Capítulo 13 #4
Ese hombre era insistente, se dijo Jess. Pero sabía que no podía caer en la tentación, porque con él solo podría tener una aventura y ella no quería eso.
Terminaron de cenar y entre los dos recogieron la cocina.
—¿Te importa que me duche? He venido directamente del trabajo.
—Por supuesto que no. Mientras prepararé el equipaje. Aunque no estoy segura de que haya gel de baño y champú en el baño del pasillo, porque no lo he utilizado nunca.
—No importa, me ducharé en tu baño.
—Vale —dijo ella algo indecisa, porque saldría del baño con una toalla en las caderas, como en la cabaña de las montañas y…
—Aunque creo que lo mejor es que me des el gel y el champú de tu baño, así no te molestaré ni te distraeré mientras trabajas.
—Entra y cógelos tú. Comprobaré si hay toallas en el baño —dijo ella saliendo del dormitorio.
Jess no había querido pensar que él estaba duchándose desnudo a pocos metros de su habitación. Y tampoco había querido pensar en qué se pondría después de ducharse. Esperaba que hubiera traído pijama.
Estaba pensando en ello, cuando él entró en la habitación con pantalón de chándal y una camiseta de manga larga con las mangas remangadas.
—Podías haberte puesto el pijama, así estarías más cómodo.
—No uso pijama.
—Ah.
—Además, para viajar por carretera es más cómodo que el vaquero.
—Supongo que sí. Yo también me pondré un chándal mañana. Te he hecho la cama mientras te duchabas.
—Gracias.
—Aunque no sé si será un poco pequeña para ti. Puedo dormir yo en ella y tú en la mía.
—No te preocupes, estaré bien. ¿Qué te queda?
—Esa maleta ya está llena. Me queda guardar los bolsos, los zapatos y el resto de la ropa. Además, el edredón y lo de aseo, que guardaré mañana antes de que nos marchemos.
—¿En qué puedo ayudarte?
—Puedes meter en esa bolsa grande los zapatos y los bolsos, que están en esa puerta del armario —dijo señalándola.
—De acuerdo. ¿Solo tienes cuatro pares de zapatos? —preguntó él cuando abrió la puerta.
—Teniendo en cuenta que tengo solo dos pies, creo que son suficientes.
—Las mujeres no suelen pensar así.
—Siempre me he considerado un poco rara —dijo ella sonriéndole.
—Empiezo a pensar que lo eres —comentó sonriéndole.
—Mételos en las bolsas de tela que he dejado al lado.
—Vale.
—No tengo más zapatos porque solo salgo para ir a algún acto relacionado con el trabajo, y no suelo ir muy arreglada. Y tampoco tengo mucha ropa. Supongo que eso cambiará cuando viva en Nueva York.
—Puedes apostar a que sí. Tan pronto tus amigas se den cuenta de que tienes poca ropa, te llevarán de compras.
—Ahora puedo permitírmelo.
—Desde luego. ¿Tienes que llevarte también las cajas que hay en el salón?
—Sí, son los libros y documentos que necesito. ¿Crees que cabrá todo en el coche?
—No sé qué coche tienes.
—Un Ford Mustang.
—¿Tienes el aparcamiento en el sótano?
—Sí.
—¿Es seguro?
—Sí.
—En ese caso, podemos bajarlo todo esta noche, a falta de lo que tengas que quedarte hasta mañana.
—Buena idea.
—Podemos hacer ahora un primer viaje con una de las cajas para ver la capacidad del coche. Luego iré bajando cosas, mientras tú acabas de llenar las maletas.
—Bien, vamos entonces.
Caminaron hacia el salón. Jess iba a coger una caja, pero él no la dejó.
—Las cajas las llevaré yo. Lleva si quieres la maleta que tienes ya cerrada y que tiene ruedas.
—Ryan, puedo levantar una caja con libros.
—Lo sé. Coge la maleta.
Salieron al pasillo y subieron al ascensor. Luego entraron al sótano. Jess se detuvo delante de un precioso Ford Mustang rojo.
—Vaya.
—¿Qué?
—Nada, es solo que no esperaba que tuvieras un coche así.
—¿Así cómo? ¿Pensabas que por mi profesión iba a tener un coche negro familiar, como los de las funerarias?
—Por supuesto que no.
—¿No te parece bonito?
—Me parece precioso. Pero no cuadra con una chica tímida. Aunque claro, tú tienes poco de tímida.
—Soy muy tímida.
—Ya —dijo él con sarcasmo—. Abre las puertas y el maletero.
Ella lo hizo.
—No nos va a caber mucho. ¿Cuántas cajas tienes?
—Cuatro.
—Pondremos las cajas en el maletero, aunque no cabrá nada más. Y no sé si en el asiento trasero habrá espacio para el resto de cosas. ¿Tendrías problema en llevar la ropa sin maletas?
—No. En el apartamento de Nueva York también tengo aparcamiento en el sótano, así que puedo subirlas a casa en bolsas.
—Volvamos arriba e iré haciendo viajes.
—De acuerdo.
Volvieron al ascensor.
—También podríamos poner los libros sueltos en el maletero y hacer torres con ellos hasta la puerta, se aprovecharía mejor el espacio.
—Esa sería una solución mejor, así podría dejarlos allí y subirlos poco a poco.
Al final Ryan había bajado las cuatro cajas y había colocado los libros sueltos y solo ocupaban la mitad del maletero. Pudo colocar también la maleta, que no era pequeña. Al final pudieron meter el resto de cosas en el asiento trasero, y también la pantalla de televisión.
—Me voy a la cama. Estoy muerta.
—Yo también estoy cansado.
—¿Tienes todo lo que necesitas?
—Creo que sí.
—Si te hace falta algo dímelo.
—Gracias. Buenas noches.
—Buenas noches.