Tan irresistible como Stanford Capítulo 23
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Capítulo 23

Últimamente el grupo se reunía en casa de Sean, porque el embarazo de Abby estaba muy avanzado, pero ese día, además, era el cumpleaños de ella. Jess llegó la última de todos. Se acercó a su amiga para darle un beso y un abrazo.

—Feliz cumpleaños.

—Muchas gracias.

—¿Cuántos cumples?

—Treinta —dijo Abby.

—¡Dios mío, qué horror! —bromeó Jess fingiéndose atemorizada.

—No entiendo esa expresión de terror, tú también tienes treinta.

—Era broma. Estás estupenda... para tener treinta años.

—Lo vas arreglando por momentos —dijo Abby sonriéndole.

—Hola a todos. Sois tantos que no voy a molestarme repartiendo besos, de lo contrario se haría la hora de comer.

—Ya es casi la hora de comer —mencionó Sean acercándose a ella y besándola en la mejilla.

—¿Por qué has venido tan tarde? —preguntó Delaney.

—Porque yo no soy como vuestras mujeres. Soy una simple trabajadora que tiene que hacer las cosas de la casa los fines de semana.

—Jess, a tu casa va una señora a limpiar y a planchar todas la semanas —dijo Tess.

—Sí, ya. Pero tengo que hacer la compra. Ian y yo hemos ido esta mañana, por eso he llegado tarde.

—¿Te ha dicho que el jueves empieza a trabajar para mí? —preguntó Delaney.

—Por supuesto. Está algo preocupado, porque no quiere decepcionarte.

—Jack dice que está bien preparado.

—Y te aseguro que lo está. Yo creo que está ya metido en profundidad en su papel. Cuando salimos juntos a la calle se comporta como si fuera mi guardaespaldas. Y cuando entramos en una tienda se queda de pie a unos pasos de mí observando todo lo que hay a mi alrededor.

Todos se rieron.

—¿Le ha gustado el apartamento? —preguntó Nathan.

—Le ha encantado, y a mí también. Es fantástico. Hace unos días compramos lo que necesitaba y ya lo tiene todo en casa. Le han llevado incluso la cama doble que compró hace unas semanas y en la que dormía en mi casa.

—Entonces, ¿se ha mudado ya a la suya? —preguntó Carter.

—No. Ha montado la cama pequeña que había en un principio en mi cuarto de invitados y dormirá en ella.

—¿Cuándo se mudará? —preguntó Logan.

—Supongo que a principios de la próxima semana, antes de que empiece el trabajo. Mañana pasaremos juntos el día en su nueva casa. Él terminará de montar los muebles, instalará los estores en las ventanas y yo colocaré en su sitio la ropa y las cosas de aseo, y le haré la cama.

—Ha sido militar, supongo que sabrá hacer una cama —dijo Ryan.

—Por supuesto que sabe hacer una cama, y sabe limpiar y planchar mucho mejor que yo.

—Si no le funciona el trabajo de guardaespaldas y chófer puede buscar trabajo de asistenta.

—No necesitas ser tan comedido y prudente con las palabras, ya sé que no te cae bien.

—Yo no he dicho que no me caiga bien.

—No hace falta que lo digas, porque se nota. ¿Pero sabes?, será un buen guardaespaldas, y te aseguro que conduce de maravilla —dijo Jess cabreada.

—No le hagas caso, Jess. A Ryan le gusta incordiar a veces —remarcó Carter.

—Sí. Ya me he dado cuenta. Hay otra razón para que mañana pase el día con él. Hoy es su cumpleaños.

—¿Hoy es su cumpleaños también? —preguntó Abby.

—Sí, y he pensado llevarme la comida para comer allí los dos, para inaugurar juntos su apartamento.

Y llevaré también una tarta con velas. Será un poco complicado que pongan cuarenta velas, tendrá que ser una tarta muy grande.

Pero quiero que tenga velas, porque no ha celebrado su cumpleaños desde que era un adolescente.

Y, después de la vida que ha llevado, creo que se lo merece.

Y luego seguiremos trabajando. Yo soy la única persona que conoce aquí, dice que soy como una hermana pequeña.

—Una hermana… Eres una ingenua —dijo Ryan.

—¿En serio te ha dicho que te considera una hermana? —preguntó Logan, más que nada para picar a su amigo Ryan.

—Sí, me lo ha dicho muchas veces.

—A nosotros también nos conoce. Podemos acercarnos todos a su casa a la hora del café, así lo felicitaremos y apagará las velas en compañía —dijo Kate.

—A pesar de que me dijo que Delaney le caía muy bien, no creo que se sintiera cómodo al tener a su futuro jefe allí —se sinceró Jess.

—Tienes razón. Mejor que vayamos solo las mujeres —dijo Tess.

—¿Crees que a Ian le molestaría que fuéramos todas? —preguntó Abby.

—Por supuesto que no, estaría encantado de compartir la tarta con vosotras.

—Yo prepararé la tarta y la llevaremos cuando vayamos —mencionó Ellie.

—Estupendo.

—Y le llevaremos unos regalos de cumpleaños. Se muda a una casa nueva, de manera que le harán falta algunos detalles de decoración —dijo Lauren.

—Pues ahora que lo dices, sí necesita algunas cosas que aún no hemos comprado.

—¿Qué cosas? —preguntó Tess.

—Dos lamparitas para las mesitas de noche, alguna novela, porque le gusta mucho leer; cojines para los dos sofás y dos mantitas, por cierto, los sofás son color mostaza.

—¿Para que quiere dos mantas para los sofás si no conoce a nadie aquí? —preguntó Ryan.

—Me conoce a mí, e iré a verlo a menudo y veremos películas echados en los sofás, como hacemos ahora. Además, ha comprado una cama para mí, por si alguna vez quiero quedarme a dormir en su casa.

—Ese hombre es listo —dijo Ryan.

Ese comentario hizo que ella lo mirase enfadada, pero no se molestó en decir nada.

—Lo que sí voy a pediros es que sean cosas sencillas y baratas, por favor.

—¿Tú que le has comprado? —preguntó Ellie.

—Como fuimos juntos a comprar la ropa de cama y sé los colores de las fundas del edredón y del estore de la ventana, le he comprado una manta para los pies de la cama que quedará muy bien.

—¿A qué hora crees que deberíamos ir?

—Sobre las tres estaría bien. Me encargaré de que comamos antes y prepararé el café para esa hora.

—Estupendo.

—¿Os parece bien que vayamos esta tarde a comprar los regalos, antes de que cierren las tiendas? —preguntó Lauren.

—Sí —dijeron todas.

—Jess, ¿nos acompañarás? Tú sabes cómo son los muebles y podrás aconsejarnos.

—Claro, iré con vosotras.

—Cuando vayáis mañana a su casa, decidle que todos nosotros hemos tenido que ir a algún sitio. No quiero que piense que no nos importa —dijo Logan.

—No te preocupes, cariño. Diremos que teníais una reunión en vuestra escuela, para hablar de algunos asuntos importantes —lo tranquilizó Kate.

—Genial.

Poco después estaban comiendo. Pasaron una tarde fantástica en la piscina de Sean.

Ryan miraba a Jess a menudo. No le había gustado cuando hablaba de Ian, parecía que sentía algo por él. Siempre que se refería a él, en su voz se notaba el cariño. Un cariño que sin duda no sentía por él.

Ryan la ponía de los nervios, porque no apartaba la vista de ella.

Y no la miraba precisamente con amabilidad.

Jess se preguntaba por qué la miraba con esa frialdad en sus preciosos ojos.

Unos ojos que mostraban ternura y calidez cuando miraba a cualquiera de las chicas, pero que cuando la miraba a ella, se esfumaban.

Cuando Ian entró en la cocina a la mañana siguiente, Jess estaba terminando de preparar el desayuno y se sentaron a la mesa.

—¿Qué tal se portó Ryan contigo ayer?

—Llevas días diciéndome que ese hombre siente algo por mí pero, si es cierto, su control es perfecto.

No entiendo por qué él no puede sentir una ínfima parte del torbellino que siento yo en mi interior solo con verlo.

Cuando estamos muy cerca el uno del otro, a veces tengo la impresión de que me desea, pero sé que no estoy en lo cierto, porque en ningún momento lo he notado turbado o desconcertado, mientras que yo podría arder en llamas en cualquier instante.

—El control se consigue con la experiencia y ese hombre tiene mucha. Puede que él se sienta tan turbado y desconcertado como tú, aunque no lo parezca.

—Pues vaya mierda. Seguro que cada vez que me siento así, él lo nota.

—De eso puedes estar segura.

—Pues vaya mierda —repitió.

Ian se rio por la expresión.

—¿Has decidido si vas a hablar con él?

—¿Sobre qué?

—Sobre lo que sientes.

—No tengo que decidir nada. No sería capaz de decírselo.

—Eres una chica valiente y serías capaz de hacer cualquier cosa que te propusieras.

—No soportaría que me rechazara, igual que hice yo cuando insinuó que quería salir conmigo. Me lo dijo de forma tan insensible… Y él parecía tan insolente y tan arrogante.

—Jess, era todo fachada. Y tú lo prejuzgaste.

—Es posible que tengas razón. Puede que hiciera una estupidez, pero ya no hay remedio.

—Las cosas siempre se pueden arreglar.

—Ya sé que te gusta arreglar cosas, pero esto es diferente. Y después de saber la vida que has llevado, no creo que se te pueda considerar un experto en relaciones entre hombres y mujeres.

—Puede que tengas razón, pero soy muy observador. Y sé lo que he visto cuando habéis estado juntos.

—¿Has terminado de comer?

—Sí —dijo Ian levantándose.

Jess metió en una bolsa la comida y la bebida que quería llevarse.

—¿Para qué llevas tantas cosas? —preguntó Ian cuando salían de casa.

—Ayer no pudimos celebrar tu cumpleaños. Lo celebraremos hoy con una buena comida.

—Yo no necesito celebrar mi cumpleaños.

—Pero yo quiero celebrarlo.

—¿Qué llevas en esas otras bolsas?

—Mi regalo.

—¿También me has comprado un regalo?

—En realidad son dos. Y por supuesto. ¿Has olvidado que en los cumpleaños se hacen regalos?

—En ese caso tendré que comprarte un regalo cuando sea el tuyo.

—Sí, tendrás que comprarme algo.

—Por cierto, ¿cuándo es tu cumpleaños?

—El veintiuno de octubre.

—No lo olvidaré.

—Ahora que mencionas lo de no olvidar. Puede que necesites una agenda para el trabajo. Delaney tiene muchos compromisos y tú tendrás que saber las fechas y las horas de todos ellos.

—Ya la tengo, Jack me la dio ayer por la mañana cuando estuvimos en el gimnasio. No es una agenda de papel como se utilizaba antes, sino una tablet. Y me dio también un nuevo teléfono, de última generación.

—Vaya, quien te ha visto y quien te ve.

—Estoy cambiado, ¿eh?

—Ahora eres un hombre muy importante.

—Al menos lo parezco, cuando llevo puesto uno de mis trajes de Armani —dijo sonriéndole.