Capítulo 15
A las doce del mediodía llamaron al interfono y Jess abrió. Las chicas subieron con Jack.
—Hola —dijo Jess, que las esperaba con la puerta abierta.
—Hola —dijeron todas entrando en el apartamento y besándola.
—¿Estás bien? —le preguntó Jess a Abby.
—Sí, genial.
—¿Tuviste buen viaje? —preguntó Jack.
—Sí.
—No tienes buen aspecto, parece como si no hubieras dormido en toda la noche —dijo Tess.
—Me quedé colocando todo en su sitio y se me hizo tardísimo. Pero he dormido un rato. Esta noche dormiré más. Os enseñaré el piso.
—Los muebles parecen nuevos —dijo Lauren.
—Lo son —intervino Jack.
—La habitación es bonita —mencionó Ellie.
—Lo que más me gusta es la claridad que hay.
—La luz es importante —dijo Kate.
—Desde luego que sí. Tengo que comprar un escritorio para ponerlo en la otra habitación.
Bueno, en realidad tengo que comprar un montón de cosas.
No tengo ningún utensilio en la cocina. Y solo tengo las sábanas y las toallas que estoy utilizando.
Tendréis que decirme dónde puedo ir a comprar.
Mañana me ocuparé de ello. Y tengo que ir al supermercado.
—No vas a necesitar comida para hoy —dijo Abby—. Vamos a salir a comer. Iremos al restaurante de Carlo y le diremos que te prepare algo de cena para llevar.
—Esa es una buena idea.
—En el restaurante te daremos la dirección de las tiendas a las que tienes que ir para comprar lo que necesitas —añadió Tess—. Y si quieres que te acompañemos alguna de nosotras...
—No hace falta. Tengo que comprar prácticamente de todo, y quiero tomarme mi tiempo.
—Si necesitas ayuda, llámame —dijo Jack.
—Gracias.
—Este restaurante parece caro, ¿habéis reservado mesa? —preguntó Jess.
—Siempre tenemos una mesa reservada para nosotras o los chicos.
—Pues sacarían un buen dinero si dispusieran de este reservado —dijo Jess al verlo.
—Carlo es amigo nuestro. En un principio era amigo de Delaney. Mi marido puso el dinero para que montara el restaurante, porque sabía que tendría mucho éxito, y no se equivocó —le explicó Tess.
—Además, Delaney venía aquí con sus clientes y con Nathan. La prensa se dio cuenta y comenzaron a hablar del restaurante. Eso hizo que muchas personas comenzaran a venir y a Carlo le benefició —dijo Lauren.
—Al poco tiempo era uno de los restaurante más importantes de la ciudad —intervino Ellie.
—Entonces, ¿Delaney es socio de Carlo?
—No. Mi marido no estaba interesado en el restaurante, solo le prestó el dinero, y Carlo se lo devolvió tan pronto pudo. Él es el único propietario.
—Se come divinamente —señaló Kate.
—Y Carlo es un cielo —mencionó Abby.— Hablando del rey de Roma…
—Hola, chicas.
—Hola, Carlo.
Se lo presentaron a Jess y quedó impresionada por lo atractivo que era y por lo seductor, porque no había parado de flirtear con ella.
Jack entró en el reservado y se sentó en la pequeña mesa que siempre había en un rincón para él.
Estuvieron hablando unos minutos con el chef y ellas le dijeron que les preparase lo que quisiera para comer. Luego el hombre regresó a la cocina.
—Supongo que te sorprendería que Ryan fuera a Atlanta —dijo Tess.
—La verdad es que sí.
—No tenía claro si debería ir, porque no sabía cómo te lo tomarías.
—Viajar con él fue entretenido. De haber venido sola me habría aburrido como una ostra.
—Hemos ido a verlo antes de ir a tu casa. No lo habíamos visto en dos semanas —dijo Lauren—. Nos ha dicho que le llevaste a casa anoche. ¿Te gustó la casa?
—Es fantástica. Aunque creo que la cosa no fue bien.
—¿A qué te refieres? —preguntó Ellie.
—Cuando estábamos en su casa discutimos.
—No nos ha dicho nada. Aunque ahora que lo mencionas, no parecía estar de muy buen humor.
—¿Por qué discutisteis? —preguntó Kate.
—Me dijo que quería salir conmigo, pero yo no estoy interesada en mantener una aventura.
—¿Te dijo que quería tener una aventura contigo?
—No pensaréis que alguien como él esté interesado en mí para algo más que eso.
—¿Por qué no? —preguntó Abby.
—Solo tenéis que verlo a él y verme a mí.
—Jess, creo que estás llevando la modestia demasiado lejos. A ver si te das cuenta, de una vez por todas, de que eres una mujer preciosa —dijo Tess.
—Lo que tú digas. El caso es que me dijo que no estaba acostumbrado a ir detrás de las mujeres y que conmigo llevaba demasiado tiempo dedicado a ello. Me cabreó escucharlo. Es un arrogante y, sinceramente, he perdido el interés por él.
—Entonces, ¿estáis enfadados? —preguntó Tess.
—No os preocupéis, estaremos bien.
—Yo creo que a Ryan le gustas mucho —dijo Lauren.
—Seguro que sí.
—Apostaría a que siente algo muy fuerte por ti. Y pensaba que tú también sentías algo por él —añadió Ellie.
—La verdad es que no sé lo que siento. Ese hombre me confunde cuando está cerca.
—¿Por qué no nos cuentas exactamente lo que sucedió? —preguntó Ellie.
Jess les habló de la conversación que habían mantenido.
—Es extraño que Ryan no haya manejado mejor el asunto. Conoce bien a las mujeres y sabe cómo comportarse con ellas —dijo Kate.
—No he dicho que se comportara mal conmigo. De todas formas, no voy a darle más vueltas al asunto.
—El amor es comprensión —habló Kate de nuevo.
—No te lo voy a discutir.
—Es la capacidad que tienen dos personas para comunicarse con un simple roce o una sonrisa. Es tener fe y confiar en el otro, y no dudar nunca de él.
—Entonces, lo del amor está descartado, porque no cumplo ningunos de los requisitos que has mencionado —dijo Jess.
—Yo nunca había tenido un hombre en mi cama cada noche, ya sabes que no había estado con nadie antes de Delaney —les contó Tess—.
Ni tampoco me había despertado con un hombre a mi lado.
Escuchaba a la gente cuando hablaban del amor, porque siempre he sido una romántica, pero no me daba cuenta de que se referían a ese nivel de amistad que se tiene con tu pareja.
A ese apoyo que siempre tienes. Al buen humor.
—Yo solo he estado con un hombre una vez en mi vida, por lo tanto, no puedo decir que sienta lo que tú sientes con tu marido.
Y que conste que no me importaría sentir algo así.
De hecho, me gustaría salir con alguien y mantener una relación seria.
Eso de salir con uno y otro no va conmigo, creo que soy demasiado tímida.
Siempre he querido tener una familia, para hacer con mis hijos lo que mis padres no supieron hacer conmigo.
—¿Y no crees que Ryan podría ser el hombre adecuado para ello? —cuestionó Lauren.
—No. Ese hombre no es para mí. Yo quiero algo más normalito.
Todas se rieron.
—Mike sería perfecto para ti —dijo Abby de pronto.
—¿Conozco a ese Mike?
—Sí, lo conociste el día del cumpleaños de mi marido —dijo Ellie.
—¿Te refieres al detective que trabaja contigo? —le preguntó Jess a Abby.
—El mismo. Parecía muy interesado en ti. Y tienes que reconocer que no está nada mal.
—No, no está nada mal. Y además, es muy simpático.
—Cuando empieces a trabajar lo verás a menudo, nos pasamos la vida yendo al departamento de criminalística, aunque no al mismo en el que tú trabajas. No me extrañaría que Mike le pidiese al capitán que cambiemos al tuyo.
—El tiempo lo dirá. También necesito que me digáis dónde puedo comprar ropa. Necesito algo para la isla.
—Podemos quedar un día la próxima semana, nosotras también tenemos que comprar algunas cosas —dijo Tess.
—¿Qué día te va bien a ti? —preguntó Lauren.
—Cualquier día menos mañana lunes, ese día lo voy a dedicar a comprar todo lo que necesito para la casa.
—En ese caso, quedaremos el martes.
—Estupendo.
Los hombres del grupo no habían visto a Ryan desde hacía casi dos semanas. Sabían por sus mujeres que Jess y él habían discutido y querían oír su versión. Quedaron en ir a cenar el siguiente jueves.
Entraron en el restaurante. Desde luego, era imposible que cualquiera de esos seis hombres pasara desapercibido al ir solos, pero los seis juntos era un espectáculo.
En una de las mesas había sentada una mujer a quien Ryan no habría querido encontrar. Ella lo vio y se sintió algo incómoda. Luego reconoció a los hombres que iban detrás de él. Entonces volvió a mirar a Ryan y le sonrió.
—Hola, Ryan —dijo la mujer levantándose cuando él pasaba junto a su mesa.
—Hola, Sylvie —articuló él besándola en la mejilla—. ¿Cómo te va?
—Muy bien, la verdad. Estoy contenta con el trabajo y me gusta vivir aquí.
—Estupendo.
—¿Qué haces tú aquí? —preguntó ella mirando a los hombres que estaban detenidos detrás de él.
—Vivo aquí desde hace casi medio año.
—No lo sabía. Al mudarme perdimos el contacto. ¿Quieres que quedemos un día para cenar y ponernos al día?
—Sí, estaría bien.
—¿Tienes el mismo teléfono?
—Sí.
—Te llamaré.
—Mañana me marcho de vacaciones con mis amigos —dijo mirándolos—, y no estaré en la ciudad hasta primeros de mes.
—Te llamaré entonces.
—De acuerdo. Te dejo. Hasta pronto.
—Sí —dijo ella mirando a los seis hombres.
Llegaron a la mesa y se sentaron.
—¿Quién es esa mujer? —preguntó Logan.
—¿Os acordáis que os hablé de una mujer con la que salí en Atlanta?
—¿La que se vino a Nueva York y ni siquiera te dijo que estaba buscando trabajo? —dijo Logan.
—La misma.
—Esa mujer estaba más interesada en nosotros que en ti —manifestó Carter.
—Nos habrá reconocido y ahora sí que le interesará salir con Ryan —dijo Delaney.
—¿Por qué has aceptado veros? Pensaba que no habíais terminado bien —articuló Logan.
—No estoy interesado en ella para mantener una relación, pero en la cama es buena.
—Pues no te fíes mucho de esa mujer. Va a intentar atraparte —dijo Nathan.
—No te preocupes. Últimamente no confío mucho en las mujeres.
El camarero se acercó para tomarles nota. Luego se retiró.
—¿Para qué queríais que nos viéramos hoy? Mañana nos vamos a la isla —señaló Ryan.
—Por eso precisamente —dijo Delaney—. Hemos oído que Jess y tú habéis discutido.
—Yo no lo llamaría una discusión. Simplemente, no estamos de acuerdo en algo, pero lo solucionaremos. Por cierto, ¿quién os ha hablado de ello?
—Jess y las chicas salieron a comer hace unos días —dijo Carter.
—Pensaba que estabas enamorado de ella —mencionó Logan.