Tan irresistible como Stanford Capítulo 24
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Capítulo 24

Todo el grupo estaba en la sala de espera. Cuando la llevaron a la habitación entraron a ver a su amiga y al bebé.

Se sorprendieron cuando al día siguiente entró en la habitación de hospital Jules, el amigo que vivía en Seattle. Todos se alegraron al verlo, tanto como de que Abby hubiera tenido un bebé.

Jules les dijo que volvería a Seattle esa misma tarde, de manera que no pudieron hablar demasiado. Aunque aprovechó el tiempo para hablar unos minutos con sus antiguos compañeros del hospital y con el director.

Abby estuvo en el hospital dos días y todos sus amigos fueron a verla cada día.

El siguiente sábado el grupo se reunión de nuevo en casa de Sean, y harían lo mismo las semanas siguientes, ya que Abby tenía que recuperarse y prefería que el bebé estuviera en casa.

Pero ese sábado, Jess y Ryan no se vieron, porque él tenía guardia en el hospital.

El viernes siguiente por la tarde Jess escribió en el grupo de WhatsApp que tenía con las chicas.

Hola a todas. He de deciros que, con toda seguridad, mañana no nos veremos.

He tenido un pequeño accidente cuando trabajaba en un bosque y estoy en el hospital.

Todavía no sé exactamente qué es lo que tengo, porque me han hecho unas pruebas y están esperando los resultados.

Seguramente esta noche la pasaré aquí. Pero no os preocupéis porque no es nada grave y se solucionará con reposo…

Espero. Os diré algo tan pronto hable con el médico. Un beso a todas.

Sus amigas comenzaron a escribir a la vez, preguntándole cómo había ocurrido y en qué hospital estaba.

Cuarenta y cinco minutos después las cinco mujeres entraron en la habitación del The Mount Sinai Hospital, donde estaba hospitalizada su amiga.

Jess les explicó que estaba caminando por un suelo resbaladizo y poco firme y escuchó un sonido como si se hubiera partido una rama, pero dentro de su pierna.

—Se lo hemos dicho a los chicos, pero Delaney y Nathan están en Miami desde ayer y no volverán hasta esta noche —dijo Lauren.

—Carter vendrá a verte después de la consulta —articuló Ellie.

—Logan también vendrá esta tarde cuando terminen las clases en la escuela —dijo Kate.

—Sean está fuera de la ciudad y no volverá hasta esta noche, pero si llega tarde vendrá mañana —mencionó Abby—. Yo solo he venido a verte, pero me marcharé pronto, porque tengo que dar de mamar a la niña.

—No teníais que haber venido ninguna. ¿Todavía no os habéis decidido por el nombre de vuestra hija? —le preguntó Jess a Abby.

—No.

—No teníais que habérselo dicho a vuestros maridos. Lo que me ha pasado no es grave.

El médico entró en la habitación en ese momento, era un hombre de unos treinta años. Miró a las mujeres.

—Hola, Jessica.

—Hola, doctor.

—En las habitaciones no puede haber tantas personas.

—Son mis hermanas, solo han venido a verme, pero se marcharán enseguida.

—No nos vamos a ir —dijo Tess.

—¿Todas son sus hermanas? —preguntó el hombre sonriendo.

—Sí.

Ryan entró en ese momento. Jess lo miró.

—Hola.

—Hola —dijeron todas.

—¿Él también es su hermano?

—No, él es un amigo de todas, el doctor Ryan Owens. Olvídese de que están aquí. Ha dicho que ya tenía los resultados de las pruebas. ¿Le importaría informarme de ellas?

—Tiene una fisura en la fíbula. La fíbula es un hueso largo y…

—Sé qué es la fíbula.

—Vaya, normalmente los pacientes no lo saben.

—Jessica es médico forense —le aclaró Ryan.

—Eso no me lo esperaba —expresó el médico sonriendo a la paciente.

—Doctor, si no le importa, nos gustaría que lo explicara al completo y con palabras comprensibles, porque ninguna de nosotras somos médicos —dijo Ellie sonriéndole.

—De acuerdo. Su hermana tiene una fisura en la fíbula, que es una fractura menor del hueso lateral de la parte inferior de la pierna, y además dos ligamentos dañados. Ya tiene la pierna hinchada y están apareciendo los clásicos moratones. Y supongo que tendrás dolor —manifestó mirando a Jess.

—Sí, un dolor muy intenso.

—El dolor se acentúa con el movimiento, y notarás sensibilidad.

En tu caso no va a hacer falta operar. Nos limitaremos a inmovilizar la zona.

Los primeros días con un buen vendaje, que te sacarán para ducharte y volverán a ponerte después de la ducha.

Y en tres o cuatro días inmovilizaremos la zona dañada con una férula, para que el hueso sane correctamente.

—¿Cuánto tiempo llevará la recuperación?

—Depende, entre tres semanas y dos meses. En la primera semana es esencial descansar y evitar poner peso sobre la pierna afectada, para que el dolor y la inflamación desaparezcan. No hace falta mencionar que no podrás caminar. Ni siquiera podrás ponerte de pie los tres primeros días.

—Vaya mierda.

El médico le sonrió.

—A partir de la segunda semana iremos incorporando gradualmente movimientos, carga de peso y ejercicios más intensos, hasta que la fractura esté completamente consolidada.

—Supongo que no habrá otra opción más rápida para recuperarme.

—Esta es la más rápida. Si sigues mis instrucciones al pie de la letra, en tres semanas estarás completamente recuperada.

—No se preocupe, seguirá sus instrucciones, nosotras nos encargaremos de ello —dijo Lauren.

—Estupendo. Tendrás que mantener la pierna elevada los primeros días y aplicar hielo sobre ella el mayor tiempo posible.

—Vale.

—Te mandaré a casa con instrucciones detalladas. Instrucciones que debes seguir, si quieres que todo vaya bien. De lo contrario, la recuperación te llevará varios meses.

—Nos ocuparemos de que siga sus instrucciones —le aseguró Kate.

—Si todo va bien la primera semana, podrás llevar muletas el resto del tiempo. Ahora te dejo para que descanses y te despidas de tus hermanas.

—Gracias, doctor.

Tess cogió del brazo a Ryan y salieron ambos detrás del médico.

Jess los escuchaba hablar, la puerta estaba entornada y estaban junto a ella. No prestaba atención a los comentarios de sus amigas, estaba centrada en la conversación que mantenía Ryan y Tess.

—Ryan, no podrá moverse para nada durante al menos tres o cuatro días y habrá que llevarla en brazos al baño, a la ducha, y sacarle y ponerle el vendaje. Tú eres médico, y eres la persona indicada para ocuparte de ello.

—No hay problema. Os ayudaré.

—Sabía que te harías cargo de Jess. Eres el mejor.

—Espera. ¿Qué quieres decir con que me haré cargo de Jess? Porque si es lo que pienso, no voy a llevarla a mi casa.

—Has dicho que ibas a ayudarla.

—Pero no en mi casa.

—No hay problema, puedes mudarte a la suya.

—No voy a mudarme con ella.

—¿Por qué?

—No sé si te has dado cuenta, pero Jess y yo no nos llevamos bien.

—Yo no he notado que estéis enfadados.

—No tenemos la familiaridad suficiente para que la lleve al baño y la ayude a ducharse.

—Pero tú eres médico y sabrás cómo cambiarle las vendas.

—Carter también es médico, que se la lleve a su casa.

—¿Qué te pasa? ¿Te preocupa verla con poca ropa? No tuviste ningún problema para verla desnuda y robarle la virginidad. Y eso sin conocerla.

—Tess, no me hagas esto.

¿Cómo podía explicarle que tener a Jess a solas en su casa sería una tentación? Y no quería caer en la tentación, pensó él.

Después de escuchar a Ryan, Jess recordó todos los momentos dolorosos de su vida.

Pensaba que habían quedado olvidados en el pasado, pero se había equivocado, porque permanecían en su mente.

Siempre había pensado en ellos cuando se iba por la noche a la cama, en la soledad y la oscuridad de su habitación, pero nunca por el día, hasta ese momento.

En ese instante sintió lo mismo que había sentido durante toda su vida. Se sintió poco querida.

—Bien, no te preocupes, la llevaré a casa y se encargará Jack de ella.

O, mejor aún contrataré a un enfermero que se ocupe de todo.

Lástima que no esté aquí Ian, de lo contrario le diría a Delaney que no podía trabajar unos días y él se ocuparía de ella.

De hecho, creo que voy a hablar con mi marido y le diré que lo mande de vuelta, que lo necesito aquí.

—¡Joder! Está bien, lo haré.

—Gracias. Sacaré a las chicas de la habitación para que hables con ella —dijo Tess sonriéndole.

—Vale.

Jess también se dio cuenta de otra cosa, de lo horrible que era vivir sola, porque cuando se presentaba algo como lo que le había ocurrido a ella, se precisaba ayuda.

—Jess, nosotras tenemos que marcharnos —anunció Tess entrando en la habitación—.

Ryan se ocupará de todo hoy. No te preocupes por nada, nos turnaremos para ayudarte en todo lo que necesites.

Salieron todas de la habitación a la carrera, empujadas por Tess, que no les dio ninguna explicación. Sus amigas se despidieron con la mano.

Ryan entró en la habitación.

—¿Por qué has venido? —preguntó Jess—. Te he escuchado decir muchas veces que tienes la consulta a tope y con una larga lista de espera.

—Y es cierto, pero precisamente hoy han cancelado la cita tres pacientes.

Ryan no tenía intención de decirle que casi había echado a la calle al paciente que no pudo dejar de atender, porque estaba ya en la sala de espera. Y tampoco iba a decirle que le había pedido a su enfermera que cancelara el resto de las citas de esa tarde por una emergencia.

—Bien, esta es la situación en que te encuentras —dijo Ryan colocándose a los pies de la cama frente a ella y con los brazos cruzados—. En los próximos tres o cuatro días necesitarás a alguien que te ayude.

—No necesito ayuda.

—Esto no lo puedes manejar tú sola, de manera que vas a venir a casa conmigo.

—Me da la impresión de que no quieres tenerme en tu casa.

—No te da la impresión, me has escuchado decírselo a Tess. ¿Me equivoco?

—Eso es lo de menos.

Jess fue consciente en ese instante de las palabras que le había oído decir a Tess. Ryan tendría que ayudarla a lavarse, a ir al baño y a vestirse. Todas eran cosas muy íntimas, que resultarían incómodas hacerlas, incluso, con una persona a quien conociera desde hacía mucho tiempo.

—No creo que sea un problema para ti. Lo único que has de hacer es acostumbrarte a que te toque. Pero ya lo he hecho antes, así que no tendrá la menor importancia.