Tan irresistible como Stanford Capítulo 15 #3
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Capítulo 15 #3

Jess no podía dormir. Abrió los ojos y paseó la mirada por los sillones en donde estaban acostados sus amigos. Ninguno se movía, estaban dormidos y todos ellos rodeaban a sus mujeres con el brazo. Entonces miró a Ryan y se encontró con que él la estaba mirando. Ella no apartó la mirada.

Ryan pensó que era una mujer inteligente, valiente y dura, de lo contrario no podría desempeñar el trabajo que realizaba.

Sin embargo, su precioso aspecto tenía una dulzura que lo atraía inevitablemente.

Su mirada estaba iluminada de talento e inteligencia, y sus labios siempre parecían estar dispuestos a sonreír.

Bueno, en ese momento no, se dijo. Le encantaba verla reír. Y tenía un cuerpo de ensueño.

Ella seguía mirándolo sin pestañear. Desde luego, esa chica tenía poco de tímida, al menos con él.

Pocas personas eran capaces de mantener la mirada durante tanto tiempo, pensó.

De pronto, un deseo inquietante se apoderó de él, de una forma tan intensa que estuvo a punto de soltar un gemido.

Tuvo que ser él quien cerrara los ojos. Entonces ella los cerró también.

Jess se preguntó qué pasaría en la isla entre los dos. Desde luego ella haría lo posible para que nadie notara que ocurría algo entre ellos, aunque todos estuvieran al corriente de lo que había sucedido. Se preguntó si Ryan haría lo mismo.

Estaba claro que todos sus amigos habían asimilado que estaban de vacaciones, porque a pesar de ser las siete de la mañana, hora de Nueva York, ninguno se movía de la cama.

Jess vio a Jack en la mesa, estaba tomando un café mientras veía algo en el móvil.

Se levantó sin hacer ruido y se acercó a él.

—Buenos días, Jack —dijo ella en un murmullo.

—Buenos días, Jess.

—¿Te importa que te acompañe?

—Claro que no. Siéntate. ¿Te apetece un café o desayunar?

—Desayunaré cuando se levanten todos. Pero sí me gustaría tomar un café.

Jack se levantó y poco después volvió con una taza.

—¿Lo tomas con azúcar?

—No, solo. Gracias. Parece que les cuesta levantarse.

—Están de vacaciones, aunque apuesto a que todos están despiertos.

—Supongo que es agradable quedarse en la cama cuando tienes pareja.

—Sí que lo es.

—Tess me dijo que estuviste casado.

—De eso hace mucho.

—¿Por qué no has vuelto a casarte?

—Supongo que no he encontrado a la mujer adecuada. De todas formas, me gusta vivir solo. Y tengo amigas con las que salgo cuando me apetece.

—Tener amigos está bien, ¿verdad? Yo nunca había tenido amigos.

—Pues ahora tienes un montón.

—Sí, es cierto.

De pronto, Jess miró por encima del hombro de Jack y vio a Ryan despierto y con la mirada clavada en ella. Era consciente de la intensidad con la que la miraba. ¿Qué le pasaba a ese hombre? ¿Acaso quería hacer que se sintiera incómoda?

Jess arqueó las cejas y lo miró de manera fría e indiferente. No iba a permitir que la incomodara.

Media hora después todos estaban levantándose, yendo al baño y sentándose a la mesa.

Jess vio que Ryan buscaba sitio cerca de ella y por un instante pensó que ese hombre pudiera notar lo mismo que ella, la necesidad que sentía de tenerlo cerca, de rozarlo, de besarlo…

Ryan llevaba unos vaqueros y una camiseta azul clara. No solo estaba guapo. Era como el dulce más sabroso de una pastelería, imposible no reparar en él y no querer probarlo, se dijo Jess.

Pero Ryan cambió de parecer y se sentó lo más alejado posible de ella.

Al sentarse no pudo evitar mirarla. Estaba seguro de que había conseguido desconcertarla, y eso le gustó, porque él también se sentía desconcertado.

Quizás lo que tanto le atraía de ella era esa mezcla de dignidad e inocencia, de descaro y timidez, de esa clara sabiduría y, al mismo tiempo, la ignorancia que tenía por ciertas cosas.

Era una composición asombrosa de encanto, belleza y contradicciones.

Ryan se maldijo por volver a pensar en lo que le atraía de ella.

Sí, ciertamente, Ryan había conseguido que se sintiera desconcertada, aturdida y alterada.

Estaba loca por él. Lo quería tanto que sentía dolor en el corazón por contener aquella emoción que la invadía.

Ahora podía entender perfectamente lo que sus amigas le decían sobre sus maridos, esa necesidad que tenían de ellos.

Ahora comprendía la importancia de lo maravilloso que era estar enamorada... , si era un amor correspondido.

Era genial estar sentada en aquella mesa, hablando todos al mismo tiempo. Jess podría decir que se sentía feliz. Sobre todo, cuando escuchaba hablar a Ryan, con esa voz que la ponía a cien cada vez que le daba esa tonalidad ronca, suave y cargada de sensualidad.

El resto del viaje lo pasaron hablando, jugando a juegos de mesa, y durmiendo la siesta. Cuando Jess fue a darse cuenta, estaban aterrizando.

Tuvieron que coger otro vuelo que les llevó a otra isla. Fueron al muelle deportivo y subieron a una preciosa embarcación.

Llegaron a la casa con el horario trastocado. Estaban cansados, aunque no tenían sueño. Así que decidieron, por unanimidad, que esa noche la pasarían en la playa para que Jess viera el amanecer. Aunque Patrick y Louise prefirieron ir a dormir a la casa.

A Jess no le gustó la idea de dormir a la intemperie, pero cuando empezaron a llevar a la playa toda la comida que Cath les había preparado para la cena, se sintió encantada. Era como hacer un picnic con unos amigos.

Y desde luego había merecido la pena pasar la noche en la playa, porque el amanecer fue espectacular.

—Yo creo que ya estoy muy mayor para pasar la noche en la arena —dijo Delaney—. La verdad es que prefiero despertarme en una cómoda cama con mi mujer al lado.

—Estaba a tu lado —mencionó Tess.

—Me gusta hacer el amor cuando nos despertamos y no creo que hubiera estado bien hacerlo aquí con todos.

—No, no habría sido correcto —añadió ella besándolo.

—Sé que habéis pasado la noche aquí por mí. Lo siento por vosotros. Aunque el amanecer me ha parecido lo más bonito que he visto en mi vida.

—Entonces ha merecido la pena el sacrificio —declaró Delaney.

—Vayamos a la casa, estoy muerto de hambre —dijo Nathan.

—Seguro que Jack ya estará preparando el desayuno —expresó su mujer.

—Vuestra casa es fantástica —dijo Jess.

—Gracias —dijo el matrimonio.

Entre todos cogieron las mantas que habían llevado y las bolsas con los restos de la cena. A pesar de que iban cargados, todos los hombres llevaban a sus mujeres cogidas de la mano. Ese pequeño detalle hizo que a Jess se le llenaran los ojos de lágrimas.

—¿Qué vamos a hacer esta mañana? —preguntó Carter.

—Yo creo que deberíamos volver a la playa, porque dentro de un rato estaremos muertos de sueño —dijo Tess.

—Seguro que sí, no puede decirse que hayamos dormido mucho —comentó Sean.

—Abby y tú deberíais haber dormido en la casa, ella habrá estado incómoda —dijo Tess.

—No he estado cómoda, pero no quería perderme el primer amanecer de Jess es la isla.

—Gracias. Me ha parecido espectacular.

—Lo primero que tenemos que hacer es traer las hamacas a la playa, así estaremos más cómodos para dormir. Yo tampoco tengo edad para estar tirado en el suelo —mencionó Ryan.

—Si hubiera estado una mujer tirada en el suelo a tu lado no te quejarías —dijo Ellie.

—Seguro que no —reconoció él sonriendo.

Entraron en la cocina para darle los buenos días a Jack.

—Mientras se termina el desayuno, iremos a llevar las hamacas a la playa —dijo Sean.

—Muy bien. Nosotras pondremos la mesa —añadió su mujer.

—Cariño, no quiero que hagas esfuerzos innecesarios —le advirtió Sean acariciando el vientre de su mujer.

—No creo que poner unos platos y en una mesa sea algo demasiado duro —dijo Logan.

—Sean tu mujer está embarazada, no enferma. Y está perfectamente —comentó Carter.

—Lo sé, pero…

—Sean, Abby ha permanecido en la playa toda la noche sin quejarse —dijo Tess.

—Lo cierto es que no ha sido muy cómodo dormir en el suelo, pero me encanta ver el amanecer aquí.

Los hombres tuvieron que hacer tres viajes, porque las hamacas eran de muy buena calidad y muy pesadas, y luego llevaron todos los cojines que las cubrían.

—¿Cómo vas con lo de Jess? —preguntó Nathan a Ryan.

—No va. No ha cambiado nada desde que hablamos hace dos días.

—Entonces, ¿sigues sin estar interesado en ella? —preguntó Carter.

—Sí, todo sigue igual. Ahora lo único que necesito es dejar de quererla. ¿Se puede saber qué hay que hacer para dejar de estar enamorado de alguien?

—Yo creo que eso es tan complicado como enamorarse de la mujer adecuada —dijo Logan.

—Ryan, se puede dar por terminada una relación...

—Delaney, entre nosotros ni siquiera ha habido una relación —lo interrumpió Ryan.

—Como te estaba diciendo —siguió hablando Delaney pacientemente—. Se puede dar por terminada una relación, pero no se puede dejar de sentir lo que se siente por una mujer. Quizás consigas olvidarla con el tiempo.

—¿Con el tiempo?

—Sí, con el tiempo. Yo no conozco otra solución.

—¿Cuánto tiempo sería eso?

—Deberías saberlo, estuviste saliendo con una mujer durante unos meses —dijo Sean.

—Sí, y tardé dos días en olvidarla.

—Ya dejamos claro que no estabas enamorado de ella.

—Pero con Jess es diferente —comentó Logan.

—¿Desde cuándo estás enamorado de ella? —preguntó Nathan.

—Creo que desde la primera vez que la vi, en aquella cafetería de los cojones de Atlanta. Dios mío, fue en el mes de abril, han pasado ocho meses desde entonces —dijo Ryan después de pensar en las fechas.

—Eso es mucho tiempo. Tardarás más de dos días en olvidarla mencionó Delaney.

—Tendrás que resignarte y ser paciente. Lo conseguirás con el tiempo —añadió Carter.

—Vaya mierda.