Capítulo 19 #2
—Le ayudaré a que encuentre un apartamento rápidamente.
—En cuanto a eso… No lo hagas, prefiero que siga viviendo con Jess. Creo que a Ryan no le gusta la idea.
—De acuerdo —dijo Jack sonriendo—. Hablaré con él y te informaré.
—Vale.
Jack llamó a Ian el lunes a última hora de la tarde para preguntarle si podrían verse esa noche. Y él aceptó.
Jack llegó a casa de Jess a las ocho y media de la noche, después de que dejara a Delaney en su casa.
—Hola, Jack —dijo Jess cuando abrió la puerta y besándolo en la mejilla.
—Hola, Jess. No te importa que haya venido a hablar con Ian, ¿verdad?
—¿Por qué iba a importarme? Pasa. Estoy preparando la cena, ¿te quedas a cenar?
—No quisiera molestar.
—No es ninguna molestia.
—Entonces, acepto.
—Ian, Jack ha llegado.
El exmilitar apareció en la cocina. Ambos se dieron la mano.
—¿Quieres que hablemos en mi habitación?
—No hace falta. Podemos hablar delante de Jess, de todas formas se enterará de lo que hablemos tan pronto vea a sus amigos.
—Está bien, en ese caso, hablaremos aquí. Siéntate, por favor.
Los dos hombres se sentaron en la mesa de la cocina. Jess sacó dos cervezas frías de la nevera y se las puso delante con unas patatas fritas y unos trocitos de queso.
—Gracias —dijeron los dos al mismo tiempo.
—De nada.
—¿Hablaste con los de la empresa de seguridad?
—No. Pero hablé con mi jefe.
—¿Ha decidido contratarme él?
—Lo ha dejado en mis manos.
—¿Tú vas a contratarme?
—Te explicaré cual sería tu trabajo y serás tú quien decida si quieres aceptarlo o no.
—De acuerdo. Te escucho.
—Ya sabes que soy el guardaespaldas de Delaney y su chófer.
—Sí.
—Pero además, tengo que cuidar de su mujer y de los niños, que son tres.
—Eso no lo sabía.
—Ya tengo cierta edad y me siento capacitado para cuidar de su familia, pero no de él.
—¿Vas a dejar el trabajo? —preguntó Jess.
—Por supuesto que no. Delaney viaja mucho, se pasa fuera quince días de cada mes.
Además entra y sale del trabajo muchas veces y tengo que acompañarlo a todas partes, y eso ya es demasiado para mí.
Le he dicho que quiero encargarme de cuidar de su familia, pero que tú podrías ocupar mi puesto siendo su guardaespaldas personal y su chófer. ¿Qué piensas de eso?
—Sería un honor realizar ese trabajo.
—Supongo que sabes en que consiste ser guardaespaldas.
—Lo sé. Y estoy muy interesado en el puesto. Pero sé que en estos momentos no estoy capacitado para desempeñar un trabajo de esa responsabilidad.
—Estoy de acuerdo contigo. Necesitas entrenamiento. Has sido militar y no te será difícil volver a tener una rutina, y tampoco tendrás miedo al trabajo duro.
—No, no tengo miedo. Y te aseguro que me esforzaré al máximo.
—Yo voy a encargarme de prepararte.
—Te lo agradezco.
—Lo primero que necesitas es un vehículo. Jess, tienes dos plazas de aparcamiento en el sótano, ¿verdad?
—Sí.
—Jack, ahora no dispongo de dinero.
—Yo te voy a proporcionar uno. O mejor dicho, mi jefe, porque él se hará cargo de todo lo que necesites.
—¿Tu jefe?
—Sí, Stanford es muy considerado y paga muy bien.
—De acuerdo. En cuanto a eso que has mencionado que necesito, ¿va incluido un apartamento de alquiler?
—Todavía no tienes el trabajo, tendrás que esperar un poco. Jess, ¿tienes problema en que Ian siga viviendo aquí durante un par de meses?
—Claro que no. Puede quedarse todo el tiempo que necesite.
—Estupendo. Como me has dicho que eres experto en motores, me acompañarás a comprar el coche. Te llamaré cuando tenga un rato libre.
—Bien.
—Vamos a entrenar cada día, los siete días de la semana. Empezaremos con tu cuerpo, para que estés fuerte y al mismo tiempo practicaremos la lucha cuerpo a cuerpo.
—De acuerdo.
—Tendrá que ser por la noche, cuando deje a mi jefe en su casa. Iremos al gimnasio que hay en el edificio de Stanford.
—Vale.
—Pero tú podrás ir siempre que quieras durante el día.
—Bien.
—Te llamaré para que estés preparado y te recogeré aquí.
—De acuerdo.
—Sé que has venido sin mucho equipaje, así que esto es para que te compres lo que necesites de momento —dijo jack entregándole un sobre.
—Esto es mucho dinero —comentó Ian cuando vio el contenido.
—Necesitarás ropa informal, equipo para entrenarte, deportivos, ropa interior, pijamas, chándales. Además de las cosas de aseo, una bolsa para ir al gimnasio y dinero para que ayudes a Jess con los gastos de la casa, o por si necesitas tomarte un café o cualquier otra cosa cosa.
—Yo no necesito ayuda —dijo Jess.
—Lo sé. Pero Ian sí que necesita ayudarte.
—Gracias —expresó Ian.
—Deberás darme los recibos de todo lo que compres para ti.
—Está bien.
—Al mismo tiempo que estés entrenando, tendrás que ir a prácticas de tiro y podrás ir siempre que quieras.
—De acuerdo.
—Cuando crea que estás preparado para comenzar a trabajar, iremos a comprar ropa. Tu uniforme será un traje. Pero no un traje cualquiera, tendrá que ir acorde con la persona para la que trabajas.
—Será un cambio para mí.
—Tienes la opción de llevar corbata o no. A mí no me gusta llevar corbata y no suelo usarla.
—Yo tampoco la usaré.
—Compraremos todo lo que necesites. Y tu ropa deberá estar siempre impecable.
—No habrá problema.
—Y luego compraremos las armas. Serán a tu elección, con las que te sientas más cómodo.
—Vale.
—Y cuando lo tengamos todo listo, iremos a ver a mi jefe para que te conozca.
—Muy bien. ¿Cuánto tiempo crees que pasará hasta que lo conozca?
—Te daré dos meses para que estés listo. ¿Crees que será suficiente?
—Sí. Mañana empezaré a salir a correr, como hacía en el ejército.
—Buena idea. El 21 de abril es lunes —dijo Jack comprobando la fecha en el móvil—. Ese día iremos al despacho de mi jefe para que habléis.
—Estaré preparado.
Jess sirvió la pasta en los platos y colocó en el centro una gran ensalada. Durante la cena no volvieron a mencionar lo del futuro trabajo de Ian, pero sí sobre su entrenamiento.
—Tal vez te vendría bien acompañarme a correr por las mañanas —dijo Ian a Jess.
—Puede que lo haga algún día. De todas formas, no acostumbro a correr y no aguantaría ni quinientos metros.
—Yo tampoco creo que pudiera aguantar más de eso al principio.
—En ese caso, te acompañaré, porque podré seguirte el ritmo —dijo ella sonriendo.
Jess fue a correr con Ian, como había hecho cada mañana desde que había empezado con el duro entrenamiento el martes anterior. Cuando volvieron a casa se ducharon y se sentaron a desayunar.
—Ahora me cuesta seguir tu ritmo cuando corremos —dijo Jess.
—Lo sé. Y eso que voy despacio.
—No seas tan engreído.
—Jess, en el gimnasio corro cada mañana en la cinta.
—En ese caso no volveré a ir contigo.
—Lo siento. Me gustaría ir a tu paso para poder hablar, pero sabes que tengo que entrenar. Jack me ha dado dos meses para ponerme en forma, y no es mucho tiempo.
—Lo sé. Me siento muy orgullosa de ti.
—Gracias. Y gracias también por acompañarme a comprar la ropa que necesitaba.
—No fue nada del otro mundo.
—¿Verás hoy al doctor Owens?
—No lo sé.
—¿Tienes ganas de verlo?
—Por un lado sí, pero por otro… Creo que lo mejor es que lo olvide.
—¿Crees que podrás olvidarte de él?
—No estoy segura.
—Jess, estás loca por ese hombre, y ya te adelanto que no vas a poder olvidarlo.
—Tendré que intentarlo.
—Yo creo que deberías hablar con él y decirle lo que sientes.
Ella lo miró como si tuviera dos cabezas, cosa que hizo que él se riera.
Jess llegó a casa de Sean casi al mismo tiempo que los hombres, que volvían de jugar el partido de balón cesto. Estaba bajando del coche cuando los vehículos de ellos entraron en la propiedad. Ryan la miró y ella le devolvió la mirada con poco entusiasmo. Luego la apartó y caminó hacia la casa.
Las mujeres estaban vigilando a los pequeños, que se encontraban en la piscina de niños.
Los hombres se reunieron con ellas en el sótano después de ducharse. Cogieron unas cervezas de la nevera que había a un lado y se echaron en las hamacas.
—¿Tienes alguna novedad que debamos saber? —preguntó Tess a Jess.
—No.
—¿Cómo te va con Ian? —preguntó Lauren.
—La verdad es que genial. Es amable, simpático, atento, y muy ordenado.
—Seguro que lo de ordenado es porque fue militar —dijo Sean.
—Supongo que sí. Es un hombre encantador.
—Lauren nos dijo que es muy guapo —mencionó Ellie.
—Lo es. No lo reconocí cuando fuimos al aeropuerto, porque antes llevaba barba.
—Yo tampoco lo reconocí cuando lo vi en el restaurante. Y tampoco sabía que era tan alto, claro que cuando lo ví en Atlanta estaba acostado en el suelo —dijo Ryan.
—¿En qué restaurante lo viste? —preguntó Kate.
—En el de Sofía.
—Lauren y yo llevamos a Ian a comer allí el día que llegó.
—¿Y tú estabas allí? —preguntó Abby.
—Sí, cielo, a veces voy a comer a restaurantes —dijo Ryan con sarcasmo a la mujer de Sean.
—¿Con quién fuiste a comer? —preguntó Tess.
—Con Sylvie.
—¿Estás saliendo con ella?
—Nos hemos visto algunas veces.
—¿Salís en serio?
—No lo sé, el tiempo lo dirá.
—¿Has olvidado lo que te hizo esa mujer? —le preguntó Ellie.
Por suerte, Brianna se acercó a Jess para pedirle que se bañara con ella, y Jess se levantó encantada de acompañarla, porque no soportaba seguir escuchado que él salía con aquella mujer esquelética.
—Eso es pasado.
—Es raro que no te haya pedido que la trajeras contigo —expresó Delaney.
—Me lo ha pedido.
—Por suerte no la has traído. Sinceramente, a mí no me gustaría conocerla —dijo Tess.
—Háblanos de Ian —articuló Nathan poco después, cuando Jess se acercó a ellos y mientras se secaba con una toalla.
—Tengo entendido que va a trabajar para Delaney, como guardaespaldas.
—¿Va a trabajar para ti? —preguntó Ryan.
—Sí. Jack me ha dicho que quería dejar de ocuparse de mí.
—¿Jack va a dejar de trabajar para ti? —preguntó Kate.
—Claro que no —dijo Tess—. Jack siempre estará con nosotros, es parte de la familia. Pero va a ocuparse de cuidarme a mí y a los niños. Ian lo sustituirá como guardaespaldas de Delaney y chófer.