Tan irresistible como Stanford Capítulo 12 #3
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Capítulo 12 #3

—Yo creo que antes de nada deberíamos envolver los regalos. Hay un montón. Los del cumpleaños y los de Navidad —dijo Tess.

—Gracias por esperar a que yo viniera. Espero que hayáis respetado lo que me dijisteis.

—¿Sobre qué? —preguntó Lauren.

—Dijisteis que los regalos de Navidad serían sencillos. Y también los del cumpleaños de Logan.

—Nosotras lo hemos respetado. Lo que no podemos saber es lo que habrán comprado nuestros maridos. Nunca nos lo dicen.

—Pensaba que los regalos los hacíais por parejas.

—Nosotras los compramos pensando en los dos, pero luego ellos siempre aparecen con algo que nadie esperaba —dijo Ellie.

—¿Y no habéis tenido regalos en Navidad?

—De ellos no.

—Cuánto lo siento.

—No importa. A todos nos hacía ilusión esperar a que estuvieras con nosotros —añadió Kate.

—Gracias.

—Bueno, vamos a traer los regalos y todo lo que necesitamos para envolverlos.

—Jack, ¿dónde dejaste las bolsas con los regalos? —preguntó Tess.

—En mi habitación. Ahora las traeré.

Las chicas prepararon un café y lo tomaron mientras se organizaban para hacer lo que tenían que hacer.

Había muchas manos para hacer el trabajo, así que en una hora tenían todos los regalos envueltos y con los nombres de los destinatarios y de quien los regalaba escritos en unas preciosas etiquetas.

Separaron los de Navidad de los del cumpleaños de Logan.

Ellas se habían encargado en sus casas de que los regalos de todas las chicas estuvieran envueltos.

Solo tuvieron que envolver los del cumpleaños de Logan.

Y los regalos de Navidad de los hombres.

Jack llevó al salón los regalos de Navidad que se entregarían después de la comida del día siguiente. Los del cumpleaños de Logan los llevó a su dormitorio.

Ellie se centró en la tarta de cumpleaños, mientras las demás mujeres se encargaron de adelantar los preparativos de la comida del día siguiente y la cena de fin de año.

Ellie terminó la tarta, la metió en una caja para dulces y la depositó en la nevera. Jess jamás había visto una tarta tan preciosa

Estaban sentándose a la mesa. Jess vio a Ryan acercarse a ella y sentarse a su lado. Ambos se miraron fingiendo no sentir deseo por el otro. Sus rodillas se rozaron sin querer, o puede que queriendo, pero ninguno de los dos la apartó.

Jess sintió el calor que subía por su interior y que había comenzado en su rodilla.

Jamás habría podido pensar que una rodilla pudiera calificarse como un punto erógeno del cuerpo humano.

Tal vez debería preguntárselo a sus amigas.

O mejor no, ya que ellas pensaban que sentía por Ryan mucho más de lo que les había dicho.

A Ryan le sorprendía mucho la atracción física que sentía por Jess.

Aunque sabía que no solo se trataba de deseo o de anhelo por un cuerpo bonito.

Se dio cuenta de que se sentía atraído por ella en general: por su mirada; por su cálida voz; por su risa; por su carácter encantador, amable y generoso; por ese corazón inocente, honesto, bondadoso y desinteresado; y por su inteligencia, alegre y traviesa.

Todos estaban saboreando la deliciosa cena, ajenos a la pareja que estaba abrasándose de deseo entre ellos.

Esa noche se acostaron temprano. Delaney estaba en la cama abrazando a su mujer después de hacer el amor.

—¿Crees que Jess se lo está pasando bien estos días? —preguntó Tess.

—Se lo está pasando genial. Me gusta verla sorprendida. Se sorprende por todo.

—No ha tenido una vida muy feliz.

—Mientras envolvíamos los regalos me dijo que no recordaba haber recibido nunca un regalo de sus padres o de sus abuelos.

—¿Nunca?

—Eso nos dijo. Y también que cuando era pequeña recordaba haber visto árboles de Navidad en su casa, pero que su madre no la dejaba acercarse a ellos. Parece ser que ponían el árbol solo para que sus amistades lo vieran.

—No entiendo porqué no le regalaban nada en Navidad o en los cumpleaños, al fin y al cabo no les habría costado nada. Y, joder, solo tenían una hija.

—Decididamente sus padres no la querían. Eran tal para cual. Y sus abuelos eran por el estilo, ni siquiera ponían árbol de Navidad.

—Menuda gentuza.

—Espero que no os hayáis pasado con vuestros regalos, porque me da la impresión de que si son excesivos, se va a derrumbar.

—Supongo que para ella serán excesivos. Pero no importa que se derrumbe, somos sus amigos y estaremos a su lado.

—¿Crees que Ryan y ella terminarán juntos? —preguntó Tess.

—Esa chica es un libro abierto y a mí me ha quedado claro que le pertenece a Ryan. Y él a ella. Hay algo que no se puede ver, pero que los envuelve y los muestra como pareja.

—Puede que sea la forma que se miran cuando el otro no se da cuenta.

—Sí, se miran con fascinación. Y la voz de él cambia cuando se dirige a Jess. Le habla de forma más suave. Y la química que hay entre ellos es evidente, aunque con lo inocente que es ella, no se dará ni cuenta.

Al día siguiente todos felicitaron a Logan en su treinta y cinco cumpleaños. Luego salieron a dar un paseo.

Bradley desbancó a Ryan y acompañó a Jess durante todo el camino por el bosque.

Con todo lo que estaban hablando, Ryan pensó que el chico ya le habría contado toda su vida y los proyectos de futuro que tuviera.

Así y todo, Ryan se sentía bien, porque de vez en cuando notaba que ella le miraba para controlar dónde y con quien estaba. Y eso le gustaba.

Volvieron a la cabaña helados. La casa estaba caldeada, porque la calefacción estaba encendida las veinticuatro horas del día. Así y todo, Jack fue al salón a poner más leña en la chimenea.