Tan irresistible como Stanford Capítulo 10 #2
27%

Capítulo 10 #2

—No me tomes por estúpido. Además, me dijiste que no habías tenido tiempo de pensar sobre lo de venir a vivir a Nueva York. No tienes que pensar nada. No tienes otra opción.

—Siempre hay otra opción —replicó ella sonriéndole.

Todo el grupo se rio al ver su sonrisa.

—Ahora no podemos perder tiempo, pero este tema no ha terminado.

—Hablaremos cuando quieras.

—Jess, creo que no conocías a mi hija Eve —dijo Ellie.

—No. ¡Santa madre de Dios! Eres igual que tu padre —pronunció Jess besándola.

—Eso dicen —dijo la chica devolviéndole los besos.

—Me alegro de conocerte.

—Yo también. Ella es Taylor, la hija de Logan y Kate.

—Hola, Taylor. Me han hablado mucho de ti. Ambas se besaron también.

—Y a mí de ti. Él es mi hermano, Bradley.

—Vaya, eres muy alto. Hola Bradley.

—Hola, Jess —dijo el chico abrazándola.

—¿Vais a venir con nosotros? —preguntó Jess a las adolescentes.

—No, tenemos planes con nuestros amigos —dijo Eve.

—Es el cumpleaños de una amiga —añadió Taylor.

—También es mi cumpleaños —dijo Logan, su padre.

—Papá, en las montañas nos aburrimos.

—Vale, tranquila.

—Será mejor que nos pongamos en marcha —anunció Carter—, es un largo camino.

—Sí, vámonos antes de que Brianna se levante de la siesta, de lo contrario nos tendrá una hora rogándonos que la llevemos —dijo Delaney.

—Sacaré las maletas de mi coche —habló Ryan.

—Ryan, luego mete el coche en el garaje —dijo Delaney.

—Yo lo llevaré al garaje —añadió Jack.

Metieron las bolsas de comida que les quedaban en los todoterrenos.

—Ryan nos dijo que lleváramos un abrigo para ti —dijo Ellie a Jess—, pero no hace falta, en la casa hay mucha ropa de abrigo. Cada vez que vamos llevamos algo de la temporada anterior y lo dejamos allí.

—Estupendo. Gracias.

—Bien, vamos a organizarnos para ir en los coches.

—Jess, ven en el coche con nosotros —dijo Delaney.

—Vale.

—Kate y yo iremos con Nathan y Lauren —decidió Logan.

—Yo iré con Abby y con Sean —dijo Ryan.

—Bradley, ¿quieres venir con Ellie y conmigo? —preguntó Carter.

—Prefiero ir con Ryan.

—No hay problema.

Quince minutos después los cuatro todoterrenos salían de la propiedad.

—Hacía tiempo que no salíamos sin los niños —dijo Tess a Jess, que iban en el asiento trasero. Conducía Jack y a su lado iba Delaney.

—Nos vendrá bien descansar unos días de ellos —intervino Delaney.

—Brianna va a tardar en perdonarnos que no la hayamos traído con nosotros —aseguró Jack.

—Estará unos días sin hablarnos, pero se le pasará —dijo Tess—. Seguro que su padre lo consigue en un abrir y cerrar de ojos. Siempre consigue lo que quiere.

—Puede que tengas razón —dijo Jess—. Delaney, voy a venir a vivir aquí.

—Ya lo sabía.

—Serás arrogante.

—¿Cuándo lo has decidido?

—El 14 de este mes. Ese día le dije a mi jefe que me marchaba.

—Pero tú y yo hablamos dos veces desde entonces, y las dos veces me dijiste que no lo habías decidido.

—No quería que pensaras que lo había decidido porque me estabas presionando.

Delaney se volvió a mirarla y le dedicó una preciosa sonrisa.

—Lo importante es que has decidido venir a vivir aquí.

—Pero quiero que te quede claro que no es porque tú lo quisieras.

—Por supuesto que no. ¿Cuándo tienes que dejar el trabajo?

—El 14 de enero.

—Solo tendrás dos semanas para solucionar lo del traslado —dijo Tess.

—Empecé la semana pasada. Me he deshecho de un montón de cosas que no quería. Solo voy a traer la ropa y los libros. Recordé que era rica y no iba a traer las cosas que tengo de decoración, que no tienen ningún valor.

—¿Has puesto el piso en venta?

—No. Voy a alquilarlo. De hecho, ya lo he alquilado.

—¿Por qué quieres conservar el apartamento?

—Recordé lo que me contasteis de Ryan. Pensé que podría sucederme lo mismo a mí. Así si veo que no me siento a gusto aquí, me volveré a Atlanta.

—No vas a volver a Atlanta. Aquí estarás muy bien —dijo Delaney.

—Tú no lo sabes.

—Por supuesto que lo sé.

—Así y todo, de momento no venderé el piso.

—Jack me dijo que había hablado con la agente inmobiliaria para que te buscase un apartamento —dijo Tess.

—Sí. Pero de momento no hay nada que me interese. De todas formas, he pensado que voy a alquilar uno, mientras encuentro algo que me guste para comprar.

—No digas tonterías. Te quedarás con nosotros. Tenemos un montón de habitaciones que no usamos, y precisamente una de ellas es tuya —mencionó Tess.

—Os lo agradezco, pero no sé cuánto tiempo tendría que ser.

—El tiempo que necesites.

—Ya veremos.

—Tío Ryan, no me extraña que te guste Jess, es un bombón —dijo Bradley.

—¿Quién te ha dicho que me gusta?

—¿Crees que en vuestro grupo de amigos puede haber algún secreto?

—Desde luego que no. Son todos unos cotillas —anunció Ryan sonriendo.

—De todas formas, no me lo ha dicho nadie, pero he escuchado alguna cosa aquí y allá.

¿En serio es la misma chica que viste en Atlanta hace varios meses y que te dejó prendado?

—Pues sí, es la misma.

—Menuda casualidad, ¿eh?

—Sí. Y te agradecería que no lo fueras diciendo por ahí, ella no lo sabe.

—No voy a decir nada. ¿Por quién me tomas? Acabo de conocerla, y pienso que es una mujer interesante.

—Yo también lo creo.

—Parece una chica delicada, pero apuesto que no lo es. No podría serlo teniendo un trabajo como el suyo. Médico forense, ¡santa madre de Dios! Hay que tener cojones para trabajar en algo así.

—Estoy de acuerdo contigo. Esa mujer es valiente —comentó Abby.

—Y tanto que es valiente. A ninguna mujer se le ocurriría alquilar a un hombre para perder la virginidad —volvió a hablar el chico.

Ryan pensó que el chaval estaba al corriente de todo lo relacionado con Jess.

—Aunque sí he notado que es tímida.

—¿Tímida? —preguntó Ryan—. Te aseguro que tiene poco de tímida.

—No se sentía muy cómoda al estar rodeada por todos los hombres.

—Jess ha tenido una vida bastante dura —dijo Sean—. No porque haya pasado calamidades, sino por falta de cariño y atención de su familia.

—Lo sé.

—De todas formas, es tímida hasta que habla y se siente segura —mencionó Abby—. A mí me cayo bien cuando la conocimos.

—Creo que a todos nos ha caído bien —añadió Sean.

—Delaney siente algo especial por ella —dijo Ryan.

—No estarás celoso de mi hermano, ¿verdad?

—Por supuesto que no.

—Delaney es un hombre muy protector y se dio cuenta nada más conocerla de que era una chica estupenda, pero que había sufrido mucho durante toda su vida —dijo Abby—. Conmigo también se portó igual al principio.

—Lo único que quiere mi hermano es que se sienta bien y que lleve la vida que se merece.

—Delaney también es una buena persona —dijo Abby.

—Sí, desde luego que lo es. Se hace el duro, pero con nosotros ya no cuela —opinó Ryan.

Tan pronto llegaron a la casa, Jack entró para encender la calefacción y las chimeneas, mientras el resto entraba los equipajes.

Jess los miraba alucinada. Parecía que cada uno supiera qué tenía que coger y dónde llevarlo.

Cuando terminaron con las cosas de la cocina, las mujeres entraron y comenzaron a guardar los alimentos en la nevera y en la despensa, mientras los hombres subían las maletas a las habitaciones.

—Dios mío, ahí fuera hace un frío de muerte —dijo Jess entrando en la cocina.

—Es porque no llevas ropa y zapatos adecuados —mencionó Lauren mirándole los deportivos.

—¿Has traído botas? —preguntó Ellie.

—Sí, me compré unas ayer.

—Jess, si quieres sube a tu habitación a deshacer el equipaje, mientras nosotras pondremos la mesa y terminaremos de preparar la cena.

—Lo desharé cuando suba a acostarme.

—En ese caso, empieza a llevar alimentos a la mesa —dijo Kate.

—¿No hay mucha comida? —preguntó Jess al ver la cantidad de platos que había sobre la encimera.

—Tú no sabes cuánto comen nuestros hombres —remarcó Tess.

—Son muy altos y fuertes, es normal que coman mucho. Vuestra casa es muy bonita —dijo Jess.

—Sí, es estupenda. No la disfrutamos demasiado porque está lejos. Pero venimos todas las navidades.

—¿Tenéis habitaciones para todos?

—Sí. Al principio faltaban, pero nos apañábamos, Carter puso camas en cada espacio adecuado que había. Pero hace unos años hicimos una reforma, la hizo Sean, y tenemos habitaciones para todos, y nos sobran tres. Bueno dos, porque una de ellas es la tuya.

—Gracias. El paisaje es una maravilla. Mañana haré un montón de fotos. El exterior es como las tarjetas de Navidad.

—Sí, es cierto.

—Bradley, ve al cobertizo y empieza a hacer viajes para traer leña —dijo Kate.

—Vale.

—Y controla que no haya ninguna serpiente, ya sabes que a veces hibernan entre los troncos.

—Me pondré los guantes gruesos.

—Iré contigo —mencionó Jack al chico.

—¿Por qué sonríes? —preguntó Tess a Jess.

—Me encanta esto.

—¿Te refieres a las montañas?

—No, a vosotros. Jamás pensé que tendría amigos como vosotros.

—No irás a llorar, ¿verdad?

—Lo siento, me he emocionado.

Los hombres entraron en la cocina. Delaney se dio cuenta de que Jess se estaba secando las lágrimas.

—¿Qué te ocurre, cielo? —preguntó Stanford acercándose a ella de forma protectora.

—No le pasa nada, llora de felicidad —dijo Tess.

—En ese caso, me alegro.

Jess miró a su alrededor. Estaban todos cenando en la enorme mesa y tuvo que sonreír, porque nunca en su vida se había sentido tan feliz. Escuchó que Bradley se dirigía a ella y volvió a la realidad.

—¿Todos los cadáveres a los que les haces la autopsia son víctimas de asesinatos?

—¡Bradley! No creo que ese sea un tema para hablarlo en la mesa —le reprochó su madre.

—No te preocupes, a mí no me importa hablar de ello, si a vosotros no os incomoda.

—A ellos no les importa —anunció el joven sin preguntar.

—La mayoría de ellos lo son.

—Supongo que verás cosas terribles.

—Puedo asegurártelo.

—Y después de ver esas cosas horribles, ¿no tienes miedo a la muerte?