
Le gustaba escuchar los suspiros entrecortados que salían de su boca mientras la besaba.
Le excitaba cuando metía los dedos entre sus cabellos.
Y le gustaba que se restregara contra su erección, mientras lo sujetaba del trasero para tenerlo más cerca.
Se separaron cuando el ascensor se detuvo. Caminaron hacia el apartamento y Jess abrió la puerta y él la cerró cuando estuvieron dentro.
Ryan no pudo controlarse por más tiempo.
Empujó a Jess contra la pared más cercana, le bajó los tirantes del vestido, que se deslizó hasta el suelo.
Él la miró de arriba a bajo mientras se sacaba la chaqueta y la tiraba al suelo.
No llevaba sujetador. Llevaba un tanga diminuto del mismo color del vestido.
—Esta vez va a ser rápido. Tengo la polla tan dura que me va a estallar —dijo deslizando el tanga por las piernas de ella.
—Ya estás tardando.
Ryan la elevó un poco para retirar el tanga de sus pies.
—Date prisa. Quiero tenerte dentro.
—No tengo condón.
—Luego lo haremos con condón. Ahora quiero que me folles. Llevo deseándolo toda la noche.
Ryan se desabrochó el pantalón y se lo bajó junto con el bóxer. La elevó para que ella le rodeara con las piernas y la penetró hasta el fondo de una sola embestida que la hizo gritar.
—¡Sí! Esto es lo que necesitaba.
—¡Oh, Dios mío! Me encanta follarte sin condón.
—A mí también. Fóllame fuerte.
Y él obedeció.
Jess se sintió arrollada por una oleada de placer. Sintió como si en su interior se desatara una marea gigante de sensaciones. Gritó, porque no podía soportar tanto placer, aferrándose a Ryan con fuerza.
Jess alcanzó el éxtasis entre sus brazos y él la volvió a besar para silenciar su grito. Ryan no pudo evitar seguirla, fue incapaz de romper el vínculo que había entre ellos y que los convertía en una sola persona.
Ryan no tenía palabras para describir lo que sintió al correrse dentro de ella. Eso cambió su vida. De pronto se sintió parte de esa mujer y eso lo alarmó, porque no sabía qué sentía ella por él.
Se quedaron quietos y abrazados, hasta que ambos se calmaron.
—Voy a follarte durante toda la noche.
—Pues no será mucho tiempo, porque pronto amanecerá.
Ryan cumplió su palabra. Estuvo follándola en la cama hasta que el sol comenzó a entrar por la ventana.
—Alguien me dijo que tenías fama de ser un amante experimentado e insaciable —mencionó ella cuando él acababa de correrse y permanecía en su interior—. En cuanto a lo de experimentado, ya me había dado cuenta. Y empiezo a pensar que lo de insaciable es cierto.
—Cielo, estoy muerto —dijo saliendo de su interior—. No voy a tener fuerzas ni para llevar el condón al baño.
—Déjalo en el suelo.
—De acuerdo. Descansaré unos minutos antes de marcharme.
—Bien.
Jess se acurrucó junto a él y se quedaron dormidos.
Los minutos se convirtieron horas. Ryan abrió los ojos. Comprobó la hora en el reloj que había dejado sobre la mesita de noche. Era la una y veinte de la tarde. Miró a su lado. Jess estaba completamente dormida. Se maldijo por haber pasado la noche con ella, pero no porque no le hubiera gustado.
Volvió a mirarla y sonrió. Acercó la mano a su pecho y comenzó a acariciar un pezón y luego el otro. En unos segundos estaban duros como guijarros. Se acercó y se metió uno en la boca chupando y lamiendo hasta que ella se retorció de placer, aún dormida.
Ryan deslizó la mano bajo la sábana para acariciar su sexo, que ya estaba húmedo. Rozó el clítoris con la yema de un dedo y a continuación metió el dedo en su interior. Estaba completamente mojada.
Jess emitía unos sonidos de placer que reverberaban por todo el cuerpo de Ryan. Besó cada centímetro de su piel, la saboreó sin ningún reparo y acarició su cuerpo con veneración.
Ryan se puso un condón, se colocó sobre ella abriéndole las piernas con las rodillas y apoyando los antebrazos a ambos lados de su cuerpo para no aplastarla.
La penetró lentamente y con suavidad con una perfecta coordinación, hasta que estuvo en lo más hondo de su ser.
Se preguntó si ella sentiría la misma ansia incontenible que él.
Aunque, a juzgar por los gemidos y por la forma que lo rodeó con las piernas, le quedó claro que era así.
Parece ser que en eso estaban de acuerdo.
—Me encanta que me despierten de esta forma —dijo ella acariciándole la mandíbula de forma tímida.
—Follarte es una delicia.
Ryan entraba y salia de ella lentamente y con suavidad.
No quería precipitarse, porque le gustaría pasar horas en esa misma posición.
Era tanto el placer que sentía que no quería llegar al final.
Esa era la razón de que de vez en cuando se detuviera para besarla, para poder calmarse.
Pero todo tenía un final. Cuando sintió en su polla las contracciones de su vagina, se dejó llevar con ella.
Estuvieron muchísimo tiempo en la misma postura: él con el rostro entre su pelo y ella abrazándolo muy fuerte. Hasta que Ryan comprendió que tenía que marcharse, aunque deseara permanecer en la cama con ella todo el día.
—¿Te divertiste en la fiesta? —preguntó él incorporándose y sentándose en el borde de la cama. Se quitó el condón y lo tiró en la papelera que había en un rincón.
—Lo pasé genial. En un principio pensaba que todos serían unos estirados, pero las personas con las que hablé me parecieron muy agradables.
—También hay muchos estirados, no creas —remarcó Ryan comenzando a vestirse.
—Supongo. Por suerte yo no conocí a ninguno.
Jess se incorporó en la cama apoyando la espalda en el cabecero para contemplar cómo se vestía.
—Eres increíblemente sexy… y muy atractivo.
—Tú también.
—Te rodea un aire de peligro de lo más tentador.
—¿En serio?
—Sí —dijo ella sonriéndole—. Y tu sonrisa es matadora. Cualquier chica perdería el control al verla. Te seguiría con los ojos cerrados y no se arrepentiría de nada de lo que hicieras con ella.
—Vaya, tienes un buen concepto de mí.
—Si no fuera así no estaría aquí contigo. Gracias por llevarme a la fiesta.
—Fue un placer ser tu acompañante. Aunque fue Delaney quien consiguió que nos invitaran a todos.
—Gracias por haber subido a casa conmigo para follar. Y por lo de esta mañana. Has hecho que me sienta maravillosamente bien.
—Yo también lo he pasado muy bien —dijo él poniéndose la chaqueta y metiéndose el lazo de la corbata en el bolsillo.
—No te ofrezco un café, porque está claro que lo que más deseas es marcharte. Te acompañaré a la puerta —dijo ella haciendo mención de levantarse.
—No te muevas, conozco la salida.
—Vale.
Ryan se sentó a su lado en el borde de la cama. Se acercó a ella y la besó. Fue un beso corto, pero intenso, que la dejó con ganas de más.
—Parece ser que están hablando de que vayamos de acampada el próximo viernes.
—Eso me ha dicho Delaney.
—¿Vendrás con nosotros? —preguntó Ryan.
—El lunes hablaré con mi jefe. De todas formas, si no me da los días libres, Delaney comprará el departamento forense.
—Estoy seguro de que lo haría.
—He pensado en algo y quería ponerte al corriente.
—¿De qué se trata?
—Quiero cambiar un punto en nuestra relación.
—¿Qué quieres cambiar?
—Lo de la exclusividad.
—¿Quieres estar con otro hombre?
—Tú estás viendo a otra mujer, ¿no?
—¿Te han hecho alguna propuesta en la fiesta?
—No creo que eso sea asunto tuyo.
—De acuerdo. Me marcho. Que pases un buen día.
—Gracias. Que pases un buen fin de semana.
Ryan abandonó el apartamento con mal sabor de boca.
Le molestó que ella hubiera supuesto, sin quejarse, que no se verían durante el fin de semana.
Estaba seguro que pensaría que vería a la mujer de Atlanta, pensó sonriendo.
Puede que eso lo beneficiara en su propósito y ella quisiera cambiar los términos de su relación.
Eso si realmente estaba interesada en él, cosa que no tenía muy clara.
Estuvo mucho tiempo dando vueltas a si Jess le había dejado claro que no se verían el fin de semana, porque hubiera quedado con alguien. Se estaba volviendo loco pensando en ello.
Al día siguiente el grupo de amigos volvió a reunirse, porque era el cumpleaños de Lauren y pasarían el día en casa de ella y Nathan. Además, cinco días antes fue el cumpleaños de Delaney y habían decidido que lo celebrarían los dos el mismo día.
Fue una fiesta tranquila con los amigos del grupo y dos amigos de Delaney y Nathan que siempre invitaban a los cumpleaños.
Lo pasaron genial. Aunque a Ryan no le gustó lo pendientes que estaban de Jess los dos hombres que no pertenecían al grupo.
A última hora de la tarde Jess se marchó a casa. Había pasado un día fantástico y con Ryan todo había ido bien. A pesar de ello, Jess volvió a casa, sola. Y él no la visitó esa noche, ni ninguna noche de los siguientes días.