Capítulo 28 #2
—No te preocupes, nosotros lo haremos luego. Márchate a casa si quieres.
—Vale. Les he preparado la cena. Un día hice una tortilla de patatas para Jess y para mí. Es una receta de mi país. A Jess le gustó, así que he hecho un par de tortillas y una buena ensalada, que solo falta aliñarla.
—Muchas gracias.
—¿Tengo que seguir viniendo cada día?
—Si no te importa, me gustaría que lo hicieras mientras Jess esté en casa.
—No hay problema. En los días que he estado aquí, he limpiado la casa a fondo, he ventilado todas las habitaciones y he cambiado las sábanas.
—Estupendo. No sé qué haríamos sin ti.
—Bueno, pues, voy a coger el bolso y me marcho. Hasta mañana.
—¿Os apetece un café? —preguntó Jess cuando Elena se marchó.
—Sí. Será mi primer café en Nueva York —dijo Jules sonriendo.
—Bienvenido a casa —mencionó Ryan.
—Esta no es mi casa.
—Como si lo fuera. Ya sabes que puedes quedarte todo el tiempo que necesites.
—Gracias.
—Prepararé el café —dijo Jess.
—No hace falta que fuerces la pierna —articuló Ryan.
—Me manejo perfectamente con las muletas y no apoyaré el pie en el suelo. Mientras lo preparo podéis subir las maletas.
—Vale.
—¿Me instalaré en la misma habitación que dormí el fin de semana que estuve aquí?
—No, esa era pequeña para lo que tú necesitas.
Ya sabes que hay cuatro que son más grandes que el resto y tienen vestidor, dos de ellas están en el ala este de la casa, y una es la mía.
De manera que tú te instalarás en la otra, que está justo enfrente.
A no ser que quieras estar en el otro lado de la casa.
—No, prefiero estar cerca de vosotros.
—Esta será tu habitación para siempre —dijo Ryan abriendo la puerta—. Ya sabes que todos tenemos una habitación para cada pareja.
—Después de mi reciente experiencia, no creo que vuelva a tener una relación.
—Todos los hombres no son como Richard.
—Lo sé.
Cuando todas las maletas estuvieron en el dormitorio bajaron a tomar el café.
—Siento no haberlo llevado al salón, me manejo bien para caminar con muletas, pero no puedo llevar una bandeja.
—Yo la llevaré —dijo Jules.
—Cuéntame qué hicisteis en Seattle —mencionó Jess cuando estuvieron sentados en los sofás.
Jules lo relató con todo detalle.
—¿Crees que Richard te llamará cuando se dé cuenta de que lo has abandonado?
—Si lo hace no lo sabré, porque lo he bloqueado.
—¿Cuándo te llamó por última vez?
—Esta mañana a las once y cuarto. Ryan y yo estábamos en la consulta, mientras los de la mudanza bajaban los muebles. Me puse nervioso y tenía miedo de que notara algo, pero parece que no fue así. Estas galletas están deliciosas.
—Las ha traído Ellie esta mañana.
—He echado de menos sus dulces. Luego los llamaré a todos para darles las gracias.
—Están muy contentos de que hayas vuelto. Entonces, ¿van a traerte el coche y todo lo de la consulta?
—Sí. Me dijeron que estaría aquí el viernes a lo largo de la mañana.
—Los de la mudanza nos dijeron que todo estaría muy bien embalado. Así que las dejaremos en el garaje hasta que decidas montar la consulta —dijo Ryan.
—Gracias.
—Jules, no quiero que vayas dándome las gracias por todo, ¿de acuerdo? Tú habrías hecho lo mismo por mí.
—Vale. ¿Cuándo tienes que ir al traumatólogo de nuevo? —preguntó Jules a Jess.
—El martes de la próxima semana. Me dijo que si todo seguía como hasta ahora, a lo largo de la semana que viene me daría el alta.
—Tenemos casi dos semanas antes de que te vayas a casa.
—Sí. Aunque podría irme ya.
—Es mejor que te quedes hasta que estés totalmente recuperada. No puedes imaginar lo horrible que es ir a todos los sitios con muletas. Sobre todo cuando tienes que hacer la compra.
—Puede que tengas razón. ¿A ti te importa que me quede un poco más? —le preguntó Jess a Ryan.
—Nunca me ha importado que estés aquí. Puedes quedarte el tiempo que quieras. Como si quieres mudarte a vivir aquí. Ya sabes que hay suficiente espacio.
—Al principio no querías tenerme aquí.
—Las cosas cambian —dijo él sonriendo.
—Agradezco tu oferta y me quedaré hasta que me den el alta.
—Tú decides.
—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó Jess a Jules—. ¿Vas a llamar a los del grupo?
—Los llamaré después de cenar. Y también a mis padres.
—Se pondrán muy contentos al saber que ya estás aquí.
—Lo sé. El martes que viene te acompañaré al traumatólogo —dijo Jules.
—Genial.
—¿Has estado en Boston?
—No.
—¿Qué te parece si después de ver al traumatólogo nos vamos a ver a mi familia?
—¿Quieres que te acompañe?
—Vas a estar de baja y no tendrás nada que hacer. Y ya tendré aquí mi coche.
—¿Está muy lejos de aquí?
—No, a unos trescientos kilómetros. Así te distraerás y te enseñaré la ciudad donde nací.
—¿Cuánto tiempo estaríamos allí?
—Un par de días, no más.
—Pero es que con muletas…
—La semana que viene ya no necesitarás muletas.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿Crees que estará en condiciones de hacer un viaje por carretera? —preguntó Ryan.
—Por supuesto.
—De acuerdo. Iré contigo —dijo ella sonriéndole—. Al fin y al cabo, la única compañía que tendría aquí sería la de Elena, porque Ryan está todo el día trabajando. Así le daré dos días de respiro para que no venga a casa a comer, porque sé que antes de que yo viniera no venía nunca.
—Estupendo. Voy a subir a mi habitación y empezaré a guardar la ropa en su sitio —les informó Jules mientras colocaba lo del café en la bandeja.
—Te acompañaré, así seguiremos hablando —dijo Jess levantándose y cogiendo las muletas.
—Parece que tenéis mucho de qué hablar —mencionó Ryan.
Su amigo lo miró sonriendo.
—Sube con nosotros —dijo Jules.
—Lo haré tan pronto meta lo del café en el lavavajillas —añadió Ryan cogiéndole la bandeja de las manos de su amigo.
—Te esperamos arriba.
Ryan respiró hondo. Pensaba que ella se marcharía a casa ya, pero se había quedado tranquilo al saber que se quedaría dos semanas más.
Ryan entró en el dormitorio de Jules quince minutos después.
Jess se había descalzado y estaba sentada en la cama, con la espalda apoyada en el cabecero.
Jules tenía una maleta abierta a los pies de la cama y estaba doblando un suéter en el otro lado.
A medida que doblaba las cosas las iba llevando al vestidor.
—Tienes una casa fantástica —dijo Jules a su amigo cuando entró.
—Gracias.
Jess pensó que Ryan se sentaría en la butaca que había en un rincón, sin embargo, caminó hacia el otro lado de la cama y se sentó de igual forma que ella, a su lado.
—¿Qué planes tienes para el futuro próximo? —preguntó Jess.
—Lo cierto es que no me he parado a pensar en ello. He estado tan centrado en que todo saliera bien y pudiera venir a Nueva York sin contratiempos, que no he tenido tiempo de nada más. Aunque supongo que debería empezar a buscar trabajo.
—Yo creo que no tienes que precipitarte. Lo que debes hacer ahora es relajarte y concienciarte de que vas a empezar una nueva vida —dijo Ryan.
—Yo pienso igual que él. Has soportado mucha presión durante casi tres años y tienes que procurar olvidarte de esa etapa de tu vida, que no te hizo ningún bien. Aunque no lo creas, necesitas tiempo para que tu cerebro asimile que todo lo que has vivido durante ese tiempo se ha terminado.
—Vaya, eres una mujer muy sabia.
—Lo sé.
—Y muy modesta.
Ella le sonrió.
—De todas formas, aunque no busques trabajo de momento, puedes ir buscando un local para la consulta. Amueblarla y decorarla. Así podrás abrirla cuando estés totalmente recuperado. Y estarás ocupado porque, conociéndote como te conozco, te morirías de aburrimiento sin hacer nada —dijo Ryan.
—Tienes razón.
—También deberías buscar una enfermera y una chica para recepción. Sabes que a veces cuesta encontrar a alguien adecuado.
—Lo sé. Y también podría ir mirando casas.
—Eso déjalo para más adelante, para cuando tengas trabajo. No tienes ninguna prisa. Y me gustaría tenerte en casa un tiempo.
—De acuerdo. Te haré caso.
—¿Cuándo os unisteis al grupo de amigos? —preguntó Jess unos minutos después.
—Hará unos cinco años —dijo Ryan.
—Fue cuando Ellie apareció en escena —señaló Jules.
—Cuando ellos estaban montando la escuela de oficios. En el 2020 —añadió Ryan.
—Los dos trabajábamos en el mismo hospital que Carter y nos conocíamos desde hacía varios años —dijo Jules—. A través de él conocimos a Logan. Ellos dos eran amigos de toda la vida.
—Solíamos ir juntos de acampada. Y pasábamos unos días en navidades en la cabaña que tiene Carter en las montañas. A través de ellos conocimos a Tess. Entonces estaba soltera.
—Carter y Logan nos hablaron de la escuela y decidimos formar parte de ella. Nos gustaba la idea de ayudar a los adolescentes —mencionó Jules.
—Más adelante Delaney y Tess se casaron. Luego apareció Lauren. Los invitamos a que nos acompañaran a la acampada y congeniamos muy bien —dijo Ryan.
—También empezaron a acompañarnos a la cabaña de Carter —añadió Jules.
—Y poco a poco nos encontramos yendo los sábados a sus casas, nos invitaban a los cumpleaños, a pescar, a la isla…
—Lo cierto es que nuestra vida cambió muchísimo desde que empezamos a salir con ellos. Íbamos a comer, a bailar. Siempre lo hemos pasado bien juntos. Yo los he echado muchísimo de menos a todos —dijo Jules.
—Cuando yo vivía en Atlanta echaba de menos incluso a sus hijos. Y cada vez que pensaba en las historias de ellos me estremecía. Sus historias son maravillosas.
—Háblame de tu familia. Ya que voy a ir a tu casa, debería saber algo de ellos —le pidió Jess.