Tan irresistible como Stanford Capítulo 26 #4
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Capítulo 26 #4

—Que yo era la única persona que sabía lo que había en mi corazón.

Que no debía tener miedo de arriesgarme a hacer cualquier cosa que deseara hacer, porque solo iba a vivir una vez y debía vivir cada día como se fuera el último de mi vida.

También me dijo que no debería temer confesar que sentía miedo o pedir ayuda si la necesitaba.

Y lo que más me gustó fue cuando me dijo que si era consciente de mis temores y los aceptaba, demostraba ser fuerte y valiente, y sería capaz de superar cualquier cosa que se me presentara en la vida, por muy dura que fuera.

—Desde luego te dio un buen consejo.

—Eso creo yo también.

—¿Quién fue esa persona?

—Ian, cuando vivía en la calle.

—Vaya.

—Así que, esas mismas palabras podrías aplicártelas a ti.

Te arriesgaste con Richard y las cosas no han salido bien, pero eso no importa.

Te has dado cuenta de que tienes miedo, lo has reconocido y has pedido ayuda a tus amigos.

Es cierto que has pasado una larga temporada siendo infeliz.

Y puede que estés asustado y confundido.

Pero eres fuerte y valiente, y saldrás adelante.

En unas semanas estarás entre nosotros, verás a tu familia y todo volverá a la normalidad. Y volverás a ser feliz.

Ryan la miró. Tenía un brillo de felicidad en el rostro y una sonrisa en los labios.

Luego pensó en Ian y supo que ella le había contado cómo se había sentido durante toda su vida.

Y le dijo las palabras acertadas para ayudarla a que se sintiera bien.

El concepto que tenía de ese hombre empezó a cambiar.

—Gracias, Jess.

—No me des las gracias, no eran palabras mías. A mí me ayudaron y pensé que a ti también te vendrían bien.

—Me han ayudado muchísimo.

—¿Cuándo te marchaste de Nueva York? —preguntó Jess a Ryan.

—En marzo del 2022.

—¿Y por qué no te acostumbraste a vivir en Atlanta?

—Echaba de menos a los amigos. Y me pasaba como a Jules, cuando vivía aquí veía a mi familia más a menudo.

A veces quedaba para ir a tomar algo con mis compañeros de trabajo de Atlanta, pero todos estaban casados y no querían volver tarde a casa.

De todas formas, todas nuestras conversaciones eran sobre trabajo.

No hablábamos de temas personales, más que nada, porque ellos ya tenían sus amigos. Supongo que fue un poco de todo.

—¿Y tú cuándo te marchaste? —preguntó Jess a Jules.

—En julio de ese mismo año.

—Entonces, los dos os mudasteis antes de que Logan y Kate se casaran.

—Sí.

—¿Vinisteis a la boda?

—Sí, los dos estuvimos presentes —dijo Ryan.

—¿Conocisteis a Abby antes de que se casara con Sean?

—Yo no —dijo Jules.

—Yo la conocí en una acampada que hicimos antes de que se casaran. La vez que atentaron contra la vida de Delaney.

—Me lo contaron. ¿Viniste a Nueva York para ir a la acampada?

—Sí. También vine cuando le dispararon a Sean y luego dos o tres veces cuando estuvo en coma.

—Yo también vine dos o tres veces cuando Sean estuvo en el hospital —dijo Jules.

—¿Y no conociste en el hospital a Abby? —preguntó Jess a Jules—. Tengo entendido que pasaba mucho tiempo allí.

—Abby solía ir por la noche y nosotros durante el día. Aunque Ryan y yo vinimos a la boda de Sean y Abby.

Luego hablaron de una cosa y otra sobre el grupo de amigos.

—Ryan tenía una relación especial con Ellie.

Jess desvió la mirada hacia Ryan.

—Fui yo quien descubrió que Eve era hija de Carter. Y, literalmente, la obligué a que me contara su historia. Lo pasó realmente mal y quedamos a menudo para hablar de ello. Eso nos unió.

Ese día nadie fue a visitar a Jess, porque pensaron que necesitaría descansar. Pero todos la llamaron por teléfono, incluidos Ian y Jack.

A las cinco de la tarde Jules entró en el dormitorio de Jess.

—En media hora me marcharé —dijo sentándose en la cama.

—Voy a echarte de menos.

—Y yo a ti.

—¿Te llevará Ryan al aeropuerto?

—No, le he pedido a Carter que me acerque. Prefiero que Ryan se quede contigo.

—No me pasaría nada por estar sola un rato.

—Por si acaso. No olvides mi consejo. Quédate aquí una semana, a ser posible dos.

—No creo que a Ryan le haga mucha gracia que me quede en su casa tanto tiempo.

—Te aseguro que no le va a importar. Pórtate bien con él y no lo hagas enfadar.

—Yo siempre me porto bien —dijo ella sonriendo.

—Jules, ¿lo tienes todo? —preguntó Ryan entrando en la habitación.

—¿Todo? Solo traje conmigo la cartera, las llaves del coche y el móvil.

—Es cierto. Carter me ha llamado, llegará en quince minutos.

—De acuerdo.

—Ya tienes mi teléfono —dijo Jess—, llámame cada vez que puedas y me informas de cómo va todo. Yo no te llamaré, para que Richard no sospeche nada.

—Lo haré.

—Y no te separes nunca del móvil, no vaya a ser que Richard vea nuestras llamadas.

—Lo tendré en cuenta. Cuídate.

—Tú también. Y no te preocupes por nada. Ryan e Ian se ocuparán de que todo salga bien.

—Lo sé. Adiós, cielo. Nos veremos pronto.

—Sí.

Ryan bajó con su amigo a la planta baja y salieron de la casa cuando Carter entró con el vehículo. Se dieron un abrazo y Jules subió al coche.