Tan irresistible como Stanford Capítulo 7
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Capítulo 7

Jack estaba esperando a Jess en la salida de pasajeros del aeropuerto Internacional John F.

Kennedy. Al día siguiente la llevaría a casa de Carter y allí conocería a Ryan y eso le preocupaba, porque estaba seguro de que Ryan era el hombre con quien Jess había perdido la virginidad y ya se conocían, pero ninguno de los dos esperaría encontrarse allí al otro.

—Hola, Jack —dijo ella abrazándolo.

—Hola, Jess —pronunció él devolviéndole el abrazo—. ¿Has tenido un buen vuelo?

—Sí, gracias. ¿Cómo va todo por aquí?

—Muy bien —dijo él cogiendo la pequeña maleta de su mano y dirigiéndose a la salida.

Llegaron al coche y subieron.

—¿Cómo va mi asunto?

—El lunes he quedado con un anticuario para que vaya a tu casa.

Y el martes iré con otra persona a la casa de la playa para ver si le interesan los muebles y todo lo que hay en su interior.

A continuación quedaré con un tipo para que vaya al casino.

A final de semana, las tres propiedades tienen que estar vacías para que la inmobiliaria las ponga a la venta.

La mujer de la inmobiliaria tiene fe en que las venderá pronto.

Y apuesto a que conseguirás un buen dinero con ellas.

—Eso sería estupendo. Está saliendo todo demasiado bien.

—Delaney no iba a permitir que nada saliera mal. ¿Cuándo volverás a Atlanta?

—El domingo al medio día.

—Si tienes tiempo, podrías venir conmigo a revisar todas tus propiedades, puede que haya algo que quieras conservar. Sé que dijiste que no estabas interesada en nada, pero puede que te guste algún cuadro, algún mueble…

—Yo creo que no, pero te acompañaré.

—Bien. Por cierto, también he contactado con una tienda de segunda mano que vende solo ropa de primeras marcas de señora y caballero, y está interesada en ver la ropa de tus padres.

—Estás decidido a que saque dinero por todo.

—Tus padres no se portaron bien contigo y te mereces que todo te vaya bien el resto de tu vida.

—Gracias, Jack. ¿Cómo son los maridos de las chicas a quien no conozco? ¿Debería preocuparme por conocerlos?

—No tienes que preocuparte por nada. Son unos hombres fantásticos, tal vez un poco arrogantes, como Delaney, pero es más fachada que otra cosa. Te aseguro que te van a encantar.

—Ya me siento más tranquila. ¿A qué se dedican?

—Carter es médico, ginecólogo. Logan estudió geografía, pero no se dedica a ello. Dirige una escuela para adolescentes que fundaron todos los amigos para darles una oportunidad a los chicos sin recursos.

—¿Quieres decir que no tienen que pagar?

—Eso es, todo es gratuito. Jess, no olvides que los hombres del grupo son millonarios.

—Sí, lo sé. ¿Y el hermano de Delaney?

—Sean es arquitecto. Un arquitecto fuera de serie. Él también es un hombre fuera de serie.

—Parece un grupo fantástico de hombres.

—Sí, y han elegido a las mujeres adecuadas para casarse con ellas.

—¿Qué me dices del amigo soltero?

—Ryan es médico, neurocirujano. En realidad, nunca he tenido claro de qué trata esa especialidad.

—Es una de las especialidades más complejas y, sin duda, difíciles.

Un neurocirujano está especializado en el diagnóstico y tratamiento quirúrgico de enfermedades que afectan al cerebro, la columna vertebral y el sistema nervioso.

Su trabajo se centra en devolver la funcionalidad normal a estas estructuras cuando han sido dañadas por diversas causas, como tumores, lesiones o enfermedades degenerativas.

—Parece una especialidad importante.

—Sí, es un trabajo complejo y digno de apreciar. ¿Cómo es como persona?

—Ryan es amable, generoso, educado y daría lo que fuera por las personas a quien aprecia. Le gustan las mujeres y, sobre todo, le gusta flirtear con ellas. Eso pone a sus amigos de los nervios.

—¿Por qué?

—Porque también flirtea con sus mujeres. Aunque te aseguro que jamás traicionaría a ninguno de sus amigos.

—¿Es muy mayor?

—Si no me equivoco, ronda los treinta y cinco años, como Carter y Logan. Te gustará, es muy atractivo.

—Espero no ponerme muy nerviosa mañana cuando los vea a todos juntos.

—Ninguno de ellos va a permitir que te sientas incómoda.

—Sé que Nathan es abogado y que trabaja para Delaney.

—Sí. Pero además, son amigos desde pequeños y estudiaron en la misma universidad. Cuando Delaney decidió independizarse y empezar su vida sin el amparo de Patrick, su padre, Nathan empezó a trabajar para él.

—¿Qué estudió Delaney?

—Estudió dos carreras juntas. Económicas y Empresariales.

—Vaya, es impresionante.

—Es un hombre muy inteligente. De lo contrario no habría conseguido llegar tan lejos.

—Claro.

Jack recogió a Jess al día siguiente, pero no iba solo en el coche, le acompañaban Tess y su hija mayor, Brianna.

Cuando Jess salió del hotel se quedó extrañada al ver a su amiga con la pequeña junto a Jack.

—Vaya, menudo comité de bienvenida. Hola.

—Hola, Jess. ¿Has traído ropa para cambiarte como te dije?

—Sí, aunque no sé para que la necesito si vamos a pasar el día en casa de Ellie.

—Pasaremos el día en el campamento con los niños, pero luego nos arreglaremos para la cena.

—Ah, vale. ¿Quién es esta niña tan preciosa?

—Soy Brianna.

—Es mi hija mayor. Desde que se ha enterado que iba a venir a recogerte con Jack, no se ha despegado de mí, quería acompañarme para conocerte —dijo Tess subiendo en el coche.

La niña subió tras ella, y a continuación lo hizo Jess.

Jack cerró la puerta y se sentó al volante

—Pues ya me conoces, soy Jess. Eres preciosa. Desde luego, no puede negar que es hija de su padre —le dijo Jess a Tess sonriendo.

—Sí, se parecen muchísimo.

—Si no me han informado mal, tienes dos hijos más.

—Sí, Christian de cuatro años y Gillian de dos.

—Yo soy la mayor, tengo seis años.

—Vaya, qué mayor.

—Mi mamá me ha dicho que eres médico, como el tío Carter y el tío Ryan.

—Sí.

—También tengo otro tío que es médico, aunque ya no vive aquí. Se llama Jules.

—Cuántos médicos, ¿eh?

—Sí.

Poco después el vehículo entraba en la propiedad de Carter.

—¡Santa madre de Dios! Eso no es una casa, es una mansión.

—Es la casa de mi tío Carter —dijo la niña—. Hoy es su cumpleaños.

—Lo sé.

—¿Le has comprado un regalo?

—Sí. Y espero que le guste.

—Aunque no le guste, te dirá que es el mejor regalo que podrías haberle hecho —dijo Brianna sonriéndole.

—Seguro que será para que no me sienta mal.

—Sí, supongo.

Nada más detenerse el coche, las otras cuatro amigas salieron de la casa y bajaron los escalones del porche. Jess salió del vehículo y las abrazó a todas.

—No sabes cuánto nos alegramos de tenerte aquí.

—Yo también me alegro de veros.

—Tess, voy a casa a recoger a Cath y a los niños —dijo Jack.

—Muy bien.

—Mamá, voy a buscar a Mar —anunció la pequeña.

—Vale. Mar es la hija de Rosita, la asistenta de Ellie —le aclaró Tess a Jess—. Son casi de la misma edad y se llevan muy bien. Rosita y su familia viven en la casa de invitados que hay en el jardín.

—Nuestros hombres no hay llegado. Vamos a la cocina a tomar un café y nos pones al día de todo —dijo Ellie.

—Muy bien.

Ellie le presentó a Rosita, la asistenta. Se sentaron a la mesa mientras la mujer les preparaba el café.

—¿Cómo llevas lo de la fiesta de cumpleaños? —preguntó Jess.

—Tampoco vamos a hacer gran cosa. Cuando vuelvan los hombres terminarán de arreglar unas cosas que faltan en el campamento de los niños y comeremos todos allí.

El campamento se encuentra en un pequeño bosque que hay en la parte de atrás de la casa.

Carter compró la semana pasada unas estufas de gas para el exterior y son muy efectivas.

Luego tomaremos café y Carter apagará las velas de su tarta y abrirá los regalos.

Los niños querían estar presentes. Los pequeños jugarán hasta agotarse.

Con suerte, terminarán muertos de cansancio y podremos meterlos pronto en la cama. Y entonces cenaremos nosotros.

—Mi regalo para tu marido está relacionado con el campamento.

—¿En serio?

—Sí.

—Sea lo que sea, a Carter le gustará. Está ilusionado con el campamento. Hay toboganes, columpios y un montón de juegos para los niños.

Unos minutos después Jack entró en la cocina con Cath, el ama de llaves de Tess.

—Cath, ella es Jess, la nueva amiga de quien te hablé —dijo Tess.

—Encantada de conocerte.

—Muchas gracias. Es un placer conocerla.

—Háblame de tú, por favor.

—De acuerdo.

—Como os iba diciendo, Sean está construyendo una casa en un árbol, bueno en dos. Y ya ha construido una cabaña para dormir en la que caben todos los niños. Y otra cabaña para comer y jugar. Son fantásticas.

—Estás hablando como si todo el trabajo lo hubiera hecho solo mi hermano —dijo Delaney entrando en la cocina.

Jess miró a ese hombre espectacular y le sonrió.

—Hola, preciosa. Me alegro de que hayas podido venir —dijo Delaney abrazando a Jess.

—Hola.

—Hola, cielo. Me alegro de verte —añadió Nathan abrazándola también.

—Hola, Nathan.

A continuación entraron en la cocina Carter, Logan y Sean. Jess se quedó mirándolos embobada, porque le parecía imposible que hubiera tantos hombres juntos con ese aspecto, a pesar de que vestían chándal.

—Os presentaré a nuestra amiga. Jess, él es Carter, el marido de Ellie.

—Hola, Jess. Me alegro de conocerte al fin —dijo Carter besándola en las mejillas.

—Yo también me alegro —pronunció ella de forma tímida.

—Este pedazo de hombre es Logan, mi marido —dijo Kate acercándose a él para besarlo en los labios.

—Tenía muchas ganas de conocerte. Nos han hablado mucho de ti —pronunció Logan besándola en las mejillas también.

—Espero que bien.

—Desde luego que sí.

—Yo soy Sean, el hermano de Delaney y el marido de Abby. Hola, cielo —dijo abrazándola.

—Hola, Sean. Felicidades por lo del bebé.

—Muchas gracias.

—Si no os importa, vamos a subir a ducharnos —se disculpó Carter.

—Los sábados van a jugar un partido de balón cesto con los chicos de la escuela —le dijo Lauren a Jess.

—Nosotras vamos a ir al campamento a llevar algunas cosas para la comida, y nos llevaremos a los niños —anunció Ellie.

—Vale, nos reuniremos con vosotras en media hora.