Tan irresistible como Stanford Capítulo 19 #3
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Capítulo 19 #3

—Ian se está esforzando muchísimo —mencionó Jess—. Sale todos los días a correr temprano, va al gimnasio por la mañana, por la tarde va a practicar con el arma y por la noche vuelve a ir al gimnasio con Jack. Él lo está entrenando.

—Jack me ha dicho que es un hombre fantástico —dijo Delaney—. Le he comprado un coche. Fueron a comprarlo juntos. Me gustó que Ian eligiera un simple utilitario. Eso demuestra que no quiere aprovecharse de mí.

—Ian nunca se aprovecharía de ti, ni de nadie —lo defendió Jess.

—Según Jack, se está esforzando mucho.

—¿Le estás pagando ya? —preguntó Carter.

—En realidad no.

—Pero acabas de decir que le has comprado el coche —insistió Logan.

—Además del coche, Delaney le ha dado un montón de dinero para que se compre lo que necesite de ropa hasta que empiece a trabajar para él —dijo Jess.

—¿Le has alquilado también un apartamento? —preguntó Ryan.

—No. Jess le dijo a Jack que no le molestaba que siguiera viviendo con ella. Al fin y al cabo solo serán unos meses, lo que dure su entrenamiento —respondió Delaney.

—¡¿Unos meses?! —se sorprendió diciendo Ryan.

Delaney tenía ganas de reírse al ver la expresión en el rostro de su amigo.

—Me gusta que viva conmigo —dijo Jess.

—Ese hombre es un desconocido. Eres muy confiada —la contradijo Ryan.

—Será un desconocido para ti. Yo lo conozco desde hace tiempo.

Ryan la miró con cara de pocos amigos. Jess no se dio cuenta, pero sus amigos sí.

—Háblanos sobre su estancia aquí —propuso Tess.

—Seguro que es excitante tener viviendo en casa a un hombre guapo —añadió Ellie.

—Y puedo aseguraros que no es solo guapo, es muy guapo —dijo Lauren.

—El otro día lo acompañé a comprar la ropa que necesitaba y lo pasé genial. Nunca me había divertido tanto yendo de compras.

Ahora fue Ryan quien se levantó de su hamaca y se acercó a la piscina para lanzarse de cabeza al agua.

Estaba muy cabreado. Con esa actitud, lo único que consiguió fue que todos sus amigos, excepto Jess, se convencieran de que seguía enamorado.

A pesar de que les hubiera dicho que ya no estaba interesado en ella.

—Tenías que haberlo traído para que lo conociéramos —dijo Kate.

—Lo pensé, y se lo dije, pero creo que le intimida un poco Delaney.

—No me conoce —manifestó Stanford.

—Le hablé de ti y estuvo informándose sobre tus logros. Cuando volvió a verme me dijo: ¡Santa madre de Dios! —dijo Jess sonriendo—. Es normal que se sienta intimidado.

—A ti nunca te he intimidado —mencionó mirándola.

—Delaney, yo estoy acostumbrada a solucionar los problemas que causan los asesinos en serie, y me paso el día entre cadáveres. ¿Crees que va a intimidarme un hombre porque tenga un par de aviones y unos cuantos hoteles?

Todos se rieron a la vez.

—Pero, he de decir que, aunque no me intimides, me encanta que seas amigo mío.

—Y a mí me gusta que seas mi amiga, a pesar de ser una tímida descarada.

—Yo no soy descarada.

—Sí lo eres, al menos conmigo.

—En cuanto a lo de tímida, reconozco que lo soy.

—Cielo, creo que siempre has pensado que eras tímida, pero no lo eres —dijo Sean.

—Habláis de mí como si me conocierais de toda la vida y, en realidad, no me conocéis.

—Por supuesto que te conocemos. Te pareces demasiado a nuestras mujeres —indicó Carter.

—Eso no me disgusta. Me han hablado de vuestras historias de amor y me parecen muy románticas.

—Tú también tuviste un interesante comienzo de una historia de amor con uno del grupo, aunque no terminó como la nuestra —dijo Nathan.

Jess miró a Ryan, que no los escuchaba porque seguía en la piscina, solo fue un segundo, pero suficiente para que se ruborizara al recordar cómo se conocieron.

—Sí, es cierto. Aunque si el destino ha decidido que mi historia no siga adelante sus razones tendrá.

—No confíes mucho en los caminos que sigue el destino, porque a veces inventa formas perversas para llegar al final. Y te lo digo por lo que tuve que pasar yo —mencionó Ellie.

—Yo estoy totalmente de acuerdo con ella. Mi vida también fue un infierno, hasta que conocí a Nathan —dijo Lauren.

—Cuando lo conociste tu vida siguió siendo un infierno —se burló Tess.

—Es cierto, Nathan te hacía la vida imposible —dijo Logan.

—Tenéis razón. Pero me encantaba contestarle cuando se metía conmigo, o me decía alguna cosa con desprecio. Aunque he de admitir, que en alguna ocasión tuve ganas de pegarle un buen mamporro en la cabeza —reconoció Lauren.

—Es posible que el destino haya puesto en tu camino a Ian y te tenga algo preparado con él —dijo Kate—. Recordad lo que me pasó a mí con Logan. Me enamoré locamente de él, y era sacerdote.

—Sí, es posible que el destino lo haya puesto en su camino —manifestó Ryan sentándose en su hamaca—. Tal vez sea un asesino en serie y sea ella quien se encuentre en el depósito forense, pero cubierta con una sábana, esperando que uno de sus compañeros descubra de qué murió.

—¿En serio piensas que Ian es un asesino en serie? —preguntó Jess no muy contenta.

—No lo conocemos de nada. Podría ser cualquier cosa.

—Ian es un hombre dulce, tierno, amable y muy servicial —protestó Jess.

—Los vecinos de los asesinos en serie dicen lo mismo de ellos —añadió Abby sonriendo.

—Abby es detective y sabe de lo que habla.

—Quien no sabe de lo que habla eres tú —dijo Jess molesta.

—Y tú estás pensando en darle trabajo cuidando de tu familia, estás haciendo que lo entrenen y además, que practique con armas de fuego —dijo Ryan a Delaney.

—Yo confío en el instinto de Jack. Él dice que es una buena persona. Y sabes que pocas veces se equivoca.

—Siempre hay una primera vez para todo.

—¿Pero a ti qué te pasa? ¿Qué te ha hecho ese hombre para que pienses así de él y te caiga tan mal? —le preguntó Jess.

—No me ha hecho nada… de momento.

Delaney disfrutó del espectáculo que estaba dando su amigo. Un amigo que nunca había pensado mal de los demás. Pero claro, la cosa había cambiado, porque Ian vivía con Jess y eso no lo soportaba.

—Jess, la próxima vez que nos reunamos trae a Ian para que lo conozcamos. No hace falta que se quede a pasar el día con nosotros, solo queremos verlo para tener una primera impresión de él —dijo Delaney.

—De acuerdo, le diré que me traiga y os lo presentaré. Luego volverá a casa.

—A casa —repitió Ryan—. Tu casa no es su casa.

—La casa de uno es donde vive, y él vive en mi casa. De manera que es y será su casa durante todo el tiempo que permanezca en ella. Empiezo a pensar que lo que te molesta es que viva conmigo.

—¿Por qué iba a molestarme eso?

—Eso mismo me pregunto yo. Princesa, ¿quieres bañarte en la piscina grande? —le preguntó Jess a Brianna.

—¡Sí! —dijo la pequeña, que se estaba bañando con sus hermanos y primos en la piscina pequeña, porque tenía prohibido bañarse sola en la grande, a pesar de que nadaba como un pez.