Capítulo 8
Los matrimonios subieron a la planta superior con su hijos para bañarlos.
En el salón permanecieron los tres amigos solteros: Ryan, Mike y Jess.
Unos minutos después Ryan estaba que se lo llevaban los demonios, porque el detective había acaparado a Jess, hablándole sin parar de gilipolleces, y él se sentía excluido.
Para calmar la desesperación que sentía, cogió una revista de encima de la mesita de centro y la abrió.
Poco después parecía abstraído en la lectura, como si fuera lo más cautivador del mundo.
—¿Algún artículo interesante? —preguntó Jess, que había notado que estaba fingiendo, porque no pasaba la página de la revista.
—La verdad es que sí. Nunca había leído una revista de estas, pero hay cosas sorprendentes.
—¿En serio?
—Sí —dijo él sin mirarla.
—¿De qué trata el artículo que estás leyendo?
—¿Perdona? —preguntó él mirándola sorprendido, porque no esperaba que ella le mencionara nada al respecto.
—Háblanos del artículo. Si dices que es interesante, tal vez nos interese también a nosotros.
—Mejor lee tú misma la revista —dijo levantándose para dársela—. Voy a tomar una copa. ¿Queréis tomar algo?
—Yo me tomaría un whisky —dijo Mike.
—¿Tú quieres algo, Jess?
—No, gracias.
Ryan caminó hacia el mueble de las bebidas. Colocó dos vasos bajos sobre la madera y se tomó su tiempo para preparar las copas, necesitaba relajarse porque esa chica lo había alterado. Luego caminó hacia los sofás y le dio el vaso a Mike.
—Gracias.
—Por lo que he escuchado durante el día, vives en Atlanta —dijo Mike.
—Sí.
—Tu acento no es de allí. En realidad, no puedo adivinar de dónde es.
—Viví aquí hasta los nueve años. A esa edad me mudé a San Francisco y estuve allí hasta los diecisiete. Luego fui a la universidad en Atlanta y al terminar la carrera empecé a trabajar allí. Supongo que habrá influido el que haya vivido en varios lugares diferentes.
—Puede que sea eso. ¿A qué te dedicas?
—Soy médico forense.
—¿Eres médico? —preguntó Ryan.
—Pareces sorprendido. ¿Eres de los que piensan que las mujeres no son tan inteligentes como los hombres?
—¡Por supuesto que no! Que seas médico no es lo que me ha llamado la atención. Lo que me ha sorprendido es que seas médico forense. No es un trabajo que les guste a las jóvenes.
—¿Y a los jóvenes sí?
—Creo que lo estoy estropeando por momentos.
—Me temo que sí. Soy forense del laboratorio criminalístico y me encanta mi trabajo —dijo ella dedicándole a Mike una preciosa sonrisa.
—¿No eres muy joven para ser médico?
—Tengo treinta años.
—¿En serio? Te echaba veintidós o veintitrés como mucho.
—Vaya, gracias.
—Ya me gustaría que el forense con el que trabajamos tuviera tu aspecto. Es un tío mayor, feo y con barriga. Y por si eso no fuera poco, no tiene nada de simpático. Siempre he pensado que era un amargado por trabajar con cadáveres, pero tu no pareces amargada.
—Puedo asegurártelo.
—¿Y qué haces en Nueva York?
—He venido al cumpleaños de Carter.
—No sabía que os conocierais.
—Conocí a las chicas hace unas semanas cuando vine al entierro de mis padres. Murieron recientemente en un accidente.
—Lo siento.
—Gracias. Me quedé aquí un mes para arreglar el tema de la herencia, y Delaney y Nathan me ayudaron con ello.
—¿Cómo conseguiste que te ayudaran? No son personas que tengan mucho tiempo libre.
—Tenía una buena influencia —dijo ella sonriendo.
—A ver si lo acierto, Tess le pidió a su marido que te ayudara.
—Sí —dijo ella sonriéndole de nuevo.
—Mientras trabajábamos en la cabaña del árbol, he escuchado decir a los chicos que ibas a mudarte aquí.
—Es algo que había pensado en un principio, pero no voy a hacerlo.
—A mí me encantaría que vivieras aquí.
—¿Por qué?
—Me gustaría conocerte mejor.
—En ese caso, tendrás que ir a verme.
—Puede que lo haga. Podríamos empezar a conocernos antes de que te marches. ¿Hasta cuando te quedas?
—Me marcho mañana al medio día.
—¿Por qué tan pronto?
—El lunes tengo que trabajar.
—De manera que tendré que ir a Atlanta si quiero conocerte.
—Estaré encantada de que me visites.
—A lo largo del día has mencionado varias veces que eres tímida. ¿Has superado tu timidez de repente? —preguntó Ryan intentando no mostrar lo molesto que estaba.
—¿Por qué lo preguntas?
—Las mujeres tímidas no suelen flirtear.
—Y supongo que tú conoces a todas las mujeres tímidas. De todas formas, ¿a ti qué te importa si flirteo con él o no?
—No he dicho que me importe.
—Pues yo creo que sí te importa.
—Perdona que te haya dejado sola con estos dos —dijo Ellie entrando en el salón.
—No tienes que disculparte. Mike es muy agradable —mencionó Jess dedicándole una sonrisa al detective.
Ellie miró a Ryan y le extrañó que tuviera esa expresión dura en el rostro.
—Los niños ya están bañados y Cath y Rosita están dándoles la cena. Acompáñame, Jess y te enseñaré tu habitación para que puedas cambiarte.
—Gracias.
—Vosotros ya conocéis vuestras habitaciones —les dijo a los dos hombres—. Los chicos se están duchando. Nos vemos luego.
Las dos mujeres abandonaron el salón.
—Cuando los niños hayan cenado los acostaremos y ya no nos molestarán.
—Los niños son estupendos —dijo Jess mientras subían la escalera.
—Sí que lo son.
Esta es tu habitación —dijo Ellie abriendo la puerta—, y lo será para siempre.
—Ellie, no voy a venir a vivir Nueva York.
—Eso ya lo veremos. Supongo que esa pequeña maleta es la tuya.
—Sí. La habrá subido Jack.
—Aquella puerta es el baño. En él encontrarás todo lo que necesites.
—Gracias.
—Cuando termines bajas al salón. Tomaremos una copa antes de cenar.
—De acuerdo.
Ellie salió cerrando la puerta. Jess miró a su alrededor.
Era una habitación preciosa. Sabía que en las casas de todos los del grupo había habitaciones para cada uno de ellos.
Y a ella le encantaría que esa fuera su habitación para siempre.
Se notaba que todos los del grupo la apreciaban, porque la trataban como si fuera uno más de ellos, y eso le gustaba.
Se desnudó y entró en el baño.
—¡Hala! —dijo al verlo. Era un baño enorme y precioso. La ducha era tan grande que cabrían perfectamente en ella cuatro personas.
Abrió el grifo y cuando el agua salió caliente se metió debajo.
Y entonces pensó que no le gustaría tener con ella en la ducha a tres personas, solo a una.
A Ryan. Ryan, repitió debajo del agua. Al fin sabía cómo se llamaba.
Le gustaba ese nombre. ¡Y no estaba casado!
Pero tenía que dejar de fantasear con él, porque después de ese día no volvería a verlo.
¿Eran celos de Mike lo que había apreciado en el salón?, se preguntó Jess. Menuda tontería. Más vale que se lo quitara de la cabeza. Ese hombre no podría tener celos de Mike, porque podría tener a la mujer que quisiera, y ella no era gran cosa como mujer.
Media hora después todos estaban sentados alrededor de la gran mesa. Estuvieron hablando de una cosa y otra, sin que les faltara tema de conversación.
—¿Cómo estás pasando el día de tu cumpleaños? —preguntó Jess a Carter.
—Está siendo un día genial. Y me encanta que estés con nosotros.
Llevábamos tiempo pensando que nuestro círculo de amigos estaba cerrado, pero entonces de vez en cuando Mike se unía a nosotros.
Recientemente ha vuelto Ryan de Atlanta.
Y ahora has aparecido tú, que vas a mudarte, precisamente también desde Atlanta.
—Me gusta mucho estar con vosotros, y lo estoy pasando muy bien, pero no voy a mudarme a Nueva York.
—Por supuesto que vas a mudarte. Ya te he conseguido trabajo —intervino Delaney.
—¿Qué? No tenías que haberlo hecho sin consultarme. Me dijiste que trajera un currículum, pero no te lo he dado.
—¿Crees que me iba a hacer falta tu currículum para encontrarte trabajo? El 3 de febrero tienes una reunión con tu superior.
—Pero… Ni siquiera lo conozco.
—Por eso tienes la reunión, para conocerlo. He hablado con él, y te aseguro que he conseguido las mejores condiciones.
—No tenías derecho a hacer algo así.
—Somos amigos y yo me ocupo de mis amigos.
—Delaney, nos hemos visto tres veces en la vida. No puede decirse que seamos amigos.
—Para mí han sido suficientes.
—No puedes concertarme una entrevista de trabajo sin consultarme.
—No es una entrevista de trabajo. Ya tienes el puesto.
No lo olvides, el 3 de febrero tienes que presentarte en el departamento de criminalística más importante de la ciudad.
Te enviaré la dirección. Aunque supongo que antes de esa fecha nos veremos, porque ya estarás viviendo aquí.
Y te aconsejo que no me dejes mal, porque he tenido que mover muchos hilos para conseguirte el puesto.
Jess lo miró fijamente, en su mirada podía apreciarse la furia que sentía en ese momento. Delaney la admiró, porque no se sintiera intimidada por él.
—Creo que no es el momento de tener esta conversación. Es el cumpleaños de Carter —dijo Ellie para suavizar el ambiente.
—A mí no me preocupa escucharlos. Su conversación es interesante —expresó Carter sonriendo a su mujer.
—A mí tampoco —dijo Logan—. Nunca había visto a nadie hablarle así a Delaney. Me gusta que no logre intimidar a Jess.
Todos los amigos se rieron. Y Delaney los taladró con la mirada.
—Hablaremos luego a solas. De todas formas, Nathan y yo tenemos que informarte del tema de tu herencia.
—Casi todos los que hay sentados a la mesa están al corriente de lo de mi herencia, así que no hace falta que hablemos a solas. Puedes decir lo que tengas que decir ahora. Al menos, al estar acompañados me contendré y no te romperé en la cabeza la jarra de agua que tengo frente a mí.
Delaney no pudo evitar reírse, al igual que hicieron todos los de la mesa.
—A mí no me hace ninguna gracia.
—Pues te aseguro que la tiene. Jamás he escuchado a nadie que le hable a Delaney en ese tono —dijo Nathan sonriendo.
—Parece que tu timidez no funciona con este grupo —intervino Delaney sonriéndole.