Capítulo 22
Jack e Ian entraron en el edificio de Stanford. Jack saludó a Charlie, el guarda de seguridad y luego siguieron caminando hacia la zona donde estaban los ascensores. Entraron en el primer ascensor que se detuvo. Jack pulsó la penúltima planta.
—Tal vez debería haberme comprado un traje. Todos van muy elegantes.
—Todavía no trabajas para Stanford.
—Vamos a llegar pronto, faltan diez minutos para la hora de la cita.
—Es mejor que esperemos nosotros que no él. Stanford está muy ocupado y tiene todos los minutos del día programados. Ian, tranquilízate.
—Vale.
Salieron del ascensor y caminaron hacia donde estaba el despacho de Delaney.
—Hola, Sarah.
—Hola, Jack.
—Sarah, te presento a Ian Hay. Ian, ella es Sarah, la asistente personal de Delaney.
—Un placer conocerla.
—Lo mismo digo, señor Hay.
—Tenemos una cita con Delaney.
—Está en su despacho reunido con el contable y con Nathan, pero ya sabe que veníais. Sentaos, no tardará.
Poco después el contable salió del despacho. Saludó a Jack y se alejó por el pasillo.
—Delaney, Jack y el señor Hay están aquí —dijo la secretaria hablando por el intercomunicador.
—Diles que pasen.
—Podéis pasar.
Ambos se levantaron.
Jack abrió la puerta del despacho y entró, seguido de Ian.
Delaney se levantó de su butaca y se acercó a ellos.
—Me alegro de verte de nuevo Ian —dijo Delaney tendiéndole la mano.
—Lo mismo digo, señor —articuló él estrechándosela.
—Me tratas como si ya trabajaras para mí.
—Estar en su edificio impone.
—Cuando estemos a solas o con mis amigos puedes tutearme.
—De acuerdo.
Ian y Nathan se saludaron.
—Sentaos, por favor —dijo Delaney señalando uno de los sofás
Delaney y Nathan se sentaron en el sofá que estaba frente a ellos.
—Jack me ha dicho que estás preparado para desempeñar el trabajo que ha hecho él hasta ahora.
—Yo también lo creo.
—Tengo entendido que has entrenado duro.
—Quería conseguir el trabajo.
—Supongo que Jack te habrá puesto al corriente de en qué consistirá.
—Sí.
—No sé si se me habrá olvidado algún detalle —dijo Jack.
—Ian, ¿te importaría resumírmelo? —preguntó Delaney.
—Iré a tu casa a las siete y media de la mañana.
Dejaré allí mi coche y cogeré el Mercedes, que es el que sueles usar normalmente.
Si algún día no tengo que ir o quieres que vaya a otra hora, me informarás el día anterior o a primera hora de la mañana.
Tu secretaria me dará cada día las citas que tendrás fuera de tu edificio, para que te espere en la entrada del mismo.
Y debo ser puntual para que no llegues tarde.
Cuando tengas alguna comida o cena de negocios, entraré contigo en el restaurante y me quedaré cerca de la puerta del reservado, porque siempre comes en reservados.
Cuando termines a última hora de la tarde, te llevaré a tu casa, guardaré tu coche en el garaje y me marcharé.
—Desde el momento que me dejes en casa estarás libre hasta el día siguiente. A no ser que mi mujer y yo vayamos a cenar o a alguna fiesta, entonces nos acompañarás.
—De acuerdo.
—¿Te ha hablado Jack de los viajes?
—Me ha dicho que viajas mucho y que tendré que acompañarte siempre. Y cuando estemos en otro país, seré tu sombra.
—También tendrás que acompañarme cuando vaya de acampada con mi familia y mis amigos; cuando vayamos todos a un rancho al que solemos ir; también a una isla a la que vamos una o dos veces al año; a una casa de uno de nuestros amigos que está en las montañas y solemos ir después de Navidad; Y a una casa que tengo en la playa y salimos a pescar con el barco.
—Jack me ha informado de ello. También me dijo que hace un tiempo intentaron matarte estando de acampada.
—Sí, por suerte no lo consiguieron. ¿Tienes algún problema en viajar?
—No.
—¿En trabajar algunos fines de semana?
—No.
—¿En no tener libres los días festivos como Navidad, final de año…
—No tengo familia. La única persona que considero mi familia es Jess, y resulta que es amiga vuestra y estará con vosotros. De manera que, estaré disponible siempre que me necesites.
—¿En qué época del año preferirías tener vacaciones?
—Te aseguro que trabajar para ti será más gratificante que estar sin hacer nada.
—¿Te ha hablado Jack del sueldo que recibirás?
—Sí.
—¿Estás de acuerdo?
—Creo que eres muy generoso.
—Mi vida va a depender de ti. Jack, ¿le has comentado algo sobre el apartamento?
—No.
—Te he comprado un apartamento. Vivirás en él y no tendrás que pagar alquiler ni ningún gasto relacionado con la vivienda. Si en tres años sigues trabajando para mí, el apartamento pasará a ser de tu propiedad. No tendrás que pagármelo, pero desde ese momento te harás cargo de todos los gastos.
—Vaya, eso no lo esperaba. Gracias.
—Aún no han pasado los tres años.
—Seguiré contigo en tres años, a no ser que muera protegiéndote.
—Espero que no suceda. Puedes mudarte cuando quieras, el piso no está amueblado, pero la cocina está completa. Jack puede encargarse de amueblarlo.
—No te preocupes por los muebles, yo me encargaré. Me mudaré cuanto antes, no quiero que el doctor Owens siga sufriendo.
Delaney y Nathan soltaron una carcajada.
—¿Tú también sabes que está loco por Jess?
—Los celos que siente porque viva en su casa lo demuestran.
—Está bien que sufra un poco. Bueno, pues creo que ya está todo dicho. ¿Tienes alguna pregunta?
—Creo que no. Solo quiero agradecerte que me hayas dado esta oportunidad. No te defraudaré.
—Sé que no lo harás. Y no olvides que cuando estemos solos o en mi casa o con mis amigos no tienes que hablarme de usted, ni dirigirte a mí como señor. Solo lo harás cuando estemos con gente desconocida.
—De acuerdo.
—Nathan tiene en su despacho toda la documentación que deberás firmar. Se ha ocupado de sacarte el pasaporte y el permiso de armas.
—Estupendo.
—Tendrás que abrir una cuenta en un banco para que te hagamos los ingresos del salario.
—Lo haré hoy mismo y le daré los datos del banco a Jack.
—Queda con él para que te acompañe a comprar la ropa y los complementos que necesites, ya te habrá dicho que tienes que ir con traje.
—Sí. Y también me ha dicho que puedo prescindir de la corbata.
—Sí, la corbata no será necesaria. Si yo pudiera también prescindiría de ella. Hemos pensado que podrías empezar a trabajar el día uno. Faltan nueve días. ¿Crees que serán suficientes para comprar todo lo que necesitas y mudarte a tu nueva casa?
—Lo serán. Muchas gracias por todo.
—Ahora tengo una reunión. Acompaña a Nathan para firmar la documentación y luego Jack te llevará adonde tengas que ir. Bienvenido a tu nuevo trabajo —dijo Delaney dándole la mano.
—Muchas gracias —dijo Ian estrechándosela fuertemente.
—Por cierto, Jack. No te necesitaré hasta última hora de la tarde —dijo Delaney.
—No olvides que hoy es el cumpleaños de Tess —le recordó el guardaespaldas.
—Lo sé.
—Aprovechando que no me necesitas, le enseñaré a Ian su nuevo piso y lo llevaré a comprar la ropa.
—Muy bien. Ian, te veo el día 1.
—Estaré en tu casa a las siete y media.
Esa noche todos los amigos fueron a casa de Delaney después del trabajo, porque era el cumpleaños de Tess, cumplía treinta y dos años.
Aparte del grupo de amigos, les acompañaban Jack y Cath, porque eran parte de la familia.
También asistió Josh, el encargado de la cafetería de la librería de Tess que, a través de los años se habían convertido en buenos amigos, y su novia Libby.
Jane, la dueña de la tienda de novias donde habían comprado el traje todas las mujeres del grupo, había ido acompañada de su marido.
También habían asistido Gabriel y Daniel, los dos amigos de universidad de Delaney y de Nathan, que los acompañaban en los cumpleaños siempre que sus trabajos se lo permitían.
Ninguno de los dos tenía pareja y se centraron en Jess, acaparándola durante toda la velada, cosa que no hizo muy feliz a Ryan.
Fue una cena muy divertida. Jess se sentía feliz de pertenecer a ese grupo de amigos que, desde que los había conocido, solo le habían aportado cosas buenas.
Al terminar de cenar Tess apago las velas, después de pedir un deseo. Comieron la tarta y tomaron unas copas de champán. Y luego llegó el momento de los regalos. Para sorpresa de Jess, todos, incluido Delaney le regalaron cosas sencillas.
Poco después habían retirado la gran mesa y las sillas a un lado, dejando un espacio en el centro del comedor. Habían puesto en la mesa un mantel limpio y colocado sobre él bebidas, vasos y una cubitera con hielo.
Jess se dio cuenta de que habían improvisado una pista de baile y se preocupó. Sabía bailar, porque había practicado durante años en la soledad de su casa, y sabía que no lo hacía mal, pero nunca había bailado con un hombre.
—Hora de bailar —dijo Tess encendiendo el equipo de música y cogiendo a su marido de la mano para llevarlo hasta el centro de la pista de baile.
Jess miraba embobada a sus amigos. Tess bailaba bien, pero no había esperado que Delaney lo hiciera tan bien.
—Espero que toda la música sea movida y no haya que hacerlo en pareja, porque yo no he bailado nunca con un hombre —le susurró Jess a Lauren, que estaba a su lado. Aunque Ryan la escuchó.
—No te preocupes —dijo Lauren—. Atención todo el mundo. Esta noche no se bailará en pareja, cada uno lo hará a su aire.
Jess sonrió agradecida. Sin duda, su grupo de amigos se preocupaban los unos de los otros.
Poco después, Jess bailaba junto a sus amigos bajo la atenta mirada de Ryan.
A las once de la noche dieron la fiesta por terminada, porque al día siguiente todos tenían que trabajar.
Jess entró en su casa a las once y media de la noche. Ian estaba sentado en el sofá viendo una película. Tan pronto la vio entrar pulsó el botón de pausa y miró a su amiga.
—Hola.
—Hola, Jess. ¿Qué tal el cumpleaños?
—Ha sido genial. La cena fantástica y la tarta exquisita. Por cierto, Cath me ha dado un trozo para ti.
—¿Quién es Cath?
—El ama de llaves de Stanford. Aunque la tratan como si fuera de la familia. De todas formas, es quien organiza todo en casa de tu jefe.
—Qué bien suena eso de mi jefe.
—Sí que suena bien.