Tan irresistible como Stanford Capítulo 10
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Capítulo 10

Delaney recibió una llamada a las diez y media de la noche. Acababa de salir de la ducha y llevaba una toalla rodeándole las caderas.

—Espero que no sea nada importante y tengas que marcharte ahora —dijo Tess que estaba esperándolo echada en la cama. Cogió el teléfono para ver quien lo llamaba y sonrió—. Es Jess.

—Será para decirme que va a venir a vivir aquí.

—O lo contrario —pronunció Tess dándole el teléfono.

—Hola, cielo.

—Hola, Delaney. No te he llamado durante el día porque he supuesto que estarías muy ocupado. ¿Te llamo en mal momento?

—No. Tess y yo íbamos a acostarnos. ¿Qué ocurre?

—He pedido permiso en el trabajo e iré con vosotros a la cabaña de Carter. Si os parece bien, claro. Aunque tal vez debería llamarlo a él o a Ellie para preguntárselo.

—No te preocupes, yo se lo diré mañana. Estarán encantados de que nos acompañes.

—Estupendo.

—¿No tienes que decirme nada más?

—¿Sobre qué? —preguntó Jess de forma inocente.

—Sobre lo de mudarte a Nueva York.

—Todavía no lo he decidido. He tenido muchísimo trabajo y no he encontrado un momento para pensar en ello.

—No tienes que pensarlo. Simplemente tienes que dejar el trabajo y punto. No olvides que el 3 de febrero tienes que presentarte en tu nuevo puesto.

—Es que no estoy muy segura de si es lo que quiero.

—Jess, te aconsejo que no me cabrees.

—Y yo te aconsejo que no me presiones. Te veré el viernes. Dale un beso a Tess de mi parte.

Jess colgó sin darle tiempo a que él dijera nada.

—Me ha colgado, otra vez.

Tess soltó una carcajada.

—Esa chica parece indomable.

—Me recuerda a ti.

—¿En serio?

—Las dos sois igual de testarudas. A Ryan se las va a hacer pasar canutas.

—Así se le bajarán un poco los humos. Ryan es demasiado arrogante, aunque la arrogancia le sienta bien.

—Parece que está realmente enamorado de ella.

—¿Crees que es posible que se enamorara al verla en aquella cafetería, sin ni siquiera hablar con ella? —preguntó Tess.

—Es posible. Yo creo que me enamoré de ti la primera vez que te vi. Aunque no lo supe hasta mucho después.

—Pues yo no solo lo creo, estoy completamente segura que me enamoré de ti en el momento que te vi. Bueno, no me enamoré, pero me impactaste. Y unos días después estaba loca por ti.

—Es extraño cómo suceden las cosas.

—¿Qué cosas?

—Vio a Jess en una cafetería de Atlanta, y se la encuentra unos meses más tarde en Nueva York.

—Y la forma en que se encontraron es de novela.

—Todas las historias del grupo son de novela —dijo Delaney.

—Tienes razón. Decididamente, ella ya es parte del grupo.

—Eso está claro.

—Y no podemos olvidar que Jess era virgen hasta que se acostó con Ryan. ¿Crees que se casarán?

—Ryan parece convencido de ello.

El día de Navidad, Jess llamó a todos sus amigos por la mañana para felicitarlos.

Cuando habló con Ellie, esta le informó que no se habían dado los regalos de Navidad porque querían que ella estuviera presente, así que se los darían el día de final de año, que era el cumpleaños de Logan.

Pero también le había dicho que solían hacerse regalos normales y no caros.

Jess había comprado el regalo de Logan porque ya sabía que su cumpleaños era el último día del año, pero no había comprado regalos para sus amigos y eran un montón.

Al día siguiente trabajaba todo el día y sabía que no tendría tiempo.

Así que se sentó frente al ordenador y empezó a buscar posibles regalos.

A media tarde se sorprendió al recibir una llamada, porque nadie la llamaba, a no ser que fuera del trabajo.

No solía contestar llamadas de números desconocidos, pero ahora tenía un montón de amigos y no tenía los números de todos en sus contactos.

Eso sería lo primero que haría al llegar a Nueva York, conseguir sus teléfonos. Aceptó la llamada.

—¿Diga?

—Feliz Navidad.

El corazón de Jess se le disparó al reconocer la voz de Ryan.

—Feliz Navidad —dijo ella.

—¿Cómo estás?

—Bien, ¿y tú?

—Bien también. ¿Cómo estás pasando las fiestas?

—Trabajando y aburrida cuando no trabajo.

—Lo siento.

—No importa, estoy acostumbrada a estar sola. ¿Qué tal las estás pasando tú?

—Bien, con mis padres y mis hermanos.

Ryan pensó que se sentiría muy mal sin tener a nadie.

—Me han dicho que vienes el viernes para ir con nosotros a las montañas.

—Sí.

—¿Tienes ropa de abrigo?

—Sí. Ya sabes que aquí hace frío en invierno.

—Eso no es frío, comparado con el que hará donde vamos a ir.

—Compraré algo online a ver si tengo suerte y lo recibo antes de marcharme mañana.

—Si no te aseguran que lo recibirás, no lo compres. Dile a cualquiera de las chicas que se lleven ropa de abrigo para ti y listo.

—No tengo tanta confianza con ellas como para pedirles ropa prestada.

—No digas tonterías. Está bien, no compres nada, yo le diré a alguna de ellas que se lleven un abrigo para ti.

—De acuerdo. Gracias, Ryan. ¿Los niños irán también a las montañas?

—De momento solo nos acompañará Bradley, que es el hijo de Logan y Kate. No sé si lo conoces.

—No, no lo conozco. ¿Cuántos años tiene?

—Veintiuno. Pero puede que también vengan su hermana Taylor e Eve, que es la hija de Carter y Ellie. Ambas tienen diecisiete años.

—No es posible que Kate tenga un hijo de esa edad y puede que Logan tampoco.

—Es una larga historia para contártela por teléfono. Te la contaré en las montañas. De todas formas, te adelanto que ambos son adoptados.

—Eso es otra cosa. Ellie me ha dicho hoy que no os habéis dado los regalos por esperarme a mí, así que estoy comprando ahora los vuestros.

—No te preocupes por eso, nadie va preocuparse porque no hayas llevado regalos.

—Si no compro regalos para todos no iré. He comprado algunas cosas para las chicas y me las enviarán mañana, porque son de tiendas de la ciudad. Pero a los hombres no sé que compraros. Me temo que voy a ir muy cargada. No sé si me cabrán las cosas en la maleta que tengo que facturar.

—Tenías que haberle dicho a tu amigo Stanford que enviara uno de sus aviones a recogerte.

Jess soltó una carcajada.

—Delaney me habría mandado a freír monos si le hubiera dicho algo así.

—Te habría enviado el avión tan pronto se lo mencionaras. Lo que me extraña es que no lo haya hecho, incluso sin decírselo.

—Hablé con él hace unos días y le dije que ya tenía el vuelo comprado.

—¿A qué hora sale tu vuelo de Atlanta?

—A las doce y media. Si no se retrasa, llegaré allí un poco antes de las tres.

—Iré a recogerte al aeropuerto.

—No te preocupes, cogeré un taxi.

—Iré a recogerte. Guarda mi teléfono en tus contactos y envíame los datos del vuelo.

—No quiero molestarte.

—Cariño, somos amigos, no será molestia.

—De acuerdo, gracias. Oye, ¿podrías enviarme los teléfonos de los hombres del grupo?, solo tengo el de Delaney y el de Nathan, y ahora el tuyo.

—Ahora te los envío. Bueno, no quiero entretenerte más, tienes un montón de regalos para comprar.

—Ryan.

—¿Sí?

—¿Hay algo que necesites o que desearías tener? Tu regalo aún no lo he comprado.

A ti, pensó él.

—Que vengas con nosotros es el mejor regalo que me puedes hacer.

—Te conformas con poco.

—Te veo en dos días.

—Muchas gracias por todo.

—Ha sido un placer, preciosa. Tengo ganas de verte.

—Nos vimos hace cuatro días.

—Eso es mucho tiempo. Hasta el viernes, cielo.

—Adiós.

Al finalizar la llamada Jess se preguntó por qué estaba nerviosa. ¿Iba a alterarse también con una simple llamada de él?

Jess pasó toda la tarde comprando regalos. Respiró hondo cuando se dio cuenta de que por fin los tenía todos.

Ryan estaba esperando a Jess en la salida de pasajeros del aeropuerto.

De pronto la vio caminando hacia la puerta.

Ella levantó el rostro y al verlo se detuvo.

Se miraron durante un instante, e inmediatamente ella sonrió, con esa sonrisa abierta y sincera.

Esa sonrisa que llegaba a sus ojos y conseguía que su rostro se iluminara.

Al darse cuenta de que se había detenido para mirarlo se ruborizó, de esa forma que él encontraba tan inocente y encantadora. Caminó hacia él.

—Hola, Ryan.

—Hola, cielo —dijo sonriéndole y dándole un beso en la mejilla—. Estás preciosa.

—¿Crees que he cambiado desde que nos vimos hace unos días?

—No. Entonces también estabas preciosa.

—Cuando sonríes aún estás más atractivo y sexy. Y puede que algo peligroso...

Ryan la miró con los ojos entrecerrados, pensando que estaba flirteando con él, otra vez. Pero ella no había terminado de hablar.

—Al fin y al cabo, se dice que los asesinos más famosos de la historia fueron hombres absolutamente encantadores, al igual que los asesinos en serie.

Ryan no pudo evitar reírse. Cogió la maleta grande y caminaron hacia la salida.

—¿Te han cabido todos los regalos en las maletas? —preguntó él mientras las colocaba en el maletero de su coche.

—Sí. Al final decidí comprar ropa para todos, de lo contrario habría tenido que traer los regalos con las cajas que llevaran y ocuparían mucho espacio. Así y todo, he tenido que traer dos maletas.

Ryan abrió la puerta del copiloto para que ella subiera.

—No importa, vamos a ir con varios coches.

Después de preguntarle si había tenido un buen vuelo y que ella le dijera que sí, permanecieron en silencio, pero fue un silencio cómodo. De hecho, ella se sentía con él más a gusto de lo que se había sentido estando con cualquier otra persona.

Cuando llegaron a casa de Delaney estaban todos metiendo las cosas en los coches. Al ver el vehículo acercarse dejaron lo que estaban haciendo para ir a saludar a Jess. Todos la abrazaron. Ella aún se sentía algo tímida al estar rodeada de tantos hombres.

—¿Cómo estás? —preguntó Jess a Abby cuando se acercó a abrazarla.

—Muy bien. Estoy casi de seis meses, y ya se me nota el embarazo —dijo poniéndose de perfil para que le viera la barriga.

—Sí, es cierto.

El último que la abrazó fue Delaney.

—Me tienes un poco enfadado —dijo él cuando se separó de ella.

—¿Yo?

—Sí, tú. Me colgaste sin dejarme decir nada más.

—Lo siento. Por mi trabajo siempre ando con prisas.