Tan irresistible como Stanford Capítulo 18 #4
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Capítulo 18 #4

—¿Qué hay entre tú y Ryan Owens? —preguntó él sin ni siquiera mirarla.

—Forma parte del grupo de mis amigos.

—Pero hay algo especial entre vosotros, ¿verdad?

—No voy a engañarte. Sí hay algo entre nosotros. Bueno, no entre nosotros, solo en mí.

—¿Solo en ti?

—Me gusta.

—Lo sospechaba por la forma en la que lo mirabas en el restaurante.

—¿Te has dado cuenta?

—Me gusta fijarme en los detalles. ¿Desde cuándo te gusta? —preguntó mientras ordenaba las tablas.

—Desde hace más de cuatro meses.

—¿Y crees que él no siente nada por ti?

—Ian, estaba con una mujer.

—Creo que me ha ofrecido su casa, para que no me quedara en la tuya.

—No digas tonterías. Te la ha ofrecido, porque es un buen hombre y se preocupa por los demás.

—¿Dónde lo conociste? ¿Conociste a todo el grupo de amigos juntos?

—A Ryan fue al primero que conocí. No sé si debería contarte esto, es un poco embarazoso.

—En Atlanta me contaste cosas muy personales tuyas.

—Lo sé.

—No creo que vaya a asustarme por lo que me digas.

—Espero que no te rías.

—No lo haré.

Y Jess se vio contándole como se habían conocido. Ian la escuchaba mientras trabajaba, pero sin mirarla. Cuando terminó de hablar estaba ruborizada.

—De manera que Ryan fue tu primer hombre.

—Sí.

Jess le contó lo que había sucedido cuando volvieron juntos de Atlanta.

—Y por lo que te dijo, dedujiste que solo quería acostarse contigo.

—Sí.

—Puede que te dijera la verdad y estuviera interesado en tener una relación seria contigo.

—No lo creo.

—Se molestó en ir a Atlanta, para volver contigo conduciendo, eso tiene que significar algo.

—Ryan es muy amable.

—Yo no creo que sea solo amabilidad.

—Cuando estuvimos en las Maldivas nos acostamos —soltó ella de pronto—. Acordamos que solo sería esa noche.

—¿De quien fue esa idea?

—¿Que nos acostáramos?

—No. De que solo fuera esa noche.

—Fue idea suya. Dijo que con una noche sería más que suficiente. Y yo estuve de acuerdo.

—¿Es lo que querías?

—No.

Ian vio que apartaba la mirada de él.

—Jess, puedes hablar conmigo de cualquier cosa. Y todo lo que hablemos quedará entre nosotros. Para mí eres como una hermana pequeña. Pero si no te siente bien hablándome de ello, lo entenderé.

—Estoy enamorada de él desde el día que lo conocí —reconoció al final—. Pero él está acostumbrado a salir con mujeres preciosas, elegantes y sofisticadas. Ya viste a la mujer que lo acompañaba en el restaurante.

—Sí, la vi.

—Yo sé que no soy fea y no voy a decir que mi cuerpo me disguste, pero al lado de aquella mujer, tan delgada, parezco una vaca. Es normal que yo no le interese a Ryan.

Ian la miró y vio que tenía los ojos empañados por las lágrimas.

—Puedes llorar si quieres, nadie se va a enterar.

—No voy a llorar, o al menos lo intentaré. No puedo dormir pensando en él. Me da miedo no rendir en el trabajo a causa de ello. O lo que es peor, que cometa algún error.

—No vas a cometer ningún error, porque eres perfecta.

—Tú no me conoces.

—Por supuesto que te conozco, para mí eres como un libro abierto.

—Eso me parece aterrador —dijo ella sonriendo.

—De mí no tienes que temer. Voy a decirte unas cuantas cosas. Y quiero que sepas que yo nunca te he mentido y no lo haré jamás.

—De acuerdo. Te escucho.

—Desde que te conocí, eres lo más importante de mi vida. Nadie se había preocupado nunca por mí, y tú lo hiciste cada día que ibas a verme al portal donde dormía y me llevabas un café con leche y algo dulce, y a veces, también una novela.

—Lo hubiera hecho cualquiera.

—No lo hizo nadie, solo tú. Has dicho que sabes que no eres fea.

Y he de darte la razón, pero no es solo que no seas fea.

Eres una mujer preciosa, tan preciosa como tu amiga Lauren.

Y, desde luego, tu cuerpo no puede disgustarte, porque tienes un cuerpazo.

Eres un monumento de mujer. Y esa mujer a la que viste en el restaurante no te llega ni a la suela del zapato, en todos los aspectos.

No hablé con ella, pero con solo mirarla se ve que es una mujer superficial y materialista que no se preocupa por nadie más que por ella misma.

Y he de añadir que a los hombres no nos gustan las mujeres tan delgadas.

—A Ryan parece que sí.

—Reconozco que a algunos hombres les gustan las modelos, que están excesivamente delgadas, pero te aseguro que no a la mayoría.

—Ahora me siento mejor.

—Cariño, todo lo que has pasado en tu vida, que no ha sido poco, ha hecho que te menosprecies a ti misma. Has llevado una vida muy dura y entiendo que te sientas así. Pero estás completamente confundida. Con el tiempo te darás cuenta y te sentirás muy bien.

—Eso espero.

—Eres una mujer increíble, fuerte y valiente como la que más. Tú misma me dijiste que los hombres se asustaban cuando les decías que eras forense. Porque solo un tanto por cien muy bajo de hombres serían capaces de hacer tu trabajo.

—Eso es cierto —dijo ella sonriéndole.

—Y quiero que sepas otra cosa. Lo que hay entre Ryan y tú, no ha terminado. Ayúdame a poner el tablero encima, por favor.

—Voy. Gracias por todo lo que me has dicho.

—Solo te he dicho lo que pensaba.