Capítulo 31
Ese día el grupo se reunió en casa de Nathan. Todos estaban al corriente de la relación que había entre Ryan y Jess, aunque ninguno de ellos comentaba nada al respecto, cuando estaban los dos presentes. Pero sí lo hacían cuando solo había uno de ellos. Y todos sabían lo que sucedía.
—¿Hasta cuando vas a estar así? —preguntó Delaney a Ryan, mientras vigilaban a los pequeños en el jardín.
—Supongo que te refieres a Jess.
—Sí.
—Espero que no mucho más, porque estoy harto de salir de su casa a media noche.
—Eso es horrible —dijo Nathan.
—Antes me quejaba porque lo hacía una o dos veces cuando estaba con alguna mujer, pero ahora son prácticamente todos los días. No voy a pasar ni una noche con ella, mientras quiera seguir con esta estúpida aventura.
—Dile de una vez por todas que la quieres y que no quieres seguir como hasta ahora —dijo Carter.
—Tengo miedo de que no le parezca bien. Sé que le gusto, pero no sé si lo suficiente.
—Jess siente por ti lo mismo que tú por ella —mencionó Logan.
—¿Cómo lo sabes?
Porque lo sabemos todos, excepto tú, pensó Logan.
—No estoy completamente seguro, pero creo que no me equivoco.
—Me estoy volviendo loco.
—¿Cómo está ella? —preguntó Sean.
—Parece que tiene todo lo que necesita, aunque sé que quiere que pase las noches en su casa. Pero desde que le dije que yo no dormía con mujeres con las que tenía aventuras sexuales no lo ha mencionado ni una sola vez.
—Eso debió dolerle.
—Sé que no le hizo mucha gracia, pero lo disimuló bien. Esa mujer es dura como el acero.
—Es dura cuando es necesario. No olvides que te propuso tener una aventura sexual —dijo Delaney—. Pero también es muy sensible, no deberías olvidarlo.
—¡Joder! No puedo dejar de pensar en ella —reconoció Ryan después de permanecer unos segundos en silencio—.
El deseo que siento por Jess parece que lo abarca todo en mi vida.
Jamás había sentido algo así por una mujer.
No puedo dejar de sentir lo que siento. Cuando no estoy con ella no puedo quitármela de la cabeza, y cuando la veo, el corazón se me descontrola, como si fuera un adolescente.
Cuando la tengo cerca siempre deseo tocarla, rozar alguna parte de su cuerpo, aunque sea la mano. ¿No creéis que es una locura?
—No —dijeron todos al mismo tiempo.
—Yo creo que deberías presionarla —intervino Nathan.
—¿A qué te refieres?
—Deja de ir alguna noche a su casa. Puedes excusarte diciéndole que estás cansado, que has terminado tarde en la consulta, que has quedado con algún compañero para cenar...
—Tal vez Nathan tenga razón —expuso Carter—. Así pensaría que estás perdiendo interés por ella.
—No estoy perdiendo interés.
—Pero ella no lo sabe.
—¿Qué tal tu aventura sexual? —preguntó Tess a Jess con guasa mientras preparaban el aperitivo en la cocina.
—Estoy viviendo en un infierno.
—¿Y eso?
—Ya os dije que no quiere pasar la noche conmigo.
—¿Todavía sigue así? Hace semanas que os estáis acostando —dijo Lauren.
—¿Crees que no lo sé? Ni siquiera pasa los domingos conmigo, solo va a mi casa a última hora de la tarde.
—¿Y qué hace durante todo el día?
—No se lo he preguntado. No quiero que se sienta presionado. Y no quiero que piense que para mí él es lo más importante en la vida.
—Deberías decirle lo que sientes —comentó Ellie.
—¿Y por qué no me lo dice él? Según vosotras está enamorado de mí.
—Fuiste tú quien le dijo que quería una relación sexual.
—No creo que le importe. Cuando estamos juntos parece feliz.
—Cualquier hombre sería feliz follando cada día —dijo Kate.
—Pues yo me estoy cansando de eso.
—¿No se porta bien en la cama contigo? —preguntó Abby.
—No tengo ninguna queja. Pero ya no quiero una aventura.
Estoy loca por él y quiero que pasemos juntos todas las noches.
Ayer estuvo de guardia y no nos vimos. Y los días que no nos vemos me parecen vacíos.
Y cuando lo vuelvo a ver, como ha sucedido esta mañana, me siento como si una potente luz se encendiera en mi interior. ¿Eso es el amor?
—Supongo que sí —manifestó Tess sonriendo.
—Desde que ha llegado no he podido dejar de pensar en él. Y he de deciros que me es muy difícil pensar cuando lo tengo cerca.
Todas sonrieron.
—Cuando estoy con él me siento… viva. Es como si toda mi vida hubiera estado dormida y él me hubiera despertado.
—En realidad, eso es lo que te ha sucedido —declaró Lauren.
—Tienes razón. Lo que siento por él no es solo amor. Siempre está tan calmado que me pone de los nervios.
—Eso es solo apariencia —mencionó Abby.
—Es como si un tornado de fuego se estuviera concentrando en mi interior, prendiendo cada una de mis células.
—¡Qué trágica! —dijo Ellie sonriéndole—. Pero te aseguro que te entiendo, porque yo sentí lo mismo con Carter.
—Todas nosotras hemos sentido algo similar —remarcó Kate.
—Cuando estamos juntos me siento vulnerable.
Es como si se evaporase la seguridad que tengo en mí misma.
Y os aseguro que eso es algo que no me he permitido sentir desde que era una adolescente.
Sé que soy una mujer adulta e inteligente, pero incluso ahora, me siento así cuando lo veo.
Aunque por suerte, solo me dura un instante.
—No te preocupes, todo se arreglará —dijo Abby.
—Eso me dice Ian.
—¿Ves a Ian a menudo? —preguntó Tess.
—Viene a casa de vez en cuando o va a verme al trabajo cuando tiene un rato libre.
—¿Ryan sabe que os veis?
—Supongo que sí, yo no me escondo. Y sabe que Ian y yo somos amigos.
Logan y Sean entraron en la cocina para coger unas cervezas y luego volvieron a salir.
—¡Dios mío! Esos dos hombres son dos monumentos —opinó Jess.
—Y que lo digas —dijo Kate, la mujer de Logan.
—Cada vez que veo a Ryan me impacta igual que la primera vez que lo vi. Es tan increíblemente atractivo que me deja embobada.
Todas se rieron de nuevo, incluida ella.
Las mujeres salieron al jardín a reunirse con los hombres.
Jess miró a Ryan. La camiseta que llevaba se ceñía a sus músculos, marcando la forma de sus bíceps y de sus poderosos pectorales. Le miró los brazos y las manos, esas manos que la habían acariciado cientos de veces.
Las risas de sus amigas al verla cómo miraba a Ryan embobada, la sacaron de sus lujuriosos pensamientos, devolviéndola a la realidad.
Jess volvió a mirar a Ryan algo avergonzada. Los labios de él se curvaron lentamente mostrándole una sonrisa que hizo que se ruborizada y se sintiera devastada.
Esa mujer era una tentación, pensó Ryan dejando vagar su mirada a lo largo de su silueta. Tenía un rostro precioso, un cuerpo de infarto y, a pesar de que se esforzaba por aparentar que tenía una actitud distante, Jess era la fantasía de cualquier hombre que se preciara de serlo.
Ryan no puso resistirse. Se levantó de la tumbona y se acercó a ella.
Jess lo vio acercarse. Era un hombre elegante y refinado. Así y todo, en su aspecto había cierto aire de peligro, que seguramente excitaría los instintos de cualquier mujer.
Cuando Ryan llegó adonde estaba ella la cogió de la mano y la condujo hacia la casa. Entonces doblaron la esquina. Ryan se detuvo y se giró para besarla.
Jess se quedó aturdida y desconcertada. Le asombraba que un simple beso pudiera ser tan devastador. Aunque tampoco es que ese beso pudiera definirse como un simple beso. Porque Ryan la besó a conciencia y ella le correspondió como si hubiera estado hambrienta de él.
—Lo siento, cielo. No podía aguantar más —dijo Ryan separándose un poco de ella.
—Yo necesitaba lo mismo.
Ryan volvió a besarla.
—Anoche te eché de menos —mencionó ella cuando él se separó un poco.
—Y yo a ti.
—Me he acostumbrado a verte cada día y el día que no te veo me falta algo.
Me alegro, pensó Ryan, que quería que esa estúpida aventura acabara de una vez.
—Volvamos a la piscina —dijo él.
No hacía falta que disimulasen lo que habían hecho, porque estaba claro que sus amigos ya lo habían adivinado al ver a Jess ruborizada y con los labios hinchados.
—¿Habéis recibido todos la invitación de Richard Muller? —preguntó Delaney.
Todos contestaron que sí.
—Seguro que ha sido cosa tuya, porque nunca nos invitan a todos a las fiestas. ¿Cómo lo has conseguido? —preguntó Carter.
—Cuando recibí la tarjeta llamé a Christine, la mujer de Muller, y le dije que Tess y yo no podríamos asistir porque habíamos quedado con nuestro grupo de amigos para cenar.
Y entonces me dijo que os llevara conmigo.
Así que le envié los nombres de todos vosotros y de vuestras acompañantes.
Por cierto, Ryan, le dije que tu acompañante sería Jess.
—No hay problema.
Jess lo miró. Le dio vergüenza decirle que no sabía bailar, como se suponía que bailarían en una fiesta elegante.
Ryan la miró y le guiñó un ojo, y ella se ruborizó.
Jess pensó que no tenía ropa adecuada. Bueno, lo solucionaría los siguientes días.
—Jules, no le dije nada de ti, porque no sabía si querrías ir. Pero, la llamaré si decides acompañarnos. Por cierto, la fiesta es el viernes, 25.
—No os acompañaré. Aprovecharé para ir a pasar el fin de semana con mis padres. Revisaré las cosas que tengo allí y las empaquetaré para cuando tenga que enviarlas aquí.
—Si cambias de opinión me lo dices.
—De acuerdo.
—Jess, ¿cómo van los negocios con mi padre? Nathan y yo hemos estado muchos días fuera de la ciudad y no os hemos preguntado —dijo Delaney.
—Visitamos el edificio hace un par de semanas. Estaban terminado de vaciarlo.
—¿Es que estaba amueblado? —preguntó Nathan.
—Mejor diles tú lo que están haciendo —le dijo Jess a Sean.
—Se refiere a los escombros, que no eran pocos.
Han sacado las piezas de los baños y las cocinas y han derribado todas las paredes de los apartamentos.
Ahora empezarán a sacar las puertas, las ventanas y los rodapiés, que eran de terrazo.
A finales de este mes el edificio quedará completamente vacío y listo para comenzar a restaurarlo.
Empezarán con el tejado, la fachada y las ventanas, aprovechando que es verano.
Es importante que todo quede terminado antes de que llegue el frío.