Capítulo 17 #4
—Eso está bien, al menos no haréis que nos sintamos incómodos.
—Aún recuerdo cuando Nathan y Lauren no podían ni verse. Fue un verdadero infierno, porque salíamos todos juntos, pero ellos no dejaban de discutir —dijo Tess.
—Es cierto. Ese hombre me odiaba, y yo a él —bromeó Lauren sonriendo.
—Dicen que la linea que separa el amor del odio es muy fina —dijo Jess.
—Sí, yo puedo dar constancia de ello —añadió Lauren.
Esa mañana la pasaron en la playa. Jess se sentía incómoda porque Ryan estaba muy simpático con ella, cosa que no era normal últimamente, y eso la ponía nerviosa. Era como si no le importara saber que no volverían a estar juntos, o estuviera contento por ello.
—¿Sabes ya en qué fecha vendrá tu amigo de Atlanta? —preguntó Delaney a Jess.
—No he vuelto a hablar con él. Me dijo que antes tenía que terminar unos trabajos que tenía pendientes.
—Parece que es un hombre de palabra.
—Puedes estar seguro de ello.
—Eso es bueno.
—¿Estás preocupada por tu nuevo trabajo? —le preguntó Ryan.
—No especialmente, porque los cadáveres no se quejan —dijo ella bromeando—.
No me preocupa el nuevo trabajo, sino las personas con las que voy a trabajar.
En Atlanta éramos dos forenses, pero aquí vamos a ser seis, todos hombres, menos yo.
Espero que mis compañeros no sean unos machistas como el de Atlanta.
He hablado varias veces por email con el forense al que voy a sustituir y me parece muy agradable.
Y me ha hablado muy bien de sus compañeros, que serán los míos.
—Eso está bien.
—Sí. Aunque supongo que el problema estará en mí y en mi comportamiento.
—¿Qué quieres decir?
—En Atlanta no hablaba mucho con el otro forense, me dedicaba a mi trabajo y punto.
Pero en el departamento forense de Nueva York va a haber muchas personas y no sé si estoy preparada para ello.
Creo que algo ha cambiado en mí. Ahora me relaciono con todos vosotros como si nos conociéramos de toda la vida, pero no sé cómo voy a comportarme con todos ellos.
Todos tienen entre treinta y cinco y cuarenta y cinco años.
Lo que significa que, además de ser la única mujer, voy a ser la más joven de todos.
—Estarán encantados de trabajar contigo —dijo Carter—. Siempre es agradable trabajar una una chica joven y guapa.
—¿Sabes si están casados? —preguntó Tess.
—Los dos mayores, sí.
—Eso quiere decir que tres de ellos van a tener menos de cuarenta.
—Sí.
—Te vas a llevar genial con ellos.
—¿Por qué lo crees?
—Porque tienen más o menos la edad de todos los hombres de nuestro grupo.
—Y les vas a encantar, como a todos nosotros —dijo Logan.
—Gracias. Eso espero.
—Y el que sean solteros será una gran ventaja —añadió Lauren.
—¿Qué ventaja?
—Que podrás quedar con ellos fuera del trabajo —dijo Ellie.
—Puede incluso que te interese alguno de ellos —manifestó Kate.
—Tan pronto se entere Mike, mi compañero, de que ya has comenzado a trabajar aquí va a visitarte muchas veces —dijo Abby—. Me da la impresión de que está muy interesado en ti.
—Me vendrá bien ver una cara conocida. Los comienzos siempre son duros. Aunque tengo entendido que mi jefe es un encanto.
—Eso sí que es importante.
—El lunes tengo que verlo a las ocho de la mañana. Ya os contaré.
Ryan solo le había preguntado si le preocupaba el nuevo trabajo, pero no le había gustado escuchar todo lo que habían hablado sobre los otros forenses de los cojones, ni tampoco del jodido Mike, que, aunque siempre le había caído bien, desde que se había dado cuenta de que estaba interesado en Jess, eso había cambiado.
Llegaron a Nueva York el sábado por la tarde. Fueron todos a casa de Delaney porque tenían allí los coches. Poco después se despidieron y se fueron a sus casas.
El Mercedes de Ryan iba detrás del coche de ella.
Jess lo veía por el espejo retrovisor. Cuando vio que él ponía el intermitente para girar a la izquierda, el sentido contrario del que iría ella, se le llenaron los ojos de lágrimas.
Estaban parados en un semáforo. Cuando se puso en verde Jess levantó la mano para saludarlo y vio por el retrovisor que él le devolvía el saludo de igual forma.
El Ford Mustang de Jess giró a la derecha y lo perdió de vista.
Jess entró en su casa y fue directamente al dormitorio. Se quitó los deportivos, colocó la maleta sobre la cama y comenzó a sacar las cosas de ella y a colocarlas en su sitio.
No quería pensar en Ryan, pero su recuerdo volvía una y otra vez a su mente. Fue el amante perfecto, pensó. A veces salvaje y descontrolado como lo necesitaba en ese momento y otras tierno y cariñoso...
—¡Mierda! —dijo mientras entraba en el baño para echar en el cesto de la ropa sucia la ropa que llevaba en la maleta.
De alguna forma ella sabía que él también sentía algo por ella.
Podría pensar que solo era un gran amante, eso lo tenía muy claro, pero ¿un amante que no estuviera interesado por una mujer, la acariciaría como la había acariciado a ella?
Se dijo a sí misma que eso no era posible. Pero, ¿estaba segura de ello?