Tan irresistible como Stanford Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

—Antes de mudarse allí vendió su apartamento y el local de su consulta. Se llevó los aparatos y muebles de la consulta. Y vendió el coche. Y ha vuelto ahora, algo más de dos años después y ha tenido que hacer el mismo trabajo, pero a la inversa. Y lo ha hecho todo en menos de un mes.

—Sí, sé que todo es ponerse.

—Él también se sentía raro al pensar en la vuelta, pero ya tiene una consulta abierta y empieza a trabajar en el hospital en el que trabajaba anteriormente en unos días. Y está feliz de estar aquí. Y nosotros también, porque lo echábamos mucho de menos. A ti también te echamos de menos.

—No es lo mismo, porque a mí prácticamente no me conocéis. Aunque he de admitir que me muero de ganas de saber el resto de vuestras historias de amor. Lo que me dijisteis me dejó con ganas de más.

—Genial. Si estuvieras aquí, ahora podrías estar pasando el día con nosotros. El resto de nuestros amigos te encantarán.

—Si se parecen a Delaney y a Nathan, no tengo la menor duda de ello. Cuando vinieron a Atlanta y estábamos en el bar, y luego en el restaurante, las mujeres se los comían con los ojos. No sé cómo los dejáis salir sin vosotras.

Tess soltó una carcajada.

—Sí, hay que admitir que son guapos.

—Guapos no es la palabra adecuada para definirlos. Me sentí genial estando en su compañía. Nunca me había sentido tan segura de mí misma. Me gustó eso de que las mujeres me miraran con envidia.

—Cariño, cualquier mujer te miraría con envidia aunque estuvieras sola, eres preciosa.

—Eso sería discutible.

—Necesitas estar entre nosotros para que nuestros hombres flirteen contigo hasta que aceptes lo maravillosa que eres. Apuesto a que ellos conseguirán que pierdas tu timidez.

—No creo que fuera fácil.

—Escucha. ¿Podrías venir un fin de semana?

—Pues… no sé, dependería del fin de semana. Algunos tengo que estar de guardia. Pero podría arreglarlo.

—Entonces, ¿podrías venir un fin de semana? —volvió a preguntar Tess.

—Supongo que sí.

—Estupendo. El día siete es el cumpleaños de Carter, el marido de Ellie. Es el próximo sábado. Podrías venir el viernes por la tarde o por la noche y pasarías el sábado con todos nosotros. Ese día lo pasaremos en su casa.

—No conozco a Carter.

—Pero conoces a su mujer. Ellie me está diciendo que tienes que venir.

—Sería violento para mí.

—No digas tonterías.

—No son tonterías. Cuando fui a ver a tu marido y a Nathan a sus oficinas estaba aterrada.

Jack me encontró en la puerta del edificio, nerviosa y envuelta por el miedo a conocerlos, y tuvo que acompañarme hasta el despacho, y se quedó conmigo durante la reunión.

Imagínate cómo me vería para hacer algo así.

—Carter, Logan y Sean son fantásticos y se mueren por conocerte.

Y te aseguro que Ryan estará encantado, le gustan las chicas guapas.

No tienes nada que temer de ellos. Bueno, de Ryan no estoy muy segura…

Ven a pasar ese día con nosotros, por favor.

Se lo debes a mi marido y a Nathan, que han dedicado un montón de horas a tu caso, dejando de lado sus propios negocios.

—Vaya, eso es jugar sucio.

—A veces hay que jugar sucio para conseguir algo. Y son palabras de mi marido.

—De acuerdo, iré el próximo viernes.

—Estupendo. ¿Te quedarás en tu casa?

—No. Seguramente ya la habrán puesto a la venta y puede que ni siquiera haya muebles.

—En ese caso, te quedarás con nosotros.

—No, no, eso no. Reservaré una habitación en un hotel.

—No digas tonterías, somos amigas, y en casa tenemos un montón de habitaciones.

—Iré a un hotel, no insistas, por favor.

—De acuerdo, no insistiré. Envíame el número de tu vuelo y Jack te recogerá en el aeropuerto.

—No hace falta.

—Un momento. Delaney quiere hablar contigo, te lo paso.

—Vale.

—Hola, cielo.

—Hola.

—Tan pronto sepas el número de vuelo llama a Jack para decírselo. Y no reserves habitación en ningún hotel. Él te llevará a mi hotel donde tendrás una habitación reservada.

—Delaney...

—Ya he vendido las joyas de tu madre, y tengo todo el dinero en mi caja fuerte. Creo que deberías hacer lo que te digo —dijo él interrumpiéndola.

—¿Me estás amenazando?

—¿Ha funcionado?

—Sí.

—Estupendo. Tengo ganas de verte.

—Y yo a ti.

—Prepara el currículum, porque vas a trabajar en esta ciudad.

—¿Vas a buscarme trabajo?

—Sí, aunque tenga que comprar el departamento forense.

Jess soltó una carcajada.

—Adiós, cielo.

—Adiós, señor arrogante.

Delaney se rio mientra cortaba la llamada y le pasaba el teléfono a su mujer.

—¿Qué te ha dicho para que te rieras? —preguntó Tess.

—Se ha despedido diciendo: Adiós, señor arrogante.

Todos se rieron.

—Parece que esa mujer te ha calado —dijo Sean, su hermano.

—Me cae muy bien esa chica.

—¿Va a venir para el cumpleaños de Carter?

—¿Tú qué crees? —dijo Delaney.

—Vaya, parece que le tenéis mucho aprecio a esa mujer. ¿Se puede saber quién es? No os he oído hablar de ella antes —dijo Ryan.

—¿Recuerdas cuando os dijimos que habíamos conocido a una chica en el restaurante de Roberto y Sofía? —preguntó Lauren.

—Sí, esa que iba a comer sola y la invitasteis a que cenara con vosotras —mencionó Ryan.

—Esa es Jess.

—Solo la visteis esa noche, ¿por qué tenéis tanta confianza?

—No la vimos solo esa noche, cenamos otro día todas en su casa. No sabes más de ella porque estuviste de guardia.

—Es la mujer que os comentamos, a quien estábamos ayudando con la herencia de sus padres —dijo Delaney.

—Y la habéis ayudado, porque tu mujer te pidió que lo hicierais —remarcó Ryan a Delaney.

—Exactamente —dijo él mirando a su mujer y sonriéndole.

—¿Cómo es?

—Según ella muy tímida, hasta que habla. Entonces olvida su timidez. Me cae muy bien. Y a ti te va a encantar —le aseguró Delaney a Ryan.

—¿Por qué lo crees?

—Porque es un bombón.

—No estaréis pensando en emparejarla conmigo, ¿verdad? —preguntó Ryan.

—Por supuesto que no. Ya sabemos que tú te mueres por la chica esa que viste en Atlanta, a quien no puedes apartar de tu mente —dijo Kate con guasa.— Por cierto, ¿sigues pensando en ella?

—Ahora mucho menos. He estado muy ocupado en la consulta, y me ha venido bien para quitármela de la cabeza —dijo, aunque nada más lejos de la realidad.