Tan irresistible como Stanford Capítulo 18
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Capítulo 18

Había pasado una semana desde que volvieran de las Maldivas.

Ese sábado todos los amigos tenían que reunirse en casa de Sean.

Normalmente iban cada semana a casa de uno de ellos, pero en invierno procuraban ir a menudo a su casa, porque tenía una piscina interior y los niños lo pasaban mejor.

Además, Abby estaba embarazada de siete meses y habían decidido que desde ese momento, irían a su casa todas las semanas, hasta que naciera el bebé.

Eran las doce y media y todos estaban en la piscina. Todos menos Jess.

—¿Os ha llamado Jess a alguno para decir que no venía? —preguntó Delaney.

Todos dijeron que no.

—Yo hablé con ella ayer por la mañana y me dijo que estaría aquí sobre las diez —dijo Ellie.

—Pues se está retrasando —comentó Delaney.

—Estará haciendo algo importante.

—Y también puede ser que esté evitando ver a alguien —dijo mirando a Ryan.

—¿Por qué me miras a mí?

—Porque estoy seguro de que todo lo que le sucede a Jess está relacionado contigo.

—Pues yo no tengo nada que ver. Ya no estoy interesado en ella.

—Pensaba que estabas enamorado de ella —dijo Louise.

—Yo también, pero me equivoqué.

—Cuando estuvimos en la isla la besaste —anunció Tess.

—No la besé porque quisiera hacerlo.

—Sí, ya sabemos que la besaste, únicamente para demostrarle que te deseaba, cosa que ella negaba —dijo Lauren.

—Al final tuve yo razón.

—No nos lo habías dicho —habló Nathan.

—Se me pasaría.

—Y, seguramente, también se te pasó decirnos que te acostaste con ella la última noche que estuvimos en la isla —dijo Ellie.

—Y que pasasteis la noche juntos —añadió Kate.

—Esa mujer es tan cotilla como todas vosotras.

—¿Por qué te acostaste con ella si ya no te interesaba? —preguntó Patrick.

—Fue solo sexo, y de mutuo acuerdo.

—Tú nunca duermes con las mujeres con las que te acuestas —dijo Carter.

—Puede que quisiera probar lo que se sentía al hacerlo. No tenéis que darle más importancia de la que tiene. Los dos somos adultos, pasamos la noche juntos y decidimos que no volveríamos a acostarnos.

—¿Tuvo alguna repercusión en vuestro comportamiento el que os acostarais? —preguntó Louise.

—Yo creo que nos llevamos mejor desde entonces. Y no estoy diciendo que la haya visto desde que volvimos de la isla, porque no es así.

—¿Por qué has dicho que ya no estás interesado en ella? —preguntó Louise—. Si no recuerdo mal, nos dijiste que te habías enamorado solo con verla en una cafetería.

—Louise, es mejor que lo dejes estar.

—Lo dejaré estar, cuando sepa lo que ha ocurrido entre vosotros.

—Lo que haya ocurrido no importa.

—¡Por supuesto que importa! Eres amigo nuestro, pero Jess también.

—Ojalá se hubiera quedado en Atlanta.

—¿Hubieras preferido que se quedara allí, sabiendo que no era feliz? —preguntó Kate.

—No he querido decir eso.

Estuvieron unos minutos en silencio.

—Hace tres semanas fui a Atlanta para volver con ella en el coche. Cuando llegamos aquí me llevó a casa y se la enseñé.

—Supongo que le gustaría.

—Sí, le gustó mucho. Antes de marcharse la besé y le dije que me gustaba. Pero ella pensó que me gustaba para una corta aventura.

—Deberías contarlo con todo detalle, para que Patrick y Louise puedan entenderlo —le indicó Abby.

—¿Por qué Jess pensó eso? —preguntó Louise.

—Lo pensó, porque Ryan le dijo que él no estaba acostumbrado a perseguir a las mujeres y llevaba demasiado tiempo detrás de ella —le explicó Ellie.

—Si le dijiste eso, es lógico que pensara lo que pensó.

—Me juzgó sin saberlo todo.

—Supongo que cuando dices todo, te refieres a que no le dijiste que estabas enamorado de ella.

—No, no se lo dije. Nunca le he mencionado esas palabras a una mujer, joder. Me dijo que no quería ser un capricho para mí y que no estaba interesada.

—¿La sacaste de su error?

—¿Para qué iba a sacarla de su error? Me dejó muy claro que no confiaba en mí. De todas formas, me dijo que no quería salir conmigo, aunque le ofreciera una relación seria.

—Lo que le pasó fue que le jodió, porque era la primera vez que una mujer lo rechazaba y no supo reaccionar —intervino Tess.

—Sobreviviré sin ella, no os preocupéis.

—¿Estás seguro de eso? —preguntó Patrick.

—Por supuesto. Sigo en el mercado —dijo sonriendo.

—¿Sabes, Ryan? A los problemas hay que darles una respuesta cuando todavía son un problema y no esperar a que no tengan solución —declaró Patrick.

—Si el problema al que te refieres es lo que sentía por Jess, ese problema ya no existe.

—En ese caso, no hay más que hablar.

—Voy a averiguar la razón por la que no ha venido Jess —dijo Delaney cogiendo el móvil.

—No le habrá apetecido.

—Ryan, no conoce a nadie en la ciudad.

—Puede que esté con uno de sus compañeros de trabajo.

—¿No te importaría que fuese así? —preguntó Tess.

—En absoluto.

—No contesta —dijo Delaney.

Cinco minutos después Delaney recibió una llamada, al ver que era Jess puso el manos libres.

—Hola, Jess.

—Hola, Delaney.

—Estamos todos en casa de mi hermano, ¿por qué no has venido?

—Estoy ocupada.

—Todos estamos ocupados, pero los sábados los pasamos juntos.

—Puede que yo esté más ocupada que todos vosotros. Lo siento, pero hoy no puedo veros.

—¿Estás de broma?

—No.

—Siempre tan divertida. No olvides que igual que te encontré el trabajo puedo hacer que te despidan.

—Estoy temblando de miedo.

Delaney soltó una carcajada junto con todos sus amigos.

—¿Dónde coño estás? Quiero que vengas ya, a no ser que quieras que vaya yo a por ti. Y te aseguro que no te gustaría.

—En estos momentos no puedo ir. Y he de decirte que no te gustaría venir aquí, porque te mancharías tus caros zapatos.

—No me has dicho dónde estás.

—Te enviaré una foto a ver si lo adivinas. Tengo que dejarte.

—Me ha colgado.

—Parece que a esa mujer le gusta dejarte con la palabra en la boca —dijo Logan sonriendo—. ¿Cuántas veces te ha colgado ya?

—Unas cuantas.

—Y desde luego, ha demostrado que no te tiene miedo —se burló Nathan.

Delaney recibió un WhatsApp y lo abrió. Era una foto de un bosque. Al fondo se veía lo que sería un cuerpo. Y había un perímetro rodeado por una cinta amarilla de la policía que estaba sujeta a varios árboles.

—Jess está trabajando —dijo mostrándoles la foto que le había enviado.

—Pues vaya mierda. ¿También va a trabajar los fines de semana? —preguntó Tess.

—Supongo que los seis forenses harán turnos.

—Claro, y le ha tocado a la novata hacer el primero.

Jess se sentó en el asiento de su coche y se quitó los protectores de zapatos que llevaba sobre las botas.

Luego se sacó el abrigo y se sentó al volante.

Encendió la calefacción al máximo, porque estaba helada.

Colocó el móvil en el soporte y lo conectó.

Arrancó el todoterreno que empleaban los forenses cuando tenían que trabajar fuera de la ciudad y se puso en camino de vuelta a Nueva York. Llamó a Delaney.

—Hola, cielo. ¿Has terminado ya el trabajo?

—Eso quisiera. Acabo de dejar la escena del crimen. Ahora voy a volver a Nueva York. Y tardaré un buen rato, porque estoy a ciento veinte kilómetros de allí.

—Puedes reunirte con nosotros cuando llegues, podemos cenar juntos.

—Delaney, tengo que hacer la autopsia del cuerpo. Estaban subiéndolo a una ambulancia cuando me he marchado. Cuando termine será demasiado tarde. Nos veremos la próxima semana.

—Siento que tengas que trabajar el fin de semana y hasta tan tarde.

—No es la primera vez.

—Puede que no haya sido buena idea que te encontrara ese trabajo.

—Me encanta mi trabajo y te agradezco que lo hicieras.

—Espero que el siguiente fin de semana no tengas que trabajar.

—El próximo fin de semana no estaré de guardia. ¿Cómo está Abby?

—Muy bien, y preciosa. Aunque ella dice que está como una vaca. Según Carter, le quedaran unas tres semanas para dar a luz.

—Ya tengo ganas de conocer a su pequeña. Dale recuerdos a todos.

—De acuerdo.

—Hasta pronto.

A continuación Jess hizo otra llamada.

—Hola, Jess.

—¿Qué tal, Ian?

—Por aquí todo bien.

—¿Cómo llevas los trabajos?

—Genial. Hacía mucho tiempo que no estaba tan ocupado, y me siento muy bien. Terminaré lo que me queda por hacer el próximo jueves, o como mucho el viernes.

—Estupendo. ¿Cuándo tienes pensado venir a Nueva York?

—¿Qué te parece si voy el domingo de la siguiente semana, el día 16?

—Eso sería estupendo. ¿Tienes dinero para el viaje?

—Tengo todo el dinero que me prestaste. Pagué con él algunos días la pensión, pero he repuesto el dinero con lo que me han pagado en los trabajos.

—¿Cómo te sientes en cuanto a lo de mudarte aquí?

—Por una parte ilusionado, porque me gustaría tener un trabajo fijo y volver a organizar mi vida. Pero por otra…

—¿Qué sucede?

—Estoy preocupado. ¿Y si me ofrecen un trabajo y no consigo hacerlo bien?

—No digas tonterías. Cuando uno empieza en un trabajo no suele hacerlo todo bien al principio, necesita unos días de práctica hasta coger el hilo. Lo harás genial.

—Espero que no te equivoques.

—El guardaespaldas de uno de mis amigos va a hablar con una empresa de seguridad y está seguro que querrán entrevistarte. Y si no consigues el trabajo, mi amigo Delaney te buscará algo en cualquiera de sus empresas. Apúntate su nombre.

—¿Para qué?

—Porque quiero que en algún rato que tengas libre entres en internet y te informes sobre él y sus empresas. Es un magnate hotelero.

—De acuerdo. Dime.

—Delaney Stanford.

—Ya lo tengo.

—Vale. Entonces, ¿es seguro que vendrás la próxima semana?

—Terminaré los trabajos el viernes. El sábado iré a comprarme ropa y a la barbería.

—Eso está bien.

—¿Crees que necesitaré un traje para la entrevista o entrevistas?

—No estoy segura. Ahora llamaré a Jack para preguntárselo y te lo diré.

—¿Jack?

—Es el chófer y guardaespaldas de Delaney. Él fue quien me buscó el apartamento. Me cae muy bien y creo que yo a él también. Me ha ayudado mucho. Pero hablaremos de eso cuando vengas.

—De acuerdo.

—Tienes que decirme la hora de llegada de tu vuelo para que te recoja.

—Iré en autobús, será más barato. Me he informado y cuesta ochenta y cuatro dólares.

—Entonces no es más barato, porque el vuelo me costó a mí cuarenta y nueve dólares.