Capítulo 21 #3
—Gracias. Menos mal que no tenías mucha hambre —dijo Ryan cuando la chica se alejó.
—¿Te molesta que coma?
—Por supuesto que no.
—Supongo que las mujeres con las que sales no comen como yo.
—Desde luego que no.
—Tranquilo, pagaré mi parte. De todas formas, te debo una cena, así que pagaré yo.
—Ya me invitarás otro día, y no en una hamburguesería.
—No hay problema. Las hamburguesas estarán buenas, pero la camarera es una antipática.
—A mí me ha parecido simpática.
—Contigo lo ha sido, a mí simplemente me ha ignorado. Desde luego no es lesbiana.
Ryan se rio.
—¿Estás celosa?
—No.
Poco después la camarera regresó y dejó frente a ellos los platos humeantes.
—Gracias —dijo Jess.
Por supuesto, la chica solo lo miró a él, sonriéndole.
—Estúpida —dijo Jess en un susurro.
Ryan evitó no sonreír, porque la había oído.
—¿Crees que algún médico diría que esta comida es saludable? —preguntó Jess, levantando la parte superior del pan de su hamburguesa para ponerle ketchup y mostaza.
—Alguno habrá.
—Perdona, tengo que enviarle a Ian un mensaje para decirle que no cenaré en casa.
—Adelante, no hay problema.
Después de escribir el mensaje y enviarlo, guardó el móvil en el bolso.
—¿Tienes ya toda tu casa amueblada? —preguntó Jess.
—No. Faltan algunos muebles y detalles, pero no son esenciales. Poco a poco los iré comprando —dijo él mientras cogía dos patatas fritas del plato de ella y se las comía.
—¿Por qué compraste una casa tan grande?
—Me estoy haciendo mayor y pensé en el futuro. En algún momento tendré que casarme y tener hijos.
—Claro.
Ryan la contempló comer. Después de cada bocado que le daba a la hamburguesa elevaba la vista hacia él y le sonreía.
Ryan pensaba que sería en agradecimiento por haberla llevado a comer esa deliciosa hamburguesa, o por la satisfacción de estar comiéndosela.
Se sentía feliz solo por verla comer y sobre todo, por estar a su lado.
—No entiendo por qué no has pedido patatas fritas, porque te estás comiendo las mías. Me has cogido casi la mitad.
—Lo siento, no me he dado cuenta.
—¿Y te ha pasado lo mismo con las croquetas? ¿Tampoco te has dado cuenta que te las estabas comiendo?
Ryan le dedicó una seductora sonrisa, que hizo que ella volviera a ruborizarse.
Poco después salieron a la calle.
—Estoy como una bola —dijo Jess.
Ryan se rio por la expresión.
—Ahora me alegro de que te comieras la mitad de mis patatas y mis croquetas, de lo contrario habría ido a casa rodando.
—Eres muy graciosa.
—Gracias. A pesar de sentirme hinchada, la hamburguesa estaba riquísima. Gracias por invitarme.
—Ha sido un placer. Cuando quieras repetir solo tienes que decírmelo.
—Lo haré.
—Dame las llaves, yo conduciré hasta mi casa —dijo él cuando llegaron al coche.
—De acuerdo.
Subieron al vehículo y se pusieron en marcha.
—¿Cómo te va con tu compañero de piso?
—Genial. Es un hombre fantástico.
—Eso he oído decir.
—El día 21 tiene que ir al despacho de Delaney para hablar del trabajo. Aunque Jack ya le ha puesto al día de en qué consistirá.
—Entonces, ¿Delaney lo contratará?
—Por supuesto que lo hará.
—Pareces muy segura.
—Ian se ha esforzado muchísimo durante más de dos meses entrenando y leyendo sobre guardaespaldas. Me habla tanto de ello que yo misma sé en qué consistirá su trabajo. Merece ese puesto más que nadie.
—Si tú lo dices…
—He notado que no te cae muy bien, pero te aseguro que es un buen hombre.
—No lo dudo. Y nunca he dicho que me caiga mal.
—No hace falta que lo digas, se te nota. Incluso Ian me lo dijo. Aunque también me dijo que no tenía nada que ver con él, que lo único que sucedía era que estabas celoso.
—¿Celoso?
—Sí, celoso de él. Dijo que no te gustaba que viviera conmigo.
—Menuda tontería. Ese hombre es un engreído.
—Mira quién habló.
—Lo que pasa es que eres parte de nuestro grupo y sabes que nos preocupamos los unos por los otros. Ian era un desconocido y no me gustaba que viviera en tu casa.
—Pensabas que era un asesino en serie.
—Puede que me pasara un poco —dijo sonriendo.
—Un poco bastante. Ninguno de nuestros amigos se preocupó porque viviera conmigo. Y Jack tampoco. De todas formas, Jack le dijo que si Delaney lo aprobaba y conseguía el trabajo, rápidamente le darían una vivienda. Parece ser que ya la tienen preparada.
Ya era hora, pensó Ryan.
Cuando llegaron a la propiedad, Ryan paró el coche frente a la puerta y bajaron los dos.
Jess rodeó el vehículo para ir a la puerta del conductor.
—Gracias por la cena.
—De nada. Lo he pasado bien contigo.
—Yo también.
Jess deseaba que la besara, y sí, la besó… con un delicado beso en la mejilla.
—Buenas noches, que descanses —dijo él.
—Buenas noches.
Ella subió al coche y Ryan le cerró la puerta. Jess hizo marcha atrás, luego puso la primera y se alejó.
Ryan entró en la propiedad. Le habría gustado besarla, pero tenía su orgullo. Y seguía pensando que era ella quien tenía que dar el primer paso.
Cuando Jess llegó a casa Ian estaba preparándose algo para cenar.
—Hola.
—Hola, Jess.
—¿Has cenado con tus amigos?
—No, he cenado con Ryan.
—Vaya, eso sí es una buena noticia. ¿Cómo ha sido invitarte?
Jess le contó todo lo que habían hecho y hablado.
—No has mencionado que hayas hablado con él de tus sentimientos.
—No le he dicho nada al respecto.
—Es posible que nunca más se te presente una oportunidad como la que has tenido.
—Seguramente no.
—¿Por qué no se lo has dicho o, al menos se lo has insinuado?
—Porque me he dado cuenta de que él no siente nada por mí.
—¿Estás segura de eso?
—Por supuesto que estoy segura. Se ha portado como un amigo. Y se ha despedido con un beso en la mejilla.
—¿Habrías preferido que te besara?
—¡Sí!
—En ese caso, tenías que haberlo besado tú.
—No puedo hacer algo así, me moriría de vergüenza.
—Cariño. Él no te va a decir de nuevo que le interesas, o que le gustas, o que quiere salir contigo. Después de lo que le dijiste, eres tú quien tiene que dar el siguiente paso.
—Él no siente nada por mí. Si le hablo de mis sentimientos me rechazará y me sentiré avergonzada.
—Cabe esa posibilidad. Pero, al menos, sabrás si siente algo por ti.