Capítulo 5 #3
Ese día les pidió que fueran un poco antes porque quería hablarles de algo. Él fue el primero en llegar. Cinco minutos después llegaron Carter y Logan. Y a continuación Nathan, Delaney y Sean. Se acercaron a la mesa en la que estaba Ryan esperándolos.
—¿Qué pasa? ¿Te has arrepentido ya de marcharte de mi casa y quieres volver? —preguntó Carter.
—No, no me he arrepentido. Aunque he de admitir que echo de menos a tu mujer.
—Qué cabrón eres —dijo Carter sonriendo a su amigo.
—¿Cómo te sientes en tu casa nueva? —preguntó Logan.
—Muy bien, a pesar de parecer una casa fantasma, porque está prácticamente vacía.
—Ya la amueblarás poco a poco.
—Lo primero que voy a amueblar va a ser el salón pequeño de la planta baja. He pensado que no necesito otro salón, el que hay ya es bastante grande.
—Tienes razón —dijo Sean.
—¿Qué piensas hacer en él?—preguntó Nathan.
—Necesito un despacho. He pensado hacer despacho—biblioteca.
—Buena idea —dijo Delaney.
—Decimos que no necesitamos un despacho en casa, pero no es cierto —añadió Nathan.
—Es verdad —añadió Logan.
—¿Qué tal tus primeros días en la consulta? —preguntó Carter.
—Está yendo genial. Ha influido que visitara en sus casas a mis antiguos pacientes, y que les enviara una invitación para la inauguración. Creo que todos han pedido una cita. He tenido todas las tardes ocupadas.
—Nos dijiste que la enfermera que tenías en Atlanta vino a trabajar para ti. ¿Se ha adaptado al cambio?
—Está encantada de haberse mudado aquí. Ella fue quien me buscó una recepcionista, una chica muy simpática y amable.
—¿Cuándo empiezas en el hospital? —preguntó Sean.
—El día 2 del mes que viene.
—Todavía tienes tres semanas por delante.
—Voy a aprovecharlas para ir amueblando algunas estancias de la casa. Vuestras mujeres me ayudarán a elegir los muebles.
—Bien. ¿De qué quieres hablarnos? —preguntó Delaney.
—Quería contaros algo que me sucedió hace unas semanas.
—Suena como algo importante —dijo Nathan.
—Para mí lo es.
—¿Te sucedió algo importante hace unas semanas y no nos lo has dicho? —preguntó Carter.
—Lo cierto es que sentía vergüenza. No pensaba contároslo, porque no me siento orgulloso de lo que hice.
—¿Vergüenza? Siempre hemos hablado de todo entre nosotros —dijo Logan.
—Lo sé.
—Y, por cierto, ¿por qué vas a contárnoslo a nosotros, sin estar las chicas? —preguntó Nathan.
—Ellas dirían que me he portado como un canalla.
—¡Por el amor de Dios! Las tienes a todas en la palma de la mano —señaló Sean.
—No quiero que piensen mal de mí. Y voy a pediros que me deis vuestra palabra de que no lo comentaréis con ellas.
—Yo no tengo secretos con mi mujer —dijo Delaney.
—Eso sería cuestionable —dijo Nathan.
—No me refiero a los negocios.
—Ninguno tenemos secretos con nuestras mujeres, pero si necesitas que quede entre nosotros así será —dijo Logan.
—¿Estáis todos de acuerdo?
Todos contestaron afirmativamente.
—¿Y por qué quieres contárnoslo después de tanto tiempo?
—Porque me encontré con ella de nuevo hace un par de semanas.
—Entonces, ¿tiene que ver con una mujer? —preguntó Carter.
—Sí.
—Bien, habla.
Ryan comenzó a contarles cuando llegó a casa de Jess y averiguó lo que ella quería de él.
—Un momento —lo interrumpió Sean—. ¿Has dicho que esa mujer había contratado a un hombre para perder la virginidad con él?
—Sí, eso es lo que he dicho. Bromeó con el tema de ser virgen, porque tenía veintinueve años. Dijo que seguramente sería la única virgen que quedara en Nueva York.
—Vaya, era virgen, como todas nuestras mujeres —dijo Delaney sonriendo.
—Sí, eso es.
—Puede que eso signifique algo —indicó Logan.
—¿Algo de qué?
—Ya sabes lo que piensan las chicas: que todos los hombres del grupo se casarán con vírgenes.
—Ella ya no es virgen.
—Lo que quiere decir Logan es que solo estarán con un hombre —dijo Carter—. Como me pasó a mí con Ellie, que estuvimos separados varios años, pero nunca se acostó con otro.
—¿Estáis insinuando que me casaré con ella?
—No lo podemos saber, ni siquiera la conocemos. Por cierto, ¿cómo se llama? —preguntó Delaney.
—No tengo ni idea. Ella decidió que no supiéramos nuestros nombres.
—De manera que, por lo que has dicho hace unos minutos, ya no es virgen —dijo Logan.
—Lo he dicho bien claro, ¿estás sordo?
—Lo he escuchado perfectamente. Eso quiere decir que te hiciste pasar por ese tío que ella había contratado, sin decírselo.
—Sí. No me siento orgulloso, pero en aquel momento me pareció una buena idea.
—Háblanos de esa mujer —pronunció Sean.
—Antes de nada he de deciros algo que realmente os va a sorprender.
—A estas alturas, no creo que nada pueda sorprendernos —dijo Delaney.
—¿Os acordáis que cuando estuvimos en Escocia os hablé de una chica muy joven que vi en Atlanta en una cafetería?
—¿Esa que que no podías quitarte de la cabeza? —respondió Nathan.
—Sí, esa. Pues las dos son la misma mujer.
—¿Te la has encontrado aquí en Nueva York? —preguntó Carter.
—Sí. Y me he acostado con ella.
—Vaya, eso sí es una casualidad —añadió Logan.
—O puede que sea el destino.
—¿Qué aspecto tiene? —preguntó Delaney.
—Medirá casi un metro ochenta. Tiene el pelo castaño claro y liso. Un cuerpo de infarto y unos ojos verdes preciosos.
—Por cierto, ¿por qué fuiste a su casa? —preguntó esa vez Logan.
—En esa casa vivía uno de mis antiguos pacientes, fui a visitarlo para ver cómo le iba. Pero parece ser que ya no vivía allí.
—Has dicho que volviste a verla hace un par de semanas —comentó Nathan.
—Sí, Ellie estaba comprando algo en una tienda y yo estaba fuera esperándola con Clayton. Esa chica venía por la acera hacia nosotros.
—¿Hablaste con ella?
—No. Creo que se sorprendió tanto como yo. Ellie salió de la tienda y yo la miré. Cuando volví a mirar a esa chica ya no estaba.
—Pensaría que eran tu mujer y tu hijo y se largaría —dijo Delaney.
—Eso pensé yo también. De todas formas, no me pareció que tuviera intención de hablar conmigo. Seguro que estará muy cabreada por lo que hice.
—¿No la hiciste disfrutar? —preguntó Sean sonriendo.
—No me refiero a que estuviera cabreada por lo del sexo, sino por engañarla.
—¿Volverás a verla? —preguntó Nathan.
—No creo que ella quiera verme.
—Sabes donde vive. Podrías ir a disculparte con ella.
—No creo que sea buena idea. Por favor, no se lo contéis a las chicas. Si lo supieran no lo entenderían y me dirían de todo.
—Yo no lo creo. Ya sabes que son muy comprensivas —dijo Delaney.
—He pensado muchas veces en esa chica. Y no desde que nos acostamos, sino desde que la vi en Atlanta. Incluso he soñado con ella.
—¿Y no vas a hacer nada al respecto? —preguntó Carter.
—Dejaré que el destino haga su trabajo. A vosotros os funcionó.
—El destino no lo hizo todo —dijo Delaney.
—Lo sé. Desde que estuvimos juntos, no puedo quitármela de la cabeza, recordando lo que hicimos, imaginando que metía los dedos en su sedosa melena, en cómo saboreé sus labios.
Recuerdo incluso su olor. Me estoy volviendo loco, joder.
Me quedé con ganas de más. A menudo pierdo la concentración en el trabajo por culpa suya, y eso no me lo puedo permitir.
La deseo como no he deseado nunca a ninguna mujer.
—¿Qué clase de deseo? —preguntó Logan.
—El que te jode el cerebro haciendo que deje de funcionar. Y el que se te mete bajo la piel y no puedes desprenderte de él.
—Ese es el peor —dijo Nathan sonriendo.
—Supongo que sospecharás qué te ocurre —dijo Delaney.
—Sí, que estoy obsesionado y necesito acostarme con ella unas cuantas veces para poder olvidarla.
—No, Ryan, no estás obsesionado. Estás enamorado.
—Eso es imposible. Yo nunca he creído en el amor a primera vista. No puedes simplemente encontrarte un buen día con una mujer y decir que es la mujer de tu vida. Se necesita tiempo para conocerse, pasar tiempo juntos, observar al otro en toda clase de situaciones.
—Cuando nos hablaste de ella en Escocia nos dijiste que pensaste que era ella.
—Sé lo que os dije. Pero no puedo estar enamorado.
—Estás muy confundido. Cuando yo vi a Tess por primera vez en la cafetería de la librería en la que trabajaba, ya no pude sacármela de la cabeza.
Decidí que ella tenía que ser mi mujer, aunque en ese momento pensara que en un año nos divorciaríamos.
Yo tampoco pensé que estuviera enamorado, pero te aseguro que me sucedía lo mismo que a ti, no podía dejar de pensar en ella.
—Yo estoy de acuerdo con Delaney. Un buen día tu vida cambia sin ni siquiera darte cuenta. Algo que jamás habrías imaginado te alcanza sorprendiéndote. Y ni siquiera tienes tiempo para averiguar cómo ha sucedido ni por qué. Estás enamorado, tío —dijo Nathan.
—Bienvenido al club —añadió Logan.
—¿Y qué cojones voy a hacer con esa información?
—Siempre se te han dado bien las mujeres, ¿no? —dijo Sean.