Capítulo 13 #3
—En ese caso sabrás que he vendido la casa de mis padres.
—No lo sabía. Aunque no he estado con los chicos desde el sábado pasado.
—Entonces, será por eso. Delaney me llamó hace tres días para informarme.
—¿Se ha vendido a buen precio?
—Desde luego que sí. Según me dijo, después de pagar las hipotecas que tenía y todos los gastos, me ha quedado un millón doscientos mil dólares.
—No está mal.
—Desde luego que no. Era la última propiedad que me quedaba de mis padres. Después de todo he heredado más de ocho millones. Ya me he librado de todo lo relacionado con ellos.
—Tienes un montón de pasta.
—Y que lo digas. Aunque, si quieres que te sea sincera, no me siento diferente por ser millonaria.
—No todo el mundo cambia cuando es millonario.
—Supongo que no. ¿Tú has sido alguna vez pobre o has vivido de un sueldo?
—No.
—¿Siempre has sido rico?
—Mis padres tenían dinero y tuve una buena vida. Cuando mi abuelo murió, mis hermanos y yo heredamos todo lo que tenía, que no era poco. Cuando empecé a trabajar, comencé a tener mi propio dinero. Ya sabes que los médicos ganamos pasta.
—¿En serio? Porque no puedo decir que yo haya ganado mucho dinero que digamos. Tampoco me estoy quejando, solo que no es un sueldazo como para echar cohetes.
—Eso es porque no tienes una consulta privada. Ahí es donde se gana dinero.
—Sería un poco raro tener una consulta privada con mi especialidad.
—Desde luego que sería raro —dijo él riendo—. El sábado pasado sí me enteré de algo.
—¿Relacionado conmigo?
—Sí. Jack nos comentó que había encontrado un apartamento para ti.
—Sí. Me llamó y me envió un vídeo para que lo viera, antes de alquilarlo. Me gustó porque me pareció muy luminoso. No es muy grande, tiene dos habitaciones, pero para mí es suficiente.
—¿Por qué no compraste uno en vez de alquilarlo?
—Si quieres que te sea sincera, estoy un poco preocupada con este cambio tan brusco que va a dar mi vida. No estoy totalmente convencida de que vaya a salir bien.
—¿No estás convencida de que te vaya a gustar vivir en Nueva York o el trabajo que vas a realizar allí?
—No estoy segura de nada. ¿Tú estabas seguro cuando te mudaste a Atlanta?
—Sí, estaba muy seguro e ilusionado.
—Y a los dos años te diste cuenta de que no te sentías a gusto viviendo allí.
—Tienes razón. Pero fue porque echaba de menos a mi familia y a mis amigos. Pero contigo es justamente lo contrario que me pasó a mí.
—¿Lo contrario?
—No tienes familia y, según comentaste, no tienes amigos en Atlanta, pero en Nueva York tienes un montón.
—Es cierto. Así y todo prefiero tener un apartamento de alquiler, por si algo sale mal. Y esa es la razón de que tampoco haya vendido este apartamento. Lo he alquilado por un año. Si después de ese año me doy cuenta de que soy feliz, entonces lo venderé y posiblemente me compre uno en Nueva York.
—Es una buena lógica. ¿Cómo conseguiste comprar este piso con tu sueldo de forense.
—En realidad lo pagaron mis padres. Ya sabes que no me tenían mucho aprecio.
La única manera que conocían de demostrarme que les importaba era darme dinero.
Cuando estaba en el internado ingresaban en mi cuenta una cantidad cada tres meses, dinero que nunca toqué, porque no lo necesité.
Cuando fui a la universidad cargaban en la cuenta de mi padre absolutamente todo, y él me ingresaba una cantidad astronómica cada dos o tres meses.
Dinero que tampoco gasté, porque no lo necesité, excepto para comprarme algo de ropa.
Antes de terminar la especialidad ya tenía trabajo.
En un principio pensé que lo había conseguido a través de mi padre, pero fue uno de mis profesores quien me recomendó.
Cuando empecé a trabajar me di cuenta de que tenía en el banco muchísimo dinero.
Pensé en devolvérselo a mi padre, porque no era dinero lo que siempre necesité de ellos.
Por suerte lo pensé una segunda vez y decidí quedármelo, como pago por lo mal que se habían portado conmigo.
Bueno, supongo que para ellos lo habrían hecho bien, posiblemente no supieron hacerlo de otra manera.
No todas las personas saben como ser padres.
El caso es que tenía casi el total de lo que me costó este piso, solo tuve que pagar treinta y cinco mil dólares más. Y a continuación me compré el coche.
—¿Tienes ese mismo coche?
—No, compré uno nuevo antes del verano pasado.
—Hiciste bien en quedarte su dinero.
—Lo sé.
—Entonces, mañana irás directamente a tu nueva casa o a casa de Delaney.
—Iré a mi nuevo apartamento. Está completamente amueblado y Jack me ha dicho que está limpio. Ese hombre es un encanto.
—Que no te oiga decir nadie eso, hundirías su reputación. Aunque todas las chicas del grupo piensan lo mismo de él.
Jess sonrió.
—De todas formas, necesitarás ropa para la cama, toallas…
—Lo tengo todo previsto. Les dije en la agencia que la casa la alquilaba solo con los muebles y electrodomésticos, sin nada más. Así que me llevaré el televisor, que es nuevo. Siempre lo tengo encendido cuando estoy en casa, así es como si estuviera acompañada.
Ryan sintió lástima porque se hubiera sentido así.
—Y en cuanto a la ropa de casa, me llevaré lo que necesite para los primeros días.
El lunes vendrá a limpiar Sally, que es la señora que me ha ayudado todos estos años.
Le he dicho que revise todo lo que quede en la casa y que se quede lo que quiera.
Y lo que no aproveche, se lo dará a alguien que lo necesite.
Luego limpiará bien el piso y le llevará las llaves a la inmobiliaria.
Al menos, eso lo tengo solucionado. Me va a venir bien tu ayuda para bajar mis cosas al garaje.
—Puedes utilizarme para lo que quieras.