Capítulo 16
Cuando llegaron a la playa extendieron las toallas sobre las hamacas y se sacaron las camisetas. Los hombres se habían encargado que que las hamacas estuvieran a la sombra de las palmeras.
Las chicas estaba de pie hablando entre ellas.
A Jess no le pasó desapercibida la mirada que le dedicó Ryan.
Fue una mirada intensa que se deslizó por su piel, que ya estaba caliente por el sol.
Los ojos de él se detuvieron en la descarada parte superior del biquini.
Ella pudo apreciar que sus pupilas se dilataban más de lo normal y no pudo ocultar un suspiro.
Pensó que, sin duda, le gustaba su cuerpo y sintió una gran excitación, por lo que tuvo que apretar los muslos al sentir que se humedecía entre las piernas por el deseo.
Ryan siguió con su minucioso escrutinio del cuerpo de Jess. Se deleitó con sus pechos y deslizó la mirada hacia su rostro. Un rostro precioso con unos increíbles ojos verdes, los cuales recordaba haber visto arder de pasión, mientras le hacía el amor.
De pronto Jess le dedicó una sonrisa tan resplandeciente que hubiera podido dejar fuera de combate al hombre más duro.
Y entonces él le devolvió la sonrisa. Una sonrisa que iluminó sus ojos haciendo que aparecieran a su alrededor unas sutiles arrugas, que aún lo hacían más atractivo, si eso era posible.
Jess había reconocido para sí misma, no hacía mucho, que estaba enamorada de él. A pesar de que sabía que no habría nada entre ellos, al menos puso orden en su mente y en el caos en que se había convertido, con pensamientos, sensaciones y sentimientos totalmente desconocidos para ella.
Al escuchar la voz de Abby, Jess reaccionó y apartó la mirada de Ryan, de esos ojos grises y de ese rostro que conseguían acelerar de forma brutal los latidos de su corazón.
—¿Qué me decías?
—Que deberías sacarte la parte de arriba del biquini. Se te van a quedar las marcas del sol y no quedan bien con los trajes de fiesta.
—De momento no me han invitado a ninguna fiesta. De todas formas, aunque tuviera que ir a alguna, no creo que me pusiera un vestido muy descarado, ya sabéis que soy muy tímida.
—¿Sabes? No entiendo por qué te empeñas en decir una y otra vez que eres tímida —dijo Sean—. Desde que te conozco no he visto ni el más mínimo rastro de timidez en tu comportamiento.
—Es porque vosotros me tratáis como si me conocierais de toda la vida.
—Sí tiene algunos rasgos de timidez. A veces se ruboriza cuando le decimos algo —comentó Carter.
—Porque sois muy atrevidos y siempre estáis flirteando. Lo hacéis de forma tan natural que puede que ni siquiera os deis cuenta. Es como si hubierais nacido con el dispositivo del flirteo encendido.
Los hombres sonrieron.
—Voy a echarme en la hamaca, estoy muerto de cansancio —dijo Ryan sentándose en una de ellas.
—Es lo que sucede cuando se tienen muchos años, que uno se cansa más —dijo Jess, arrepintiéndose al instante de lo que había dicho.
—Vaya, ¿me estás diciendo que soy muy viejo?
—Se puede ver claramente que no eres viejo, pero tienes que reconocer que te estás haciendo mayor.
—Delaney y Nathan son mayores que yo, y no he escuchado en ningún momento que les hayas dicho algo similar.
—Ellos son perfectos tal cual —dijo Jess mirando a ambos y sonriéndoles.
Delaney la miró, esperando a ver cómo salía de esa situación, en la que se había metido ella solita.
—Y yo no.
—Bueno. He de reconocer que estás bueno.
Parecería una estúpida si dijera lo contrario.
Y no solo estás bueno sino muy bueno. Vaya, que eres un bombón.
Pero eso ya lo sabes. Aunque no estábamos hablando de eso, ¿verdad?
—preguntó ella mirando a sus amigas, que soltaron una carcajada—.
Será mejor que te olvides de lo que te he dicho.
No sé la razón, pero siempre consigues que me sienta aturdida y diga cosas sin sentido.
Ryan la miró, intentando no sonreír, y pensando que le gustaba ser la causa de que se sintiera aturdida.
—¿Y qué me dices de Patrick? Él no es un poco mayor que yo, él es mucho mayor que yo.
—Eso es diferente. Patrick es un señor mayor que está de muy buen ver. ¿Se puede saber por qué nombras a Patrick? No estábamos hablando de él.
—Pareja, vamos a cambiar de tema, hace demasiado calor para discutir —dijo Logan—. Como ya sabéis, el jueves fuimos a cenar.
—Lo sabemos —intervino Lauren—, lo que no sabemos es la razón de que no nos llevarais con vosotros.
—Al igual que vosotras, nosotros también necesitamos pasar tiempo juntos para hablar de nuestras cosas —dijo Delaney—. Aunque en realidad no lo entiendo, porque siempre terminamos contándoos lo que hemos dicho.
—Tienes razón —declaró Carter sonriendo.
—¿Sabéis a quién nos encontramos en el restaurante? —preguntó Logan.
—Cariño, no somos adivinas —dijo Kate, su mujer.
—¿Os acordáis que Ryan nos contó cuando estuvimos en Escocia que había salido unos meses con una mujer?
—Sí, una tal Sylvie. Esa que se mudó a Nueva York y cortó con él, ¿no? —dijo Abby.
—La misma.
—Estáis hablando de mí como si no estuviera presente —mencionó Ryan.
—El caso es que estaba en el restaurante al que fuimos —siguió diciendo Logan, ignorando a su amigo—. Ella se levantó para saludar a Ryan cuando pasábamos por su lado.
—¿Le dirigiste la palabra? —preguntó Ellie a Ryan.
—Soy un hombre muy educado.
—Ella le propuso quedar para cenar y ponerse al día. Y él aceptó. Quedarán cuando volvamos a Nueva York.
—¿Piensas ir a cenar con ella? —preguntó Louise.
—¿Por qué no?
—Nos dijiste que no terminasteis en muy buenos términos.
—Louise, somos adultos. Además, es muy guapa.
—En eso te doy la razón, es un bombón, aunque un poco delgada para mi gusto —dijo Delaney.
—Estoy de acuerdo con lo que ha dicho Delaney. Pero he de decir que estaba más interesada en el resto de nosotros que en Ryan —añadió Nathan.
—Os reconocería por las revistas o los periódicos y querrá quedar con él para llegar hasta vosotros. Puede que necesite publicidad —dijo Patrick.
—O quiera tener amigos influyentes —señaló Carter.
—¿Y se puede saber por qué te interesa volver a quedar con ella? —preguntó Tess.
—Era muy buena en la cama.
—¿Qué te pasa? ¿Estás perdiendo facultades para encontrar mujeres?
—Nunca he tenido que buscar mujeres. ¿Podemos cambiar de tema?
—Claro.
Jess colocó su toalla sobre la hamaca más alejada de Ryan, se echó sobre ella y cerró los ojos.
Lo que sentía por ese hombre en ese momento era como la más horrible tempestad, poderosa e incontrolable.
Se dio cuenta de que odiaba todo lo que tenía que ver con las mujeres con las que Ryan se relacionaba, que no fueran sus amigas.
Sabía que salía con mujeres, no era estúpida, pero una cosa era imaginarlo y otra escucharlo claramente.
Y, por lo que había dicho él, tenía intención de acostarse con ella.
Los hombres habían afirmado que era muy guapa y Jess se preguntó si volvería a enamorarse de ella.
Eso la aterró, porque significaba que podría perderlo.
¿Qué tontería estaba pensando?, se preguntó.
No se podía perder algo que no se tenía.
Así y todo, de pronto sintió un fuerte dolor de cabeza a causa de los celos.
Pero no solo por ello. Estaba furiosa con ella misma por haberse enamorado de él.
Poco a poco todos se fueron echando en las hamacas. Unos minutos después estaban dormidos.
Jess no sabía cuánto tiempo había dormido, pero cuando se despertó, los seis hombres estaban hablando en voz baja a unos metros de ellas. Las chicas se fueron despertando.
De pronto Jess se fijó en los seis hombres, todos medirían alrededor de un metro noventa.
—¡Joder! —soltó Jess sin poderlo retener en sus labios—. ¿Cómo es posible que haya hombres como esos fuera de las revistas? Incluso las fotos que veo en ellas pienso que están trucadas. Pero es que esos están aquí, al natural.
—Desde luego que están al natural —dijo Tess.
—Dios mío, están buenos de cojones —mencionó Lauren mirándolos a todos.
—Serían los candidatos perfectos para aparecer en una revista sobre la virilidad —dijo Ellie.
—El título podría ser: El perfecto trabajo de la madre naturaleza —añadió Kate.
Todas se rieron, haciendo que los hombres se volvieran a mirarlas. Al ver que estaban despiertas caminaron hacia ellas.
Jess se centró en el cuerpo de Ryan mientras se acercaban. Ese hombre no tenía músculos hinchados por las sesiones de pesas en un gimnasio. Tenía un torso duro y fibroso, sin un gramo de grasa. Estaba claro que lo mantenía a base de correr y de esos partidos que jugaba cada semana con sus amigos.
—¿Habéis dormido bien? —preguntó Delaney.
—Sí —contestaron todas.
—¿Por qué os reíais?
—Porque es una delicia contemplaros a los seis —respondió Abby.
La única que se sonrojó por lo que había dicho fue Jess. Los hombres se sentaron el la arena frente a ellas.
—La vida es sorprendente —dijo Jess de pronto.
—¿A qué te refieres? —preguntó Nathan.
—Me intriga el comportamiento de los seres humanos.
Cómo se relacionan unos con otros. Cómo se unen dos personas desconocidas y llegan a formar una sola.
Veo las parejas que habéis formado, y me parece increíble el grado de complicidad que veo en cada uno de vosotros con su pareja.
¿No os parece un milagro que de la noche a la mañana dos personas desconocidas se unan para toda la vida?
Ya sé que las estadísticas dicen que el cincuenta por cien de los matrimonios fracasan, pero yo me remito a lo que tengo delante.
Una vez leí una cita, que ahora no recuerdo de quien era, que decía algo así como: La vida, de alguna forma rebuscada, se compone de etapas, las cuales vamos dejando atrás, de sueños que cumplimos o que olvidamos y dejamos por el camino cuando se nos presenta algo más interesante y que te obliga a seguir luchando por lo que quieres conseguir en la vida.