Capítulo 8 #3
—Si querías ocultarnos cosas tenías que haberte quedado en Atlanta y seguir enamorado de la chica de la cafetería —dijo Kate.
—¡Está bien! Os lo diré. Y me alegro que hayas mencionado a la chica de la cafetería.
—¿Qué tiene que ver ella con este asunto?
—Tiene mucho que ver, porque la chica de la cafetería y Jess son la misma persona.
Todos se quedaron mirándolo. Ellos sorprendidos, porque ya sabían lo que había ocurrido entre él y la chica de Atlanta, aunque no sabían que se trataba de Jess. Y ellas alucinadas, por la casualidad de que la hubiera encontrado en Nueva York.
—¿Quieres decir que la chica de la cafetería de Atlanta está en Nueva York? —preguntó Abby evitando no sonreír.
—¿Acaso estás sorda? Acabo de deciros que ella es Jess.
—Pero, ¿cómo es posible?
—Supongo que las casualidades existen.
—Si Jess es esa chica, ahora sería un buen momento para que les cuentes por qué Jess está cabreada contigo —dijo Delaney.
—¿Sabes algo que nosotras no sabemos? —le preguntó a Delaney su mujer.
—Ryan nos contó lo que sucedió con ella, pero no sabíamos que era Jess.
—¿La habías visto aquí en Nueva York antes de hoy? —preguntó Tess a Ryan.
—¡Por supuesto que la había visto! Cuéntaselo o no te dejarán vivir en paz —dijo Sean.
—Vale, os lo contaré. No lo he hecho antes porque me sentía avergonzado de mi comportamiento y no quería que me lo reprocharais.
—¿Has dicho avergonzado? ¿Tú? —preguntó Ellie.
—¿Qué le has hecho a esa pobre chica? —preguntó Lauren.
Ryan les contó cuando se presentó en su casa y ella le dejó claro para qué había ido.
—¡Tú eres con quien ella perdió la virginidad! —exclamó Abby.
—¿Lo sabíais? —preguntó Logan sorprendido.
—Nos lo contó Jess la noche de su cumpleaños, cuando la invitamos a que cenara con nosotras. Supongo que el alcohol la ayudó a que hablara más de la cuenta —dijo Kate.
—Vosotros también lo sabíais. —comentó Tess a los hombres.
—Nos lo contó Ryan.
—Ya estáis todos al corriente, así que no tengo nada más que deciros.
—Tienes que contarnos tu versión de los hechos —dijo Abby.
—Está bien. ¡Joder! Un paciente mío vivía en la casa, al menos, antes de mudarme a Atlanta.
Ya sabéis que estaba visitando a mis antiguos pacientes para decirles que iba a abrir de nuevo una consulta.
Cuando Jess abrió la puerta me quedé alucinado.
Jamás hubiera imaginado que me encontraría aquí a la chica de la cafetería de Atlanta.
Y, además, me sorprendió que estuviera en casa de mi paciente.
Prácticamente no me dejó hablar desde que abrió la puerta.
Me dejó entrar, sin saber nada de mí. Comenzó a decirme cosas que no tenían ningún sentido, hasta que lo descubrí.
—Descubriste que ella te había alquilado. Bueno, que había alquilado a un hombre —dijo Kate.
—Sí —dijo él sonriendo—. No podía creerlo.
—Y te aprovechaste de la situación.
—No podéis culparme por ello.
—Teniendo en cuenta que eres hombre, no, no podemos hacerlo —dijo Tess.
—Me lo estaba poniendo en bandeja…
—Claro, y tú estabas muy necesitado de mujeres —añadió Ellie.
—No hace falta que seas sarcástica. No es que estuviera necesitado, pero había pensado en esa chica cada día desde que la vi en Atlanta.
Y estaba allí, ofreciéndose a mí. No sabéis cómo la deseaba.
El caso es que todo terminó bien. Nos despedimos y me marché.
Cuando iba en el coche camino de casa pensé en cuál sería la razón de que el verdadero hombre que ella contrató no acudiera a la cita.
—A eso podemos responderte nosotras —dijo Tess sonriéndole.
—Cuando te marchaste, Jess cogió el teléfono y vio que tenía una llamada perdida de la agencia de contactos.
Como Jess no contestó la llamada, le dejaron un mensaje de voz en el que decía que su cita de esa noche no podría ir a su casa, porque se le había presentado un asunto familiar urgente —dijo Lauren.
—Nos dijo que se quedó helada al no saber con quién se había acostado —intervino Ellie.
—Al día siguiente fue a la agencia y le dijeron la razón por la que el hombre no había podido asistir a la cita —dijo Kate.
—No se sentiría muy bien. Seguro que pensó que la había utilizado —mencionó Ryan.
—¡Es lo que hiciste! —dijo Abby.
—Lo sé.
—De todas formas, no pienses que se quedó traumatizada. Nos dijo que te portaste muy bien —comentó Tess.
—Eso es un alivio.
—Lo que más le gustó fue que le devolvieran el dinero que había pagado por él —dijo Lauren.
—Estaba feliz por haber perdido la virginidad gratis —dijo Ellie sonriendo.
—Está muy cabreada conmigo.
—Supongo que eres consciente de que tiene razón para estarlo —le recriminó Kate.
—Lo sé.
—De manera que tú eres la razón de que haya cambiado de parecer y no quiera venir a vivir aquí —dijo Delaney.
—Supongo.
—A esa chica no le gusta vivir en Atlanta —intervino Nathan—. Lo único que la hace sentir bien es el trabajo. No tiene amigos, porque ha creído durante toda su vida que no merecía que la quisieran. Por eso es tan tímida y no le gusta socializar.
—Eso también nos lo contó a nosotras —dijo Abby.
—Nos dijo que lo más excitante que hacía en su vida era el ir al supermercado —añadió Tess.
—A nosotros nos dijo que deseaba encontrar aquí un trabajo para comenzar una nueva vida. Se sentía bien por haber conocido a las chicas —dijo Delaney.
—Nosotras la animamos a que se mudara aquí y así podríamos vernos a menudo.
—Ya sabemos todos la razón para que Jess esté cabreada con Ryan —indicó Nathan.
—Y para que no quiera venir a vivir aquí —añadió Carter.
—Ahora, lo que tienes que hacer es hablar con ella y disculparte —dijo Logan.
—Lo he intentado. Le he dicho que quería hablar con ella, pero me ha dicho que no tenemos nada de qué hablar.
—Siempre se te han dado bien las mujeres, si insistes lo conseguirás —mencionó Sean.
—Se va mañana a Atlanta.
—No me importa cómo lo hagas, Ryan. Pero quiero que esa chica viva en Nueva York. —dijo Delaney.
—No puedo obligarla a que me escuche.
—Tú sabrás lo que has de hacer, pero el 3 de febrero tiene que presentarse en el trabajo.
—Apuesto a que tú podrías obligarla a venir.
—Sí, pero no sería en buenos términos y me odiaría.
—A mí ya me odia.
—Tú te lo has buscado. Sea como sea, arréglalo.
—Pensaba que ser amigo de Stanford tenía sus ventajas.
—Y las tiene. Pero también tiene desventajas —dijo Delaney sonriéndole.
—Sí, ya lo he comprobado. Me voy a la cama —anunció Ryan levantándose.
—Nosotros también —dijo Ellie—. No te preocupes, seguro que encontrarás la forma de que te perdone.
—Que lo perdone o no es lo de menos. Lo que importa es que consiga que cambie de idea y venga a vivir aquí —añadió Tess.
Jack llegó al hotel Stanford a la hora acordada. Jess estaba esperándolo en la puerta.
—Hola, Jess. ¿Hace mucho que esperas?
—Acabo de bajar. Buenos días.
—¿Te parece que vayamos primero a la casa de la playa?
—Sí.
El hombre puso el coche en marcha y se unió al tráfico.
—Me han hablado de la conversación que mantuvieron en el salón después de que tú y yo nos marcháramos —dijo él.
—Supongo que hablaron de mí.
—No solo de ti. Todos habían notado la tirantez que existía entre Ryan y tú. Obligaron a Ryan a que les contara lo que sucedía entre vosotros.
—Entonces, ahora todos estarán al corriente.
—Sí.
—Dios, qué vergüenza.
—No tienes por qué avergonzarte. Tú no hiciste nada. ¿Sigues sin estar interesada en hablar con Ryan?
—Sí, eso no ha cambiado.
—¿Y en lo referente a venir a vivir aquí?