Capítulo 17 #3
—No te levantes, quiero tenerte encima.
—Voy a sacarme el condón, será solo un momento.
Cuando se lo sacó lo dejó en el suelo y volvió a tumbarse sobre ella, pero poniendo todo el peso en el costado que tenía apoyado en la cama. Dio un tirón de la sábana para cubrirlos a los dos y se quedó profundamente dormido, al igual que ella.
Ryan se despertó cuando un rayo de luz entró por una rendija de la cortina que no estaba cerrada del todo. Giro la cabeza hacia el otro lado de la cama y sonrió al ver a Jess a su lado. Seguía profundamente dormida.
Retiró la sábana lentamente hasta que sus pechos quedaron al descubierto.
Besarla y tocarla se estaba convirtiendo en una necesidad.
Esa mujer se le había metido en la sangre igual que una droga, pensó.
Le acarició un pezón y luego el otro con la yema de un dedo y ambos se pusieron duros como piedras.
Se incorporó y se metió uno en la boca, mientras acariciaba el otro con los dedos. Jess ronroneó sin despertarse.
Ryan siguió con sus caricias. Diez minutos después había recorrido todo el cuerpo de ella con los labios y tenía la cabeza entre sus piernas centrado en su clítoris.
Jess comenzó a moverse excitada, pero sin abrir los ojos. Sin duda pensaba que tenía un sueño húmedo.
Él se incorporó, cogió un condón de la mesita de noche y se lo puso. A continuación entró en ella suavemente y se detuvo cuando llegó al fondo. A partir de ahí le hizo el amor.
—No estaba soñando —dijo ella al abrir los ojos y verlo sobre ella.
—¿Acostumbras a soñar conmigo? —preguntó sin dejar de moverse.
—No, pero siempre hay una primera vez para todo. Pensaba que esta era mi primera vez, y la verdad es que me gustaba la idea.
—Como no vamos a volver a estar juntos, podrás soñar conmigo.
—Eso estaría bien. Soñaré contigo hasta que encuentre a un hombre.
—No te será difícil.
—No sé qué decirte. Has puesto el listón bastante alto, y va a ser complicado encontrar un ejemplar que esté a tu altura. Así también me gusta.
—¿Así cómo?
—Con suavidad, lentamente, tomándote tu tiempo.
—Me gusta tomarme tiempo contigo.
Ryan se inclinó para besarla, mientras entraba y salía de ella.
Jess pensó que ese hombre era todo lo que se esperaba de un buen amante.
A veces era tierno y otras salvaje. Era muy apasionado y en ocasiones, como esa, delicado.
Exploraba cada centímetro de su cuerpo, prestaba atención a cada movimiento de ella y la complacía en todo lo que necesitaba, sin tener que pedirlo.
Siguieron así mucho tiempo. Jess no quería que terminara, quería pasar toda la mañana haciendo el amor, sin que nada les interrumpiera. Pero sabía que eso no podría ser. Esa sería la última vez que estarían juntos.
Ryan sintió la presión en su polla cuando los músculos de la vagina de Jess se tensaron con el orgasmo. Jess le rodeó el cuello con los brazos y lo acercó a ella para besarlo con desesperación. No podía asimilar que no volverían a estar así nunca más.
Ryan se incorporó apoyando las manos en el colchón a ambos lados de ella.
Se miraron mientras la penetraba una y otra vez.
Jess sintió tanto placer que volvió a correrse.
Y Ryan no tardó en hacerlo, a pesar de que sabía que era el fin con ella.
Podía haber aguantado mucho más, pero no quería retrasar lo evidente.
Jess lo abrazó mientras se tranquilizaban y sus respiraciones volvían a la normalidad.
—Supongo que este habrá sido nuestro último orgasmo —dijo ella en su oído.
—Supones bien. No tardarán en despertarse todos.
—Acordamos que pasaríamos juntos una noche, y la noche ha terminado.
—Eso parece —dijo él. Aunque ninguno de los dos se movió.
—Ha sido una delicia estar contigo, tanto hoy como la primera vez que estuvimos juntos.
Estoy segura de que con cualquier hombre que esté en el futuro no volveré a sentir lo que tú me has hecho sentir.
Y quiero que sepas que, a pesar de que solo ha sido sexo, nunca me olvidaré de lo que ha habido entre nosotros, y siempre llevaré tu recuerdo en mi corazón.
—Me alegro de que te hayas divertido.
—Desde luego que me he divertido. He disfrutado de una maravillosa noche y un despertar inolvidable, gracias al destino que me ha dado una segunda oportunidad con el hombre más atractivo con quien una mujer podría soñar.
Ryan suspiró al escuchar sus preciosas palabras.
—Pensé que no creías en el destino.
—Puede que empiece a creer en él.
—De todas formas, ha sido un placer ayudarte a que te hayas sentido bien. Es hora de levantarnos.
—Sí —dijo ella algo decepcionada porque él no le dijera algo bonito. Pero claro, habían acordado que solo sería sexo.
Ryan se incorporó hasta ponerse de rodillas entre sus piernas y la miró.
La imagen de su rostro lo dejó sin palabras.
Tenía la piel sonrosada y brillante por la pasión, los labios rojos e hinchados por los apasionados besos que habían compartido, esa mirada soñadora y esa franca sonrisa tan sincera y verdadera, como toda ella.
Jamás olvidaría su aspecto en ese momento.
Y en ese instante lo comprendió, lo supo con una certeza absoluta.
Jess era la mujer que siempre había ansiado y a quien había esperado encontrar durante años.
Ella era la mujer que deseaba, que quería y que necesitaba.
La miró a los ojos, que permanecían fijos en él.
Quería que Jess fuera parte de él y él de ella.
Apartó la mirada de su rostro algo aturdido.
Bajó de la cama, se sacó el condón y caminó hacia el baño.
Mientras se duchaba pensó en ella. Era una mujer directa y sincera que no se andaba por las ramas para dejar claro lo que quería en la cama.
Y como a él, le gustaba el sexo con las luces encendidas para no perderse nada.
Le gustaba que solo con mirarlo, en sus ojos adivinara que deseaba volver a hacer el amor con él.
Y también le gustaba cómo se había acurrucado a su lado la noche anterior, pegándose a su cuerpo como si lo necesitara.
Cuando Ryan volvió a la habitación ella ya no estaba.
Jess se había tomado su tiempo duchándose y lavándose el pelo, porque no quería encontrarse con Ryan, al menos durante un rato. Cuando consideró que había transcurrido el tiempo suficiente, salió de la habitación y bajó a la planta baja.
—Buenos días —dijo Jess a las chicas y a Jack cuando entró en la cocina.
—Buenos días —respondieron todos.
—Se te han pegado las sábanas —dijo Tess.
—Sí.
—Aunque, por tu aspecto, no parece que hayas dormido mucho —dijo Lauren.
—Y no te equivocas.
—¿Cuál ha sido la causa? —preguntó Ellie.
—Podría decirse que un hombre.
—No hace falta pensar mucho para saber de qué hombre se trata —dijo Kate sonriendo.
—Supongo que no.
—¿Qué te ha hecho Ryan? —preguntó Abby.
—Hace unos días me besó.
—¿Te besó?
—Sí. Bajé a la cocina a prepararme un vaso de leche caliente porque no podía dormir.
—Vaya, parece que la estancia en la isla no te está relajando, sino todo lo contrario —dijo Tess—. Mi marido va a sentirse decepcionado. Quería que estas cortas vacaciones fueran especiales para ti.
—Y han sido especiales. Jamás lo he pasado tan bien. La isla no es la culpable.
—Entonces, el culpable es Ryan.
—Él no tiene culpa de nada. La única responsable soy yo.
—¿Qué ocurrió cuando te besó?
—En realidad, no se puede decir que me besara porque lo deseara.
—Y entonces, ¿por qué lo hizo?
—Me dijo que yo lo deseaba y le dije que no era cierto.
—¿No lo deseabas?
—¡Por supuesto que lo deseaba! ¿cómo no iba a desear a un hombre como ese? Pero no quería decírselo, ya es bastante engreído. El caso es que me besó y yo le devolví el beso, puede que con demasiado entusiasmo.
Jack que estaba de espaldas a ellas preparando el café sonrió al escucharla.
—Y después de besarme me dijo que con el beso le había demostrado que lo deseaba.
—¿Y qué pasó luego?
—Nada. Se fue a dormir.
—¿Y todo se quedó en eso?
—Hasta anoche. No podía dormir y fui a la playa a bañarme.
—¿Otra noche sin poder dormir? —preguntó Tess.
—Sí, pero anoche no me importó no poder dormir.
Jess les contó lo que había sucedido en la playa y luego en la habitación de Ryan.
—Vaya. Habéis aprovechado la noche.
—Y la mañana —añadió Jess.
—Ahora entiendo porqué tienes esas ojeras.
—Ese hombre es… Ryan no hace el amor, aunque él no lo llama así, lo llama follar.
Ese hombre dedica toda su atención a lo que hace, y emplea los cinco sentidos en ello.
Es como si hablara a través del sexo. A pesar de que soy una novata, puedo aseguraros que es un maestro de la improvisación. Y que conste que no me estoy quejando.
Todas se rieron. Incluso Jack esbozó una amplia sonrisa de espaldas a ellas.
—¿Y qué va a pasar con vosotros a partir de ahora?
—No va a pasar nada. Ya os he dicho que acordamos acostarnos solo la noche pasada.
—Y la mañana —apuntó Abby.
—Sí y la mañana. Pero ya no habrá nada más entre nosotros. Aunque ya no estamos enfadados.