Capítulo 26
El grupo de amigos llegó al mismo tiempo a casa de Ryan.
Les acompañaban todos los niños, los dos guardaespaldas y las amas de llaves de Delaney, Carter y Sean.
Entraron en el salón donde se encontraban Jess y Jules.
Él se levantó con una sonrisa en los labios, pero todos ellos, primero se acercaron a Jess para besarla e interesarse por su estado.
Luego se centraron en su amigo, a quien tanto habían echado de menos.
Entonces fueron Cath y Jack quienes se acercaron a Jess para hablar con ella. Y a continuación Ian se sentó en el sofá al lado de su amiga y entrelazó los dedos de una mano con los de ella.
Ryan apretó los dientes y apartó la mirada de sus manos.
Para quitárselos de la cabeza, les pidió a sus amigos que lo acompañaran al piso de arriba para mostrarles sus habitaciones.
Todos estuvieron encantados con la casa.
No la habían visto amueblada, aunque las chicas le habían acompañado a comprar algunos de los muebles, y era una maravilla.
Poco después decidieron salir a sentarse en el amplio porche para que los niños corrieran por el jardín. Además, había veintidós grados, hacía un sol increíble y apetecía estar en el exterior.
Ryan se encargó de acomodar a Jess en uno de los sillones, de poner una silla delante con un cojín encima y ponerle la pierna en alto. Luego fue a la cocina y volvió con una bolsa de hielo y se la puso junto a la pierna.
Ian miró a Ryan y supo que a ese hombre le importaba mucho Jess. A partir de ese momento, el guardaespaldas se centró en los niños, al igual que Jack.
—Parece que te cuidan bien —dijo Delaney a Jess.
—Sí, no me puedo quejar, tengo a dos médicos para mí solita —remarcó ella sonriendo.
Jules fue quien estuvo hablando casi todo el tiempo para ponerlos al día de lo que había sucedido en su vida. Pero no les habló del problema que tenía con su pareja. Todavía.
Cath había llevado la comida y cada una de las chicas había contribuido con el aperitivo, la bebida y los dulces para el café. Comieron en la gran mesa del jardín.
Jess pensó que la comida fue exquisita, pero sobre todo, la compañía.
Delaney le había pedido a Jack y a Cath que se sentaran con ellos, ya que los consideraban de la familia.
Y a Jess le gustó ver que Delaney le pedía a Ian que también lo hiciera.
Carmen y Rosita, las asistentas de Sean y Carter permanecieron en la cocina.
No tenían que preocuparse de los pequeños, porque todos estaban sentados con sus padres.
Patrick y Louise llegaron cuando terminaron de comer. Estuvieron hablando con los pequeños y cuando se los llevaron para que durmieran la siesta, se interesaron por Jess y se alegraron de ver a Jules.
Cath preparó café para todos y lo llevaron al jardín con los dulces que había llevado Ellie.
Jules les pidió a Cath y a Jack que los acompañaran porque quería informarlos a todos sobre algo.
—Ian, ¿puedes llevarme a la casa? —preguntó Jess.
—Claro.
—Cielo, si quieres retirarte porque estás cansada, lo entiendo. De lo contrario, me gustaría que te quedaras y escucharas lo que voy a decir —dijo Jules.
—¿No prefieres hablar a solas con tus amigos?
—Tú eres parte del grupo y nunca hemos tenido secretos entre nosotros. Además, también está sentado a la mesa Ian, y a él aún lo conozco menos que a ti. Pero, de manera indirecta, él también es parte del grupo. Por favor, quédate.
A Ian le gusto que lo consideraran parte del grupo.
—De acuerdo.
—Además, puede que le pida ayuda a Delaney en un futuro próximo y posiblemente necesite la ayuda de Ian o de Jack.
Después de que todos estuvieran sentados Jules volvió a hablar.
—Tengo que pediros disculpas por casi haber perdido el contacto con vosotros. Quiero que sepáis que os he echado muchísimo de menos.
—Y nosotros a ti —dijo Tess.
—No perdiste el contacto, estuviste presente en nuestra boda —mencionó Kate—, al igual que Ryan.
—Y en la nuestra —añadió Abby.
—Siempre te hemos echado de menos en las acampadas y en la isla —dijo Ellie.
—Y también en el rancho de mi abuelo —mencionó Lauren.
—Yo también he echado de menos ir a todos esos sitios con vosotros y lo habría hecho, al igual que lo hizo Ryan en alguna ocasión… si hubiera estado en plenas facultades, pero os aseguro que no lo estaba.
—Cuéntanos qué te preocupa —pronunció Patrick.
—Sea lo que sea, lo resolveremos entre todos —dijo Nathan.
—Sabes que siempre lo hacemos —aseguró Carter.
—Lo sé.
Jules respiró profundamente.
—Cuando conocí a Richard en aquel congreso me enamoré de él.
Jess lo miró fijamente, porque a pesar de saber que era gay, no lo parecía. Aunque claro, ella sabía que todos los gais no eran amanerados. Pero es que era tan guapo, con ese cuerpo de infarto y tan masculino… La voz de Jules la devolvió a la realidad.
—Nunca había creído en el amor a primera vista, hasta que lo vi.
Y parece que a él le sucedió lo mismo. Las cosas pasaron demasiado rápidas.
No sé cómo lo hizo, pero me envolvió en una especie de tela de araña y ni siquiera me di cuenta.
No voy a deciros que no sabía lo que hacía al mudarme a Seattle para vivir con él, porque fui muy consciente de ello y estaba muy ilusionado.
Pero os aseguro que no sé lo que sucedió, poco a poco las cosas fueron cambiando sin que yo me diera cuenta.
De pronto me vi completamente anulado. Ya no era yo.
Me sentía como si estuviera viviendo una vida que no era la mía.
Ryan me ofreció su ayuda, me dijo que si le necesitaba que lo llamara.
Entonces me di cuenta de en qué se había convertido mi vida.
Estaba solo, casi no tenía contacto con mi familia, ni con vosotros.
Únicamente estaba él. Pensé muchas veces llamar a Ryan, pero me sentía tan avergonzado…
Jules dejó de hablar, porque estaba al borde de las lágrimas, mientras tomaba un sorbo de café para tranquilizarse.
Luego continuó hablándoles de lo que había sucedido desde que se fue a vivir con Richard.
Y a continuación mencionó a la mujer que había atendido en el hospital por malos tratos, quien hizo que abriera los ojos.
—Me di cuenta que era lo mismo que me sucedía a mí.
Richard nunca me levantó la mano, pero a veces las palabras hacen más daño que los golpes.
Pensé que si seguía como hasta ese momento, posiblemente llegara a insultarme o incluso pegarme.
Entonces decidí que tenía que hacer algo.
Tenía miedo y sentía vergüenza. Pero desde hace unas semanas, la idea de desaparecer me atormenta día y noche.
Sé que podría haberlo hecho por mí mismo, porque tengo dinero y no habría sido un problema.
Pero el miedo siempre estaba ahí, acosándome y no me dejaba hacer nada, excepto sentirme aterrado.
Hace unos días discutimos porque no le había gustado que viniera a ver a Abby cuando dio a luz.
Ayer, antes de ir a trabajar volvimos a discutir.
Lo hacemos a menudo, porque él no soporta que le haga la contraria.
Siempre tenemos que ir a donde él quiere, ver a las personas que él quiere, y hacer lo que él quiere.
Y ya no puedo más. Me he convertido en alguien sin principios, alguien inseguro, en un cobarde.
Todas las chicas, aunque disimuladamente, se secaban las lágrimas que no podían evitar que corrieran por sus mejillas.
—Tú no eres nada de eso —dijo Louise—. Sabes que estoy en contacto con asociaciones no gubernamentales que ayudan a las mujeres maltratadas.
Y sé de qué va el tema. Como bien has dicho, Richard te ha ido anulando poco a poco.
Pero eso ya no importa. Lo que importa es que te has dado cuenta a tiempo.
Ahora lo que tienes que hacer es salir de esa relación tóxica, para poder empezar una nueva vida.
—Que te hayas dado cuenta de la situación en la que te encuentras y quieras cambiarla es lo más importante —añadió Carter.
—Lo sé.
—Tenemos un problema entre manos, pero somos expertos en solucionar problemas —dijo Logan.
—Estoy de acuerdo contigo —mencionó Sean—. Recordar lo que hicimos Carter, Logan y yo para que Delaney no encontrara a Tess cuando estaba embarazada.
Todos se rieron.
—Y lo que hicimos con Kate para salvarle el culo, porque había secuestrado a tres niños del orfanato, tampoco fue poco —añadió Nathan.
—Eso por no hablar de cuando Abby liquidó al tío ese que quería matarnos a Nathan y a mí cuando estábamos en la acampada —dijo Delaney.
—Si escribiéramos novelas con cada una de vuestras historias de amor nos haríamos millonarios —mencionó Louise.
—Mamá, ya somos millonarios —señaló Sean.
—Tienes razón. Dejemos lo de la escritura para otros —dijo la mujer sonriendo.
—¿Hasta cuando te quedas aquí? —preguntó Carter.
—Me marcho mañana en el vuelo de las siete de la tarde.
—¿Estás completamente decidido a terminar con vuestra relación? —preguntó Delaney.
—Sí.
—Bien, eso es lo único que importa.
—El problema es que no sé si seré capaz de hacerlo. Ni cómo hacerlo.
—No vas a estar solo, todos te ayudaremos —anunció Ryan.
—Tenemos un proyecto entre manos. Necesitamos ideas para llevarlo a cabo —insinuó Tess.
—Yo creo que Ian debería ir a Seattle a visitar a Jules, y darle una paliza de muerte a su pareja —dijo Jess.
Todos se rieron.
—¿Yo? Cariño, soy un guardaespaldas, no un matón —manifestó Ian sonriéndole—. ¿Desde cuándo te has vuelto tan agresiva?
—Jules, aunque esté viviendo lejos, forma parte del grupo y todos protegemos a nuestros amigos —dijo ella orgullosa, aunque ruborizada.
—Gracias, cielo —verbalizó Jules dedicándole a Jess una tierna sonrisa.
—Supongo que querrás terminar con Richard lo antes posible —dijo Logan.
—Si por mí fuera, no volvería a casa.
—¿Y si hablaras con él y le dijeras que quieres cortar vuestra relación? —preguntó Delaney.
—Tú no lo conoces. No lo aceptaría. No sé lo que sería capaz de hacer si le dijera algo así.