Capítulo 21 #2
—No he quedado con nadie.
—¿Y qué vas a hacer en llegar a casa?
—Prepararé la cena y veré alguna película. ¿Y tú?
—Redactaré el informe que he mencionado. Luego prepararé la cena y cenaremos cuando Ian vuelva a casa.
—¿Dónde está?
—Los sábados por la tarde, aprovechando que el grupo de amigos está en una de vuestras casas, Jack lo acompaña al gimnasio.
—¿Cómo lleva el entrenamiento?
—Está un poco harto, porque Jack es muy estricto. Pero, por otra parte, contento.
—¿A qué gimnasio va?
—Al que tiene Delaney en su edificio.
—Hablando de edificios, ¿dónde está el que habéis comprado?
—No está lejos de aquí. ¿Quieres verlo?
—Sí. A no ser que tengas prisa.
—No tengo prisa —dijo Jess.
—¿Te reunirás con nosotros el próximo sábado o te excusarás con cualquier cosa?
—Yo no tengo que excusarme para no ir. Me gusta pasar el día con todos vosotros. Es lo mejor de la semana.
—Tengo entendido que fuiste a un congreso en Boston.
—Sí.
—¿Has aprendido diferentes formas de descuartizar un cuerpo?
Jess soltó una carcajada y a Ryan le encantó verla reír.
—Sé muchas maneras de hacer ese trabajo. Pero no, el congreso era sobre nuevas técnicas de investigación de las pruebas. Fue muy interesante.
—No lo dudo.
—Hoy te estás portando bien conmigo, como si te cayera bien.
—Nunca he dicho que me cayeras mal.
Estuvieron un rato sin hablar, pero no se les hizo incómodo.
—Ya hemos llegado. Es ese edificio —dijo ella parando el coche.
—Tiene un aspecto deplorable.
—Es cierto —reconoció ella dedicándole una preciosa sonrisa—. He venido un par de veces a verlo, pero no he entrado el coche al garaje, porque me daba miedo, como está abandonado… Pero ahora no voy sola y aquí es imposible aparcar. ¿Te importa sacar el mando de la guantera y abrir la puerta?
Ryan lo hizo y pulsó la tecla para abrir. Jess entró en el sótano y esperó unos metros más adelante a que la puerta se cerrara.
—Es muy grande.
—Sí, según Sean hay veintiocho plazas, pero dice que hará el plano del sótano y lo estudiará para que cada apartamento tenga dos plazas y dos más para los dos locales.
—Eso aumentará el precio de la vivienda.
—Eso dice él.
Jess paró el coche junto a la puerta de acceso al edificio.
—Da miedo estar aquí. Está todo tan oscuro.
—¿Hay luz en el edificio?
—Sí.
—No apagues las luces del coche, hay un interruptor junto a la puerta y será el de las luces del sótano —dijo él bajando del coche.
—Vale.
Ryan pulsó el interruptor y todo se iluminó, excepto algunas zonas en que las luces estaban fundidas. Jess bajó del vehículo y cerró las puertas con el mando.
—Seguramente habrá un interruptor a la entrada para encender las luces, pero no lo hemos visto. Sean se encargará que las luces se enciendan de manera automática cuando entre un vehículo.
Se acercaron a la puerta de acceso a las plantas superiores. Jess sacó un llavero con unas cuantas llaves. Separó la que buscaba y abrió la puerta.
—Sean me dijo que nunca subiera en el ascensor, sobre todo si iba sola. Y, aunque vaya contigo, no creo que debamos arriesgarnos.
—Estoy de acuerdo. Sería una tragedia si nos quedáramos encerrados en él…
Jess lo miró y lo vio sonriendo, pero no dijo nada.
—Solo subiremos al primer piso, porque todas las plantas son iguales.
—Vale. ¿Cuándo empezaréis la reforma?
—A mediados del mes que viene. Tienen que solicitar algunos permisos, y mientras Sean hará los planos.
—La entrada es muy amplia —dijo Ryan cuando llegaron a la planta baja.
—Sean va a ver si hay espacio para poner dos ascensores.
—Eso estaría bien.
—Subamos a la primera planta.
Ryan no pudo apartar la mirada de su trasero y del balanceo de sus caderas. Esos vaqueros le sentaban de muerte.
—No te asustes, ¿eh? El exterior está mucho mejor que el interior.
—¡Santa madre de Dios! —bromeó él simulando estar aterrorizado. Eso hizo que ella le sonriera.
—Tienes que ser positivo —dijo deteniéndose en la primera puerta, cuya madera estaba carcomida por algunas zonas.
—Vale. ¿Eso es obra de las ratas o de la carcoma? —preguntó él.
—Vete a saber —respondió ella riendo mientras abría la puerta.
—¡Dios mío! ¡Qué horror! —exclamó él cuando entraron.
—Has dicho que serías positivo.
—Perdona.
El piso parecía pequeño porque había un recibidor diminuto, que se separaba del salón por una puerta.
Entraron al salón y luego al comedor, ambos estaban separados.
Luego fueron a la cocina que era pequeña, comparada con lo grande que era el piso.
Había un baño en el pasillo, los sanitarios estaban desconchados y amarillentos.
Y tres habitaciones. Todas las piezas de la casa daban al exterior.
—Hay muchísima luz, aunque ahora no lo parezca.
—Cuando Sean haga el plano, los apartamentos serán una maravilla.
—Eso dice Patrick.
—Me habría gustado hacer este negocio contigo.
Ella lo miró extrañada.
—Nunca me dijiste nada. Sabías el dinero que había cobrado de las propiedades de mis padres. Y escuchaste que mencioné que necesitaba ayuda para invertir el dinero.
—Lo sé.
—Si me hubieras dicho que estabas interesado en hacer algo conmigo, quiero decir, en hacer algún negocio juntos, habría aceptado.
Ryan sonrió, al ver que se había sonrojado al decir esa frase con doble sentido.
—Una lástima que no lo hiciera.
—De todas formas, no sé si hubiera sido buena idea.
—¿Por qué?
—No se puede decir que tú y yo nos llevemos muy bien que digamos. Aunque hoy las cosas han funcionado bien y, sinceramente, no sé la razón.
—Puede que ya no quiera estar enfadado contigo.
—¿Estabas enfadado conmigo? No me había dado cuenta.
—No hace falta que seas sarcástica. Siento si te he hecho sentir mal en algún momento.
—No te preocupes. Entiendo perfectamente lo que te ocurrió.
—¿Lo entiendes?
—Nuestras amigas me hablaron de todos vosotros cuando las conocí. Y me dejaron claro que eres un mujeriego. Y entiendo que siendo así, no te gustara nada que no aceptara salir contigo.
—No, no me gustó.
—Yo creo que lo que te ocurrió fue, que no estás acostumbrado a que una mujer te diga que no está interesada en ti. Sé que el orgullo de un hombre debe ser manejado con cuidado. Y yo no lo hice.
Ryan sonrió al escuchar sus palabras.
—Puede que tengas razón, porque era la primera vez que me sucedía.
—Menudo engreído estás hecho. Pero ya te dije que no soy mujer de aventuras.
—Sí, recuerdo que pensaste que yo quería tener una aventura contigo.
—¿Qué ibas a querer sino? Sean nos dijo a Patrick y a mí que iba a tirar todos estos tabiques y que iba a dejar un gran espacio abierto para el salón, la cocina y el comedor.
Como hay una ventana grande en las tres estancias, tendrá muchísima luz —dijo ella cambiando de tema, para no darle pie a que siguiera con el asunto.
—Sí, estará muchísimo mejor.
—En la habitación principal va a hacer un baño interior y un vestidor, porque la habitación de al lado es pequeña y ha pensado coger la mitad para vestidor y la otra mitad para hacer el baño del dormitorio.
—Esa es una buena idea.
—Se quedarán dos dormitorios bastante amplios. Y, por supuesto, cambiará todo el baño que hay en el pasillo. Quitará la bañera y pondrá una ducha moderna.
—Yo creo que estos pisos se venderán mucho más caros de lo que Sean ha mencionado.
—Posiblemente. Va a ser un buen negocio. Los otros dos apartamentos son similares, aunque la distribución es diferente, porque los del centro no hacen esquina.
—Entonces no hace falta que me los enseñes.
—De acuerdo. ¿Nos vamos?
—Sí.
Bajaron a la planta baja.
—Sean quiere poner las paredes del recibidor de mármol rosa y el suelo de madera oscura.
—Quedará elegante.
—Allí quiere poner el mostrador para el portero. Según él, al tener portero, los apartamentos se venderán más caros, porque dará seguridad.
—En eso tiene razón. Y no les importará pagar al portero, de todas formas, alguien que compra un apartamento de más de un millón, se supone que tiene dinero.
—Claro —dijo ella empezando a bajar la escalera del sótano.
—¿Te apetece ir a tomar algo?
—¿Te refieres a beber?
—O a comer. Podemos ir a cenar.
—Es que no tengo mucha hambre. Además, no voy vestida adecuadamente para ir a un restaurante.
—Podemos ir a comer una pizza o una hamburguesa.
—De acuerdo. Hace mucho tiempo que no como una hamburguesa y me apetece.
—Te llevaré a comer la mejor hamburguesa de tu vida.
—Estupendo.
—Dame las llaves, conduciré yo, es un poco complicado llegar hasta allí.
Ella se las dio y unos minutos más tarde se unían al tráfico.
—Este local parece un poco cutre —susurró Jess cuando se sentaron en una de las mesas.
—Pero está limpio.
—Menos mal. No pareces la clase de hombre que venga a sitios como este.
Supongo que me has traído aquí, porque no soy como las mujeres con las que sales.
A ellas no se te ocurriría traerlas aquí, ¿verdad?
No, por supuesto que no. Aunque es una buena forma de quitártelas de encima, porque ninguna querría repetir.
—Supongo que lo que quieres decir es que no querrían volver a venir a este local y no a acostarse conmigo.
—Sí. Aunque yo sí repetiría, incluso aunque me trajeras a cenar aquí —dijo ella, arrepintiéndose de inmediato de haber pronunciado esas palabras.
Ryan se limitó a sonreír de forma seductora, lo que hizo que ella se sonrojara.
La camarera se acercó a la mesa.
—¿Qué van a tomar? —preguntó mirando solo a Ryan embelesada.
—Yo tomaré una hamburguesa —dijo Jess haciendo que la chica se volviera hacia ella—, con beicon, queso, cebolla, lechuga, tomate, pepinillos…
—Podía haberme dicho que la quería con todo —proclamó la chica de forma poco agradable.
—Pues eso, con todo. Además quiero una ración doble de patatas fritas.
—¿Algo más?
—Y también unas croquetas de jamón. Y una botellita de agua sin gas. Eso es todo.
—Y usted señor, ¿qué desea tomar?
—Una hamburguesa con queso y cebolla. Supongo que la cebolla es a la plancha.
—Sí.
—Estupendo.
—¿Quiere patatas fritas?
—No, gracias.
—¿Algo más?
—Una cerveza.
—Solo tenemos cañas, de barril.
—Está bien.
—Enseguida les traigo su pedido.