Capítulo 26 #2
—En ese caso, hay que hacerlo rápido y sin que él se entere —dijo Nathan—. Si no recuerdo mal, nos dijiste que tenías una consulta privada.
—Sí.
—¿Qué quieres hacer con todo lo que hay en la consulta? —preguntó Carter.
—Me gustaría traerlo a Nueva York. Tengo intención de montar una aquí. Si consigo deshacerme de Richard…
—No digas si consigo, porque lo vamos a conseguir —dijo Tess.
—De acuerdo —admitió Jules sonriéndole.
—Lo primero que has de hacer es presentar tu dimisión en el hospital el lunes tan pronto llegues. Supongo que tienes que avisar con quince días de antelación —dijo Ryan.
—Sí. Leí el contrato no hace mucho.
—No le digas nada a Richard. No tiene por qué enterarse —apuntó Carter.
—¿Y si se entera?
—¿Trabajáis en el mismo hospital?
—No.
—Entonces no habrá problema.
—¿Suele llamarte a lo largo del día? —preguntó Jack.
—Varias veces, quiere controlarme y saber con quien estoy y lo que estoy haciendo. Pero siempre me llama al móvil.
—Eso está bien. Tan pronto notifiques en el hospital que te marchas, tienes que cancelar todas las citas de la consulta privada desde el mismo día que vas a dejar el hospital. No antes. Porque supongo que acostumbra a llamarte también allí —le indicó Jack.
—Sí.
—Por suerte, la casa es de Richard —dijo Ryan.
—¿El local de la consulta es tuyo? —preguntó Delaney.
—No, es de alquiler.
—Eso nos facilitará las cosas, porque solo tendremos que sacar lo del interior —mencionó Ian hablando por primera vez—.
Deberías hablar con el casero para informarle que dejarás el local en una fecha determinada y que dejarás la llave dentro, o que vaya a recogerla el día que tú le indiques.
Lo ideal sería programarlo para hacerlo todo al mismo tiempo.
Me refiero a dejar el trabajo del hospital, sacar tus cosas de la casa de ese individuo y vaciar tu consulta. Todo a la vez.
—Ian tiene razón. ¿Tienes muchas cosas en su casa? —preguntó Logan.
—Solo la ropa.
—¿Y todas las cosas que tenías en tu piso de aquí? —preguntó Ryan.
—El apartamento lo vendí con muebles.
—Eso ya lo sé. Me refiero a las cosas de decoración.
—Richard me dijo que su casa ya tenía toda la decoración que necesitábamos y que solo tenía que llevarme la ropa.
Así que lo que no me llevé lo tengo en casa de mis padres, en mi habitación.
Todo lo que hay en casa de Richard es suyo.
Y las cosas que he comprado yo las ha elegido él.
Así que, no me preocupa, que se las quede.
—Eso acelerará el proceso —dijo Jack—. Cuando sepas la fecha exacta que tienes que dejar el trabajo me lo dices e iré a Seattle.
—Ian irá contigo —dijo Delaney.
—Delaney, es posible que tengas algo importante que hacer o que estés de viaje —indicó Jack.
—Jules es más importante que cualquier cosa.
Jules miró a Delaney y casi se le saltaron las lágrimas.
—Dios mío, si consigo volver a Nueva York, no pienso moverme nunca más de aquí.
—De eso puedes estar seguro —apuntó Tess.
—No hace falta que prescindas también de Jack, yo iré con Ian —dijo Ryan.
El guardaespaldas lo miró. Sabía que no le caía bien a Ryan, pero pensó que estaría bien que lo acompañara, así en el trayecto tendrían oportunidad de hablar de Jess.
—Como quieras. Todas estáis muy calladas —mencionó Delaney mirando a las mujeres.
—Es porque vosotros lo estáis haciendo muy bien —dijo Lauren.
—Seguid, por favor —indicó Ellie.
—¿Quién se marcha antes al trabajo, Richard o tú? —preguntó Ian.
—Él. Su hospital está más lejos de casa.
—Perfecto. Ryan y yo esperaremos cerca de tu casa y cuando Richard se marche al trabajo nos envías un mensaje. ¿Vives en un apartamento o en una casa?
—En una casa.
—En ese caso, abrirás la verja y entraremos en la propiedad. Meteremos la ropa en las maletas lo más rápidamente posible y nos marcharemos.
—Sería conveniente que hubieras llenado algunas maletas con antelación, así ahorraríais tiempo —propuso Logan.
—Lo haré. Me ocuparé de guardar en maletas la ropa de verano.
—Asegurate de que tengas suficientes maletas para que puedas guardar todas tus cosas.
—Me llevaré las de Richard, al fin y al cabo, se las regalé yo. ¿Qué pasará con la consulta?
—Ponte en contacto cuanto antes con una agencia de transportes para que vayan después de que acabes la jornada de trabajo a ver lo que tienen que llevarse.
Y cuando lo sepan, diles la fecha y la hora exacta que tienen que recogerlo todo, que será al día siguiente de que dejes el hospital, por la mañana.
Richard se habrá ido al trabajo y pensará que tú también estarás en el hospital.
Los tres estaremos allí esperando a los de la mudanza —manifestó Ryan.
—Llevaré bastantes maletas.
—No importa cuántas lleves, porque Ryan e Ian irán con mi avión.
—Gracias, Delaney —le agradeció Jules.
—Tan pronto lo carguen todo en el camión, nosotros volveremos aquí —dijo Ian.
—Así parece muy fácil. ¿Y si Richard vuelve a casa cuando estamos metiendo la ropa en las maletas?
—Ryan o Ian lo dejarán inconsciente —propuso Jess.
Los hombres que había mencionado se volvieron para mirarla sonriendo.
—Ian tiene razón, eres un poco agresiva —dijo Ryan.
—Lo siento.
Ryan le guiñó un ojo y ella se ruborizó.
—También sería casualidad que Richard regresara a la casa —indicó Sean.
—Las casualidades existen. Si vuelve a casa no me dejará marchar. Tengo miedo de que os haga daño.
—¿Crees que nos va a hacer daño a los dos? —preguntó Ryan sonriendo.
—Supongo que no. ¿Y si Richard va a la consulta y nos encuentra allí?
—Tú y yo nos esconderemos —dijo Ryan.
—Y yo lo recibiré —aclaró Ian—. Le diré que he comprado todo lo de la consulta.
—Y puede decirle que ha ido a recogerlo. Además, ¿crees que Richard podría intimidar a Ian? —preguntó Carter.
—No. Todo lo contrario.
—No te preocupes, Ian y yo nos encargaremos de pulir todos los detalles y estaremos en contacto contigo —dijo Ryan.
—Me alegro de que vayas a volver —articuló Tess.
—Todas nos alegramos —añadió Lauren.
—Estoy ilusionado, hacía mucho tiempo que no me sentía así. Espero que todo salga bien.
—Todo saldrá bien —mencionó Ryan.
—Buenos días. Eres una dormilona —dijo Jules entrando en el dormitorio de Jess.
—Buenos días. ¿Por qué lo dices? ¿Qué hora es?
—Las nueve y media.
—Tampoco es tan tarde. Aunque yo suelo levantarme mucho antes. Es por la medicación.
—Lo sé. ¿Bajas a desayunar con nosotros?
—Estoy un poco cansada.
—Lo entiendo. Ayer fue un día ajetreado para ti. Mejor te quedas en la cama. Ryan está preparando el desayuno, ahora te lo subiré.
—No tengo mucha hambre. Desayunad vosotros primero, yo lo haré más tarde.
—Vale. Entonces te dejo.
—Antes de marcharte, ¿te importaría llevarme al aseo?
—Claro que no.
Jules retiró la ropa de cama y la cogió en brazos.
La llevó al baño. Jess pensó que sentiría vergüenza, pero no fue así, se sintió cómoda con él, a pesar de que tuvo que bajarle y subirle las bragas.
Luego volvió a llevarla a la cama y ella le dio las gracias.
Después de colocarle bien la pierna sobre el cojín la tapó.
—Después de desayunar vendré a hacerte compañía, a no ser que estés dormida. En ese caso no te molestaré.
—No me importará que me despiertes. Me gustará hablar contigo.
—¿Te gustaría que me acompañara Ryan?
—Se está portando muy bien conmigo, pero no creo que esté interesado en hacerme compañía.
—Bueno, ya veremos. Descansa.
—¿Se ha despertado ya? —preguntó Ryan cuando su amigo entró en la cocina.
—Sí. La he llevado al baño.
—¡¿La has llevado al baño?!
—Sí. Necesitaba orinar —respondió Jules sin mirarlo, para que no viera la sonrisa en sus labios—.
Me ha dicho que no tiene mucha hambre y que desayunará más tarde, está cansada.
Ayer fue un día duro para ella. Procuraremos que hoy pase en la cama el mayor tiempo posible. Nos turnaremos para acompañarla.
—No creo que ella quiera mi compañía.
—En ese caso, la acompañaré yo cuando esté despierta. Me gustaría pasar tiempo con ella para conocerla mejor. Me gustó lo que dijo sobre que Ian le diera una paliza a Richard. Y luego lo de que tu o Ian lo dejarais inconsciente.
—Sí, es una chica muy apasionada.
—Deberías aprovechar su estancia en tu casa para decirle que la quieres.
Ryan soltó un gruñido.
—No olvides que ella intentó acercarse a ti y la rechazaste.
—No intentó acercarse a mí, solo quería besarme.
—Es una clase de acercamiento, ¿no?
—Ya veré lo que hago.
—Esa chica me gusta.
—Sí, le gusta a todos.
—Aunque a ti más que a los demás.
—Tienes razón.
—¿Por qué dijiste que irías con Ian a Seattle? Está claro que ese hombre no te cae bien. Y es extraño, a mí me cayó muy bien. Parece un hombre honrado y no puede disimular lo mucho que aprecia a Jess.
—Sí, la aprecia demasiado.
—Si estás celoso, no creo que sea buena idea que vayas con él a Seattle. ¿No crees que sería mejor que lo acompañara Jack?
—Quiero ir con Ian. Necesito averiguar qué hay entre él y Jess.
—Por lo que yo pude apreciar ayer, solo hay una buena amistad. O puede que algo más, algo familiar —aclaró al ver que Ryan lo miraba preocupado.
Hablaron de lo que tenía que hacer Jules cuando volviera a Seattle y él tomó notas en un papel.
—¿Qué crees que pasará con Richard cuando llegues a casa esta noche?
—No tengo ni idea, pero de lo que estoy seguro es de que estará muy cabreado.
—¿Qué suele hacer cuando se cabrea?
—A veces se marcha de casa y pasa fuera unas horas. O se queda conmigo, pero no me habla. O me dice que soy un desagradecido y me nombra todas las cosas que ha hecho por mí.
—No olvides que debes comportarte con Richard como siempre, que no note ningún cambio en ti.
—Lo sé.
Jules entró en la habitación de Jess, al verla con los ojos cerrados se dio media vuelta para marcharse.
—Jules, no te vayas, estoy despierta. Solo tenía los ojos cerrados.
—Estupendo. ¿Quieres que te haga compañía un rato?
—Me encantaría. ¿Dónde está Ryan?
—Recogiendo lo del desayuno. ¿Tienes hambre?
—Pues ahora sí.
—Mejor, así te tomarás la medicación con el desayuno. ¿Qué te apetece?
—Un café con leche y unas tostadas con mantequilla.