Tan irresistible como Stanford Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

—Delaney, estás abusando de la confianza que he depositado en ti. Te agradezco de todo corazón que te hayas molestado en encontrarme ese trabajo, que seguro que sería el mejor trabajo de mi vida, pero no voy a aceptarlo. No he terminado —dijo ella cuando vio que Stanford iba a decir algo.

—Lo siento, sigue —se excusó él sin apartar la sonrisa de sus labios.

—Pero no te preocupes, porque no voy a dejarte mal. Hablaré con quien tenga que hablar y me disculparé por no poder aceptar el trabajo. Diré que… que me han detectado una enfermedad y estoy en la fase terminal.

—Eso no deberías decirlo ni en broma —dijo Cath.

—Lo siento, Cath. Bueno, inventaré cualquier otra excusa.

—Dime una razón que me convenza de que no puedes mudarte a Nueva York y yo mismo me encargaré de rescindir el contrato que está listo para que lo firmes.

—No me gusta Nueva York.

—Cariño, me dijiste que te gustaría mudarte aquí para empezar una nueva vida.

—Por favor…

Delaney vio la angustia en su mirada y decidió cambiar de conversación.

—De acuerdo. Dejemos el tema a un lado, pero lo retomaremos más adelante. Hablemos de tu herencia.

—Vale —dijo ella aliviada.

—Como ya sabes, tengo en mi despacho el dinero que había en efectivo en las dos cajas fuertes de tu padre, un total de cuatrocientos veinticinco mil dólares. Como te dijimos, ese dinero es negro y no tienes porqué declararlo.

—Eso quiere decir que no lo puedo ingresar en el banco.

—Si lo ingresas tendrás que pagar impuestos sobre él.

—¿Y dónde voy a guardar ese dinero? ¿O qué puedo hacer con él?

—Guárdalo en casa hasta que decidas comprar algo.

—¿Algo? Yo no soy tú, Delaney, y no voy por ahí comprando cosas de casi medio millón de dólares.

—Puedes pagar parte de una casa, por ejemplo.

—Ya tengo una casa.

—Bueno, cariño, yo no sé en qué podrías gastarlo.

—¿Tú podrías seguir guardándolo hasta que piense qué hacer con él?

—Por supuesto.

—¿Te fías de Delaney? —preguntó Sean.

—No hay nadie en quien pueda confiar más.

—Hace un momento querías romperle una jarra en la cabeza —dijo Carter.

—Yo nunca haría algo así —se sinceró mirando a Delaney con una tímida sonrisa.

—Bien, sigamos. Las dos casas y el negocio de tu padre tienen que quedar vacíos esta próxima semana. Al saber que venías al cumpleaños de Carter, Jack ha insistido en que no sacáramos nada hasta que tú les echaras un vistazo, por si querías quedarte algo.

—Iré con él mañana a verlas.

—Genial. Cualquier cosa que quieras conservar, sea lo que sea, él se encargará de buscar un lugar para guardarlas hasta que decidas dónde quieres que las lleven.

—De acuerdo.

—Como te comentamos, y accediste que hiciéramos, vendimos las joyas de tu madre, los relojes de ambos y los gemelos de tu padre. El joyero nos dio un talón por la cantidad de cuatro millones cincuenta mil dólares, dinero que Nathan ha depositado en tu cuenta.

—¿Tengo en mi cuenta todo ese dinero?

—Sí. El joyero nos hizo la factura de la cantidad, porque él tiene que declararlo. Así que tú también tendrás que hacerlo.

—Está bien.

—¿Por qué sonríes?

—Tú eres millonario y para ti será algo normal, pero yo no había tenido tanto dinero en mi vida.

—Pues todavía tienes que cobrar más dinero. Jack ha vendido los dos vehículos de tus padres.

—Los vendí por cincuenta y ocho mil dólares. Me pagaron con un cheque. Te lo daré más tarde.

—De acuerdo. Gracias.

—No hay de qué.

—Bueno, pues de momento no hay nada más. Ya te comentaremos lo que vaya sucediendo con las dos casas y el casino.

—Vale. Os estoy muy agradecida. ¿Cómo voy a pagaros todo lo que estáis haciendo por mi?

—Viniendo a vivir aquí y siendo nuestra amiga —dijo Tess.

—Encontraré alguna otra forma de compensaros. Ahora soy rica, ¿funcionaría si te ofreciera dinero? —preguntó Jess mirando a Delaney.

Él volvió a reír.

—Cielo, yo no necesito dinero.

—Lo suponía.

Terminaron de cenar y pasaron al salón a tomar café.

Estuvieron hablando del dinero que tenía Jess y especulando con qué podía hacer con él.

A ella le hacía gracia que todo el grupo fuera millonario, excepto Mike.

Aunque se recordó que Delaney no era millonario sino billonario, porque se había informado sobre él en internet.

Era bien entrada la madrugada cuando Jess decidió marcharse. Le dio la impresión de que todos pasarían la noche allí, pero ella no pensaba quedarse, aunque tuviera su habitación.

Jack le dijo que iba a llevar su maleta al coche y que la esperaría fuera.

Sus amigos la acompañaron al recibidor y Jess se despidió de todos. Se sintió intranquila cuando solo le quedaba despedirse de Ryan. Él se acercó a ella.

—Tenemos que hablar —le dijo Ryan.

A él no le pasó desapercibido lo que la afectaron esas tres palabras. Estaba seguro de que a nadie le gustaría escuchar Tenemos que hablar. Parecía como una sentencia condenatoria y que no traería nada bueno.

Él la cogió del brazo para llevarla hacia la salida y se detuvieron junto a la puerta.

El grupo había escuchado a Ryan pronunciar esas tres palabras cuando se dirigía hacia la escalera, y en vez de subir a los dormitorios, volvió todos al salón.

—¿Hoy no tienes que ir a desvirgar a ninguna mujer? —preguntó Jess.

Ryan no contestó, en cambio sonrió de una forma tan deslumbrante y espontánea, que ella tuvo que hacer un gran esfuerzo para no derretirse frente a él. Se dio cuenta de que su sonrisa era un arma letal.

—Jack me está esperando en el coche.

—No te preocupes, no se marchará sin ti.

—De acuerdo. ¿Qué sucede? ¿De qué tenemos que hablar?

—De lo que sucedió cuando fui a tu casa. Y también de cuando nos vimos en la calle.¿Podríamos quedar mañana para hablar?

—Es mejor dejar las cosas como están y fingir que no nos conocíamos antes de hoy.

—Yo no estoy de acuerdo.

—Ese es tu problema. De todas formas, mañana estaré muy ocupada. Y vuelvo a Atlanta al medio día.

—¿No podrías dedicarme aunque solo fueran quince minutos?

—Lo siento, pero no. Adiós.

Jess abrió la puerta y se marchó, cerrándola tras de ella. Mientras caminaba hacia el coche pensó que ese hombre la desarmaba con esa seductora sonrisa de diablo arrepentido. Se preguntó si él se arrepentiría de haberse acostado con ella.

Jack salió del coche al verla y le abrió la puerta para que se sentara en el asiento del copiloto. Luego rodeó el vehículo por delante y se sentó a su lado. Poco después atravesaron la verja y abandonaron la propiedad.

—¿Lo has pasado bien?

—Lo he pasado de maravilla. Me encanta el bosque que hay detrás de la casa. Y el campamento es fantástico.

—Sí que lo es. Tu regalo le ha encantado a Carter.

—A mí también me gustó cuando lo vi en el anticuario. Pensé que no quedaría bien cuando cambiaran el nombre, pero el restaurador hizo un buen trabajo.

—Ha quedado fantástico. Carter va a hacer una entrada en forma de arco para colocarlo en la parte superior.

—Quedará bien.

—¿Es cierto que no vas a mudarte aquí? —preguntó Jack, que sabía que había cambiado de idea por Ryan. Porque estaba completamente seguro de que él era con quien había perdido la virginidad.

—Sí.

—Si te quedas en Atlanta no harás lo que te gustaría hacer. Eso es huir.

—Yo no estoy huyendo.

—Por supuesto que lo estás haciendo. Y no huyes por el bien de tus amigos, sino por ti.

—No sé de qué hablas.

—No tienes que hacerlo, Jess. Tu intención era vivir en Nueva York. Haz lo que querías hacer, el resto se solucionará con el tiempo. Sé que no tienes un buen concepto de Ryan, pero te aseguro que es un buen hombre, serio, trabajador y responsable.

—¿Por qué lo mencionas?

—Porque cuando les hablaste a las chicas del hombre con quien perdiste la virginidad, supe que era él.

—En ese caso ya sabes lo que me hizo.

—Sí, lo sé. Así y todo, no puedes evitar sentir algo por él. ¿Me equivoco?

—No, no te equivocas. Si pudiera evitarlo no me sentiría tan atraída por él.

—Piensa bien lo que vas a hacer. ¿Se te ha ocurrido pensar que posiblemente ese hombre sea tu media naranja?

—Ni siquiera se me ha pasado por la cabeza.

—Piensa que algunas oportunidades no se presentan dos veces. Consúltalo con la almohada antes de tomar la decisión definitiva. Prométeme que lo pensarás.

—Te lo prometo.

—Y hablando de otra cosa. No deberías ponerte a malas con mi jefe. No te gustaría tenerlo como enemigo.

—¿Por qué lo dices?

—Te ha conseguido un buen trabajo. Pero igualmente puede conseguir que nadie te dé trabajo en todo el país.

—¿En serio tiene ese poder?

—Completamente en serio. No juegues con él, porque perderás.

—Me gusta tu jefe. Creo que es un hombre maravilloso.

Jack giró la cabeza para mirarla, y ella le devolvió la mirada con una sonrisa en los labios.

—Ya hemos llegado —dijo el chófer deteniendo el coche.

—Muchas gracias por traerme.

—Ha sido un placer traerte. ¿Te parece bien que te recoja a las ocho?

—Sí, perfecto. Hasta mañana. Buenas noches.

—Buenas noches, Jess.

Ryan entró en el salón. Le extrañaba que todos sus amigos siguieran allí y no se hubieran retirado, ya que era más de la una de la mañana.

—¿Se puede saber que pasa? —preguntó Ellie tan pronto puso un pie en la estancia.

—¿A qué te refieres?

—¿Nos tomas por estúpidos? —preguntó Tess—. Le has dicho en la puerta: tenemos que hablar.

—Y has estado todo el día echándole a Jess miradas incendiarias. ¿Se puede saber qué te ha hecho para que te comportes así con ella? —dijo Lauren.

—Esa chica es muy tímida y no te has portado bien con ella —añadió Kate.

—Yo no estoy muy de acuerdo en lo de tímida. Además, ¿no habéis notado que ella me miraba de igual forma?

—Entonces, será porque le has hecho algo —dijo Abby, presionándolo para que les dijera qué sucedía con Jess.

—¿Cómo iba a hacerle algo si acababan de conocerse? —preguntó Nathan.

—Nada más llegar Ryan la he notado intranquila —mencionó Delaney.

—Yo creo que no se han conocido hoy —dijo Tess.

—Es tarde…

—No se te ocurra salir del salón antes de que nos expliques qué pasa con ella —dijo Carter.

—¡Joder! Sois unos cotillas. Con vosotros es imposible tener un secreto.