Capítulo 32 #2
La cena fue agradable y muy divertida. La señora que tenían enfrente era atrevida y decía lo que pensaba de quien fuera. Y eso hizo que tuvieran que reír muchas veces mientras cenaban.
Entraron en el salón de baile. Jess se quedó alucinada, porque era una sala impresionante. Sobre la estancia caían seis lámparas de araña que llamaban la atención por su tamaño y belleza.
Un camarero con una bandeja llena de copas de champán se acercó al grupo y los hombres cogieron cada uno dos, para ellos y sus parejas.
Decidieron esperar un poco para que Jess se acostumbrara al ambiente. Ella estuvo viendo bailar a la gente, que había salido a la enorme pista de baile cuando los músicos comenzaron a tocar.
Los primeros del grupo en salir a la pista fueron Patrick y Louise.
Jess miraba a Ryan. Estaba acostumbrada a que ese hombre robara toda su atención, vistiera como vistiera, pero vistiendo de manera formal en una fiesta como esa, era todo un descubrimiento que Jess casi no podía soportar.
Caminaba por el gran salón, hablando con uno y con otro, como si fuera el dueño de la mansión, y lo hacia con tal naturalidad que dejaba bien claro que siempre había pertenecido a ese ambiente.
—¿Te animas a bailar? —le preguntó Ryan cuando llegó hasta ella.
—Sí. Me apetece un montón que me abraces.
—Entonces, no se hable más —dijo cogiéndola de la mano y conduciéndola a la pista.
Dar vueltas debajo de esas increíbles lámparas era una experiencia fascinante. Estaban rodeados de gente, pero para ellos, fue como si estuvieran solos. Jess se encontraba en las nubes. Era maravilloso sentirse abrazada por ese hombre tan excepcional.
—No creo que necesitaras ninguna clase para aprender a bailar. Bailas como si lo hicieras desde siempre.
—Eres un buen maestro. Me encanta bailar contigo.
—Tengo unas ganas locas de besarte.
—Ni se te ocurra. Me borrarías el lápiz de labios.
—¿Qué te parece si nos vamos?
—¿Por qué? Es pronto, y me estoy divirtiendo. Además, no he bailado con ninguno de nuestros amigos. Aunque puede que tú no te estés divirtiendo tanto como yo. ¿Te gustaría haber venido acompañado por otra mujer?
—Cariño, no hay otra mujer con quien me apetezca estar más que contigo.
—¿Estás seguro?
—¿Por qué me preguntas eso?
—Sé que la mujer de Atlanta está aquí.
—¿Qué mujer?
—Con la que saliste allí.
—¿Estás celosa?
—¡Por supuesto que no!
—Estupendo, porque no tienes que estarlo. Salimos unas cuantas veces, pero corté con ella antes de que tú y yo comenzáramos nuestra aventura.
—No lo sabía.
—Y he de decirte algo que posiblemente tampoco sepas.
Jess esperó a que continuara hablando.
—¿Recuerdas que te hablé de una chica que vi en una cafetería de Atlanta?
—Sí.
—Pues está aquí.
—¿La mujer de quien te enamoraste con solo verla?
—Sí.
—Entonces, la has conocido por fin.
—Sí.
—¿Sigues enamorado de ella?
—No creo que sea correcto que me hagas esa pregunta, teniendo en cuenta que nuestra relación es estrictamente sexual.
—Tienes razón. Pero, como acordamos que no estaríamos con nadie mientras estuviéramos juntos, sí puedo preguntarte si te has acostado con ella.
Ryan la miró y no supo qué contestar. Si le decía que no, le estaría mintiendo, y no quería mentirle. Pero si le decía que sí, ella cortaría con él en ese mismo instante. Y no quería decirle que esa mujer de Atlanta, era ella. Se maldijo por haberla mencionado.
El pensamiento, horrible y perturbador, de que Ryan se estuviera acostando con esa mujer se instaló en la mente de Jess y se quedó allí largo tiempo.
—No hace falta que digas nada, me has contestado con tu silencio. Si no te importa, vamos a dejar de bailar, ya no me apetece bailar contigo.
—De acuerdo —dijo él algo confundido.
Ryan y Jess volvieron a reunirse con el grupo. A partir de ahí ella bailó con todos sus amigos. El último con quien lo hizo fue Delaney.
Las chicas tenían razón, Delaney era quien mejor bailaba de todos. Y no porque literalmente lo hiciera mejor que sus amigos, sino porque era un descarado bailando.
—Supongo que no bailarás de esta forma con todas las mujeres.
—¿A qué te refieres?
—Tomándote esas confianzas.
—Por supuesto que no, pero tú eres mi amiga.
—Me encanta como bailas.
—Gracias. Vamos a por una copa y busquemos un lugar tranquilo para hablar —dijo Delaney cuando terminó la música.
—Vale. Aunque creo que he bebido demasiado.
—No hay problema, te van a llevar en coche a casa.
—Tienes razón.
Unos minutos después estaban sentados en una de las terrazas de la mansión.
—Bien, ya estamos solos. ¿Qué pasa con Ryan?
—Supongo que sabes que tenemos una relación… sexual.
—Eso tengo entendido.
—Acordamos que sería exclusiva. Pero acabo de descubrir que se está acostando con otra.
—¿Te lo ha dicho él?
—No ha hecho falta que me lo dijera.
—¿Los has visto juntos?
—No. De todas formas, creo que no tengo ninguna posibilidad con él.
—¿Por qué lo dices?
—Porque está enamorado de una mujer.
—¿Y cómo no lo sabemos los del grupo? Te aseguro que nos enteramos de todo —comentó él sonriendo.
—¿Te suena que Ryan estuviera enamorado de una mujer que vio en Atlanta?
—¿La de la cafetería?
—La misma. Pues está en Nueva York y se han acostado.
Hacía días que lo notaba distante, porque al principio iba todas las noches a casa, pero últimamente nos vemos una o dos veces a la semana.
Y nunca se queda a dormir conmigo. Le he preguntado si se estaba acostando con ella, pero no me ha contestado. Y ya sabes lo que eso significa.
De pronto, Delaney lo entendió todo. Y también comprendió por qué Ryan no le había contestado cuando ella le preguntó si se estaba acostando con la mujer de Atlanta. Fue simplemente porque no quería mentirle. Delaney no quiso sonreír, pero tuvo que esforzarse por conseguirlo.
—¿Sigues enamorada de él?
—Irrevocablemente.
—Pues voy a darte un consejo. Y espero que lo sigas, de lo contrario, no tendrás ninguna oportunidad con él.
—De acuerdo. Te escucho.
—Tienes que decirle lo que sientes por él, porque Ryan no es adivino. Estoy completamente seguro de que él siente lo mismo que tú.
—¿Por eso se acuesta con otra mujer? Estoy harta de que todos me digáis lo mismo.
—Jess, hazme caso. Habla con él.
—Me da vergüenza, porque sé que me va a decir que no siente lo mismo por mí.
—Si no quieres arriesgarte es tu problema, pero luego no te quejes cuando ya no tengas ninguna oportunidad.
—¿Y cómo lo hago? ¡Dios mío! Esto va a ser lo más difícil que haga en mi vida, porque sé que me va a rechazar y voy a hacer el ridículo —dijo sacando de su pequeño bolso el pañuelo para limpiarse las lágrimas.
—Estoy seguro de que a lo largo de tu vida has hecho cosas mucho más difíciles que esta.
—Es posible que tengas razón, pero esta es la más importante.
—Habla con él. Ryan es un hombre que merece la pena.
—Lo sé. Aunque me esté engañando con otra, lo sé.
—Y mientras piensas cuando vas a hablar con él y lo que vas a decirle, recuerda que fuiste tú quien quiso tener una relación extrictamente sexual.
Lo que quiero decir es que no tienes por qué enfadarte con él, porque te aseguro que Ryan no quería mantener contigo una relación de ese tipo.
Pero si no quieres volver a estar con él, tú misma.
—Pero se ha acostado con otra.
—Pues dile que, a partir de ahora, no habrá exclusividad entre vosotros.
—Esa es una buena idea.
—¿Vas a costarte con otro hombre?
—No, pero él no lo sabrá. Gracias por tu consejo.
—Ha sido un placer. Por cierto, vamos a intentar ir a la acampada el próximo viernes.
—Hablaré con mi jefe el lunes.
—¿Hablarás antes con Ryan?
—No creo. Tengo mucho en qué pensar. He de estudiar bien todo lo que tengo que decirle. Pero lo haré cuando volvamos de la acampada.
—Estupendo.
Ryan y Jess no habían vuelto a bailar juntos.
Aunque ninguno de los dos había perdido de vista al otro.
La estaba contemplando desde la distancia.
Esa chica, a pesar de ser preciosa; a pesar de tener unos ojos verdes enormes que lo fascinaban; a pesar de tener el pelo de un castaño claro que le encantaba; a pesar de esos labios carnosos, que siempre deseaba besar; y a pesar del cuerpo de escándalo que tenía…
, seguía siendo una mujer tímida a quien no le gustaba ser el punto de atención.
—¿Contemplando a tu amor? —preguntó Patrick deteniéndose junto a Ryan.
—Sí.
—Estás tardando mucho en conseguir que salga contigo.
—No estoy acostumbrado a mujeres como ella.
—Pues como no te des prisa la vas a perder. Mira a su alrededor. Tiene muchos admiradores.
De la forma que había llegado, Patrick desapareció de su lado. Consiguió que Ryan se quedara pensando en lo que le había dicho.
Unos minutos después, Jess estaba con Tess y Abby. Miró a Ryan de arriba abajo cuando se acercaba a ellas, pensando que ese hombre era un monumento.
—Cuando quieras podemos marcharnos. No estoy acostumbrada a trasnochar y estoy algo cansada. Además, creo que he bebido demasiado y me siento mareada —dijo Jess.
—Entonces nos marchamos ya.
Se despidieron de todos y abandonaron la mansión.
No hablaron nada durante el trayecto, aunque fue un silencio cómodo. Jess pensó que él no subiría a su apartamento, pero se equivocó. Aparcó el coche a cien metros del edificio y caminaron juntos.
Ryan no estaba seguro de si ella querría hacer el amor, así y todo la acompañaría hasta la puerta del apartamento. Aunque no parecía que estuviera enfadada.
Entraron en el edificio. Ryan pulsó el botón para llamar el ascensor. Cuando se detuvo en la plata baja, se abrió la puerta y entraron.
Tan pronto se cerró la puerta, Jess se abalanzó sobre él, se pegó a su cuerpo y le devoró la boca.