Capítulo 31 #4
Cuando ambos se calmaron él se incorporó.
Salió de su interior y se sacó el condón.
Lo llevó hasta la basura. Cuando se dio la vuelta, ella se había girado y estaba sobre la mesa boca arriba.
Tenía la respiración acelerada y sus pechos desnudos subían y bajaban con el mismo ritmo de su corazón.
Su cabello estaba extendido sobre la mesa y los ojos, que tenía fijos en él, le brillaban.
Ryan tuvo que tragar saliva, porque la imagen de ella le quitaba el aliento.
Esa mujer era el pecado en estado puro, se dijo, y él estaba dispuesto a ir al infierno por volver a follarla de nuevo.
—Vamos a la cama.
—Genial. Estoy muy cansada.
—Pues tendrás que esperar un poco más para descansar, porque no he terminado contigo.
—Reconozco que no sé mucho de hombres. Me refiero a hombres vivos —dijo ella sonriendo mientras se subía a la cama—, pero sospecho que estas mejor equipado que el hombre medio. Aún sin tener experiencia y sin poder comparar, eres un hombre increíble.
—Vaya, muchas gracias.
—Ademas, siempre he oído decir que cuando pierdes la virginidad es molesto y muy doloroso, pero contigo fue fantástico.
—Me siento halagado. ¿No querrás pedirme algo?
—No. Solo digo lo que pienso. Haciendo el amor contigo...
Perdona, quiero decir, follando contigo no hay nada convencional.
Puedes ser suave y tierno, o salvaje y rápido.
Lujurioso y febril, o dulce. Pero nunca es igual.
Y no sé cómo lo haces, pero siempre me follas de la forma que más deseo.
Supongo que es la experiencia de haber estado con muchas mujeres.
Me gusta cuando lo hacemos en plan salvaje.
Pero también me has enseñado lo dulce que es follar cuando el placer se alarga, cuando los besos y las caricias se prolongan, a veces durante horas, y la tensión va creciendo poco a poco en mi interior, hasta que es tan poderosa y ardiente que explota descontrolada.
Jess lo contemplaba mientras se desnudaba.
—Ha sido una buena forma de explicarlo.
Jess recorrió su cuerpo con la mirada. Estaba cubierto unicamente por el vello corporal. Desvió la mirada a sus abdominales y hacia su polla.
—Desde luego que estás bien dotado —dijo ella de nuevo sonriendo.
—Te estás haciendo una descarada.
—Pero solo lo soy contigo.
—Menos mal. Después de follarte me siento saciado, y sin embargo nunca me parece suficiente y siento deseos de volver a empezar.
—A mí me sacias con una maestría increíble. Y por la capa de sudor que cubre tu piel y los gemidos que sueltas mientras lo hacemos, no parece que yo te deje insatisfecho.
—Me gusta la forma que tienes de halagarme. Y ya te he dicho que me dejas completamente saciado.
Ryan se subió a la cama y la cubrió con su desnudez. Jess sintió que había cambiado algo entre ellos, que los lazos que los unían desde que se vieron por primera vez se iban estrechando poco a poco y estaban formando un nudo demasiado intenso.
Ryan la besó y ella le devolvió el beso, pero no fue un beso precipitado o con urgencia. Fue un beso tierno, suave, y muy largo.
Ryan se puso un condón y la penetró. Esa vez hicieron el amor tomándose su tiempo. Él comenzó a moverse con el ritmo que ambos necesitaban.
Con ninguna de sus experiencias con mujeres se había sentido tan conectado como se sentía con Jess, pensó. Esa conexión entre sus cuerpos no fue solo física como las anteriores, se creó un vínculo especial entre ellos, como un lazo inquebrantable.
Ryan se movía lentamente, sin apartar la mirada de los ojos de ella.
No permitía que se escapara ni el más mínimo placer.
Rozaban sus cuerpos suavemente, absorbiendo cada segundo de la excitación de ambos.
Continuaron con aquel movimiento placentero, hasta que Ryan sintió la presión de los dedos de Jess apremiándolo sin palabras para que terminara con aquel dulce tormento.
Ryan aceleró las acometidas y sus cuerpos se amoldaron al nuevo balanceo de placer.
Ella le rodeó las caderas con las piernas. Él notó cómo el orgasmo se abría paso en aquel delicioso túnel cálido y húmedo que lo envolvía y que se contraía alrededor de su polla.
Jess buscó su boca mientras su cuerpo se convulsionaba. Compartieron un dulce beso, mientras la poderosa explosión de éxtasis iba aumentando más y más, hasta que estalló en mil pedazos. Ryan se dejó llevar junto a ella mientras recogían con el beso los gemidos que escapaban de sus bocas.
—Dios mío. Ha sido absolutamente perfecto —dijo Jess con lágrimas en los ojos.
—Completamente de acuerdo contigo.
A Ryan le habría gustado pasar la noche con ella, pero no lo hizo. Se levantó de la cama, se sacó el condón y fue al baño a tirarlo. Cuando volvió al dormitorio comenzó a vestirse.
—Ha sido una noche fantástica. Gracias —mencionó ella sin mirarlo, porque tenía unas horribles ganas de llorar.
—No tienes que darme las gracias, para mí también lo ha sido.
—Estoy cansada y no voy a acompañarte a la puerta.
—No necesito que me acompañes. Buenas noches —dijo él dándole un beso en los labios.
—Buenas noches.