Capítulo 29 #4
—A mí sí.
—Jess está cabreada y con razón. Cuando fuimos a Boston le envió decenas de mensajes contándole lo que hacíamos y un montón de fotos, y no le contestó a ninguno.
—Tendría alguna razón, porque Ryan no es así —dijo Ellie.
—La razón es que es un controlador. Y no me refiero a alguien como el ex de Jules. Controlador en otro sentido —mencionó Tess.
—No hay que tenérselo en cuenta. Ryan es un macho Alfa y apuesto a que siempre lo ha sido. Se preocupa de todo y de todos, por eso parece controlador. Es sólido y fuerte y nunca se altera —explicó Kate.
—En lo de que nunca se altera, te doy la razón, porque hasta discutiendo parece que está relajado —indicó Jess—. Yo creo que lo mejor sería olvidarme de él.
—Una cosa es lo que te dice el corazón y otra muy distinta es intentar decirle al corazón y a todo tu ser que no sientan —dijo Louise.
—Has dicho que estás enamorada de él —articuló Logan—. ¿Y vas a dejar tus sentimientos de lado sin hacer nada?
—Ya os dije que me propuso tener una aventura, pero lo rechacé. No tengo intención de ir con un hombre y otro, yo no soy así.
—Cariño, no te propuso tener una aventura, quería salir contigo, solo que tú lo malinterpretaste —le recordó Jules.
—Eso no viene al caso. De todas formas, él no me sacó de mi error.
—Sí que viene al caso, porque le demostraste claramente que no confiabas en él.
—¿Cómo iba a confiar en él? La confianza hay que ganársela. ¿Habéis olvidado lo que me hizo cuando nos conocimos? Además, desde que os conozco, siempre os he escuchado decir que Ryan es un mujeriego.
—Todos nosotros hemos sido como Ryan antes de conocer a nuestras mujeres —mencionó Sean—, pero las cosas cambian cuando conoces a la mujer adecuada.
—No estarás pensando que yo soy la mujer adecuada para él. Solo tienes que mirarlo a él y luego a mí.
—No es la primera vez que insinúas algo así, y no me gusta —dijo Patrick.
—¿Estás diciendo que eres poca cosa para Ryan? —preguntó Delaney—. ¡Tú estás loca! Es él quien debería dar gracias porque alguien como tú se haya fijado en él.
Jess se ruborizó y bajo la mirada avergonzada.
—Jess, mi hijo tiene razón. Eres una mujer preciosa, educada, divertida, amable, cariñosa y con una carrera impresionante. Ryan debería llevarte en la palma de la mano —dijo Louise.
—Es muy orgulloso y no puede asimilar que Jess le dijera que no quería salir con él —opinó Jules.
—Jess deberías hablar con Ryan —intervino Carter.
—¿Y qué voy a decirle?
—Que le quieres —dijo Logan.
—No puedo hacer eso, me moriría de vergüenza, porque estoy segura que me rechazaría.
—Él no haría algo así.
—¿Quieres que te dé mi opinión? —preguntó Patrick.
—Desde luego que sí.
—Los engaños jamás traen nada bueno. Y menos aún cuando son entre una pareja. Deja que termine —dijo el hombre al ver que iba a interrumpirlo—. Es mejor tener una discusión que mentir para no discutir. De lo contrario luego tienes dos problemas: el engaño y la discusión.
—Pero Ryan y yo no somos pareja.
—Creo que sois pareja desde hace mucho, es solo que no lo sabéis.
—En realidad no le he mentido, solo no le he dicho lo que siento.
—¿No crees que es una clase de mentira?
—Puede que tengas razón. Pero no puedo decirle que estoy enamorada de él. Aunque sí podría aceptar la aventura que me propuso.
—Él no te propuso una aventura —recalcó Jules.
—No es lo mismo, pero puede que funcione —dijo Delaney sonriendo.
—Sé que has estado sola toda tu vida, pero has de saber que la vida se disfruta mejor cuando tienes compañía. Y los problemas que se presentan nos parecen menos importantes cuando se comparten con alguien —añadió Patrick.
—De todas formas, hace tiempo que sé que he de hacer algo, porque no soportaré mucho más tiempo esta situación de estrés en la que vivo.
Si solo me quiere para tener sexo conmigo, que así sea.
Una profesora del colegio donde estudié nos dijo en una ocasión una frase que nunca he olvidado.
Dijo: A pesar de lo que nos depare la vida, hay que seguir adelante, sin dar importancia a las cosas que no la tienen.
—¿Y crees que esa frase viene al caso? —preguntó Nathan.
—Creo que sí. Ryan es esa cosa que se ha presentado en mi vida, y si me rechaza o si no está interesado en mí, tengo que seguir adelante, sin darle importancia a su rechazo o a su falta de interés.
Sé que si eso ocurre me moriré de angustia, pero llevo toda mi vida disimulando mis emociones y esta sería una más de tantas.
Todos los que estaban sentados alrededor de la mesa se miraron preocupados. Al igual que Ian que estaba de pie a un lado y había escuchado la conversación.
—De todas formas, si el destino, que he de admitir que no creo en él —dijo sonriendo—, ha puesto a ese monumento de hombre en mi camino, supongo que valdrá la pena esforzarme, al menos para conseguir acostarme con él. Si no está interesado, al demonio con el destino y con él.
—¿Cuándo vas a proponerle esa aventura? —preguntó Abby.
—Mañana antes de irme a mi casa sería un buen momento. Así, si me rechaza, me largo y punto.