Capítulo 7 #2
Los hombres subieron a la planta superior. Las mujeres salieron de la cocina y fueron a la sala de juegos donde estaban los hijos de todos.
—Vaya, esta habitación es como una guardería —dijo Jess sonriendo.
—Sí. La niña que está con Brianna es Mar, la hija de Rosita —le informó Ellie.
—En todas nuestras casas tenemos una habitación similar. Es la mejor forma de tener a los niños controlados, porque no pueden salir —añadió Lauren.
—Tenemos la intención de prepararles de vez en cuando unas cestas con comida y enviarlos a pasar un fin de semana en el campamento —dijo Tess.
—Así nos los quitamos de encima —mencionó Kate sonriendo.
—¿Y no hay peligro de que salgan de la propiedad?
—Toda la propiedad está vallada y, como habrás podido ver, la valla es muy alta.
—Sí, la he visto.
Poco después las chicas salieron de la casa con los niños.
Los pequeños corrían en bandada hacia el campamento, y las amigas y Jack detrás de ellos.
—Has dicho que tenías un pequeño bosque detrás de la casa, pero de pequeño no tiene nada —dijo Jess mirando a lo lejos mientras caminaban.
—Bueno, sí. Carter compró la propiedad, precisamente por esos árboles —mencionó Ellie.
—Es fantástico.
—Cierto.
—Nosotros también tenemos un bosque en casa —dijo Abby—. Antes de casarme con Sean se vendía la propiedad de al lado de su casa, era un terreno virgen con un montón de árboles. Creo que lo compró por eso. Me encanta ir a pasear entre los árboles para pensar.
—Te entiendo.
—¿Qué le has comprado a Carter?, preguntó Ellie.
—Un cartel que encontré en un anticuario que pone Campamento Hirsch. Por supuesto antes ponía otro nombre, pero pedí que lo rectificaran y quedó como si fuera el nombre original.
—¿En serio? Le va a encantar. Han hecho una pequeña verja que rodea el campamento y el cartel le va a hacer mucha ilusión.
—Me alegro de haber acertado con el regalo. Si Jack no me hubiera mencionado el campamento, no habría sabido qué comprarle.
Cuando llegaron, Jack comenzó a encender las estufas de gas que rodeaban las mesas. Las chicas se sentaron en una de ellas para vigilar a los pequeños.
Los hombres llegaron unos minutos después y se pusieron todos a trabajar, incluido Jack.
—Mirad quien viene por ahí —dijo Abby al ver acercarse a Mike, su compañero de trabajo—. Me dijiste que no vendrías.
—Yo también te he echado de menos —contestó él con cariño tirándole del pelo cuando estuvo junto a ella—. Hola a todos.
—Jess, te presento a Mike, es detective, como yo, y mi compañero de trabajo —dijo Abby.
—Un placer —expresó ella tendiéndole la mano.
—Lo mismo digo —añadió Mike estrechándole la mano y acercándola a él para darle dos besos en la mejilla.
—Menos mal que has venido a ayudarnos, Mike, y no como otros —pronunció Delaney.
—Si lo dices por Ryan, no está bien ni que lo insinúes, porque ha trabajado tanto como vosotros —dijo Ellie—. No ha venido aún porque tenían que llevarle unos muebles a casa. Pero llegará a tiempo de ayudaros, porque me ha enviado un mensaje diciéndome que los transportistas ya se han marchado.
—Tú siempre defendiéndolo —espetó Carter.
—Tú eres tonto —le dijo a su marido sonriéndole.
Unos minutos después los hombres estaban centrados en lo que hacían y hablando entre ellos. Las chicas seguían sentadas en una de las dos mesas, que era enorme, tomando un café con leche con unas deliciosas magdalenas que había hecho Ellie.
—Tenía razón con lo de las estufas, no se nota el frío —dijo Jess—. Más bien diría que hace calor.
—Ya llegó —dijo Kate mirando hacia la casa.
Todas levantaron la vista para mirar. Jess se quedó paralizada al ver acercarse al hombre al que todas miraban.
Se había quedado petrificada al reconocerlo, porque era el hombre con quien perdió la virginidad.
Pensó que su paso, aparentemente descuidado y su mirada penetrante, tenían una fuerza magnética.
El corazón de Jess se agitó de forma violenta dentro de su pecho al ver que se acercaba a la mesa.
Se sentía… No sabía cómo se sentía. Lo miró atentamente, porque no pudo evitar mirarlo.
Era alto, moreno, con unos ojos grises en los que se podría perder, un rostro perfecto, y para terminarlo de coronar, tenía una sonrisa que cortaba el aliento.
Sonrisa que desapareció de sus labios cuando la reconoció.
Ryan la miró sorprendido. Vio en ella una mirada, que podría muy bien ser la del ángel de la muerte, y eso hizo que esbozara una casi imperceptible sonrisa.
Al darse cuenta de que su nerviosismo aumentaba, Jess inspiró profundamente una vez, luego otra, y repitió el proceso hasta que su respiración volvió a la normalidad.
Las mujeres se levantaron de la mesa para abrazarlo y ella tuvo que levantarse también.
Jess intentó disimular su inquietud, pero sentía que le ardían las mejillas y estaba segura de que él se había dado cuenta.
—Ven, quiero que conozcas a nuestra amiga Jess. ¿Recuerdas que la hemos mencionado muchas veces? —preguntó Tess rodeando la mesa con el cogido de la mano.
—¿Cómo iba a olvidarlo? Últimamente no habláis de otra cosa.
—Jess, él es Ryan, el amigo médico de quien te hablamos.
—Médico —dijo ella en un susurro, aunque él lo escuchó, tendiéndole la mano—. Un placer.
—Igualmente —pronunció él estrechándosela.
Cuando sus manos se rozaron, Jess sintió que el pulso se le aceleraba de nuevo y empezaban a flaquearle las rodillas.
—Deja de mirar embobado a Jess y ponte a trabajar —exclamó Delaney, que había notado que Jess estaba alterada, y lo último que quería era que se sintiera incómoda.
Ryan caminó hacia sus amigos para ayudarles con la cabaña. En realidad agradeció que Delaney llamara su atención, porque él también se sentía alterado.
Delaney se preguntó porqué Jess se mostraba incómoda con Ryan, cuando con todos los demás se había sentido bien al conocerlos.
Poco después, la mirada de Jess se cruzó con la de Ryan, que tenía una expresión extraña en el rostro, se parecía a la de un depredador que hubiera encontrado la presa a la que atacar. La miraba con tanta intensidad, que ella fue incapaz de apartar los ojos de los de él.
Su cabello revuelto le daba un aire atractivo y rebelde.
Claro que con aquel cuerpo y aquel rostro, no necesitaba añadir nada más al conjunto.
Algunos mechones de pelo le caían sobre la frente, y entonces Jess recordó el tacto de ese cabello entre sus manos, y deslizarse sobre su piel.
Y recordó también la presión de su boca sobre la de ella.
Una cálida sensación la invadió al recordar que ese hombre había estado en su interior.
Sus caderas se habían movido contra las de ella.
A pesar de que Jess se había mostrado totalmente entregada, él había dirigido su placer a su antojo y lo había controlado todo.
—Creo que deberíamos empezar a traer la comida —propuso Ellie.
—Nosotros todavía no hemos terminado —dijo Carter, que estaba subido en una escalera muy alta.
—Primero le daremos de comer a los niños —dijo Ellie levantándose.
—Buena idea, así cuando terminen de comer se entretendrán jugando y nos dejarán comer a nosotros —apuntó Tess.
—Voy con vosotras —dijo Jess, que quería alejarse de allí.
—De acuerdo.
—¿No te cae bien Ryan? —preguntó Abby mientras caminaban hacia la casa.
—No lo conozco.
—Tampoco conocías a Carter, a Logan y a Sean, y con ellos estás relajada.
—Bueno, tanto como relajada... —dijo Jess sonriendo.
—Con Ryan estás nerviosa.
—Y no te ha quitado los ojos de encima —expuso Tess.
—Y tú tampoco a él —añadió Lauren.
—Es guapo —dijo Jess.
—No lo mirabas con admiración. Parecías cabreada —mencionó Ellie.
—¿Nunca habéis conocido a una persona que desde el primer momento os ha caído mal?
—¿Esa es la razón de que lo miraras de esa manera? —preguntó Kate.
—Sí.
—En ese caso, puede que a él le haya sucedido lo mismo —se limitó a decir Abby.
—Menuda coincidencia —dijo Tess—. ¿Eso influirá en ti para que sigamos siendo amigas?
—No. Pero no creo que me mude a vivir aquí.
—¿No vas a hacerlo porque Ryan no te cae bien?
—¡Por supuesto que no!
—Pero tienes que venir a vivir aquí —dijo Lauren.
—Os dije que no era seguro que me mudara —dijo Jess cuando entraron en la cocina.
—¿Va todo bien? —preguntó Cath a Tess, que era como una hija para ella.
—Sí, todo va genial.
—Rosita, ¿qué es lo que hay que llevar al campamento? —preguntó Tess.
—Las cestas que hay sobre la mesa ya están preparadas con la comida de los niños. En esta otra está la bebida —dijo la mujer dejándola sobre la mesa.
—Y en esta bolsa están los platos, los vasos y las servilletas de papel —añadió Cath entregándole la bolsa a Tess—. ¿Os apañaréis solas con los niños?
—Claro.
—En ese caso me quedaré con Rosita y terminaremos de preparar la comida para los mayores.
—Muy bien. Rosi, dame dos bolsas de basura grandes, así lo recogeremos todo antes de volver a casa.
Las chicas cogieron las cestas y las bolsas y salieron de la casa por la puerta de atrás.
—Entiendo cómo te sientes —dijo Lauren a Jess.
—¿Respecto a qué?
—A Ryan.
—¿De verdad?
—Sí. A mí me sucedió lo mismo con Nathan.
—¿A qué te refieres?
—Después de que Nathan me encontrara en su cama a su lado, no me soportaba.
Y no lo disimulaba en absoluto. Yo no quería pertenecer al grupo de amigos, porque me acababan de conocer y a Nathan le conocían desde hacía mucho tiempo.
Pensé que su relación se resentiría al estar yo por medio, y eso no me hacía sentir bien.
Pero no fue así. A pesar de que cada vez que estaba Nathan delante, se metía conmigo y yo le respondía.
—Desde luego que le respondía. Lauren no se callaba ni una —dijo Tess.
—¿Y qué pasó para que todo cambiara?
—Estaba loca por él.
—Y él por ella —añadió Tess.
—De manera que, todo ese odio que había entre nosotros, se convirtió en amor. Y no pudimos resistirnos.
—Puede que eso que dicen de que la linea que separa el amor del odio es muy fina sea cierto —dijo Jess.
—Vuestra situación es bastante similar.