Tan irresistible como Stanford Capítulo 20 #2
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Capítulo 20 #2

—Menuda sorpresa me he llevado. No me esperaba para nada que Ian fuera así —reconoció Tess.

—¿Así cómo? —preguntó su marido.

—Tan atractivo.

—Ya os dije que era guapo —mencionó Lauren.

—Desde luego que lo es —añadió Ellie.

—Ese hombre estará siendo una tentación para Jess teniéndolo en su casa —dijo Kate.

—Puede que Jess se enamore de él. Esa chica está necesitada de cariño, y parece que ese hombre es cariñoso —manifestó Abby.

—Parece que no hayáis visto a un hombre en la vida —dijo Ryan molesto por lo que estaban diciendo sus amigas.

Ryan se acercó a la ventana desde donde se veía el coche de Ian. Él y Jess estaban hablando junto al vehículo. Jess estaba de espaldas, pero Ian había visto a Ryan en la ventana.

Todos los amigos se miraron con una sonrisa en los labios.

—¿Sabes, Jess? Te dije que pensaba que Ryan sentía algo por ti. Ahora, no solo lo pienso. Estoy completamente seguro.

—¿Por qué? No he visto que haya pasado nada en el salón.

—No hacía falta que pasara nada, simplemente con ver cómo te mira es más que suficiente.

Y ahora está mirando por la ventana. No te vuelvas —dijo él sujetándole el rostro al ver que ella tenía la intención de mirar hacia atrás—.

Está esperando a ver cómo nos despedimos.

Así que vamos a darle más motivos para que se sienta celoso.

Ian le puso la mano en la espalda, acercó el rostro al de ella y la besó en la comisura de los labios. Luego se apartó, abrió la puerta del coche y subió.

—¿Quieres que venga a recogerte?

—Supongo que me podrá acercar alguien a casa.

—Si cambias de idea, solo tienes que llamarme.

—Vale. Espero que pases un buen día.

—Sí, seguro que voy a tener un día fantástico.

—No te quejes, todo el esfuerzo que estás haciendo se verá recompensado pronto.

—Eso espero.

—¿Qué te han parecido mis amigos?

—Todas las mujeres son guapísimas y muy simpáticas.

—Es cierto.

—Y los hombres me han caído bien.

—¿Incluido Delaney?

—Sí. Ya veremos cuando sea mi jefe.

—Incluso cuando sea tu jefe seguirá cayéndote bien.

—Espero que tengas razón. Tendré la cena preparada cuando vuelvas a casa.

—Gracias. Te veo luego.

Jess entró en el salón. Sus amigos no quisieron poner más leña en el fuego, porque veían que Ryan no estaba bien. Solo Kate hizo un simple comentario diciendo que Ian parecía un buen hombre.

Poco después estaban hablando en el salón. A Jess le hacía gracia que todos tuvieran algo que opinar sobre cualquier cosa que comentara alguno de ellos. Fuera lo que fuese. Y se dio cuenta de que ella hacía lo mismo.

—Delaney, ¿has pensado en qué invertir mi dinero?

—Aún no. Nathan y yo estamos barajando varias opciones. Hemos pensado que podrías comprar varios apartamentos para alquilarlos.

—Teniendo en cuenta que tienes un trabajo a tiempo completo, tendrías que buscar a alguien que te llevara el negocio: que se ocupara de alquilar los pisos, de los arreglos que hubiera que hacer en ellos, asegurarse de que pagaban el alquiler...

, todas esas cosas. Y todos los meses cobrarías una buena cantidad —mencionó Nathan.

—¿Cuántos apartamentos creéis que podría comprar?

—Si no recuerdo mal, tienes ocho millones largos —dijo Delaney.

—Más los intereses que habrán abonado desde que depositamos el dinero en el banco —añadió Nathan.

—¿Tú qué opinas, Sean? —preguntó Delaney a su hermano ya que era arquitecto.

En ese momento entraron los padres de Delaney. Después de saludarlos a todos, Delaney los puso al corriente del tema que estaban tratando.

—Nuestro padre es la persona más adecuada para contestar a la pregunta —dijo Sean—.

—¿Cuánto te han costado los apartamentos que tienes alquilados?

—No hace falta que sea una cantidad exacta. Danos un número aproximado —mencionó Delaney a su padre.

—Depende. Los más baratos un cuarto de millón, aunque son pequeños estudios. Ya sabéis que todos nuestros apartamentos son muy céntricos.

—¿Y se alquilan bien? —preguntó Jess.

—Tenemos lista de espera. Y no creáis que los alquilamos baratos. Pero cualquier piso que esté céntrico te lo quitan de las manos.

—También sería un buen negocio comprar pisos o casas que estén en malas condiciones y se puedan conseguir baratas y reformarlas —dijo Sean.

—Pero para eso tendría que dedicarle tiempo, y yo no lo tengo —dijo Jess.

—Podrías contratar a una empresa que se dedique a hacer reformas.

—Tú te dedicas a hacer reformas —dijo Delaney.

—Bueno, sí, tengo una cuadrilla que se encarga solo de las reformas, pero no damos abasto.

De todas formas, hay muchas empresas que se dedican exclusivamente a ello.

Os aseguro que se gana mucho dinero. La última propiedad que compré estaba en muy mal estado.

Pagué por ella poco menos de medio millón.

Toda la reforma me costó, casi trescientos mil dólares.

Y la vendí por dos millones trescientas mil dólares.

La reforma me costó bastante, pero es porque yo siempre utilizo materiales de primera calidad.

—Visto así, ese negocio es mucho mejor que el de alquilar —dijo Patrick.

—Y te evitas problemas de tener que arreglar lo que se estropea en los pisos; de que algún inquilino no te pague y tengas que llevarlo a juicio; de tener que acondicionar los apartamentos antes de volver a alquilarlos, de hacer algún arreglo o cambiar muebles o electrodomésticos…

Además hay que pagar a una persona para que se encargue de todo.

—Jess, ¿te gustaría hacer negocios conmigo? —preguntó Patrick.

—¿Te refieres a hacer lo que ha mencionado Sean?

—Sí. Iríamos a medias. Ni tú ni yo vamos a trabajar en ello. Como ha dicho Sean, buscaremos una empresa que se dedique a hacer reformas y que trabaje bien.

—Conozco a dos que trabajan muy bien —dijo Sean.

—Estupendo. Y todos conocemos a una agente inmobiliaria que estará encantada de buscarnos propiedades y, sobre todo, venderlas después de restaurarlas.

—¿Qué opinas? —preguntó Jess mirando a Delaney.

—Mi padre es el mejor socio que podrías encontrar.

—Entonces, acepto —dijo Jess mirando a Patrick y sonriéndole.

—Genial. Nathan puede encargarse de hacer el contrato de la sociedad. Cuando lo tenga preparado nos reuniremos para firmarlo. ¿Te parece bien?

—Sí.

—Dame la mano para cerrar el negocio

Ambos se levantaron y se estrecharon la mano. Luego Jess lo abrazó.

—No puedo creerme que vaya a ser socia de un Stanford —dijo Jess sonriendo—. Quien me ha visto y quien me ve.

Todos la felicitaron.

—Os avisaré cuando me ofrezcan alguna propiedad que merezca la pena. Y llamaré a Cathy, la agente inmobiliaria para que me avise cuando haya un edificio para vender —dijo Sean.

—Estupendo. Nathan ponte con el papeleo cuanto antes.

—Lo haré.

Ryan y Jess no se vieron durante varios sábados.

El primero, el 8 de marzo, Ryan estaba fuera de la ciudad.

Jess acudió a la cita con sus amigos, pero ninguno mencionó a Ryan, excepto para que todos supieran que había ido a pasar el fin de semana a Seattle para ver a Jules.

La semana siguiente Jess tuvo que trabajar. Pero Ryan se reunió con ellos.

—¿Qué tal está Jules? —preguntó Carter a Ryan mientras comían.

—Creo que está... bien.

—No parece que estés muy convencido de ello —dijo Logan.

—No me preguntéis, porque no lo sé, pero como os dije, tengo la impresión de que ese tal Richard no es el hombre adecuado para él.

—Jules también debería volver a Nueva York y olvidarse de ese hombre —dijo Delaney.

—Eso estaría bien. No ha visto a sus padres desde que se marchó. Cuando vaya a Boston les haré una visita para ver si averiguo algo.

—Buena idea.

Pasaron dos semanas, era el último sábado del mes de marzo y Ryan y Jess seguían sin verse. El sábado anterior Ryan estuvo de guardia.

Ryan había esperado ver a Jess ese sábado, y cuando le dijeron que ella no vendría porque estaba en Boston en un congreso, se le cayó el alma a los pies. Llevaban cuatro semanas sin verse.

Ryan se paraba a pensar en Jess muy a menudo, a pesar de estar rodeado de sus amigos y los niños.

Le fastidiaba que cada vez que la había visto, ella se portara como si él no le importara, como si fuera uno más del grupo.

Porque estaba seguro de que a ella le gustaba. O al menos antes le gustaba, se dijo.

No podía soportar que siempre estuviera contenta, riendo o haciendo planes de futuro, sin contar con él.

Pero le fastidiaba mucho más no verla. Pasaba los días mirando el reloj, porque quería que los días se terminaran para que llegara pronto el sábado para poder verla y hablar con ella, aunque solo fueran cuatro palabras.

Aunque no mantuvieran una conversación solo entre ellos, porque estaba claro que había cierta tirantez entre los dos.

Pero le gustaba escucharla hablar cuando contaba alguna cosa; le fascinaba la manera que tenía de explicarse; le encantaba ver el brillo de sus ojos y escuchar su risa.

—Parece que Jess y tú os hayáis puesto de acuerdo para no encontraros —dijo Tess a Ryan.

—Es cierto. ¿Cuánto tiempo hace que no coincidís? —preguntó Ellie.

—Cuatro semanas.

—Eso es mucho tiempo —dijo Kate.

—Dímelo a mí. Pensé que podría olvidarme de ella y que lo que siento se me pasaría.

—Ya te dijimos que cuando uno se enamora ya no puede dar marcha atrás —mencionó Delaney.

—Pues vaya mierda. Me encuentro tan desbordado por lo que siento, que a veces no me movería de casa y me quedaría en la cama sin hacer absolutamente nada.

—Aunque ahora no te lo parezca, el sufrimiento puede ser bueno. Puede ayudarte a poner las cosas en perspectiva y a saber lo que realmente quieres.

—Patrick, ya sé lo que quiero. Esa mujer entró en mi vida poniéndola patas arriba, y parece ser que piensa quedarse en ella.

Todos se rieron.

—No sé por qué os hace tanta gracia.

—Parece que has olvidado cómo te reías de nosotros cuando nos enamoramos de nuestras mujeres —expuso Logan.

—Ahora estás experimentándolo por ti mismo —dijo Nathan.

—Siento haberme burlado de vosotros.

—No te preocupes, todo se arreglará —aseguró Sean.

—¿Sigues saliendo con la pediatra esa de Atlanta? —preguntó Tess.