Tan irresistible como Stanford Capítulo 27 #4
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Capítulo 27 #4

—Supongo que sobre la cómoda. Aunque no recuerdo si hay detrás una toma para la antena. He comprado un cable largo por si hacía falta. De todas formas, se puede ver con el wifi.

—La toma de la antena está justo detrás del mueble. Ayúdame a poner el televisor encima, por favor.

Lo pusieron entre los dos sobre el mueble e Ian lo enchufó.

—Falta programarlo, pero no tengo tiempo porque he de recoger a Delaney.

—No te preocupes, yo lo haré —dijo Jess.

—Muchas gracias por instalarlo —mencionó Ryan.

—No hay de qué —dijo el hombre dejando el mando a distancia con las pilas junto a Jess.

—Gracias por venir, Ian.

—Ha sido un placer, cielo.

—Ven siempre que quieras, Claire estará aquí toda la semana. Ryan le ha dicho que venga todos los días mientras yo esté aquí, por si necesito algo.

Ian le sonrió mientras se ponía la chaqueta.

—Cuídate, cariño —dijo besándola en la frente.

—Lo haré.

—Te acompañaré a la puerta —dijo Ryan saliendo con él del dormitorio.

—De acuerdo.

—Gracias por venir a verla.

—Nada me lo habría impedido. Jess es como una hermana pequeña para mí. Así que no merece la pena que estés celoso.

—Lo tendré en cuenta. Por cierto, ¿desde cuándo la consideras una hermana?

—Desde que me habló de su infancia y de cómo la había tratado su familia. Me sentía mal porque yo era… un indigente y no podría protegerla.

—Sus padres y sus abuelos eran unos cretinos —dijo Ryan saliendo a la calle con él.

—Totalmente de acuerdo contigo.

—Vuelve cuando quieras.

—Lo haré. ¿Sabes algo de Jules?

—No.

—Si no te importa, ve diciéndome sobre los avances que va haciendo con los preparativos de su huida. Jess tiene mi teléfono.

—Jess es la que está al corriente de todo, porque habla cada día.

—En ese caso, le preguntaré a ella. Hasta pronto.

Ryan volvió a la casa, abrió la verja y el coche salió. Luego subió la escalera.

Iba a entrar en el dormitorio de Jess, pero se detuvo en la puerta porque estaba hablando por teléfono.

—Entra, Ryan. Estoy hablando con Jules. Voy a poner el manos libres.

—Vale —dijo Jules.

—¿Dónde estás ahora?

—Conduciendo hacia casa. He comprado un bocadillo en la cafetería del hospital para no perder mucho tiempo. Quiero empezar a guardar ropa en las maletas, y solo puedo hacerlo cuando estoy seguro de que Richard no vendrá a casa.

—Claro. Eso me hace pensar que Ryan también tendrá que comer e irse pronto a la consulta.

—No te preocupes, el primer paciente ha cambiado la cita para más tarde y no tengo que irme hasta las cuatro —dijo Ryan.

—Estupendo. ¿Cómo van las cosas con Richard?

—Mal. No nos hablamos. Cuando entré en casa anoche ni siquiera se digno a mirarme, ya había cenado y se encerró en su despacho. Después de cenar solo, me acosté.

—¿Estás bien?

—Sí. No es la primera vez que estamos así. Si te soy sincero, me gustaría que no me hablara el tiempo que me queda de estar aquí.

—No tendrás esa suerte.

—Lo sé.

—¿Has hablado con el director del hospital? —preguntó Ryan.

—Sí, es lo primero que he hecho esta mañana al llegar. El lunes, 2 de junio será el último día que trabaje.

—Fantástico.

—Y esta mañana he llamado al dueño del local de la consulta. Le he dicho que me marchaba de Seattle y que le devolvería las llaves del local el martes, 3 de junio.

—Me alegro de que estés tan decidido —dijo Ryan.

—No voy a cambiar de opinión. Quiero terminar con este infierno cuanto antes. Jess, dime cómo estás tú.

—Dentro de lo que cabe, estoy bien. Ya no me duele tanto la pierna y he decidido que voy a dejar la medicación. Al fin y al cabo es para el dolor.

—Es tu decisión.

—Ryan ha comprado un televisor para mi habitación, no quiere que me aburra.

Y le ha dicho a Elena, que es la señora que limpia su casa, que venga todos los días y se quede desde primera hora de la mañana hasta que vuelva él por la noche, para que no esté sola.

No hacía falta, pero es su casa y lo ha decidido él.

—A veces se comporta como un cretino, pero es buena persona.

—Lo sé —dijo ella dedicándole a Ryan una preciosa sonrisa.

—Os dejo, que estoy entrando en casa y tengo que hacer muchas cosas.

—Muy bien. Llámame cuando puedas.

—Lo haré. Contadle al grupo como van las cosas, así me ahorraré de llamarlos a todos. Ahora voy contra reloj y tengo que aprovechar los ratos que Richard no está en casa.

—Se lo diremos. Ten cuidado.

—Lo tendré. Y tú cuídate. Y sé paciente con Ryan, a veces es difícil el trato con él.

—Vale. Un beso.

—¿Necesitas ir al baño? —preguntó Ryan cuando terminó la llamada.

—Sí, por favor.

Ryan la cogió en brazos e hizo como siempre.

—Espero que no encontrases ninguna razón para cabrearte con Ian.

—¿Por qué iba a cabrearme con él?

—Tal vez porque estaba en tu casa, en la habitación que tú me permites usar, e instalando tu televisor?

—No te montes películas, cielo.

—¿Ya no estás celoso de él?

—Nunca he estado celoso.

—Ya.

—Elena tiene la comida lista. ¿Quieres comer aquí o prefieres hacerlo en la cocina conmigo?

Los dos pensaron de nuevo en la doble sentido de la frase, y Jess se ruborizó.

—Si no te importa bajarme, me gustaría comer contigo en la cocina.

—No me importa.