Tan irresistible como Stanford Capítulo 15 #2
42%

Capítulo 15 #2

—Pues si lo estaba, ya no lo estoy. Esa mujer entró en mi vida como un huracán, arrasándolo y alterándolo todo, e hizo que me descontrolara. Pero ya es historia.

—¿Sabes, Ryan? Estar preparado es muy importante, y saber esperar aún lo es más, pero saber aprovechar el momento adecuado, es la clave para que todo funcione a la perfección —dijo Delaney.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Que has desaprovechado el momento adecuado. Después de cómo te comportaste con ella el otro día, Jess no confiará en ti.

—Ya me dejó bien claro que no confiaba en mí.

—Pues con tus palabras le demostraste que no estaba equivocada. Te portaste como un arrogante.

—¿Tú vas a hablarme a mí de arrogancia?

—Puede que yo sea un arrogante, pero cuando hice las cosas mal con Tess le pedí perdón. Tú, en vez de disculparte la has menospreciado.

—Yo no la he menospreciado.

—Por supuesto que lo has hecho. De lo contrario no le habrías dicho que no necesitas ir detrás de las mujeres y que has perdido mucho tiempo con ella. ¿Cómo crees que se sentiría al escuchar algo así?

—No creo que le afectase, al fin y al cabo, me dejó claro que no estaba interesada en mí.

—¿Cuándo te dijo que no estaba interesada en ti? ¿antes de que le dijeras esas palabras o después? —preguntó Nathan.

Ryan intentó pensar en la conversación que había mantenido con Jess, pero no podía recordar el orden de las cosas que habían dicho.

—Todas vuestras mujeres son unas cotillas, y vosotros también. Lo que a mí me pase con ella no es asunto vuestro.

—Jess es amiga nuestra —dijo Logan—, y sabes que cualquier cosa que le pase a uno del grupo es asunto de todos.

—Pues a mí dejadme al margen, ¿vale? Ya no estoy interesado en esa mujer. ¡No confía en mí! ¡Piensa que lo único que quiero es acostarme con ella!

—Parece ser que no la has sacado de su error.

—Ya es mayorcita para darse cuenta de lo que dice. Y suficientemente inteligente para saber la forma en que lo dice. Os agradecería que no me hablaseis más de ella.

—Ryan, vamos a estar unos días en la isla y no quiero que haya malos rollos entre vosotros.

—Delaney, no somos niños. Por mi parte, mi comportamiento será intachable.

—Eso espero.

—Puede que Jess no se sienta cómoda en este viaje. Nosotros cinco tenemos pareja, y Ryan es el único que está libre, y está cabreado con ella —señaló Logan.

—Tal vez deberíamos invitar a Mike para que nos acompañe a la isla —propuso Carter—. El día de mi cumpleaños lo vi muy interesado en Jess.

—Esa es una buena idea. Abby dice que la dejó impresionado —dijo Sean.

Ryan no dijo nada e intentó que la expresión de su rostro no cambiara, pero de pronto se sintió morir. Él también había notado que Mike estaba interesado en ella. Y sabía que era un buen hombre.

—Todos lo notamos. Y a ella parece que no le disgustó —intervino Delaney.

—De todas formas, no creo que le den una semana libre. Según me dijo, había cogido vacaciones en Navidad —dijo Nathan.

—Jess se sentirá bien. Nosotros nos encargaremos de ella —expresó Delaney—. Y no hay que olvidar que se lleva muy bien con Jack.

—Eso es cierto. No sé lo que tiene ese hombre, pero todas nuestras mujeres sienten debilidad por él —dijo Sean.

Jess fue la última en llegar a casa de Delaney. Se extrañó al ver dos limusinas en la puerta. Nunca había visto una de cerca. Dejó el coche a un lado y subió los escalones hasta el porche. Jack le abrió la puerta antes de que llamara.

—Hola, Jack.

—Hola, Jess. Vamos al salón, todos están allí.

—De acuerdo.

—¡Por fin! —dijo Delaney levantándose y acercándose a ella para besarla en la mejilla—. Pensé que habías decidido no venir. Estaba a punto de enviar a buscarte.

—No me habría perdido este viaje por nada del mundo.

—Vamos con el tiempo justo.

—Siento el retraso. Aquí hay mucho más tráfico que en Atlanta.

—Mamá, quiero presentarte a Jess, nuestra nueva amiga —dijo Delaney cogiendo a Jess de la mano para acercarla a su madre—. Jess, ella es mi madre, Louise.

—Es un placer conocerla, señora Stanford.

—Me alegro de conocerte. No sé si te han dicho que mi marido y yo somos parte del grupo de amigos, así que llámame Louise y tutéame. Me han hablado mucho de ti —manifestó la mujer besándola.

—Espero que solo le hayan dicho lo bueno.

—En este grupo nos enteramos de todo —dijo la mujer sonriendo.

—Eso tengo entendido.

—Papá, ella es Jess. Jess, mi padre, Patrick.

—Hola, preciosa.

—Hola, Patrick. Un placer conocerte.

—El placer es mío —dijo el hombre besándola en la mejilla.

—Hola a todos —saludó Jess besándolos, excepto a Ryan.

Jess miró a Ryan y vio que la estaba mirando fijamente. En su mirada podía apreciarse dureza y algún tipo de advertencia, pero Jess no se inmutó.

—No te preocupes, no vamos a perder el vuelo. El avión es de mis padres —dijo Sean.

—Vaya, ¿tú también tienes un avión? —preguntó Jess dedicándole una preciosa sonrisa.

—Sí. Vamos con el mío porque es más grande que los de Delaney.

—Con lo arrogante que es tu hijo, es extraño que no haya comprado uno superior al tuyo.

—Pensaba que eras mi amiga —dijo Delaney acercándose a ella y tirándole del pelo.

—¡Ay!

Jack se acercó al hombre de seguridad, que era un antiguo SEAL de la Armada, para darle algunas instrucciones.

Cath, el ama de llaves de Delaney apareció en el salón.

—¿Brianna se ha dormido? —preguntó Tess a la mujer.

—Sí.

—Hola, Cath —dijo Jess besando a la mujer.

—Hola, Jess. Me alegro que hayas decidido venir a vivir aquí. Espero que lo pases bien en la isla.

—Gracias. Lo pasaré genial.

—Hora de marcharse —les interrumpió Jack.

Todos salieron de la casa.

—Bonito coche —dijo Sean al ver el Ford Mustang rojo de Jess.

—Gracias.

—Jess, ¿has sacado el equipaje de tu coche? —preguntó Jack.

—No.

El hombre y ella se acercaron al maletero. Jack sacó la pequeña maleta y Jess cogió el bolso.

—¿Dónde dejo el coche para que no moleste?

—Yo lo meteré en el garaje —dijo Nathan subiendo al vehículo.

Unos minutos después las dos limusinas se dirigían al aeropuerto.

—Es un avión precioso —remarcó Jess mirando el impresionante Jet.

—Gracias —dijo Patrick.

Jess se sentía alucinada cuando entró en el avión. Solo había visto aviones privados en las películas, pero ese era todavía más lujoso. Las paredes y los suelos eran de madera oscura y contrastaba con la piel blanca de los sofás y los sillones.

—Acompáñame, te lo enseñaré —dijo Tess a Jess—. Los sofás y los sillones son reclinables y se convierten en camas individuales o dobles. Este avión tiene una suite —dijo Tess abriendo la puerta para que la viera.

—Es muy bonita.

—Este es el baño privado.

—No esperaba que tuviera un baño como este dentro del dormitorio. Parece un hotel —dijo mientras salían al pasillo.

—Este es el otro baño —dijo abriendo la puerta que había junto a la suite —. Y este el otro dormitorio, es más pequeño, pero tiene una cama doble. Esta es la mesa de reuniones, y también la que se utiliza para comer.

—Todo es fantástico.

—Esa es la zona de la cocina, aunque aquí no cocinan. Un restaurante se encarga de preparar las comidas que puedan hacer falta para el vuelo. Y eso es todo.

—Pueden tomar asiento —dijo la azafata—. Y abróchense los cinturones, por favor.

Todos obedecieron. Jess se había encargado de no sentarse cerca de Ryan. Así y todo, a pesar de la distancia, se veían de frente.

Jess permaneció en silencio. Se había dado cuenta de que echaba de menos a Ryan, posiblemente por todas las horas que habían pasado juntos la última vez que se vieron.

Echaba de menos que le sonriera cuando hablaban de algo; tenerlo a su lado; la seguridad en sí mismo que mostraba siempre.

Entonces pensó en cuando habían hecho el amor.

Recordó la dulce sensación de sus manos y sus labios deslizándose por su cuerpo.

Sintió que las mejillas le ardían y sabía que estaría ruborizada.

—¿Estás bien? —preguntó Carter, que estaba sentado frente a ella.

—Sí —dijo. Aunque no estaba segura de ello.

La alegría que Jess había sentido el día que Ryan fue a Atlanta para hacer el viaje hasta Nueva York con ella, desapareció tan rápido como desaparecían las hojas de los árboles arrastradas por el viento.

¡Santa madre de Dios! ¿Era posible que el amor hiciera que se experimentaran altibajos emocionales, como si una se estuviera volviendo loca? De ser así, no quería estar enamorada. Pero, ¿acaso podía elegir?

Poco después el avión despegó.

—Pueden desabrocharse los cinturones de seguridad —informó la azafata.

Cuando estaban en el aire Louise pidió que les prepararan unos sandwiches para todos.

—Nosotros vamos a acostarnos —dijo Louise poniéndose de pie con su marido al terminar de cenar—. Que descanséis.

Les dieron las buenas noches y el matrimonio mayor desapareció.

—Tess, ¿queréis dormir vosotros en la habitación? —preguntó Sean a su cuñada.

—Abby está embarazada y es mejor que duerma en una cama.

—Nosotros dormiremos aquí —dijo Delaney, que no quería dejar a Jess sin su protección, aunque no la necesitara.

—En ese caso, Abby y yo nos vamos a la cama. Buenas noches.

—Buenas noches.

Todos empezaron a buscar acomodo para pasar la noche.

Por un momento, Jess se sintió fuera de lugar, porque las cuatro parejas se acomodaron en los sofás dobles.

Y solo quedaban Jess, Ryan y Jack. Fue Ryan quien tomó la decisión sentándose en un sillón a la entrada del avión, dándole la opción a Jess para que se sentara alejada de él, y es lo que hizo.

Jack se sentó a mitad de camino entre los dos.

La azafata se acercó a Jess para mostrarle cómo reclinar el asiento y ella le dio las gracias.

Jess se cubrió con la manta que había sobre el sillón y cerró los ojos. Le habían dicho que el vuelo duraba veintiuna horas y que harían una escala en Dubai, pero que no tendrían que bajar. ¿Qué iban a hacer durante tantas horas metidos en el avión?, se preguntó.

Y además, en Las Maldivas eran nueve horas más tarde que en Nueva York. Lo que quería decir que perderían nueve horas, claro que las recuperarían a la vuelta.