Capítulo 25 #3
Jess comenzó a desayunar con claro apetito, sin mostrar la más mínima vergüenza. Y Ryan pensó que incluso su forma de comer lo excitaba.
—Me parece un poco raro que no haya venido a verme ninguno de nuestros amigos.
—Puede que sea porque les llamé ayer y les pedí que no vinieran. Estabas dormida y prefería que descansaras —mencionó Ryan.
—Gracias.
—Pero los verás a todos hoy, porque van a venir a pasar el día aquí. Veremos cómo resulta la cosa, porque será la primera vez que vienen todos a casa. Y apuesto a que traerán a los niños.
—¿Te preocupa que rompan alguno de tus tesoros? —preguntó Jess de forma burlona.
—No especialmente. Lo que me preocupa es la piscina, porque habrá demasiados niños.
—Apuesto a que Delaney traerá a Jack y a Ian. Hoy serán los guardaespaldas de los pequeños.
—A tu amigo Ian no le hará mucha gracia descender de categoría.
—No sé por qué has dicho amigo en ese tono. Pero te aseguro que a Ian le encantan los niños. Ian es el guardaespaldas de Delaney —le aclaró a Jules—. A Ryan no le cae bien.
—Tengo entendido que es amigo tuyo y que vivió en tu casa un tiempo.
—Sí, es cierto. Es un tipo genial, seguro que te va a gustar. Le cae bien a todo el grupo, menos a él —dijo señalando a Ryan.
—Ryan es un poco raro —añadió Jules sonriendo.
—Y que lo digas. Siento que vayan a venir todos a invadir tu casa. Si yo no estuviera aquí no vendrían.
—No me importa que vengan. Así les asignaré un dormitorio a cada pareja.
—¿Tienes a alguien que venga a ayudarte en las tareas de la casa? —preguntó Jules.
—Viene una señora un día a la semana. Pero creo que voy a tener que buscar a alguien para que venga más a menudo o de forma permanente.
—Si lo vas a hacer por mí, no te preocupes, yo solo estaré aquí un par de días. Y al ser soltero el grupo no volverá por aquí.
—Tal vez un par de días sea poco tiempo de reposo —dijo Jules.
—El traumatólogo dijo que después de tres días podría usar muletas. Y ya llevo aquí medio día.
—Dijo dependiendo de cómo estuvieras —puntualizó Ryan.
—¿Quieres mi opinión profesional y personal? —preguntó Jules.
—Ya que has venido desde tan lejos para verme, tu opinión será muy valiosa para mí.
—Es cierto que podrías terminar la recuperación con muletas, pero sería más larga.
Si quieres que consolide correctamente la fisura, quédate una semana aquí, o mejor dos.
De todas formas, no puedes volver al trabajo hasta que estés totalmente recuperada y eso te llevará varias semanas.
¿Tienes prisa por volver a tu casa? ¿Tienes alguien que se ocupe allí de ti?
—No, no tengo prisa. Y vivo sola.
—En ese caso, permanece aquí.
—Ryan tampoco estará aquí porque tendrá que ir a trabajar —mencionó ella.
—No va a tener que llevarte a ningún sitio. Lo que necesitas es estar en la cama sin moverte. Y él puede venir a medio día para llevarte al aseo y traerte la comida.
—Puede que tengas razón, pero no quiero molestarle más de lo necesario.
—Para mí no será molestia —dijo Ryan, aunque sin mirarla.
—Además, estoy seguro de que las chicas vendrán a verte —indicó Jules.
—Apuesto a que sí.
—Ryan, ¿te importaría que le diera la llave de tu casa a alguna de las chicas para que se la dé a Ian. Dice que pasa muchas horas sin hacer nada, así podrá pasar tiempo conmigo y si necesito ir al aseo, él podrá ayudarme.
—Eso estaría muy bien. Al fin y al cabo habéis vivido juntos y tenéis confianza —mencionó Jules sonriendo, porque a su amigo le había cambiado la expresión del rostro.
—Jack tiene las llaves de las casas de todos los del grupo y el mando de las verjas, le diré que se los dé.
—Gracias.
Cuando Jess terminó de desayunar se apoyó en el respaldo de la silla y soltó un suspiro. Luego miró a Ryan y le dedicó una sonrisa despreocupada, que consiguió que la sangre de él ardiera en sus venas.
Los dos hombres estaban hablando de un tema que a Jess no le interesaba y estaba abstraída en sus pensamientos.
De pronto se centró en la voz de Ryan, que era quien hablaba en ese momento.
Tenía una voz dulce, tranquila, seductora y tan grave y profunda que Jess sintió que se filtraba por sus poros acariciándola en la entrepierna.
Ryan desvió la mirada hacia ella y la vio ruborizada. Se preguntó qué estaría pensando para que sus mejillas se hubieran encendido.
Pensar en ella hacía que la sangre se le calentara y sintiera cierta tensión en su polla. Y saber que una de las cosas que le gustaban de ella era, que disfrutaba del sexo tanto como él, no ayudó a que su erección se relajara. Sonrió al pensar que en el tema sexual se entendían a la perfección
—¿Te parece bien que subamos arriba y te vea la pierna? —preguntó Jules.
—Por supuesto.
—Mientras, Ryan puede recoger la cocina —dijo sonriéndole a su amigo—. Luego se encargará de llevarte a asearte y de ayudarte a vestirte, antes de que vengan los chicos. Porque parece que no quiere que lo haga nadie más que él.
—Subiré cuando termine —indicó Ryan.
Ryan recogió la cocina en un tiempo récord. Antes de que Jules le quitara el vendaje de la pierna, él estaba a los pies de la cama observando todos sus movimientos.
—Tengo la pierna completamente morada.
—No te preocupes, eso es lo normal.
—Lo sé.
Jules estuvo haciéndole pequeños movimientos suaves a un lado y otro.
—¿Qué te parece? —preguntó Jess.
—Que tienes unas piernas muy bonitas —respondió Jules con una sonrisa seductora.
—Muy amable.
—Como te he mencionado hace unos minutos, deberías quedarte aquí, al menos una semana.
—Ryan ha dicho que no le importa, así que te haré caso.
—Harás bien. Te vendaré la pierna de nuevo, y os dejaré para que Ryan se encargue de ti.
—Gracias.
—No hay de qué, preciosa.
—Y gracias también por venir desde Seattle.
—Haría cualquier cosa por Ryan y él me pidió que viniera a verte. Y no me arrepiento, porque me ha encantado conocerte.
—A mí también.
Poco después Jules salió de la habitación cerrando la puerta y dejándolos solos.
—Gracias por pedirle a tu amigo que viniera.
—No lo he hecho solo por ti.
—Eso tiene sentido. Me extrañaba que lo hubieras hecho por mí.
—Sabía que si le contaba lo que te había ocurrido y le pedía que viniera lo haría. Ya es hora de que solucione sus problemas y entre todos podremos ayudarlo. Quería que estuviese aquí, en nuestro terreno y alejado del cretino de su pareja.
—Por lo que le comentaste al grupo los días que hablasteis de Jules, sospecho que está sometido a una especie de maltrato psicológico.
—Sí.
—Sabes que es muy difícil salir de una situación como esa. Antes tiene que estar convencido de que quiere hacerlo.
—Está convencido. Quiere marcharse de casa.
—Eso es lo único que importa. Cualquier cosa que pueda hacer para ayudar, solo tienes que decírmelo.
—Te lo agradezco.
—Cuando lo he visto me he quedado de piedra.
—No hace falta que lo digas, no lo has disimulado precisamente.
—Es que no sabía quien era, de lo contrario habría recordado que era gay. Al verlo… La verdad es que es un bombón.
—Sacaré tus cosas de aseo de la bolsa y las llevaré al baño —dijo molesto porque se sintiera tan atraída por su amigo.
—De acuerdo. Jules también se ha dado cuenta de que estabas celoso.
—Jules es gipipollas.
Jess se rio.
—¿Qué quieres ponerte de ropa?
—¿Voy a estar en el dormitorio todo el día?
—Estarás donde estemos nosotros. Solo tienes que tener la pierna en alto.
—En ese caso, me pondré un chándal y una camiseta debajo. Y unos calcetines gruesos.
—Vale —dijo él sacando las prendas que le había indicado del cajón de la cómoda y dejándolas sobre la cama—. Supongo que no me dirás que quieres ducharte de nuevo.
—Si hubiera querido ducharme te lo habría dicho antes de que Jules me pusiera el vendaje. De todas formas, no necesitaré ducharme hasta mañana por la noche, o puede que hasta el lunes.
—¿Te sientes incómoda duchándote con mi ayuda?
—No, no es por eso. Es solo que al no moverme no voy a sudar.
—Claro.
—Sé que no te agrada que esté en tu casa, de manera que te agradezco doblemente lo que estás haciendo por mí.
—No es nada. Vayamos al baño.
—Lleva antes allí el sujetador y la camiseta. Será menos violento que me ayudes a ponérmelo en el baño que en la cama.
—De acuerdo.
Ryan la sostuvo mientras se cepilló los dientes y se lavó la cara.
Luego se puso desodorante y se peinó. Se metió el sujetador por los brazos y él se lo abrochó.
Ryan le dio la vuelta para que quedará de cara hacia él.
Le metió la camiseta por la cabeza y ella se la bajó.
Y durante todo el proceso, Jess apenas pudo respirar.
Ninguno de los dos pronunció una sola palabra.
Se sentía desconcertada y aturdida. No tenía ningún control sobre su propio cuerpo cuando él estaba cerca, y menos aún cuando la tocaba. Eso debía haberle servido de advertencia, pero no había hecho caso.
Se excusaba a sí misma diciéndose que nunca se había enamorado y que no sabía nada sobre el tema.
Se dijo que no tenía ningún sentido seguir engañándose.
Hacía tiempo que sabía la debilidad que sentía por ese hombre.
Siempre había sabido el peligro que correría si se enamoraba de él, pero las advertencias que se había hecho a sí misma se habían esfumado al darse cuenta de que ya era demasiado tarde.
Estaba claro que ese hombre hacía que su corazón se descontrolara cuando estaba cerca, y era absurdo seguir inventándose excusas, porque sabía positivamente que estaba perdida.
Ryan la llevó en brazos a la cama. Entonces le puso los calcetines, el pantalón, y a continuación la ayudó a ponerse la sudadera de capucha.
—¿Qué quieres hacer ahora?
—Voy a aprovechar que tengo la mente despejada para empezar a escribir el informe del caso.
—¿Quieres hacerlo aquí?
Ryan apartó la mirada de ella al darse cuenta del doble sentido que tenía la frase.
—Yo creo que sería mejor hacerlo en el sofá —respondió ella seria, pero devolviéndole también una frase con doble sentido—… Así estaré ya bajo cuando ellos lleguen.
—Me parece bien.