Capítulo 9
—Hola, Delaney.
—Hola, Jess. Estamos todos juntos y voy a poner el manos libres, ¿te parece bien?
—Claro.
—¿Cómo va todo?
—Bien. Supongo que a ti también te va todo bien.
—Sí, todo genial. Te llamo para darte las gracias por los regalos.
—No ha sido nada.
—Habrías sacado un buen dinero por esas máquinas.
—Me pasa como a ti, el dinero no es problema. ¿Has olvidado que soy rica?
—No, no lo he olvidado —dijo él sonriendo, a pesar de que ella no podía verlo—. Me ha encantado tu regalo.
—Me alegro.
—Jess, muchas gracias por el regalo —dijo Nathan.
—Ha sido un placer. Espero que te haya gustado.
—Me ha encantado.
—A mí también me ha gustado —dijo Lauren—. La hemos puesto en un rincón del salón.
—Estupendo.
—Hola, Jess, soy Kate. Si me hubiera acordado antes, te habría invitado a que vinieras a mi cumpleaños, pero ni siquiera me acordaba de qué día era. Me lo ha recordado Logan esta mañana.
—¿Cuándo es?
—Mañana. Pero no te preocupes, la próxima vez lo pasarás con nosotros.
—Seguro que sí. De todas formas, deseo que pases un día fantástico.
—Gracias.
—Jess, soy Logan.
—Vaya, el ex sacerdote. Cuando me lo dijeron no podía creerlo.
—¿Por qué?
—Si me hubieran dicho que eras modelo podía haberlo creído, pero ¿sacerdote? Desde luego, no tienes pinta de sacerdote. Ya quisieran todos los curas del planeta tener tu aspecto.
—Vaya, cielo, me has dejado impresionado. Muchas gracias. Mi mujer no te ha avisado con tiempo, pero yo sí voy a hacerlo.
—¿Hacer qué?
—El último día del año es mi cumpleaños. Siempre lo celebramos en la cabaña que Carter tiene en las montañas y lo pasamos muy bien. Este año tienes que venir con nosotros.
—No sé…
—Cielo. Me gustaría mucho que pasaras unos días con todos nosotros. Por favor.
—¿Cuándo os iréis?
—Todavía no lo hemos hablado, pero solemos irnos cuatro o cinco días.
—El cumpleaños de Logan cae martes —dijo Nathan.
—Podríamos irnos el viernes anterior por la tarde y volver el día 2 de enero, ya que el uno es festivo —añadió Carter.
—Es que el viernes por la tarde tendría que trabajar. Supongo que podría cogerme libre desde el sábado hasta el miércoles, ambos inclusive. Pero no puedo asegurarlo hasta que hable con mi jefe.
—¿Qué es lo peor que puede pasar? —preguntó Delaney.
—Que me diga que no puedo coger esos días.
—Si te dice eso, le dices que dejas el trabajo y punto —dijo Delaney—. De todas formas, tendrás que dejarlo pronto, ¿no?
—Delaney, no estamos tratando ese tema. Hablaré con mi jefe y os lo comunicaré.
—Estupendo, te va a encantar la cabaña de Carter —dijo Logan.
—No esperaría otra cosa de él.
—¿Estás trabajando? —preguntó Delaney.
—Vistiéndome para ir al trabajo. Ha aparecido un cuerpo junto a un riachuelo a cuarenta kilómetros de la ciudad y tengo que ir. Los fiambres no respetan los fines de semana.
—Mal comienzo para un sábado —dijo él sonriendo de nuevo por su forma de hablar de los cadáveres.
—Estoy acostumbrada.
—Escucha. Quería decirte que no me gusta que me hagan la pelota ni me hagan regalos sin ninguna razón. Aunque puede que tú sí tengas alguna razón para hacerme el regalo que me has hecho.
—La razón es que pensé que te gustaría.
—No pienses que eso va a influir en lo que hablamos, porque no es así.
—Delaney, yo no necesito hacerte la pelota de ninguna manera.
Me han dicho que eres inflexible cuando tomas una decisión, y he de decirte que yo soy como tú.
De manera que no sé si me mudaré a Nueva York.
Todavía estoy pensándolo. Y te dejo que tengo que irme.
Chicos os echo de menos. Y a ti también.
—Me ha colgado —dijo Delaney sorprendido.
Todos se rieron.
—Cariño. Me temo que Jess es igual de terca que tú —mencionó su mujer riéndose.
—Por mucho que lo intentes, a esa chica no la vas a intimidar —dijo su hermano.
—Eso parece. ¿Y sabéis qué? Esa mujer tiene bien poco de tímida.
—Yo te lo puedo asegurar —dijo Ryan sonriendo.
—Ella cree que es tímida, pero no lo es en absoluto —añadió Carter.
—Es comprensible que se sienta así —dijo Lauren—. Cuando yo vivía en la caravana, antes de irme a Europa, me sentía como ella. Sabía que mi madre no me quería, y me menospreciaba a mí misma pensando que era la culpable de ello. Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que yo no tenía nada de malo.
—Desde luego que no tienes nada malo —insinuó su marido besándola en la mejilla.
—Sus padres fueron unos cretinos. Y no lo entiendo. ¡Demonios! Solo tenían una hija, ¿porque la despreciaban así? —cuestionó Delaney.
—No debió pasarlo bien. Primero la envían a un internado cuando solo tenía nueve años.
—A mí me llevaron al internado a los diez años y puedo aseguraros que es aterrador que te alejen de tu familia y de todo lo que conoces —dijo Tess—. Pero lo mío fue diferente, porque yo sabía que mis padres me quería.
—Sus padres la ignoraron durante toda su vida. Según nos dijo, hasta antes de ir al internado prácticamente no los veía, eran los empleados de la casa quienes se ocupaban de ella. Supongo que entonces ya se sentiría como si no valiera nada —dijo Lauren.
—Por eso en el internado no hizo amigas y se sentía sola. Seguro que fue allí cuando empezó a retraerse y a sentirse tímida —apuntó Ellie.
—Y encima, los cabrones de sus padres no iban a verla y cuando tenía vacaciones se limitaban a enviar un coche para que la recogiera y la llevara a casa de sus abuelos —dijo Kate.
—Que, según nos dijo, eran dos personas horribles que ni siquiera le hablaban. Por eso se pasaba el tiempo estudiando y leyendo —añadió Abby.
—Con ellos también debió sentirse muy sola. Dios, se lo arrebataron todo —dijo Kate.
Las palabras de sus amigas se le clavaron a Ryan en el corazón de una manera inesperada y con tanta fuerza, que el dolor hizo que le faltara el aire para respirar.
—Con esos antecedentes, no me extraña que en la universidad no hiciera amigos ni saliera con ningún chico —mencionó Delaney.
—Y mientras vivió en Atlanta siguió con la vida que había llevado hasta ese momento. Según nos dijo va de casa al trabajo y del trabajo a casa —añadió Nathan.
—¿Podéis imaginaros lo que sería la vida, si lo más excitante que hiciéramos fuera ir a hacer la compra de la semana? —señaló Tess.
Ryan estaba escuchando con la mandíbula apretada. No sabía la vida que había llevado Jess y pensó que se habría sentido desgraciada durante toda su vida.
—Eso no será por mucho tiempo —dijo Delaney.
—No parece que esté muy convencida de venir a vivir aquí —le dijo su mujer.
—Si no viene iré a buscarla.
—Pensaba que estabas muy ocupado para preocuparte por cosas insignificantes.
—Jess es importante para mí, me cae bien y haré lo posible para tenga la vida que se merece.
—Vaya, realmente te cae bien —mencionó Logan.
—A todas nosotras también nos cae muy bien. Es educada y muy divertida.
—Ellie tiene razón. Si hubieseis podido escucharla cuando nos contaba su encuentro con el hombre que alquiló para perder la virginidad… Ese eras tú —dijo Lauren mirando a Ryan—. Fue divertidísimo.
—Y que lo digas —añadió Kate.
—Esa chica es fantástica. A mí me encantaría tenerla como amiga —dijo Abby—. Me identifico mucho con ella. Yo también era tímida y me daban miedo los hombres.
—A Jess no le dan miedo los hombres, os lo puedo asegurar —intervino Ryan.
—La situación que tuvo contigo no tenía nada que ver con ella. Reconoce que fue algo especial —mencionó Ellie.
—Desde luego que fue especial —dijo él sonriéndole a su amiga.
—No me refiero a que fuera especial acostarse contigo. Alquiló un hombre para perder la virginidad y tomó el asunto como si fuera un negocio.
—Puede que lo tomara como un negocio al principio, pero te aseguro que unos minutos después se olvidó de cualquier cosa que no fuéramos ella y yo, juntos.
—Gracias por la exhaustiva información.
—Ha sido un placer, cielo.
—Yo me alegro de que sus padres hayan muerto —dijo Sean—.
No es normal que me alegre de la muerte de nadie, pero ese matrimonio se lo merecía.
Además, está bien que después de todo, Jess haya sacado algún dinero de ellos.
Desde luego no compensa como la han hecho sentir durante toda su vida, pero podrá volver a empezar una nueva vida aquí, con todos nosotros.
—¿Tú también piensas que vendrá a vivir a Nueva York? —preguntó Logan.
—No lo pienso, lo sé con toda seguridad. Delaney no habla por hablar.
—¿Has hablado ya con Jess? —preguntó Delaney a Ryan.
—No.
—¿Tienes pensado qué vas a hacer o vas a olvidarte de ella? —preguntó Carter.
—Creo que iré a Atlanta. Supongo que tendréis su dirección.
—Sí —dijo Nathan.
—Estupendo. Luego me la das.
—Si no quiere tener una relación contigo, discúlpate, y procura quedar bien con ella para que vaya a la cabaña con nosotros —dijo Carter.
—Haré lo que pueda.
—¿Has dicho haré lo que pueda? Si hay algo que no se te resiste es una mujer. Muéstrale todos esos encantos que las mujeres encuentran tan irresistibles en ti —insistió Logan.
—Puede que esté perdiendo facultades.
Jack sabía que Jess no solía salir, así que la llamó ese mismo sábado a las nueve de la noche.
—Hola, Jack.
—Hola, Jess. ¿Te llamo en mal momento?
—No. Acabo de terminar de cenar. ¿Ha pasado algo?
—Nada malo. Quería hablarte de algunas cosas de tu herencia.
—Tengo el ordenador aquí delante, ¿quieres que te haga una video llamada? —preguntó ella.
—Yo te llamaré, voy a por el ordenador. Dame cinco minutos.
—Vale.
Diez minutos después ambos estaban frente al ordenador.
—Bien. En primer lugar he de decirte que hace un par de días la inmobiliaria puso a la venta tus tres propiedades.
—Dijiste que antes tenías que vaciarlas.
—El lunes y el martes de esta semana fueron a las dos casas todas las personas con quienes había contactado. Y el miércoles estaban las dos vacías.
—¿Eso quiere decir que vendiste todo lo que había en su interior?
—Absolutamente todo.
—Pero eso es genial.
—Sí. Sinceramente no pensé que todo saldría tan bien.
—Has dicho las dos casas. ¿Y el casino?