Capítulo 29
Jules acompañó a Jess a la cita con el traumatólogo. Cuando entraron en la consulta él lo saludó, porque se conocían, habían coincidido varias veces en congresos o en reuniones profesionales.
—Hola, Jim —dijo Jules tendiéndole la mano.
—Hola —dijo estrechándosela—. Alguien me dijo que te habías mudado a Seattle.
—He estado allí durante tres años, volví hace un par de semanas.
—¿Vas a quedarte definitivamente?
—Sí.
—¿Tienes trabajo?
—Todavía no he buscado nada. Digamos que estoy de vacaciones.
—Eso está bien.
El traumatólogo le enseñó el historial de Jess, la radiografía primera y y la que acababan de hacerle. Jules lo estudió todo detenidamente.
—Creo que no he visto nunca una recuperación tan rápida como esta en una fisura de fíbula —dijo Jim.
—Jules es el responsable, porque me ha tenido en reposo casi tres semanas —mencionó Jess.
—Pues eso es lo que te ha recuperado tan rápidamente. Voy a dejarte lo que resta de semana para que te acostumbres a caminar sin muletas.
—¿Ya no tengo que usarlas?
—No, siempre que no te excedas.
—No te preocupes, está viviendo conmigo y me encargaré de que no se esfuerce.
—Muy bien. No hace falta que vuelvas, a no ser que suceda algo. Te firmaré el alta con fecha del próximo lunes.
—Estupendo.
—Estoy contenta de no tener que llevar muletas —dijo ella caminando junto a Jules por el aparcamiento del hospital y cogida de su brazo—. Es horroroso y hay que hacer un gran esfuerzo. Aunque he de reconocer que me siento un poco insegura caminado.
—Eso irá mejorando poco a poco —indicó él, abriéndole la puerta del coche—. De todas formas, no te entusiasmes. Aún no vas a poder hacer una vida normal.
—Por lo pronto me voy de viaje a Boston. ¿Eso no es normal?
—Estarás sentada todo el tiempo.
—Pero me enseñarás todo lo que hay que ver en la ciudad, ¿no?
—Sí, desde el coche.
—¿Desde el coche? Entonces, va a ser un viaje de mierda.
Él se rio mientras ponía el coche en marcha.
—Voy a enviarle un mensaje a Ryan para contarle lo que ha dicho el médico.
—Vale.
Jess comenzó a graba el mensaje de voz.
Hola, Ryan. Solo quería decirte que acabamos de salir de la consulta del médico y me ha dicho que estoy recuperada.
—Ha dicho que casi lo estás. No estás recuperada del todo —la interrumpió Jules.
Jules me está diciendo que no estoy recuperada del todo. El médico me ha firmado el alta para el lunes que viene.
He pensado que, después de aguantarme estas semanas en tu casa, sin que quisieras tenerme allí, merecías que te informara de lo que sucede.
Por cierto, ya no llevo muletas.
Ya estamos camino de Boston. Estoy ilusionada porque no he estado nunca allí.
Que pases un día fantástico
Le enviaré también un mensaje a Delaney y a las chicas.
—Parece que te llevas muy bien con Delaney —preguntó él cuando Jess terminó de enviarlos y guardó el teléfono en el bolso.
—Es un cielo de hombre.
—¡Dios mío, qué horror! Menos mal que él no está aquí para escucharlo. Le daría un infarto.
—Delaney se hace el duro, pero no lo es.
—Deberías enviar el mismo mensaje a todos, de lo contrario se preguntarán porqué se lo has enviado solo a Delaney.
—Tienes razón.
Cuando terminó de enviarlos volvió a mirar el móvil, porque había recibido un mensaje.
—Desde luego, no se habrá cansado mucho en escribir —dijo ella después de leerlo.
—¿Era de Ryan?
—Sí. Solo ha escrito: Me alegro.
—Estaría con algún paciente —dijo él excusando a su amigo—. ¿Por qué has dicho que Ryan no te quiere en su casa?
—Porque es cierto.
Ella le contó lo que Ryan le dijo a Tess en el hospital.
—Yo no he visto en ningún momento ninguna señal de que no quiera que estés en su casa. Te aseguro que conozco bien a Ryan y me habría dado cuenta.
—Sé lo que escuché.
—¿Se está portando mal contigo cuando estáis a solas?
—Los primeros días no podía disimular que no le gustaba que estuviera allí. Pero después de eso, no. Se ha portado de forma amable…, aunque guardando las distancias.
—En ese caso no entiendo porqué sigues pensando que no quiere tenerte en su casa. Puede que al principio no estuviera muy contento. Piensa que Ryan no ha vivido con ninguna mujer y tú ibas a quedarte en su casa.
—No creo que esa sea la razón. Ryan y yo no nos llevamos bien.
—¿Desde cuando? Sé que el otro día mencionaste de pasada que os habíais acostado.
—Nos hemos acostado, en dos ocasiones.
—¿Quieres contármelo?
Jess le contó lo que sucedió la primera vez que se acostaron. A pesar de que Jules estaba al corriente de lo sucedido, sonrió al escucharla a ella.
—¿En serio fuiste a una agencia para contratar a un hombre?
—Sí.
—Espero que Ryan se portara bien contigo.
—Sí, fue un encanto. Aunque, claro, en ese momento no sabía que no era el hombre que contraté. Esa es la razón de que no nos llevemos bien.
—Así y todo, os acostasteis de nuevo, porque has dicho que estuvisteis juntos dos veces.
—Sí, la otra vez fue en la isla de Delaney.
—Ah, esa isla. Estar allí es mágico.
—Y que lo digas. Acordamos que solo nos acostaríamos esa noche, y lo hemos respetado.
—Parece que lo dices algo apenada.
—¡Joder! Es que es difícil. No me he acostado con ningún hombre más, pero en la cama me hizo sentir tan bien.
—¿Y por qué no lo habéis repetido?
—Podríamos haberlo hecho. Me dijo que quería tener una aventura conmigo.
—¿Eso te dijo?
—No con esas palabras, pero lo que dijo significaba lo mismo. Y yo no soy una mujer de aventuras. No me gusta eso de andar con uno y con otro. Ya sabes que soy muy tímida.
—Yo creo que eres tímida solo cuando te interesa.
—¡Por supuesto que no!
—No te comportas como una personas tímida. Yo creo que has pensado y te has dicho a ti misma durante toda la vida que eras tímida, y te lo has creído.
—No digas tonterías.
Poco después, Jess le envió otro mensaje hablado a Ryan, diciéndole que habían parado a tomar un café en un bar de carretera. Aunque ella no lo vio, Jules sonrió pensando que a esa chica le gustaba su amigo, y mucho.
Estuvieron hablando sin cesar de cosas de los dos, del pasado, y de los planes de futuro que tenía Jules en Nueva York.
Cien kilómetros después, Jess volvió a enviarle un audio a Ryan para informarle que estaban acercándose a Boston.
Y treinta kilómetros más tarde, le envió otro diciéndole que acababan de entrar en la ciudad.
Jules ya no pudo resistirlo más.
—¿Desde cuándo estás enamorada de Ryan?
Ella permaneció en silencio un minuto. Luego suspiró.
—Creo que desde la primera vez que lo vi.
—¿Te refieres a cuando se presentó en tu casa para acostarse contigo?
—Sí.
—¿Y no se lo has dicho?
—¡Por supuesto que no!
—Pues deberías hacerlo.
—Jules, Ryan es un mujeriego. No quiero decir que eso esté mal, porque es soltero y no tiene que rendir cuentas a nadie.
—Eso es cierto.
—Lo que quiero decir es que él no es un hombre que mantenga relaciones con las mujeres.
—Tuvo una relación con una mujer en Atlanta.
—Lo sé. Y no le duró mucho que digamos.
—Eso fue porque él estaba interesado, o al menos eso es lo que creyó en su momento, pero ella lo tomó solo como una aventura.
—Es la misma situación en la que me encuentro yo, pero a la inversa.
—¿Estás segura que Ryan no está interesado en ti?
Jess le contó la conversación que había mantenido con Ryan sobre ello.
—¿Y por qué no lo creíste? Te dijo claramente que quería salir contigo.
—Pero para tener una aventura.
—Eso fue lo que interpretaste tú, pero por lo que me has contado, no lo mencionó en ningún momento.
—Él no lo desmintió.
—Has de reconocer que no confiaste en él y lo juzgaste, igual que lo estás haciendo ahora.
—No hace falta que sigamos hablando de este tema. Eso ya es pasado. He de admitir que no nos llevamos como si fuéramos los mejores amigos del mundo, pero nos soportamos.
—Ya lo he notado.
—De todas formas, ese hombre me confunde.
Igual parece enfadado conmigo como si le hubiera hecho algo terrible, como me besa como si no hubiera un mañana.
Él no se da cuenta, pero cuando me besa tengo que estar un buen rato para recuperarme, porque no soy capaz de concentrarme en nada.
Sus besos hacen que mi cerebro deje de funcionar con normalidad.
—¿Y no crees que ese comportamiento puede significar algo? —preguntó sonriendo por sus palabras.
—Ryan está enamorado de otra mujer desde hace mucho tiempo.
—¿Qué?
—¿No te lo ha dicho?
—No.
—Pues sí, esta enamorado de una chica que vio en Atlanta en una cafetería. Según me dijo no ha podido quitársela de la cabeza. A veces, cuando pienso en ello, envidio a esa mujer.
—¿Por qué?
—Porque consiguió que se enamorase de ella solo con verla, sin ni siquiera hablar.
Jules no pudo evitar sonreír, porque sabía que esa chica era ella.
Estuvieron en silencio unos minutos.
—Supongo que, después de tanto tiempo, ya se habrá olvidado de esa chica —dijo Jules.
—Es posible, porque aquí se encontró con la mujer esa que has mencionado, con la que tuvo la relación.
—¿La encontró aquí?
—Sí. Y están saliendo juntos. Al menos sé que se han visto en alguna ocasión.
Jess permaneció en silencio mucho tiempo.
—Cielo, deberías decirle lo que sientes por él.
—No puedo hacerlo. Ya es bastante arrogante. Si le dijera que estoy enamorada de él, se hincharía como un pavo.
Jules se rio.
—Ese hombre consigue que mi cerebro sea un caos. Aunque ya debería estar acostumbrada, porque me sucede siempre que está cerca. Me deja el cerebro inservible y el corazón desconcertado. Además, puede que siga enamorado de esa mujer. O de la chica de Atlanta.
Jules giró la cabeza para mirarla y le sonrió.
—Cuando lo veo caminar, puedo apreciar en él la determinación de un hombre seguro de sí mismo, que nunca duda y que jamás se siente confundido. Un hombre que siempre se ocupa de todo. Lo cierto es que pienso que es extraordinario.
—Yo también lo creo.
—Saber todas esas cualidades de él hace que me sienta vulnerable.
Jules volvió a sonreírle.