Tan irresistible como Stanford Capítulo 22 #3
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Capítulo 22 #3

A Jess le encantó. El salón—comedor y la cocina estaban juntos.

En la cocina había espacio para una mesa, aunque no grande.

Había un pequeño pasillo con tres puertas.

La primera era un baño amplio y moderno.

En un lado había un armario empotrado donde cabrían las toallas y las cosas de aseo, aunque debajo del lavabo había dos cajones donde se podría colocar lo se utilizaba en el día a día.

—Esta será mi habitación, es más grande que la otra —dijo abriendo la puerta.

—El armario es enorme —mencionó ella al ver que ocupaba toda la pared—. Te vas a ahorrar un pastón, porque los armarios son caros.

—Sí, lo sé. Ya he colocado en él los trajes y las camisas, aunque tendré que plancharlas. Y este es el otro dormitorio, aunque yo lo emplearé como despacho. Pero como es bastante grande, compraré una cama para ti.

—¿Para mí?

—Algún día vendrás a cenar conmigo y si se hace tarde podrás quedarte a dormir.

—Buena idea. Es genial que en esta habitación también haya un armario tan grande, así podrás tener en tu habitación solo la ropa que uses en esa temporada y el resto en este.

Tendrás que tener la ropa de las dos temporadas preparada en todo momento, porque irás de viaje a lugares cálidos en invierno y a la inversa.

—Tienes razón. En la parte de arriba de este armario he guardado las maletas.

—Llevemos las cosas de la cocina y así lo dejaremos todo ordenado en su sitio —dijo Jess.

—De acuerdo. ¿Te importa colocarlo tu? Yo no sabría donde poner las cosas.

—Claro. Instala tú mientras la cafetera y el microondas.

—Vale.

—Veo que está todo limpio —dijo ella pasando la mano por dentro de uno de los armarios.

—Sí.

—Habría que fregar todo antes de ponerlo en su sitio.

—Tú colócalo donde creas que deben ir, ya lo fregaré otro día.

—Bien.

Ian iba sacando las cosas de las cajas y cuando estaban vacías las desmontaba y las iba poniendo en la caja del microondas que era la más grande. Poco después lo tenían todo colocado.

—Tendrás que ir apuntando lo que falta por comprar, y podemos ir a comprarlo otro día. Supongo que aunque estés trabajando para Stanford, podremos vernos, cuando tengamos algún tiempo libre ambos.

—Por supuesto que nos veremos. Jess, tú siempre estarás presente en mi vida. Eres como la hermana pequeña que nunca tuve, y eso no va a cambiar.

—Me alegro. Voy a llevar las toallas al baño y las ordenaré en el armario —dijo Jess.

Cuando finalizó, colocó una toalla en el toallero que había junto al lavabo.

—Ya puedes secarte las manos —dijo ella sonriéndole—. No olvides que hay que comprar una tabla de planchar y una plancha.

—Tendré que traer una libreta y un bolígrafo y dejarlos aquí.

—Por cierto, puede que no tenga importancia, pero Jack siempre lleva encima un pequeño bloc y un bolígrafo.

—Tiene mucha importancia. Gracias.

—No hay de qué. Tendrás que ir pensando los muebles que necesitas. Un momento, tengo una libreta en el bolso —dijo saliendo del dormitorio.

Cuando volvió se la entregó junto con un bolígrafo.

—Apunta la tabla de planchar y la plancha.

—Apuntaré también lo de tu cuarto: una cama, una mesita de noche, un escritorio con una silla y un mueble para guardar documentos.

—Vamos a ver qué hace falta en tu dormitorio —dijo ella saliendo.

—La cama ya la tengo. Por cierto, tengo que contactar con una agencia de mudanzas para que la traiga.

—Apúntalo, de lo contrario lo olvidarás. Anota también cortinas para las ventanas.

—Y dos mesitas de noche para mi habitación.

—Las buscaremos en internet donde compramos la cama, seguro que tendrán a juego.

—Buena idea —dijo él apuntándolo.

—El armario tiene estanterías y cajones, pero yo creo que te vendría bien tener una cómoda para la ropa interior, los pijamas, los calcetines. Tienes bastante ropa.

—Sí, es cierto. Una cómoda. Y una butaca. Ya está apuntado.

—Este armario del pasillo es genial —dijo ella abriendo la puerta—. Es perfecto para guardar la ropa de cama: los edredones, las sábanas y las mantas.

—Buena idea. Los traeré y los meteremos en él.

—Cuando tengas aquí la cama vendremos y la haremos.

—Jess, sé hacer una cama.

—Lo sé. Perdona. Aquí en el salón es donde más cosas necesitas. Un sofá y una mesita de centro.

—Mejor dos sofás, a ti te gusta ver las películas acostada.

—¿Y vas a comprar un sofá para mí?

—Por supuesto.

—Vale.

—Una pantalla de televisión.

—Un equipo de música —dijo ella.

—No creo que necesite un equipo de música. El televisor tiene un canal de música.

—Cierto.

—No quiero tener muchos muebles. Así tendré menos que limpiar, porque no creo que tenga mucho tiempo libre.

—Con el sueldo que vas a ganar podrás permitirte contratar a una mujer que venga a limpiar la casa una vez a la semana. Y al mismo tiempo ayudarás a una persona que puede que necesite el trabajo.

—Puede que lo haga con el tiempo, pero al principio me apañaré sin ella.

—Tendrás que averiguar si hay cerca una tintorería, o una que te coja de camino a casa.

—Hay una tintorería a treinta metros de aquí y Jack me ha dicho que trabajan muy bien.

—Genial. Bueno, creo que ya está todo. ¿Nos vamos ya?

—Sí. Toma, quédate una llave.

—¿Para qué quiero una llave de tu casa?

—Para cuando vengas, por si alguna vez pasa algo, por si me dejo la llave dentro…, por si acaso. Quiero que la tengas. Y este es el mando de la puerta del sótano.

—De acuerdo —dijo ella cogiéndolos—. En ese caso, tendrás que quedarte una llave de mi casa cuando te mudes aquí.

—Lo haré.

—Si quieres podemos buscar en internet esta noche lo que necesites —dijo ella cuando subieron en el ascensor.

—Eso estaría bien. ¿Me lo traerán a casa?

—Claro. Y si lo compramos hoy, puede que lo recibas en un par de días. Y tendrás tiempo para montar las cosas antes de que empieces a trabajar.

—Estupendo.

Cuando llegaron a casa cenaron y después de cenar compraron online todo lo que Ian necesitaba para su nuevo apartamento.

Casi todos los muebles eran para montar, pero a Ian no le preocupó, porque se le daba bien montar cosas.

Además iba al gimnasio por la mañana o por la tarde, pero Jack le había dicho que a partir de ahora, una vez al día sería suficiente.

Y a las prácticas de tiro iba una vez a la semana.

El resto del día no hacía nada y prefería estar ocupado.

Lo organizaron para que les llevaran todo lo que habían comprado y también la cama al siguiente, viernes a partir de las doce del mediodía.

Ian había medido los huecos de las ventanas, como le había pedido Jess para poder comprar los estores por internet, y se los llevarían el mismo día que los muebles.

Había comprado también una escalera y unas cuantas herramientas para tenerlas en casa.

Cuando empezaron a llevarle las cosas que habían comprado, comenzó a montarlas. Estaba muy ilusionado, era la primera vez que tenía una casa para él solo y si todo iba bien, en tres años sería de su propiedad. Recordó a sus padres y pensó que estarían muy orgullosos de él.

Aunque, a la vez que estaba ilusionado, se sentía algo intranquilo. El trabajo que iba a desempeñar era un trabajo de mucha responsabilidad. Pero Jack le había dicho muchas veces que estaba capacitado y muy bien preparado. Eso lo tranquilizó.

Además tenía a Jess, esa mujer que tanto lo había ayudado y que, aunque nunca se lo hubiera dicho, creía que era su ángel de la guarda.