Tan irresistible como Stanford Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

—Estupendo.

—¿Te quedarás con nosotros hasta que encuentres un apartamento que te guste?

—Sí. Espero no ser una molestia.

—No digas tonterías.

—De todas formas, procuraré encontrar algo lo antes posible.

—No hay prisa.

Al día siguiente se levantaron tarde, porque la noche anterior se habían quedado hablando hasta las dos de la madrugada.

Después de desayunar, los hombres salieron a la calle dispuestos a cortar leña para que no les faltara en los tres días y medio que les quedaba de estar allí.

Las mujeres permanecieron en la cocina preparando la comida de ese día, mientras Ellie hacía la tarta de Logan, porque su cumpleaños era el día siguiente.

Jess estaba mirando a los hombres a través de la ventana, mientras mezclaba lo que le había pedido Ellie.

—Apuesto a que estás mirando al buenorro de Ryan —dijo Tess.

—Y no te equivocas. Está bueno incluso con un hacha en la mano.

Todas se rieron.

—Tengo un problema con él.

—¿Qué clase de problema? —preguntó Lauren.

—Tengo pensamientos impuros.

Todas volvieron a reír.

—Con su aspecto, lo raro sería que no los tuvieras —mencionó Ellie.

—Supongo que tienes razón. No parece el tipo de hombre que tenga que hacer muchos esfuerzos para conseguir a una mujer.

—Desde luego que no —añadió Abby.

—Aunque podría decir lo mismo de cualquiera de vuestros maridos.

—Ejemplares como esos no necesitan tomarse muchas molestias para conquistar a una mujer —dijo Kate.

—Normalmente son las mujeres los que los buscan, independientemente de que sean solteras, casadas o viudas —comentó Lauren.

—No me extraña lo más mínimo. Cuando miro a Ryan, lo primero que me viene a la cabeza son encuentros secretos o placeres prohibidos.

—Creo que lo que necesitas es echar un buen polvo —opinó Ellie.

—Estoy de acuerdo con ella. ¿Has estado con algún hombre desde que perdiste la virginidad? —preguntó Kate.

—No.

—¿Cuánto tiempo hace de eso?

—Casi tres meses.

—Pues eso es lo que te pasa. Es hora de que disfrutes del sexo —mencionó Tess—.Y que te despiertes acompañada.

—¿Qué tiene que ver el sexo con dormir?

—Tiene mucho que ver. Porque si un hombre duerme contigo, por la mañana lo haréis de nuevo. A mí me encanta hacerlo con Delaney por las mañanas. Lo hemos comentado entre nosotras y a todas nos gusta.

—Aunque tú tienes un problema —dijo Lauren.

¿Qué problema? —preguntó Jess.

—Hiciste el amor con Ryan y no te va a ser fácil encontrar a otro como él.

—¿Qué quieres decir?

—Ryan tiene fama de ser muy bueno en la cama —dijo Ellie.

—Yo puedo dar fe de ello. Aunque como no tenía experiencia, puede que me equivoque.

—Cariño, sigues sin tener experiencia, pero no estás equivocada.

—De todas formas, crees que sabes que es un buen amante, pero no estarás segura hasta que te acuesten con otro —señaló Kate.

—Entonces sabrás que te estás comiendo un producto de bollería de los que venden envasados en los supermercados, comparado con la tierna, esponjosa y deliciosa tarta casera, como la que está preparando Ellie —dijo Abby.

—Supongo que esa deliciosa tarta es Ryan.

—Sí.

—Ryan me besó hace un par de días —les informó de pronto.

Todas las chica dejaron de hacer lo que estaban haciendo y la miraron.

—Y no me besó una vez, sino dos.

—Tendrás que detallarnos los dos besos —verbalizó Tess.

—El primero fue cuando salimos a pasear por el bosque. Lo cierto es que no sé cómo ocurrió. Íbamos caminando entre los árboles, nos detuvimos y de pronto su boca estaba sobre la mía.

—¿Su boca apareció sobre la tuya, así sin más? —preguntó Tess sonriendo.

—Os aseguro que no me di cuenta de cómo sucedió. La mente se me quedó en blanco.

—Eso lo podemos entender, porque a todas nosotras nos pasaba cada vez que nuestros marido nos besaban antes de casarnos —reconoció Abby.

—Nathan sigue consiguiendo que pierda el sentido —dijo Lauren.

—No eres la única —añadió Kate.

—¿Le devolviste el beso? —preguntó Tess.

—Por supuesto, no soy tonta —respondió Jess sonriendo y haciendo que las otras se rieran.

—¿Cómo te sentiste?

—Muy bien. Como la vez que estuvimos juntos. Ese hombre sabe lo que hace con la boca.

—Seguro que sí —dijo Ellie.

—¿Cuándo fue la siguiente vez? —preguntó Kate.

—El mismo día. Como ya sabéis jugamos dos partidas de ajedrez.

—Lo sabemos. En una apostaste una cena —remarcó Ellie.

—Cierto.

—¿Y en la otra? —preguntó Abby.

—Apostamos un beso, y gané yo. La norma era que podríamos besar de cualquier forma.

—¿Quién puso esa norma?

—Ryan.

—Claro, cómo no —dijo Lauren.

—¿Y cuándo lo besaste?

—Anteanoche. Cuando subí a mi cuarto fui a ducharme. Antes de entrar en el baño la puerta se abrió y salió Ryan recién duchado. Llevaba solo una toalla en las caderas. ¿Os lo podéis imaginar?

—Perfectamente —mencionó Ellie sonriendo.

—Eso me alteró muchísimo. Después de acostarme no podía dormir.

—Seguro que pensando en él.

—Sí. Estuve dando vueltas en la cama hasta que me harté.

Bajé a la cocina a beber un vaso de agua y a coger una novela del salón.

Ryan estaba sentado en uno de los sofás.

Me senté con él y… Bueno, no pude evitarlo.

Tenía unas ganas locas de que me besara, pero él no parecía que fuera a hacerlo.

Entonces recordé lo de la apuesta y lo besé yo.

—Hiciste bien. Además, es lo que deseabas en ese momento —dijo Kate—. ¿Fue un beso agradable?

—No creo que pudiera calificarse como un beso agradable. Yo lo definiría más bien como apasionado, inquietante, puede que oscuro y, decididamente, turbador.

—Eso es un beso ardiente.

—Desde luego que lo fue. No os podéis imaginar como lo besé. Lo besé de una manera vergonzosa —dijo ruborizándose.

—Apuesto a que él no se inmutó —manifestó Abby.

—Pues no sé qué deciros. Creo que pensó que había sido muy atrevida.

—Tonterías —espetó Tess.

—Nuestros hombres no se asustan de nada en cuanto a las mujeres se refiere —dijo Lauren—, así que no te preocupes.

—Espero que no lo mencione en ningún momento.

—No lo hará. Ryan muestra la imagen de no tener sentimientos, pero lo conocemos bien y sabemos que es un hombre con una gran sensibilidad —expuso Tess.

—Sí, se expresa de maravilla y puede usar las palabras de la forma que quiere —añadió Kate.

—A mí me encanta cuando muestra el papel de millonario aburrido y finge convenientemente lo que tiene en la mente —dijo Abby.

—Y cuando baja la guardia, nos muestra al hombre de verdad, amable, educado y caballeroso —intervino Ellie.

—Atento, complaciente y atrevido —dijo Tess.

—Y sin duda, seductor —añadió Kate.

—Es un seductor nato. Ese hombre es una maravilla —reconoció Jess contemplándolo por la ventana—. Y no me importaría volver a besarlo de la forma que lo besé la última vez.

—Puedes hacerlo cuando te apetezca, él no se va a quejar —dijo Kate sonriendo.

—Pensábamos que habíais decidido que seríais solo amigos —habló Tess.

—Y somos amigos. No habrá nada más entre nosotros.

—Pues Ryan no nos ha besado a ninguna de nosotras, ni siquiera antes de casarnos. ¿Por qué crees que será? —preguntó Lauren.

—No lo sé. Yo no sé nada de hombres.

—Entonces, ¿solo sientes amistad por él? —preguntó Ellie.

—Me gusta.

—¿Solo te gusta?

—Me gusta mucho.

Las mujeres se miraron entre ellas, menos Jess.

—Eso lo sabemos —dijo Abby.

—¿Se me nota?

—Lo miras como si fuera tu marca preferida de chocolate —respondió Kate.

—¿En serio?

Todas asintieron riéndose.

—¡Oh, Dios mío! ¿Creéis que él lo habrá notado?

—No creo —dijo Ellie, aunque no estaba muy segura, porque todos los hombres del grupo conocían muy bien a las mujeres.

—¿Nunca tuviste ganas de salir a ligar cuando vivías en Atlanta? —preguntó Ellie.

—Por supuesto que tuve ganas de hacerlo.

No es que los hombres no me interesaran, es solo que los que conocía me parecían insulsos y aburridos.

Siempre he sido una romántica y supongo que mis expectativas eran demasiado altas, y cuando las expectativas son altas es muy fácil sentirse decepcionada.

Así que prefería quedarme en casa revisando alguno de los casos que tenía entre manos, o viendo alguna película o serie.

Jess siguió con lo que estaba haciendo, aunque de vez en cuando levantaba la vista para mirar por la ventana.

Ella siempre había disfrutado del silencio, porque se aprendía mucho observando cómo se comportaban las personas a través de su lenguaje corporal o los gestos de sus rostros.

Pero con Ryan todo había sido diferente.

Lo único que había aprendido de él, aparte de que era un hombre de sonrisa fácil, era que quería saberlo todo de él.

Pero no quería preguntarle a nadie, porque ese grupo de amigos eran una piña y lo que sabía uno lo sabían todos.

Y no quería que llegara a oídos de Ryan que estaba interesada en él.

Era extraño que después de la forma tan rara que se habían conocido y lo cabreada y humillada que la hizo sentir cuando supo lo que había hecho, ahora le gustase todo de él.

Le gustaba la conexión que se había formado entre ellos desde que fue a verla a Atlanta.

Y, además, no podía negar que sentía un inconfundible deseo por él.

—Ya podéis venir a comer —dijo Tess a los hombres.

—¿No es un poco pronto para comer? —preguntó su marido.

—Hemos preparado la comida antes, porque esta tarde nosotras tenemos un montón de cosas que hacer —dijo Lauren.

—¿Qué cosas? —preguntó Nathan.

—Ellie tiene que terminar la tarta de Logan.

—Y tenemos que empezar a preparar la comida de mañana. Queremos hacer algo especial para la comida de cumpleaños —le aclaró Ellie.

—Y para la cena. No olvidéis que es Nochevieja —remarcó Kate.

—Y además, tenemos que envolver todos los regalos —añadió Abby.

—¿Os importaría iros a tomar café y quedaros por ahí dos o tres horas? —preguntó Tess.

—No hay problema —dijo Delaney—. ¿Queréis que traigamos la cena del pueblo?

—Eso sería estupendo. Así tendremos más tiempo.

—¿A qué hora queréis que volvamos?

—A la hora de cenar, sobre las siete y media o las ocho.

—Vale.

—Tendremos la mesa puesta para que la cena no se enfríe.

—Muy bien.